Las Artes Visuales en los Años 90

Réplica21

Luz María Sepúlveda

Marc QuinnMarc Quinn, Autorretrato.

El teórico de la comunicación Régis Debray define la presente etapa de producción, distribución y recepción de la obra artística como la era de lo visual o videosfera2, que se caracteriza por el continuo flujo de sus productos que saben que cuentan con una difusión planetaria, que están determinados por la tecnocracia global y económica de los Estados Unidos, que han sido facturados mediante estereotipos para estimular, embelesar o distraer, a quien los desee poseer, y que sobre todo, pueden ser adquiridos, consumidos, reproducidos y desechados con suma facilidad. El serio problema al que nos enfrentamos al estar inmersos en la abundancia de la producción visual es el de la desvalorización. Entre más cantidad, menos calidad, entre más terreno abarca, menos contundente será su resultado y su significado será más vacío: los 100 artistas del mundo más famosos están en todas partes.

La variedad y heterogeneidad de obras expuestas actualmente en algunos museos de la ciudad de México son los factores que primeramente saltan a la vista al encontrar en un espacio homólogo y en un tiempo simultáneo pintura, escultura, objetos, ensamblaje, arte digital, video e instalación. El ciclo de cambio (deseo de renovación de formas y lenguajes) es tan veloz que da origen a una superposición de estilos, intenciones, materiales, figuras y resultados al mismo tiempo sin justificación aparente. Esto trae como consecuencia que se tenga la impresión de hallarse en una era barroca, fenómeno acentuado por el eclecticismo evidente en la producción artística desde hace más de 20 años.

Wim Delvoye Wim Delvoye.

Sofía Tabóas Sofía Tabóas.

El artista multimedia Josu Aguinaga afirma que si se considera el arte desde la Revolución Industrial hasta nuestros días, se puede hablar de distintas fases por las que ha atravesado la producción artística. Así, el movimiento inglés Arts & Crafts que cuestiona la incorporación de los procesos industriales al arte y por ello explora las posibilidades de técnicas manuales, se denominaría la fase arcaica. Las vanguardias artísticas de principios del siglo XX se considerarían como una fase clásica en donde el modelo que predomina es el del arte entendido como avanzada de un nuevo orden social. Las neovanguardias de la posguerra sería la fase manierista, ya que se retoma la idea de vanguardia pero de una manera más banalizadora y conformista. Y la etapa de la transvanguardia y posmodernidad sería el actual momento (neo-) barroco en el que existe una crisis de los valores modernos, tanto en lo social, como en lo estético.

Actualmente, más que objetos o mensajes, se tiende a crear contextos que posibilitan la comunicación (el intercambio de información). El problema es cuando estos contextos carecen de un marco crítico; a lo mejor la obra seduce por su material, factura y colocación museográfica, pero su significado se desvanece sin prestar atención a la relación afectiva que debe efectuarse entre la obra de arte y el espectador. Ante tales circunstancias, se deben tomar las precauciones necesarias para no caer en el vacío. En ocasiones, el artista toma algún modelo del pasado, lo cual es sumamente válido, sin embargo, debemos formular como espectadores, un contexto crítico ante tales obras, para no ser reiterativos. Además, debemos valorar la pieza por su ingenio conceptual, así como por su factura material, si no, la obra pasará a ser uno más de los objetos que se hacen, se exponen y se desechan.

Las artes de los años 90 han absorbido lenguajes de las décadas precedentes. Por ejemplo, son válidas en las muestras actuales las formas referidas a los medios masivos de comunicación, cuyos orígenes -o por lo menos su legitimación- se remontan a los años 60 con el arte Pop; figuras que hacen referencia al tratamiento hiperrealista de los 70; añoranzas por formas expresionistas, surrealistas o abstractas; arte de acción cuya raíz es diferente a los principios postulados en el arte conceptual de los 60 y 70, pero cuyo desenvolvimiento -sobre todo en el aspecto visual- es muy similar al del pasado. Un aspecto sobresaliente de las artes plásticas de los 90 es que los artistas parecen estar verdaderamente en contra de las formas empleadas por sus colegas del decenio anterior.

El arte de los años 80 fue uno que prefirió un lenguaje plural, heterogéneo, mixto, ecléctico y abundante. Y, aunque existen muchas similitudes, los factores que yacen bajo las formulaciones conceptuales optan por ser redefinidas en el arte actual. Los artistas en los años 90 se inclinan por un lenguaje menos rebuscado, por formas y materiales más limpios, por temáticas igualmente apocalípticas, pero con resultados mucho menos escatológicos. En algunas obras de los 90, al igual que se hace en varias ocasiones en los 80, se emplea la sangre, el excremento o se hace una alusión directa a temáticas de índole social y sexual; sin embargo, se denota cierta búsqueda por elementos más pacíficos, menos escandalosos. El empleo de los materiales es más sutil, el discurso más discreto. Aun cuando hay un elemento de desacuerdo, se trata de una manera más madura, menos adolescente.

Esto parecería mentira si se estudiaran ciertas obras como el sofá envuelto en vísceras, de Semefo, o el cerdo partido y empacado en acrílico de Demian Hirst, la cabeza con sangre congelada de Marc Quinn o las fotografías de líquido peritoneal de Marianna Dellekamp. No obstante estos ejemplos "impactantes", existe una resolución tanto teórica como un compromiso con la obra y el discurso, así las obras van más allá del mero escándalo y hallamos en ellas cierto deleite. Y en los 80 no era así: las fotografías pornográficas de Jeff Koons con la Cicciolina causaron impacto y enojo, al igual que las fotos de pizzas y pastelitos podridos con hongos de Cindy Sherman causaron repulsión. En cambio, a principios de los 90 las tapas de yoghurt de Gabriel Orozco nada más asombraron, mientras que los mosaicos con muestras de excremento formando diseños decorativos de Wim Delvoye, provocaron casi un sentimiento generalizado de reverencia hacia el artista por su buen gusto al moldear y acomodar el material visualmente muy atractivo. Lo escatológico se acepta como una forma que puede ser sublime sin caer en lo meramente sensacionalista, perverso o repelente.

Demian HirstDemian Hirst

Parafraseando al artista californiano Tyler Stallings, el trinomio "sexo, violencia y anarquía", ha sido transmutado al de "amor, muerte y libertad". El verdadero reto es mantener una expresión integral en una sociedad que ha sido lisiada por una estética institucional. Uno de los factores que se repite tanto en el arte de los 80 como el de los 90 es que, en la mayoría de los casos, los artistas eligen temas autodescriptivos. Es decir, la apropiación de objetos, imágenes y conceptos dentro de las obras, obedecen a la norma de la auto-expresión y la autobiografía. Otra cuestión es la preferencia por la mezcla de lo culto y lo popular aunque no se trata de la exaltación del Kitsch que se dió en los años 80. Si bien en los 80 el arte se insinuó como perfectamente compatible con la sociedad del consumo y la industria del entretenimiento, ahora se presenta de una manera muy franca como mercancía. No obstante, las formas artísticas en ocasiones se disfrazan y las encontramos con materiales deseables, deslumbrantes a la vista, con colores y formas llamativas (basta recordar algunas piezas de Sofía Táboas) pero al mismo tiempo busca diferenciarse de la sociedad que la produjo mediante un discurso de crítica superficial e incluso trivial. Por otro lado, también hay un constante empleo del humor, el cinismo o la ironía, aunque en ocasiones si bien las obras son visualmente atractivas, su argumento está muy visto. Por ejemplo, piezas que atacan al neoliberalismo y ridiculizan a Salinas (Vicente Razo), o que defienden la libertad sexual y con ello crean formas aberrantes que únicamente exaltan lo gay (Reynaldo Velázquez, Nahum Zenil), o el también trillado tema mal enfocado de la lucha de la mujer por ocupar un lugar en la sociedad a fuerza de ridiculizar su contraparte masculina, entre otros temas.

Pareciera que desde hace 20 años, no se acierta a codificar el presente en cuanto estilos en las artes visuales. No existe una sola corriente o movimiento que se dé de manera única o siquiera de forma homogénea: todos los estilos coexisten simultáneamente y son aceptados, apropiados, recontextualizados y mezclados entre sí para crear obras complejas y llenas de nuevas significaciones. Por otro lado, las artes visuales de los últimos años, han tomado un rumbo que se acopla perfectamente a los factores que las generan en la sociedad actual. Los artistas contemporáneos reflejan en su obra lo que podría considerarse el factor más sustancial de fin de siglo: la obsesión con la velocidad. Si antes, palabras tales como desarrollo, evolución o progreso, quedaban fuera del ámbito de las artes, ahora el tiempo se perfila como un factor determinante y global. La saturación de información visual que reciben los artistas rebota de manera directa en sus obras que deben ser difundidas (expuestas) lo antes posible, para no ser obsoletas, para que su discurso sea vigente aunque sea por 15 minutos. Los valores modernos de la novedad y la autenticidad, vuelven a ser abordados por los artistas finiseculares, pero con un sentido de juego, con capacidad para ser reproducida, que responde a un tiempo puntual (el aquí y el ahora) y, en ocasiones, inmaterial (efímera, conceptual o electrónica).

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Fecha de publicación: 01.12.2000