Alfredo Gavaldón tiene colgado en su estudio un delicado
dibujo realizado sobre papel de arroz, con esta obra abrió
un amplio e inagotable horizonte en su producción.
El dibujo es un rectángulo de aproximadamente 50 por
70 centímetros que ostenta más o menos un centenar
de quemaduras hechas con un cigarrillo. Cada llaga ha dejado
un pequeño aro negro sobre el papel. El fondo blanco
hace que las horadaciones sean apenas perceptibles a distancia.
Para subrayar el patrón que siguen las quemaduras el
artista dibujó tres líneas rectas y una horizontal
que dividen en partes iguales la superficie del papel.
En términos puramente físicos la obra podría
entenderse como una escultura, un relieve, o una planta arquitectónica.
La variedad de asociaciones interpretativas es uno de los
elementos que define la producción de este artista,
cuya carrera es un recorrido entre diversas disciplinas: el
diseño, la escultura, la pintura, el vidrio soplado
y el dibujo. El recorrido por todos estos ámbitos se
fue enriqueciendo con la utilización de materiales
poco comunes, mismos que han servido para hacer transiciones
en obras con técnicas mixtas.
La luminosidad de la obra de Galvaldón es su característica
fundamental. Sus obras están realizadas con una conciencia
de los efectos de la luz sobre los planos. Ya se trate de
esculturas o dibujos, pinturas o vidrio, las superficies están
elaboradas con elementos que refractan la luz, la descomponen,
crean un efecto óptico o exaltan el mono-cromatismo
de la materia.