Los Territorios del Fuego

Replica21

José Manuel Springer

Elvira Santamaría

Elvira Santamaría es, de la generación de artistas nacidos a fines de los 60, la más representativa en el género del performance. Su trabajo involucra una mezcla de simbolismo arcaico con una dosis de improvisación y de adaptación a los contextos en los que trabaja.
Durante el verano de 2001, luego de una larga estadía en Europa, Elvira participó en la 3í Bienal de Performance, organizada en Israel por la Galería Nachshon en el kibutz del mismo nombre.

El performance estuvo obviamente influido por la situación bélica que se vive en la zona de Gaza, en la frontera con Palestina, donde los levantamientos armados, las bombas y los atentados suicidas han creado un clima de tensión que no parece tener fin en el corto y mediano plazo.
Para la bienal, como es su costumbre, Elvira viajó con casi nada, unos cuantos pedazos de ocote y nada más. Su propósito era llegar y observar la situación, vivirla y asumirla para encontrar la razón de su obra. Luego de algunos días de recorrer el kibutz donde se encontraban concentrados conoció la forma en que se realizaban las labores de limpieza en la cafetería-restaurante. El día de su performance escogió el restaurante.

Comenzó por empujar las mesas hacia una de las esquinas, tal como lo hacen los encargados de limpieza. Ante la vista del público Elvira arrinconó las mesas dando tiempo a que la gente se familiarizara con la acción. No pasó mucho tiempo antes de que algunos de los asistentes se opusieran a que la mesa en la que se encontrara fuera empujada. Comenzó la resistencia, una mujer de edad avanzada enfrentó a Elvira oponiendo resistencia a su labor. Las dos comenzarón a forcejear con el mueble, empujando en direcciones opuestas. La mujer cuestionó verbalmente a la artista por el hecho de intervenir en su territorio sin tener un fin aparente. Elvira le respondió que la acción pretendía buscar una reacción, como una forma de establecer una comunicación y que hasta que ella se había opuesto no lo había conseguido.

Elvira SantamaríaA continuación Elvira tomó un rollo de toallas de papel con el que comenzó a marcar una zona. Al delimitar la zona subió a una silla colocada sobre una de las mesas y colocó un pedazo de vidrio sobre su rostro, aplastando la nariz y la boca contra el mismo. Elvira tomó entonces una rama de ocote a la que prendió fuego. Con el humo que desprendía el ocote cubrió la zona del vidrio que cubría su cara. Minutos después el negro de humo había ocultado completamente su cara. Elvira apagó el ocote y con la punta del dedo índice dibujo algunas líneas sobre el humo que permitieron a los asistentesvolver a ver algunos detalles de su rostro. Este fue el fin de la acción. Las acciones performancísticas de Elvira tienden a crear espacios rituales en torno suyo. Su uso de materiales como el fuego, el espejo o vidrio, y la expectativa que genera el desarrollo de sus performances generan la sensación de asistir a un proceso de descubrimiento o revelación.

El esfuerzo físico y el riesgo que implica involucrarse en situaciones que atentan contra su cuerpo logran también aumentar la tensión. Pareciera que la tensión es un elemento indispensable para lograr ese estado de concentración en nosotros mismos para participar virtualmente en su acción.
Por otro lado, la sencillez de su propuesta, que involucra el cuerpo y la matería apunta hacia los orígenes de una cultura indígena colonizada y sometida a sangre y fuego. No obstante, esta misma analogía podría establecerse con la cultura contemporánea, en la que el individuo resiente el peso de las instituciones y las demandas del sistema sobre su frágil estructura psíquica. La transgresión de esos sistemas, el rechazo a comportamientos estériles y degradantes, nos permiten ver en los performances de Elvira una puerta abierta hacia el autoconocimiento y la defensa de los valores individuales. En suma, su trabajo de performance es una práctica poética, alejada de lo narrativo, que permite ver el proceso de formación de la persona, saltando los obstáculos y trampas y que nos impone la homogenización. Para el trabajo de Elvira la reacción del público es la única retribución que la confirma como una artista que comunica la esencia del ser.

Elvira SantamaríaElvira Santamaría

Elvira SantamaríaElvira Santamaría

Las fotografías son de Elvira Santamaría en el performance en la cafetería del kibtz Nachson, 2001. Cortesía de la artista.

 

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Fecha de publicación: 10.09.2001