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Bienal de Venecia
Junio 2001 |
Entre lo Real y lo Ficiticio
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La percepción sensorial es el
principio
Cuántas veces hemos estado en un parque
de diversiones y sentimos que estamos envueltos por un mundo de
luz y máquinas, supuestamente entretenidas, que lo único
que generan es una sensación de saturación.
La ecléctica selección de artistas de la exposición
temática, cuya obra está repartida en tres inmensos
espacios, antiguamente utilizados como astilleros y arsenales,
provoca que en principio uno se sienta abrumado por la cacofonía
de imágenes y sonidos. Y sin embargo, por cada cien pasos
caminados entre la maraña de obras que ostentan estos monumentales
bodegas y pabellones uno encuentra algo, una imagen, un atisbo,
algo que nos hace sentir que vale la pena buscar la aguja escondida
en el pajar. |
Durante tres jornadas de cinco
horas caminando entre espacios abiertos, salas oscuras, pasillos
angostos, vienen a la mente las preguntas ¿qué
es todo esto?, ¿cuál es la relación del
arte con la humanidad? Siendo el título de la exposición
"Platea de la humanidad", es de esperar que el arte
ofrezca una respuesta acorde a la posición panorámica
que puede ofrecer sobre la historia y la sociedad.
Al final de cuatro días de recorridos en los jardines
y los astilleros de Venecia, la respuesta no llega, por lo menos
no ahora. El efecto de la Bienal no es tan diferente al que
puede tener la avalancha de imágenes de una sesión
de Internet o de una noche de televisión por cable. La
exposición nos ha bombardeado con arte de todos niveles
y técnicas, sí, pero poco de lo visto ha dejado
una impresión. En el momento de dejar Venecia solo quedan
en la mente registros de reinterpretaciones de reinterpretaciones,
de interpretaciones del mundo.
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Liza May Post, Debajo, 2000, impresión en color sobre
aluminio, 196 x 139 cm.
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La olimpiada de lo global
Para darle sentido a ese
cúmulo de imágenes habría que pensar en
la bienal como el modelo a partir del cual se han organizado
tantos eventos similares que actualmente se presentan en otras
capitales del mundo como Johannesburgo, la Habana, Estambul
o Tijuana. Venecia es la madre de esas exposiciones. Los pabellones
nacionales que antiguamente eran el centro de la exposición,
en los cuales un comisario de cada país participante
decide qué es lo representativo del arte contemporáneo
en su país, son como las delegaciones participantes en
los Juegos Olímpicos. Mientras que la exposición
central, "Platea de la Humanidad", es una mezcla de
lo mejor y lo peor, lo más remoto y lo más cercano
a la definición de arte como filosofía expresada
partir de lo visual.
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La bienal cumple 106 años; durante este periodo ha
pasado de ser el termómetro de la academia y las vanguardias,
el arte de la posguerra, a convertirse en plataforma legitimadora
de la abstracción, el minimalismo y la reacción
postvanguardista de los últimos 20 años. No
es de extrañar que en sus últimas ediciones
y con tantos eventos que siguen su ejemplo, las últimas
ediciones hayan acusado un cierto cansancio y una repetición
de fórmulas (como clasificar el arte por procedencia
nacional, o el separar a los artistas en consagrados y principiantes,
occidentales y no occidentales) que llevan a pensar en su
liquidación o su reestructuración.
Harald Szeemann, curador suizo con una larga experiencia
en exposiciones temáticas creó en los últimos
30 años conceptos interpretativos que cambiaron la
idea de lo que debe ser la experiencia subjetiva del arte.
Su modus operandi puede ser calificado de caleidoscópico,
por la gran cantidad de influencias que amalgama en sus exposiciones.
Mientras que su propuesta estética se mueve entre lo
romántico y lo clásico, lo contemporáneo
y lo vanguardista, su visión museológica no
escatima en recurrir a lo artesanal y popular cuando se trata
de romper esquemas museológicos.
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Heli Rekula, Sin título,
1996, impresión en color
montada sobre aluminio, 120 x 90 cm.
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Ene-Liis Semper; Oasis, 1999, video.
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Las dos recientes ediciones de la bienal
han sido un laboratorio de ideas que requieren algo más
que conocimiento de la historia y del arte para llegar a una
explicación o si quiera una hipótesis del conjunto.
En esta ocasión su modelo temático está
basado en una de las primeras muestras enciclopédicas
que propuso la nueva museología en los años 50,
la Familia del Hombre, en la cual se buscó desacralizar
el objeto artístico, combinándolo con cualquier
tipo de cosa producida por la mano humana, involucrando al espectador
en la lectura de la historia desde una perspectiva subjetiva.
Szeemann sabe que la situación globalizada en que vivimos
hoy está lejos de ser un reflejo del la familia o la
comunidad, por tanto, su propuesta es: "Apelar a aquello
que es eterno en la humanidad, un llamado que solo es válido
si surge de lo que es local y está enraizado".
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Tatsumi Orimoto; LLantas
comunicadoras, 1996, impresión en color, 300 x 250 cm.
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Matthieu Laurette; Ayúdenme
a ser ciudadano estadounidense, 1998, proyecto para alcanzar
la ciudadanía.
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Hans Scmidt; Adán y Eva, 1975,
Madera pintada y fibras artificiales, 163 x 58 x 53 cm (Adán)
y 157 x 52 x 56 cm (Eva).
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Ene-Liis Semper; FF/REW, 1998,
video
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Lo que resulta desconcertante
es el hecho de que vemos lado a lado piezas que hacen referencia
a una dimensión humana con otras que descalifican la
proporción humana como principio filosófico-estético.
Dos obras podrían colocarse como el alfa y el omega
de esta exposición: la impresionante escultura monumental
de Ron Mueck (Melbourne, 1958) colocada a la entrada de una
de las bodegas de exhibición, que hace perder la noción
de equivalencia entre la estatura humana y la de la construcción
que la encierra. Y, por otro lado, los videos de Chris Cunningham
(1970); el primero de estos muestra a un mono disecado al
cual se le han adaptado prótesis humanas para golpear
rítmicamente una batería.
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Ron Mueck; Muchacho,
1999, escultura en técnica mixta, 4.9 x 4.9 x 2.4 m.
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El segundo videoclip "All is full
of love" realizado con la cantante Björk, la cual
es armada por robots del tipo de los usados en las líneas
de ensamblaje de autos, creando un cyborg femenino tan sensual
como mecánico, mientras que un tercer video, "Flex",
muestra a una pareja joven que se golpea brutalmente hasta perder
el sentido y la dignidad para después enlazarse en una
serie de acrobacias eróticas y terminar en un abrazo
amoroso. Cunningham está lejos de ser un artista, es
más bien un director de cine que ofrece una visión
del cuerpo humano desde la evolución, la tecnología
y el sexo.
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Como en cualquier edición de los juegos
olímpicos, es difícil seguir el desarrollo de
todo lo que pasa simultáneamente frente a los ojos. Algunos
deportes y algunos de los participantes se roban la cámara
por el vigor de su juventud, y otros destacan por la calidad
depurada de su experiencia y su sutileza. En el primer caso
se encontraría el trabajo de la italiana Eva Marisaldi
(Bolonia, 1966) Senza Fine 2000, una serie de diminutos relieves
en yeso que muestran escenas eróticas extraídas
de fotografías. Estas son de las pocas obras de la exhibición
que uno podría llevarse a la casa para vivir con ellas,
porque apelan a un sentido del encuentro íntimo entre
personas comunes y corrientes.
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Eva Marisaldi; Senza fine # 1/5 y
1/2, 2000, bajorrelieve, 10 x 15 cm.
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Richard Serra;
Adentro/afuera/izquierda/derecha, 2001, 4 x 12 x 9 m (espiral
externa) y 4 x 9 x 7.5 m (espiral interna). |
En el segundo caso esta el escultor Richard
Serra (California,1939), que presenta dos gigantescas espirales
de placa de hierro por las que es posible transitar. Las paredes
de las estos laberintos color herrumbre se cierran hacia el
centro generando una aplastante sensación de angustia
y claustrofobia. Se trata de obras que por su dimensión
y contenido resultan épicas y solo podrían ser
apreciadas en un espacio público abierto. Al contrastar
las dos podemos entender lo importante que resulta la escala
humana para entablar una relación con el observador.
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De proporciones más modestas es la
escultura de Keith Tyson (R.U. 1969) llamada The Thinker (after
Rodin). Se trata de un monolito negro hexagonal que cuenta con
un dispositivo de computadora que le permite elaborar ideas
y marcos conceptuales durante miles de años sin necesidad
alguna de intervención humana. Este tipo de hito tecnológico
que anuncia el porvenir discrepa con la instalación El
fin del Siglo XX (1968), del desaparecido Joseph Beuys (1921-1986),
consistente en una serie de rocas basálticas alargadas
que ostentan un círculo tallado en un extremo colocadas
sin orden sobre el piso. Esta, la obra más parecida a
una escultura prehistórica, marca el cierre de una época
en la que el arte cumplió una función social y
fue terreno fértil para la revolución. Hoy la
Bienal de Venecia ofrece una versión de arte con una
tendencia hacia el realismo, un realismo influido por la incertidumbre
sobre qué es lo real, donde termina la realidad y dónde
empieza la representación.
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Keith Tyson; El pensador (después
de Rodin), notas técnicas,
2001, técnica mixta/papel, 157 x 127 cm.
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Chris Cunningham; Flex, 2000, videoinstalación.
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Xiao Yu; Ruan, 1999, instalación
holográfica, 70 x 50 cm.
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Una de las piezas galardonadas por el jurado,
presidido por el teórico senegalés-mexicano Eri
Cámara, fue otorgada a la pareja canadiense Janet Cardiff
(1957) y George Bures Miller (1960). En The Paradise Institute,
referencia obligada a la ilusión cinematográfica,
los artistas recrearon a escala una sala de cine. Los visitantes
eran invitados a pasar a una gradería conectada a la
maqueta a escala. Al apagar las luces, la impresión era
la de encontrarse en los asientos del balcón de un cine.
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Janet Cardiff y George Bures Miller;
The Paradise Institute, 2001, Audio, video e instalación.
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Comienza a correr una película, allá
a lo lejos en la pantalla, que físicamente se encontraba
a tan solo tres o cuatro metros de distancia. A través
de audífonos colocados en cada asiento se escuchan los
sonidos propios de la película mezclados con sonidos
y diálogos que parecen venir del mismo cine. La ilusión
perceptiva es tal que en más de una ocasión yo
miré quién era la persona que parecía susurrar
sus comentarios en mi oído. También se escuchan
sonidos ambientales y comentarios que coinciden con lo que sucedía
en pantalla o servían de contrapunto. El resultado era
la dislocación del espectador, que ya no alcanza a percibir
si es él quien esta sentado ante una instalación
o dentro de una sala de cine. El efecto sonoro es de tal calidad
y verismo que construye un espacio real, ajeno a la representación.
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El video El quinteto de lo no visto (2000)
del estadounidense Bill Viola (Nueva York,1951), uno de los
mayores artistas del género, partía de una alteración
del tiempo cronológico. Cinco personas observan un hecho
trágico, lamentable, nosotros solo vemos la expresión
de dolor y pena en sus rostros, pero el movimiento corporal
de sus caras ha sido retardado en grado sumo, de manera que
es posible ver cada músculo, cada arruga de la cara que
dan expresión al rostro lentamente. Lo interesante de
este tableau electrónico es la forma en que se relaciona
con la pintura barroca, y es en ese sentido que podemos concebir
al video como la cristalización del ideal pictórico
de sujetar las imágenes evanescentes de la realidad en
una imagen que tenga vida, movimiento y expresión. La
cinta magnética de video sustituye a la tela.
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Los cineastas Atom Egoyan
(El Cairo,1960), Abbas Kiarostami (Teherán, 1951), Stan
Douglas (Vancouver, 1960) y Chantal Akerman (Bruselas,1950),
presentaron videos que remiten a su trabajo autoral, pero que
dada la interacción entre la cultura de imágenes
y los medios audiovisuales, se prestaban para hacer un comentario
breve sobre el comportamiento humano en situaciones de placer
(Egoyan), el sueño (Kiarostami) o la conciencia culpable.
El predominio del video en esta bienal, como documental, o como
propuesta estética digital, argumental, hipersofisticado
o hecho en casa, consagra a este medio como el recurso expresivo
por excelencia del Siglo XXI. Ya en otras exposiciones se había
notado el preponderancia del video, un medio que sirve de puente
entre la fotografía y la pintura, el cine experimental
y el comercial, creado a partir de varios puntos de visión
o desde una cámara fija delante de la cual Chantal Michel
(Berna, Suiza, 1968) rueda y hace piruetas en el piso vestida
con un ajuar de novia en su Weisses Rauschen (2000). En la Bienal
de Venecia el video, en primer lugar, y la escultura, en segundo,
fueron los medios predominantes.
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Atom Egoyan y Juliao Sarmento; Cerca,
2000-2001, proyección en DVD.
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Chantal Michel; Weiss Rauschen, 1997,
vieoproyección.
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Repensar la forma
La exposición "Plataforma del
Pensamiento", instalada en el fastuoso pabellón
italiano, es una amplia selección de formas escultóricas,
desde Auguste Rodin(1840-1917), relieves indios de los siglos
X, XII y XIII, hasta tallas africanas populares. Escultores
expresionistas alemanes como Hans Schmitt (1912-1998) y Erich
Böedeker (1904-1971), comparten el espacio con Seni Camara
(1945, Senegal) y el pintor naif Gilberto de la Nuez (1913-1993,
Cuba). Las piezas fueron colocadas sobre una tarima inclinada,
a intervalos regulares. El conjunto da una idea bastante clara
de la evolución de la tercera dimensión y de la
voluntad humana por dar forma a su cuerpo, por expresar la esencia
de su ser material.
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Desde el Pensador y el Hombre
que avanza de Auguste Rodin, podemos observar las caras y gestos
inventados por la imaginación primordial del ser humano,
como una exposición de ideas estéticas más
que de piezas artísticas. Figuras de barro y terracota,
ingenuos ensamblajes de madera, tallas salvajes, imágenes
de la periferia, como las de aquella controvertida exposición
"Magos de la Tierra" (Museo Georges Pompidou, 1990),
siguen el nuevo canon de presentación que está
en boga en los museos europeos: hacer diseños de exposición
acrónicos donde la variedad sirve de contexto para situar
al arte europeo dentro del resto del mundo, que se rige por
otros conceptos y versiones de la historia.
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Annika Larsson; D.I.E.,
2000, video. |
Artistas jóvenes y figuras
del arte y anónimos artistas dan su versión del
ecce hommo, paradigma del arte de todos los tiempos.
Sarenco l''Africano (Italia, 1945) sobresalió entre los
artistas expuestos en la Cordelería por la solidez y
sencillez de su oficio. Las tallas en madera de hombres negros
de tamaño natural, sus numerosas portadas de diarios
grabadas en madera y la serie de mensajes y barcos miniatura
-souvenirs del continente negro- llamaban la atención
por su capacidad para igualar el discurso del arte, los medios
y la artesanía y hacerlos comunicar el presente de su
sociedad en su dimensión múltiple. El vigor de
los materiales y la factura manual traen a la mente la poética
de la vida, aunada a la narrativa de la prensa y la imagen turística,
esta última tan enraizada en ese imaginario universal
que ve África como una serie de imágenes simplificadas
de lo exótico y la barbarie.
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Sarenco L'Africano;
Sin título (instalación), 1990-2001, dibujos,
pinturas y madera tallada y pintada, medidas variables.
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Los artistas africanos demuestran que el
arte contemporáneo de la región ha dejado de ser
objeto de curiosidad exótica. África piensa en
la diáspora, la historia, el colonialismo y la multiculturalidad.
La exposición "Authentic/Excentric: África
dentro y fuera de África" que se presentó
en una casa señorial situada sobre el canal que constituye
la columna vertebral de Venecia, ofrecía al público
obra que se ha asimilado a los lenguajes internacionales de
moda: la instalación y el video. Yinka Shonibare, que
estuvo presente en el Salón de Pintura de la Ciudad de
México el año pasado, presenta efigies de una
familia ataviada con trajes de astronauta hechos con vistosos
diseños textiles de colores brillantes.
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Valentin Rayevski; Blattopter BRD-1,
1999, metal,
madera y accesorios militares, 200 x 400 x 150 cm
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Godried Donkor, repite una instalación
de la Bienal de La Habana, presentando una serie de impresiones
tomadas de grabados del siglo XVIII que hacen referencia a las
peleas de box organizadas nada más que por Lord Byron,
conectando al filosofo inglés con la práctica
pugilística negra. La cubana María Magdalena Campos-Pons,
a quien ya habíamos visto en México participando
en la excelente exposición "El Corazón Sangrante",
recicla la instalación "Hablando suavemente con
mamá", que trata sobre la recuperación de
la memoria personal, una historia de tres generaciones de mujeres
contada con planchas, sábanas y burros de planchar sobre
los cuales proyecta imágenes de ella y su familia.
Recursos de la historia
Uno de los aspectos característicos
de las obras expuestas es la marcada tendencia de los artistas
a releer la historia desde una perspectiva individual, introduciendo
elementos lingüísticos, visuales e iconográficos
que constituyen remembranzas personales que acotan la historia.
Artistas de Asia, Oriente Medio, Latinoamérica, Europa
Oriental, los Balcanes y África fueron seleccionados
para contar sus propias historias. La idea de que la historia
no es un patrimonio exclusivo de la memoria colectiva sino que
se reinventa en las individualidades ha servido de motor para
la creación de arte contemporáneo
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Yinka Shonibare, Vacaciones,
2000, cera pintada, textiles de algodón y fibra de vidrio.
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Desde este punto de vista la bienal da cuenta de una multiplicidad
de visiones, cuya selección no podría encontrarse
en otro sitio, compartiendo el mismo espacio.
En un solo recorrido se encuentran las fotografías de
Lucinda Devlin (Michigan, 1947) de las diferentes sillas eléctricas
que existen en las penitenciarias estadounidenses: su presencia
fría y aséptica, que las hace ver como un quirófano
de la justicia, palabra que no podemos definir todavía,
y la doble cara de la autoridad.
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María Magdalena Campos-Pons;
Hablando suavemente con Mamá, 1997, instalación
de técnica mxta.
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El cuerpo de la artista guatemalteca Regina
Galindo (1974) es el sitio sobre el que se inscriben las historias
documentales de violación, acoso sexual, humillación
y marginación de la mujer latina. La celda de confinamiento
inflable de Loris Cecchini (Milán,1969), un organismo
vivo que encierra la conciencia sobre el bien y el mal, indica
la relatividad del castigo y de la definición del delincuente
o del enfermo mental, como sucede en los videos de Javier Téllez
(Venezuela, 1969), y las fotografías de Luis González
Palma (1957) de indígenas guatemaltecos cuyo rostro sobresale
por encima de las historias de vejación; todas estas
obras hablan sobre interminables tragedias, de las cuales el
arte no puede dejar abstraerse.
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Lucinda Devlin; Silla eléctrica
de la correccional Greensville
en Virginia, EE.UU., 1999, impresión cromogénica,
48.5 x 48.5 cm.
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Regina Galindo; El dolor en un pañuelo,
1999, video.
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La distancia entre abstracción y representación
es otro tema que sigue latente en el arte. Cy Twombly (Virginia,
1928) y Gerhard Richter (Dresden,1932), dos pintores que abrieron
el camino a una abstracción poética, comparten
espacios con el británico Paul Graham (1956) que presenta
fotografías de las paredes de baños públicos,
con graffitis y leyendas, texturas y colores que recuerdan a
Twombly, mientras que el pintor Nedko Solakov (Bulgaria, 1957)
trajo la acción pictórica a la exposición
con una propuesta que consiste en repintar continuamente las
paredes de la sala que le fue asignada de negro y luego blanco.
El multiculturalismo versión europea
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Cy Twombly; Lepanto, 2001, acrílico/tela,
216 x 334 cm.
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A diferencia de otras ediciones de la bienal y de otros eventos
mundiales, como la Documenta de Kassel, esta bienal contaba
con un balance políticamente correcto de países
de todo el mundo. Es notorio que las bienales están
trayendo hacia sí artistas de otras latitudes, actitud
consistente con la globalización. Las críticas
hacia las muestras europeas herméticas, que solo veían
valor artístico en las formas y contenidos derivados
del arte europeo, han sido apaciguadas, aunque queda por ver
que tanto la selección de estas regiones periféricas
son auténticamente representativas de la dimensión
cultural a la que pertenecen.
La selección de artistas latinoamericanos no podía
ser más contrastante. Por un lado el pabellón
latinoamericano, instalado fuera de Venecia, acusaba un anacronismo,
marcado por una pintura trasnochada en la que había
desnudos, íconos cristianos. Dos tendencias pueden
observarse: por un lado, el interés en el formalismo
autóctono que constituye una réplica de la obra
minimal y pop; por ejemplo, los trabajos de instalación
del boliviano Gastón Ugalde, las réplicas inflables
de cabezas de la Isla de Pascua del colombiano Nadin Ospina,
colocadas en las calles de la ciudad, y la instalación
de lámparas incandescentes del cubano Luis Gómez
Armenteros, previamente expuestas en la Bienal de la Habana.
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Paul Graham, Sin títlo
numero 2, 1999,
impresión fujiflex, 76.5 x 99.5 cm. |
En contraparte, en la selección
del curador se deduce un sentido crítico-político
en la obra de artistas como Priscilla Monge (1968), de Costa
Rica, la cubana Tania Bruguera (La Habana, 1968) y el artista
guatemalteco denominado A1-53167. Monge usó toallas sanitarias
femeninas para crear un espacio femenino tan claustrofóbico
como ficticio; Bruguera realizó una sobrecogedora instalación
con pantallas video en las que su rostro muestra expresiones
de dolor y estoicismo, con sonidos ambientales de ovejas y frases
que forman parte de una crítica a la ceguera de su país,
Cuba, mientras que las fotografías del Ejército
guatemalteco marchando por las calles sobre una mancha de carbón,
remiten a la memoria de los abusos cometidos contra los derechos
humanos.

Nadín Ospina, Los expansionistas,
2000, esculturas inflables y luces, 400 x 200 x200 cm.
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Los mexicanos Gustavo Artigas (1970)y Yishai Jusidman (1963)
pasaron sin mayor pena ni gloria. La temática de la frontera
México-EEUU tratada por Artigas en su video Las Reglas
del Juego, presentado originalmente en Tijuana, demandaba el
contexto de donde surgió para poder hacer más
evidente lo que representa el encuentro entre dos equipos de
basquetbol y sendos conjuntos de futbolistas. Por su parte,
las pinturas de Jusidman que aluden a los problemas de la representación
pictórica, se sumaron a la interacción de la pintura
con el video, el cine y la fotografía y el arte digital.
La propuesta de Jusidman en este contexto me pareció
reiterativa de un problema ampliamente abordado.
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Luis Gómez Armenteros,
Nevermind, 2000, instalación.
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El artista español
radicado en México, Santiago Sierra (Madrid, 1966), se
las arregló para conseguir a 200 hombres emigrantes,
probablemente ilegales. A cada uno de ellos se les otorgó
una suma de dinero para que se dejara pintar el pelo de rubio
a partir del cual se realizó un video documental. Dado
que la mayoría son inmigrantes del norte de África
que venden bolsas imitación Gucci, juguetes y chucherías
en las calles, la obra de Sierra ponía en relieve, por
el solo hecho de hacer visible una realidad producto del intercambio
económico injusto.
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En suma, la bienal sigue siendo un escaparate
del binomio arte-tiempo histórico y de la búsqueda
de metáforas. Sus métodos han cambiado y su estrategia
se ha abierto para proponer un teorema ético sobre la
responsabilidad del artista de captar los sucesos y el sentir
del individuo en un mundo despersonalizado. Quizá el
fin último del curador sea dejar de lado la discusión
del deber del arte en abstracto, utilizar cuantos artistas tiene
a la mano para entregar ejemplos concretos de lo que se hace
en el centro y las esquinas más apartadas del mundo.
Quizá la lección sea reinterpretar los hechos,
acortar y desentrañar la distancia entre lo real y lo
ficticio, y enfatizar la necesidad perenne de crear un medio
de comunicación entre la visión artística
y el público.
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Rineke Dijkstra; Maya, abril 12, 1999,
impresión cromógena, 126 x 107 cm.
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