Boleto de ida sin regreso, un recorrido con Phil Kelly

Replica21

José Manuel Springer

Phil KellyÁngel Tiber, 2001, Óleo y Carbón sobre tela.

Lunes 16 de julio de 2001.- Estuve en el estudio de Phil Kelly localizado entre la calle de Río Nazas y la avenida Melchor Ocampo -hoy parte del Circuito Interior. El lugar es departamento de dos recamaras y alberga no menos de cien telas desde formatos enormes hasta pequeñas cajas de óleo pegadas a la pared. Un reconocible olor de aceite y trementina impregna el ambiente que no es tan pesado como se ve: montículos de papel periódico, cerros de tubos de óleo vacíos, cerros de óleos a medio usar; latas pequeñas y grandes con mezclas y soluciones de color, una inmensa pila de discos compactos arrojados al piso con el mayor descuido, decenas de botellas de vino vacías en las esquinas de cada cuarto.

El piso de madera esta cubierto de manchas y pedazos de dibujos en papel, hay un sofá que debió ser blanco alguna vez; en la sala principal existen varias mesas, mesitas y cajas donde descansan paletas atiborradas de costras de colores brillantes. No faltan los envases vacíos de cerveza Victoria, pínceles y brochas enfangados de óleo; quienquiera que entre ahí tiene dificultad para salir inmaculado. El lugar está perfectamente ambientado, hay frases y sentencias escritas en la pared por doquier, dibujos a medio hacer, notas pegadas, instantáneas de paisajes, buena luz, buen vino, la compañía sonriente de Phil, con un fondo musical de Thelonious Monk o Miles Davis, o Van Morrison. No se puede pedir algo más placentero.

Phil KellySanta Julia Mercado, 2001 Óleo sobre tela.

Miércoles 18.- Estuve escribiendo un texto sobre la Bienal de Venecia, pensé que todo lo que vi allá giraba en torno a la diferencia entre realidad y ficción. Las pinturas de Phil me han hecho penetrar aún más en esa idea. Algunas de sus frases, escritas con carboncillo en la pared, sobre la lucha por atrapar el momento presente que se nos escapa o el caminar por la calle para apresar lo material ahí donde todo es cambio y nada es igual, me hacen pensar que todo lo que nos rodea es una ficción de la mente y la realidad o no existe o no la podemos atrapar; las partes se mueven, la luz cambia, los colores también. Todo está en estado de permanente transformación y las pinturas son solo estados de la materia en movimiento.

Jueves 19.- Si nada está fijo, todo es cambio, luego entonces la realidad no es una sino es la suma de visiones o la descomposición de el instante, como sucede en el Cubismo.

Viernes 20.- Desde la cantina del hotel Pánuco que está en la esquina de la calle Ayuntamiento, a las tres de la tarde, con el alboroto de la sinfonola y tres televisores encendidos, me he puesto a pensar en que vivimos rodeados de representaciones visuales, auditivas, escenarios del mundo cotidiano. Las meseras, los hombres de traje y corbata, las etiquetas e impresos de todos los productos que nos rodean son parte del teatro de lo real, aunque esta última frase sea un paradoja, pues implica que todo sigue un guión preestablecido y que no hay lugar para el hecho fortuito o el decir impredecible. Será entonces que la pintura de Phil es la representación de un escenario o, por el contrario, que se trata del guión que jerarquiza lo que sucede en nuestro caótico entorno. O es una fijación de lo real dado que ordena el tiempo, la manera en que una a una se suman las cosas, los personajes, los escenarios. Más música, más imágenes, más cerveza, más vino, menos tiempo para pensar, más tiempo para alejarnos de esa realidad que nos contiene. Pienso en Magritte y sus enigmas visuales.

Phil KellyCoche rojo con vocho, Centro Histórico, 2001.Sábado 21.- Me preparo para salir a Cuernavaca. Subo al coche, cargo gasolina, checo el aceite del motor, la presión de las llantas. Voy manejando por Tlalpan junto a otros miles de chilangos abandonamos la ciudad. Salgo por la carretera libre, los anuncios espectaculares bloquean mi vista, detrás de ellos están las montañas que rodean al valle, pero las imágenes se imponen, se recortan sobre el paisaje o son parte de un panorama que ya de suyo es irreal, absurdamente real.
Me quedo con los paisajes de Phil, me parecen más atractivos, sus colores más brillantes que los que se pueden ver desde las montañas que rodean a México. Son como la Arcadia, lugares imaginarios por su belleza y organización del espacio, son visiones ideales de lo que un citadino espera encontrar en el campo. Una vez que uno ha visto la pintura de paisaje el campo real ya no se puede ver igual, aparece desorganizado. En el pueblo de Parres, cruzando del cinturón suburbano de la ciudad, las orillas de la carretera están flanqueadas por automovilistas que se han detenido a dejar rastros de la cultura: botellas de refresco, bolsas de plástico, cajas de poliuretano; fragmentos de lo real que irrumpen en lo natural. Si la realidad existe está aquí, corrompiendo a lo natural, que parece intemporal como los paisajes pintados por Phil.

 

Sábado 21.- horas más tarde, Cuernavaca.- Desde joven he visitado esta ciudad, como muchos otros que ven en ella una especie de Jardín de las Delicias, lleno de paisajes de color de la buganvilea, el tule, el laurel, y la palma. Desde 1985, después del temblor que devastó la ciudad de México, los chilangos comenzaron a destruir la eterna primavera cuernavaquense y la convierten en la ciudad de los excesos, como la pintura del Bosco, saturada de figuras lascivas, seres humanos monstruosos, construcciones imaginarias, lúgubres ocasos . Las primeras torres de condominios surgieron en los alrededores, fraccionamientos de casas como palomares inundaron Civac, Jiutepec, Ocotepec. Automóviles de lujo recorren sus maltrechas calles empedradas, hoy transformadas en avenidas estrechas y sinuosas. Las barrancas son hoy desechos de aguas negras y basureros adornados por una moribunda vegetación.

Phil KellyChalco Taxi verde, Óleo sobre tela.

Phil KellySan Antonio, Jardín Japonés, 2001, Óleo sobre tela.

Domingo 22, Cuernavaca.- Vuelvo en mi mente a las pinturas de Phil, en ellas hasta el caos de Reforma y sus árboles se antojan deseables; la trama de colores y formas tiene una coherencia óptica de puntos de color, líneas y manchas. Las pinturas de los ingenios azucareros, rodeados de cañaverales y haciendas de ladrillo rojo, tienen la nostalgia del paraíso perdido, ese que se encuentra a solo una hora de aquí. Cuernavaca, aquel sitio que los nahuas llamaron "el lugar cerca del bosque", ya no puede inspirar a un artista como Phil porque no es ni ciudad ni campo, no tiene el ritmo be bop de la metrópoli ni la desconcertante algarabía de los sonidos de la selva. Aquel hotel llamado Casino de la Selva se ha transformado en el cimiento de un nuevo centro comercial que no inspirará pintura alguna. El mall es demasiado insulso visualmente, sus interiores pueden solo pueden provocar la ironía en un artista conceptual, si acaso.

Lunes 23.- De regreso en México. La belleza en el arte era un convencionalismo a principios del siglo XIX. Los primeros rebeldes se manifestaron en contra de la belleza, querían que algo provocara una reacción, moviera las entrañas y no la retina. Los poetas malditos vieron en las nacientes urbes decimonónicas una belleza corruptora, eso era lo que les interesaba. El siglo XX ilumina la ciudad con luz eléctrica y el movimiento de los primeros vehículos. Luces brillantes y grandes edificios, movimiento ascendente de la cultura sobre la naturaleza. El jazz es la versión citadina del blues campirano, es la música que corre a la par de las vanguardias del siglo XX. Phil pinta, bebe vino tinto y escucha la voz grave de Van Morrison cantando The Bright Side of the Road. Sus pinturas son la poesía de la ciudad, la transforman, la imitan, la replican, le descubren su parte viva y resplandeciente.

Phil KellyT.N. 25-6-98, Óleo sobre tela.

De repente he caído en la cuenta de que lo que significa el entramado de sus pinturas, solo con ver el mapa de la ciudad. El circuito Interior, esa circunferencia que contiene los espacios donde se mueve nuestro artista, es como un recorrido sin principio ni fin, como el tiempo circular de los pueblos prehispánicos. Dentro de su estudio estuve rodeado de pinturas que eran como ventanas que daban a la colonia Cuauhtémoc, la Verónica Anzures, la Hipódromo Condesa, la Roma, la San Rafael, todas ellas parte del núcleo poético-visual de una ciudad que se desparrama. Los cuatro puntos cardinales coinciden con los tiempos del jazz y de los círculos concéntricos que dibuja Phil en sus recorridos.

Jueves 23.- La casa de Phil Kelly y Ruth en la colonia Verónica Anzures es una morada situada en una calle sin salida, donde su vida y la pintura confluyen. Decenas de pinturas terminadas aguardan en las habitaciones. Contornos femeninos pintados sobre cajas de óleos se despliegan sobre el piso ante mis ojos. Forman un rompecabezas de variables y combinaciones que pueden crecer al infinito. Las mujeres que forman el lado íntimo del estudio del artista que tiene dos hijas pequeñas Ana Elena, 7.11 y María José 3.9, me recuerdan que México es una cultura femenina. Estamos rodeados de representaciones e imágenes tutelares de mujeres, desnudas, desmembradas, fértiles, frontales, hieráticas. Son nuestros ídolos más auspicios, nuestros puntos de referencia de lo lúdico, de la embriaguez, el dolor y la pasión. Somos una cultura sentimental más que racional, una cultura sensual más visual que literaria. Pocos leen, todos vemos. Las imágenes femeninas de Phil son un lenguaje de pictogramas, una escritura de jeroglíficos que encierra un enigma pero nos abre una puerta. La suma de las imágenes da por resultado una sola mujer, concretamente bella en sus formas abstracta en su decir. Recuerdo a De Kooning, a Lucien Freud y Marcus Harvey.

Phil KellyVista del taller con avión azul, 2001 , Óleo sobre tela. Phil KellyDesnudos sobre papel periódico, Óleo sobre papel periódico.

El vino sigue fluyendo y con él la conversación. Ruth me ofrece un chile ennogada que yo acepto gustoso, el sabor de los colores verde, blanco y rojo se confunden con la el gusto de la pintura. Pasamos al zacahuil, un tamal originario de la Huasteca potosina elaborado para los grandes encuentros: maíz macerado y cocido con chile y carne. Más vino, más vida, más tiempo para vivirla.

Phil KellyDesnudos sobre papel periodico
Óleo sobre papel periódico.
Viernes 24.- Escribo mis últimas notas sobre los vestigios de la embriaguez de los sentidos que representa vivir con Phil Kelly y sus pinturas durante varios días. La suma de momentos efímeros me ha dejado el sabor, el recuerdo de impresiones de espacios y objetos que son solo materia pintada, es solo el tiempo que uno le dedica al arte lo que en realidad nos deja algo, por eso regresamos constantemente a la imagen. De ese tiempo recuerdo algo que escribió Phil sobre un muro: la pintura es mezcla o no es nada. Este arte donde se encuentran las materias con la necesidad de detener el tiempo de la manera más espontánea posible es la libertad imaginada en la tela.

 

 

 

 

 

 

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Fecha de publicación: 01.10.2001