Un recuento de daños y aciertos

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Luz María Sepúlveda

Gabriel OrozcoG. Orozco: Ping Pond Table; 1998

Gabriel OrozcoG. Orozco: Papalotes Negros; 1997

Gabriel OrozcoG. Orozco: Oval con Péndulo; 1996

¿Cómo hablar de las exposiciones del 2001 sin comenzar por la magna muestra de Gabriel Orozco en el Museo Tamayo? Sin duda, una de las que más gente atrajo, más expectativas causó, de la que más crítica o comentarios se publicaron y eso que ni siquiera fue de lo mejor.

Desde luego se hizo un gran esfuerzo por reunir la mayor parte de la obra del artista y los resultados fueron bastante buenos si se considera, además, que fue la primera exposición de Gabriel Orozco en su paÍs natal. Sin embargo, en ningìn momento se hizo una reflexión seria en torno al fenómeno absolutamente anti-mexicano del que es presa el artista. No es la primera vez que un artista mexicano tiene éxito en el extranjero antes de que el pìblico clame con gran Ímpetu nacionalista que en realidad nació, se educó y trabajó en México, y que si no se le habÍa hecho un reconocimiento en su paÍs, fue por falta de tiempo. Tamayo, Toledo, Galán -por citar solamente a algunos- junto con Orozco fueron vÍctimas de cierto malinchismo mismo que se superó al ser reconocidos los artistas en el extranjero. Entonces, no se puede hacer una evaluación totalmente objetiva del trabajo de Orozco en un marco en el que priman otros intereses por encima de las cualidades estéticas de su obra.

Una de las mejores exposiciones del a¿o, a mi modo de ver, fue la de Operativo en el Museo Tamayo, todavÍa en la era de Osvaldo Sánchez y curada por TobÍas Ostrander. El mérito de la exposición es intrÍnseco a las necesidades capitales del arte. Es decir, no se mide por el éxito que tuvo, ni por la aceptación del pìblico o la falta de interés del mismo. Dejando a un lado el hecho de que Osvaldo resucitó a un muerto (el Museo Tamayo, cuestión que ya habÍa logrado con el Carrillo Gil), TobÍas hizo lo que todo curador deberÍa hacer, pero que en México no se hace: investigar, reunir información, trabajar una hipótesis, estudiar el caso y ejemplificar las conclusiones. El resultado es una exposición que, si bien en apariencia resultaba superficial, reìne una buena labor documental, iconográfica y conceptual.

Otra exposición que vale la pena enunciar es la que presentó Claudia Fernández en el Laboratorio Arte Alameda. A diferencia de la de Gary Hill que fue superior a ésta y a la de Suter que fue muy inferior, la de Claudia resultó dinámica, entretenida, laboriosa y estéticamente bien lograda. El espacio ayudó a que la experiencia del espectador fuera más positiva aun, pero la idea original de trabajar la cámara de video con un espejo piramidal y filmar aspectos triviales de la vida cotidiana fue una excelente tarea de Claudia.

Una exposición que definitivamente carece de orden (por no decir que fue un absoluto caos) tanto conceptual como museográfico es la de 4a2g que se presentó en el Museo de Arte Moderno. Si bien las obras de Fernando GarcÍa Correa y las de Franco Manterola fueron rescatables (en ese orden), las de VÍctor Guadalajara y las de Teresa Velázquez (también en ese orden) fueron desafortunadas, por decir lo menos.

Rubén Ortiz presentó su serie fotográfica de los altares del dÍa de Reyes de la Alameda en el Centro de la Imagen. Si Rubén es un excelente pintor y un bastante buen fotógrafo, ¿por qué carecen de fondo estas fotografÍas a las que de ninguna manera se les reprocha su técnica, pero sÍ su falta absoluta de discurso? A lo mejor es que este tipo de obras con tintes neo-kitsch ya saturaron las salas en los años 80 y a mi parecer ya no ofrecen nada a nivel teórico, pero en realidad creo que Rubén tiene mucho mejores piezas y que éste fue un intento fallido por darle seguimiento a un tema trillado.

Thomas GlassfordThomas Glassford: Detalle

Irene ClouthierIrene Clouthier: Bobby con Tapas, 2001.

Claudia FernándezClaudia Fernández: Manguera, 2001.

Hablar del VII Salón de Arte Bancomer resulta polémico por varias razones entre las que destaca el hecho de que yo forméparte del comitéde selección y que tanto Olivier Debroise como yo quedamos absolutamente inconformes con la museografÍa que impuso Luis-MartÍn Lozano, también seleccionador y director del MAM. Pero fuera de estas arbitrariedades creo que la exposición en general resultó positiva. Tratamos de hacer una selección de lo más sobresaliente a nuestro parecer del acontecer actual mexicano. Quedéconforme con la selección y en especial con las piezas de Carlos Amorales, Galia Eibenschutz, Luciano Matus, Carlos Ranc, Thomas Glassford, Marianna Dellekamp, Verena Grimm, Rubén Gutiérrez, Edgar Orlaineta y Stefan Bríggemann. Obras que desmerecieron debido a la pésima colocación museográfica, fueron las de Fernando GarcÍa Correa, Marco Arce, Irene Clouthier, Katya Brailovsky y Mario GarcÍa. Otras que resultaron malas y no por culpa del equipo del Museo: Olga Adelantado, MarÍa Joséde la Macorra, Franco Aceves, Teresa Velázquez y Yolanda Gutiérrez. Tengo entendido que las obras se vendieron bien y espero que aun con la salida de Ercilia Gómez Maqueo de la Fundación Cultural Bancomer, se siga dando impulso y apoyo a los jóvenes artistas.

Héctor Falcón

Héctor Falcón

Héctor Falcón
Héctor Falcón:
Dias 8, 22 y 43
.
2000.

Casi al finalizar el año se inauguró una de las exposiciones más propositivas en México en los ìltimos años. Se trata de Do it en el Museo Carrillo Gil, bajo la dirección de Patricia Sloane. En los años 70 fueron comunes las exposiciones y los performances que exigÍan la interacción del pìblico; este fenómeno pasó rápidamente de moda y no se habÍan hecho muchas obras en las que se invitaba al pìblico a participar de alguna forma, hasta que el arte electrónico propuso una nueva manera de crear obras en proceso con la intervención de varios autores. La exposición en el Carrillo Gil concentró una interesante diversidad de formas para elaborar una pieza, abordarla como intérprete y recibirla como espectador. Se trató de un juego conceptual en el que el resultado final de la obra era casi tan importante como su proceso de creación. Varios ejercicios, en su mayorÍa de carácter lìdico, caracterizaron una muestra en la que prevalecieron las buenas ideas, facturas y resultados.Otra muy buena exposición es la que presentó Héctor Falcón en el MUCA de Ciudad Universitaria. FotografÍas digitalizadas, diagramas, un video y diversas cartografÍas mostraban el desarrollo fÍsico al que se sometió el mismo artista. Más de un mes de ejercicio, dieta especial y esteroides moldearon su cuerpo el cual fue objeto de escrutinio bajo la lente de Falcón. Muy diferente a la serie que trabajó Marianna Dellekamp en la que denunciaba la atrocidad de las dietas a las que se sometÍan las mujeres para responder a estándares casi inalcanzables para estar satisfechas con su cuerpo, Falcón retrata sin complejos el proceso traumático para poder pertenecer a una sociedad entregada al placer de la visibilidad pura. Un espacio que es necesario recuperar es el Museo Universitario del Chopo. IncreÍble por sus dimensiones y las posibilidades que puede ofrecer en sus distintas salas, el Chopo está dominado por la mediocridad direccional y la ineptitud curatorial. Ni hablar de la carencia de investigación en cada uno de sus proyectos.

El EX-Teresa tuvo aciertos tanto en el Festival de Arte Sonoro curado por Manuel Rocha, como en el Festival Internacional de Performance, bajo la dirección de Karina Alvarado. Guillermo Santamarina ha decidido oportunamente realizar el Festival del Performance bianual, cuestión que será positiva, tanto para la selección de participantes, como para la calidad de la muestra.

Se ha anunciado un nuevo Festival de Performance en el MAM. No sémás detalles, pero conociendo los criterios de arte contemporáneo del equipo de Luis-MartÍn Lozano, me da miedo. A ver qué sucede...

 

 

 

 

 

 

 

 

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Fecha de publicación: 01.03.2002