El significado de una renuncia

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José Manuel Springer

Arturo RiveraArturo Rivera: Autorretrato, s/f.

El pasado miércoles 14 de noviembre de 2002 se conoció la renuncia de Osvaldo Sánchez a la dirección del Museo Rufino Tamayo, el principal museo de arte contemporáneo de México. La sorpresiva misiva de su renuncia señala como motivo aparente la imposición que hizo el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) de la presentación del catálogo del pintor figurativo Arturo Rivera en el auditorio del museo. Para Sánchez resulta imposible seguir cumpliendo con su responsabilidad "bajo una dinámica de mando" que contraviene su ética profesional.

Ignacio Toscano, director del INBA, confirmó la decisión de Sánchez y señaló que la decisón de presentar el libro de Arturo Rivera responde a reafirmar "la política plural y no excluyente del INBA", luego de que en declaraciones a la prensa el pintor, de conocida trayectoria en los principales museos de México, se quejara de falta de apoyo y desinteres por parte del INBA, y de los intereses de algunos que "quieren matar a la pintura".

Al parecer la decisión institucional tiene que ver con el principio de apertura que debe regir a la institución pública. Es necesario acotar que en México la mayoría de los museos, con contadas excepciones, son patrimonio del Estado y reciben su presupuesto del gobierno, por lo que la decisiones sobre sus políticas son tomadas de manera central y no mediante una consejo de directores independiente, como sucede en museos de otros países.

Carla ArochaCarla Arocha: Twins, 1995. Beatriz MilhazesBeatriz Milhazes: Niño Pescando, 1997.

Osvaldo Sánchez cuenta con una sólida carrera en México. Hasta hace un año había sido director del Museo de Arte Contemporáneo Carrillo Gil (MACG), que cuenta con un importante acervo de pintura moderna de los grandes maestros mexicanos, y también exponía a las generaciones emergentes de artistas mexicanos e internacionales. Luego de su paso por esa institución, donde renovó la política de exposiciones, la museografía y la curaduría, llegó este año, con el nuevo gobierno, a ocupar la dirección del Museo Tamayo.

El proyecto de Sánchez, que comenzó a dar frutos hace apenas algunos meses era la punta de lanza de un movimiento renovador dentro del arte mexicano que consistía en impulsar corrientes pujantes dentro de la escena internacional. Imposible señalar que estaba en contra de la pintura ya que la primera exposición de su administración, llamada Operativo, era una muestra que incluía propuesta pictóricas de autores norteamericanos y latinoamericanos y europeos, como corresponde a la vocación internacional del museo. Sin embargo, entre algunos pintores mexicanos que se encuentran a la mitad de su carrera existía aprehensión por la desfase que esto representaba para su carrera y en general para el arte local. Se sentían olvidados por una institución pública que creían les debía el reconocimiento, tal es el caso de Arturo Rivera.

Uno podría estar ó no de acuerdo con la propuesta de Sánchez, pero en definitiva no podría criticársele que su proyecto curatorial careciera de pies y cabeza, como ya había sucedido con la dirección de otros recintos, que fueron cayendo en fórmulas o en repeticiones improvisadas. El museo Carrillo Gil y el Museo Tamayo fueron en manos de Osvaldo Sánchez instituciones dinámicas, en las que participaron críticos, curadores y artistas de talla internacional, que conectaron a México con el mundo. Esto es algo que no puede dejar de reconocérsele a Osvaldo Sánchez.
Muchas críticas se han dirigido a la formas que adoptaron los museos, al hecho de que se invirtiera en instalaciones consideradas "superfluas" e "innecesarias" como un bar o una tienda del museo, o sí las inauguraciones se habían convertido en fiestas banales, pero esas cuestiones, además de ser la norma en los museos de todo el mundo que quieren dejar de lado la solemnidad y quieren ganar nuevos públicos, no eran el centro de su propuesta, que estaba basada en la participación de la cultura global como actores activos y no solo como receptores pasivos.

Stephan BalkenholStephan Balkenhol: Hombre, 2001.

Ross BlecknerRoss Bleckner: Signalling Pathways, 1999.

Durante su breve gestión en el Museo Tamayo Osvaldo había conseguido algo excepcional para México, que era organizar una exposición con un concepto curatorial desarrollado a través de la cooperación directa con, artistas, galerías y museos y coleccionistas particulares que articulan el mundo del arte de manera horizontal. Esto era el principio de una forma de eliminar el papel del museo como espacio pasivo que recibe exposiciones curadas en otras latitudes, con las cuales establece un programa dependiente de la oferta y de los recursos públicos.

Si bien también es cierto que trazar una política definida implica descartar otras políticas, el hecho de contar con un programa claro era contar con una certidumbre, que no es común en nuestros museos.

Esto generó la antipatía de ciertos sectores de la producción artística que quedaron fuera por el rigor con que Sánchez trazó sus objetivos. De alguna manera México sigue siendo una cultura conservadora y un caos que resiste el ordenamiento, donde la política cultural se define día con día en ocasiones sobre las rodillas.

A partir de ahora se ha vuelto a la incertidumbre sobre el rumbo que tomara la política oficial de museos. Las especulaciones sobre el nuevo director del museo Tamayo tienen en común el que no se sabe quién podría enfrentar esa responsabilidad sabiéndose atado de manos por una institución rectora, y el hecho de que la posición de director del principal museo de arte contemporáneo del país se antoja demasiado controvertida, con demasiados riesgos y pocas probabilidades de éxito.

Arturo RiveraArturo Rivera: Sor Juana Inés de la Cruz, s/f.

 

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Fecha de publicación: 18.12.2002