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Palíndromos
de la imagen: la fotografía de Ernesto Ríos |
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La fotografía
de Ernesto Ríos puede considerarse como una ruptura con la fotografía
convencional pues se acerca más a los procedimientos de representación
pictóricos. La antigua idea de que la cámara registraba lo que
filtraba la lente es superada en el trabajo de este fotógrafo
morelense. El cambio en la estrategia tiene que ver con la gramática
de las imágenes, el cómo se articulan para dar lugar a una semántica,
o sea un nuevo significado que viene de leer la imagen en dos
sentidos, como referente y como objeto en sí mismo. |
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Para
considerar lo que esto significa debemos echar mano de una
explicación de lo que ha sucedido con el arte desde la invención
de la fotografía hasta nuestros tiempos. En un primer momento,
las imágenes captadas por la fotografía son una imitación
de la realidad. Dependen de la existencia de un ente u objeto
al cual hacen referencia por medio de la similitud. La fotografía
del siglo XIX era eso, una reproducción mecánica de la realidad.
Esta forma instantánea de reproducir lo real llevó a que
la pintura cambiara sus estrategias, su vocabulario y su finalidad.
A raíz de la invención de la fotografía la pintura comenzó
a deformar la realidad para poder separarse de aquella. Simultáneamente
la fotografía comenzó a imitar a la pintura, produciendo imágenes
que reproducían la composición y los efectos pictóricos, surgiendo
así una fotografía artística de corte pictoricista.
El arte del siglo XX vio un cambio radical, el Cubismo hizo
que la pintura se alejara de la de representación ilusoria
de la realidad, ofreciendo una representación más real que
implicaba el uso de la dimensión temporal y la eliminación
de la perspectiva. La fotografía, por su lado, se volvió más
esteticista, llegando a un purismo que se manifestó en la
fotografía de paisaje. Además el fotógrafo se concentró en
la captación del instante, cosa que le dio a la fotografía
su certificado como medio artístico, pues logró captar la
realidad de una manera totalmente distinta a la de otros medios.
Al finalizar el siglo XX la fotografía había cambiado radicalmente
su modus operandi. Por un lado el fotógrafo comenzó a situarse
delante de la cámara para utilizarla como un reflejo sofisticado
de verse a sí mismo. También se recurrió a la construcción
de escenarios, que al hacer una puesta teatral abandonaban
los postulados puristas e instantáneos que llevaron a la fotografía
a ser considerada un arte. |

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| Actualmente fotógrafos
como Ernesto Ríos retoman los paradigmas del quehacer fotográfico
para transformar nuevamente la naturaleza del medio. La superimposición
de imágenes que usa Ríos nos recuerda a la pintura surrealista,
pero la diferencia estriba en que las imágenes por él captadas
provienen estrictamente de la realidad, y es mediante el uso
de tecnologías digitales que se logra la alteración perceptiva
de lo real. Puede decirse entonces que sus imágenes son un espacio
visual en el que se reproduce el mecanismo de la mente humana,
pues lo que ellas reflejan es algo muy similar a lo que sucede
en nuestra mente cuando se combinan formas y significados. |

Ernesto Ríos:
Sin Título, 2001
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| En ese sentido
Ríos tiene razón cuando seżala que en su obra la búsqueda
no tiene un objetivo específico, sino que lo que intenta es
situar el mundo en un espacio ambiguo de representación, en
el que dos o más imágenes se mezclan para combinar sus propiedades
expresivas.

Ernesto Ríos:
Sin Título, 2001
La serie de fotografías dedicadas
a animales ejemplifica lo anterior. Por un lado la presencia
de seres vivos, metáforas del mundo natural, se entremezcla
con espacios, signos y símbolos del mundo real. Estas obras
pueden leerse en su conjunto como procesos lingüísticos de
la imagen, articulaciones que crean significados a partir
de imágenes individuales.

Ernesto Ríos:
Sin Título, 2001
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| En su brillante estudio sobre la
imagen fotografíca, La Cámara Lúcida, el desaparecido lingüista
francés Roland Barthes, seżala que la imagen fotográfica cuenta
con elementos que pasan desapercibidos a primera vista pero
que luego de una inspección detenida adquieren una presencia
iconográfica decisiva. A estos elementos los llama el Punctum
de la fotografía; aquello que impresiona nuestro inconsciente,
pero que solo hasta que lo hacemos consciente nos da la clave
de una imagen. Puede tratarse del zapato tirado al lado del
cadáver de un insurgente, la silueta pintada de un perro encontrada
en el asfalto. El fotógrafo del siglo XX apuntaba su cámara
hacia el mundo, buscaba un objetivo, pero lo que veía en el
positivo ya impreso lo sorprendía: había cosas que aparecieron,
en las que él no había reparado y que determinan el peso o la
dirección de la estructura visual de una fotografía. |
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En
las imágenes fotográficas de Ernesto Ríos el proceso de descubrimiento
del punctum resulta de una composición sintética (como en
el Cubismo), en la que se arma un todo a través de las partes,
siendo está método inductivo lo que hace que los detalles
de una imagen den la elocuencia expresiva al todo.
En consecuencia lo que está buscando el fotógrafo
no existe a priori, surge del accidente, de un encuadre de
la cámara que parece no estar dirigido hacia una realidad
específica. El fotógrafo parece más interesado en dejar que
la realidad se vierta sobre la lente y, como en un reloj de
arena, la imagen pase de un ámbito a otro. Estas imágenes
fuera de foco, carentes de composición (de una forma de ver
explícita) se unen a través de la tecnología digital y dan
como resultado encuentros iconográficos poéticos.
Para abonar aún más en el proceso del
azar, Ernesto Ríos reune imágenes inconexas en trípticos y
polípticos que crean frases iconográficas, cercanas a la narrativa
del cine, pero que apuntan tan solo a momentos guardados en
la mente, situaciones que no alcanzan a ser digeridas por
el conciente. El movimiento de la cámara, el barrido de las
imágenes evidencian lo transitorio y lo efímero de nuestra
percepción. Para seguir con el ejemplo cubista, en los trípticos
las imágenes actúan por separado, aislando las partes de un
todo para comprenderlo. |
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Por último, el fotógrafo ha
producido una serie de imágenes únicas en las que existe una
voluntad explícita de unir sus elementos para incrementar
el significado. Tiempo y espacio fotográfico se compactan
-una táctica opuesta a la de los trípticos- para dejar que
la gramática del color, la forma, la dirección y el movimiento,
generen una expresividad ausente en las partes.
Esta voluntad de explorar la naturaleza de
la imagen, sus intrincadas relaciones con lo real y la ilusión,
es lo que hace ver la obra de Ernesto Ríos más que como fotografía
como arte visual sin adjetivos, es decir un lenguaje que parte
de la forma y el significado, pero cuyos contenidos surgen
de manera espontánea y casual. Un arte que bien podría ejemplificar
los palíndromos mentales de la imagen fotográfica en el siglo
XXI.

Ernesto Ríos: Rata, 2001
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