Huellas sobre papel, destellos de la materia - Alfredo Gavaldón

Réplica21

José Manuel Springer

Alfredo Gavaldón

Alfredo Gavaldón tiene colgado en su estudio un delicado dibujo realizado sobre papel de arroz, con esta obra abrió un amplio e inagotable horizonte en su producción. El dibujo es un rectángulo de aproximadamente 50 por 70 centímetros que ostenta más o menos un centenar de quemaduras hechas con un cigarrillo. Cada llaga ha dejado un pequeño aro negro sobre el papel. El fondo blanco hace que las horadaciones sean apenas perceptibles a distancia. Para subrayar el patrón que siguen las quemaduras el artista dibujó tres líneas rectas y una horizontal que dividen en partes iguales la superficie del papel.

En términos puramente físicos la obra podría entenderse como una escultura, un relieve, o una planta arquitectónica. La variedad de asociaciones interpretativas es uno de los elementos que define la producción de este artista, cuya carrera es un recorrido entre diversas disciplinas: el diseño, la escultura, la pintura, el vidrio soplado y el dibujo. El recorrido por todos estos ámbitos se fue enriqueciendo con la utilización de materiales poco comunes, mismos que han servido para hacer transiciones en obras con técnicas mixtas.

La luminosidad de la obra de Galvaldón es su característica fundamental. Sus obras están realizadas cAlfredo Gavaldónon una conciencia de los efectos de la luz sobre los planos. Ya se trate de esculturas o dibujos, pinturas o vidrio, las superficies están elaboradas con elementos que refractan la luz, la descomponen, crean un efecto óptico o exaltan el mono-cromatismo de la materia.

¿Cómo lo logra? Cada obra es el resultado de una labor minuciosa con elementos que no son de uso corriente en el arte. El artista trabaja con hoja de lámina soldada, recubrimientos acrílicos y objetos de plástico que bajo la iluminación especialmente diseñada producen efectos alucinantes sobre la percepción visual.

En un sentido estricto la obra de Gavaldón parte de la imitación de la naturaleza, reproduciendo en circunstancias muy específicas la forma en que la luz cae sobre los objetos. Pero lejos de quedarse en la representación de un evento físico el artista ha mejorado y ampliado las posibilidades de interacción entre la luz y la materia, potenciando la expresividad de ambas. Las obras reunidas en esta exposición son el reflejo de ideas platónicas sobre la realidad , son objetos tangibles que guardan una asociación inefable con la espiritualidad.

El políptico formado por tres paneles blancos sembrados de pequeñas etiquetas de plástico encuentra su origen en una asociación etérea. Las etiquetas hacen pensar en copos de nieve que caen sobre un paisaje blanco. Vista desde varios ángulos la pieza nos permite apreciar un movimiento aparente de partículas que danzan sobre el paisaje. El deliberado formato alargado de la composiciones nos hace verlas como paisajes más que obras abstractas no representativas.

Las dos esculturas verticales alargadas de hojalata, una que sigue contornos caprichosos similares a los de un glaciar y la otra que luce una forma acanalada, provocan una percepción tal que nos hace sentir que estamos ante objetos enteramente artificiales; no obstante, la adición de diminutas laminillas de plástico blanco y transparente sobre el plano nos permite verlas como versiones de una forma natural que ha sido poéticamente idealizada.

Alfredo GavaldónEn las superficies atravesadas con filamentos negros, donde el color oscuro del material reduce el juego de luz, podemos atestiguar la transformación de lo visible en una percepción que va más allá con lo visual. Este es un rasgo poético -más sensible que conceptual- característico de la obra de Gavaldón, que comparte con escultores constructivistas del primer tercio del siglo XX como Naum Gabo, precursores del uso de materiales sintéticos en la escultura.

Algo similar podemos ver en los dibujos hechos con quemaduras (paradójico trabajo donde el dibujo se logra por la eliminación del soporte), donde el conjunto nos hace ver la extensión del papel como una topografía delicada, representación de un paisaje lunar, o de una superficie acuosa salpicada por una cortina uniforme de gotas. Hay en estas obras mucho de la meditación sen, de la elegancia japonesa del paisaje, de esa delicadeza oriental que aísla elementos del paisaje para tornarlos en sustancias preciosas. En su búsqueda de materiales simples y configuraciones primordiales Gavaldón encuentra maneras de redefinir los valores de la escultura y el dibujo, dando un peso similar al oficio como a la poética del quehacer artístico.

Por este camino sencillo, en el que la materia da origen a las formas, y la luz revela horizontes, la obra de Alfredo Gavaldón tiene un largo trecho que recorrer. Como el poeta que descubre el reflejo de la luz sobre el ala de una mosca y queda fascinado con ese simple hecho, el artista ha quedado prendado de sus hallazgos y es dado pensar que pocas cosas puedan distraerlo de la ruta que marcan sus tenues quemaduras sobre la superficie del papel.

Alfredo GavaldónSin título, lámina y birdas de nylon, 36x36x22 cms. Alfredo GavaldónSin título, Tapete de foami y postes de aluminio, 200 x 100 cms.

 

Sin título, holajata y película Kodak.

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Fecha de publicación: 10.06.2001