El espejo de la vida. Obra de Antonio Gritón

Réplica21

José Manuel Springer


La edad media, ese período de la vida humana en el que o se renace a un futuro o se comienzan a redimir las culpas del pasado, es un período que ha dejado una resaca en todos los que hemos pasado la marca de los 40. Antonio Gritón no ha sido la excepción. Desde que lo conocí en 1985, su obra ha sido un receptáculo, en ocasiones ingenuo, en otras perverso, de una serie de ideas que van desde la tecnología y la ecología hasta el misticismo y la expiación religiosa de las culpas.

La obra de este artista dio un violento giro después de haber conseguido realizar un proyecto casi utópico: pintar la sede del gobierno comunitario de Santa María Alotepec Mixe, Oaxaca. Lo que pasó ahí no me consta, sólo pude atestiguarlo por una serie de fotografías que documentan todo el proceso. La idea partió del anhelo del artista de proponerse como medio ó vehículo al servicio de una causa: contar la historia y tradiciones de un pueblo indígena autogobernado por el sistema de usos y costumbres. El resultado es un mural que cubre paredes, techo y fachada de este recinto comunitario. La arquitectura es, cómo puede imaginarse, vernácula; la obra pictórica tiene un carácter similar. Cómo en la obras de arte popular (pensemos en los diablitos de Ocumicho ó las pinturas sobre amate de San Pablito, en guerrero), la narrativa se resuelve en una fusión entre el mito y la realidad, los hechos y su interpretación, añadiendo a las tradiciones los sucesos políticos de relevancia (la defensa de las costumbres indígenas ante los embates de la "civilización occidental") e incluso la representación de un partido de básquetbol, crucial en la guerra contra el caciquismo de los años cincuenta.

Antonio Gritón
Éste es el árbol de la vida y de la muerte;
acrílico/tela, 150x120 cms.1999
Antonio GritónMAMÁ: Dime que me quieres;
juguete de vinyl y acrílico/tela, 120x150 cms. 1999
Antonio GritónEste es el cielo de tu infierno; juguetes de vinyl y acrílico/tela, 150x120 cms., 1999.
Antonio GritónIncluso ahora soy una carga para mi mismo;
acrílico/tela, 120x150 cms., 1999
 

A partir de ahí, la obra de El Gritón, que formalmente conservaba la factura ingenua y salvaje, incorpora una serie de elementos narrativos y textuales que hablan de la experiencia del artista. Toda obra de arte debe ser una filosofía, una reflexión sobre lo vivído a través del discurso de imágenes. El Gritón ha hecho de su propia experiencia una lectura filosófica (influída por la lectura de las obras de Haiddeger y Sánchez Vásquez) que recorre el mundo visual popular para encontrar los amarres de su discurso. Máscaras de plástico, juguetes de toda procedencia, collage de mapas geográficos y la parafernalia seudoanimal que habita en cada bolsa de frituras o pastelitos industrializados, entran a formar parte de un discurso sobre el significado de la propia existencia, el hogar, la pareja, los hijos, la comunión amorosa y la pérdida.

No se puede explicitar verbalmente el significado de la obra de arte porque la trastorna en su intento por definirla. Sólo puedo comprender lo que mis ojos ven y llevar las imágenes a mi propia intimidad, dónde encuentran una coherencia tan vehemente como inarticulable. Son, a fin de cuentas el reflejo de un espejo.

Antonio GritónAQUÍ; acrílico/tela, 150x120 cms. 1999
 
Antonio GritónGente de cabeza; acrílico/tela, 150x120 cms. 1999

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Fecha de publicación: 07.03.2001