Oríllese a la orilla (Con dinero baila el perro)

Réplica21

José Manuel Springer

Yoshua OkonDiariamente nos encontramos con los representantes del orden. Su modus operandi es bien conocido por todos: la negociación, el chantaje, la actitud prepotente o servil, su ausencia de profesionalismo y su lado humano. Hay algo en las policías que nos parece fuera de lugar: la encarnación de la ley en el uniforme parece ser muy lejana al deber ser. Los integrantes del cuerpo policiaco son el tema de la más reciente de la videoinstalación del joven videoasta Yoshua Okon.

Cuál es el ser de las policías, es una de las preguntas detrás de esta exposición. A través de sus obras podemos atestiguar los efectos de la caracterización estereotipada del orden o la ausencia de este. Luego de ver los seis videos que conforman la exposición queda la impresión de que estos servidores públicos son el producto de un sistema, en el cual participamos. Yoshua crea no desde la estética del productor del arte sino desde la estética del receptor.

Conocido por su mirada irónica y su arrojo para captar temas actuales de la sociedad, el videoasta usa a la puesta en escena como recurso para captar a sus sujetos. En el primer video que salta a nuestro paso en el patio del Centro de la Imagen expone al ubicuo gendarme en ese reducto llamado caseta de vigilancia El uniformado, delgado de mirada brillante y sonrisa pícara, se mueve incesamente al ritmo de la pista sonora. Yoshua lo interpela, le pregunta sobre sus aficiones y gustos. El "poli" lo invita a acompañarlo en su cadencioso ritmo. En un video presentado en otra exposición Yoshua había trabajado junto a un ladrón de autoestereos, el tiempo del video era frenético mientras captaba el asalto a un automóvil. En este conjunto de obras el tiempo no importa. Cada policía recibe la atención que merce su discurso y sus habilidades.

El video que más atrae la atención del público se encuentra en la segunda sala. En lenguage llano y agresivo un policía de mirada torva, cachetes inflados, con la leyenda Seguridad Publica impresa en el pecho, sostiene un enfrentamiento con el artista. Está molesto porque se le ha convertido en objeto de la grabación de video . Su constante movimiento hacia adelante y atrás, tratando de initimadar al artista, se intercala con una serie de amenzas y epítetos ofensivos contra el de la cámara. El de azul denuncia la forma de vestir del camarógrafo, lo señala como miembro del grupo social culpable de la corrupción imperante. Se erige como figura de autoridad y representante de la ley; prohibe el uso de la cámara, amenaza y termina por dar un manotazo sobre el artista, quien termina derribado. El rostro, la mano con el radio, la actitud intimidatoria, son solo algunos de los recursos histriónicos del policía, que provocan la risa de los que observamos su ya conocida rutina.

Siguiendo la línea histriónica, Yoshua copta a dos policías para que bailen un pasito de charleston, que con falta de gracia y dificultad imitan las indicaciones de una coreógrafa contratada para el efecto. Con dinero baila el perro, dice el subtítulo de la muestra. Efectivamente, la policía (siempre en vigilia) puede tornarse cómica y hasta grotesca cuando se le aborda de la manera indicada: unos cuantos billetes y una cámara bastan para transmutar la imagen del orden.

El dinero corrompe a cualquiera, pero la corrupción no siempre cumple propósitos delictivos. Como ejemplo Yoshua nos muestra el video del uniformado que juega con su macana como una porrista e inclusive adopta alguna que otra acción erótica que combinada con el uniforme genera una imagen alternativa de la autoridad, mezcla de ejercicio intimidatorio y burlesque.

Como señala Fernando Gálvez en su introducción, la caricatura de la policía que nos entrega el autor nos hace caer en la cuenta de que estos guaridanes de la ley son solo los títeres del sistema. Después de reir había que reflexionar sobre quiénes son los hombres detrás del uniforme y quiénes los que los ponen en su puesto. Yoshua Okon está señalando una clase social y una forma de ganarse al vida que refleja las contradicciones del sistema.

Para aquellos que solo creen que esto es una parodia que convierte al verdugo en víctima quiero recordar lo siguiente. En otra exposición reciente del autor (en la galería La Panadería) los bailarines somos nosotros, la gente, a la que Yoshua Okón invitó a dejar de lado las inhibiciones para entrarle a este baile de máscaras que constituyen los roles sociales y sus estereotipos.

Centro de la Imagen
2001
 

 

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Fecha de publicación: 30.09.2000