Bienes raíces, la pintura de Alberto Castro Leñero

Replica21

José Manuel Springer

Alberto Castro LeñeroMandala, óleo sobre tela, 2002.

La relación pintura-concepto en el arte de los últimos diez años puede ser ejemplificada con el vínculo casero-inquilino por la que estoy pasando desde hace tres años. De alguna forma la pintura ha estado imponiendo sus tiempos y agendas a los problemas de la representación –problemas en su mayoría conceptuales. La pintura es una vieja casera que es dueña del espacio desde hace años, el concepto tiene que pagar renta para hacerse visible y ocupar un espacio, aunque sea por solo un año.
Sirva esta metáfora doméstica para echar un ojo a uno de los pintores cuya obra se mueve entre la representación y la expresión, entre que sí hacemos de la pintura un objeto con una superficie activa o la convertimos en una ilusión llena de sensibilidad y color. Me refiero a Alberto Castro y la exposición de sus pinturas y esculturas Forma, que se expone en el Museo de la ciudad de México.
Casi todos los egresados de La Esmeralda, donde yo doy clases de teoría del arte, abominan de la pintura. Todos ellos también parecen guiarse por una regla escrita por Andy Warhol: reconocer el potencial de los objetos encontrados cuando se trabaja dentro de una cultura consumista. Para Alberto Castro no hay objetos encontrados, más bien son formas. En la exposición existen algunos epígrafes que subrayan la intención del autor (1). Por tanto la regla de Warhol no se aplica a este pintor, quien se ha liberado de la tiranía de las ideas y se ha trazado una ruta figurativa expresiva.

La pintura de Alberto Castro está muy alejada de la idea del artista como obra de arte en sí mismo (otro principio Warholiano), la sustitución de la metáfora por el concepto, y la importancia de este último sobre la primera. Sus obras son odiseas espaciales dentro de su propia mente, sin ser puramente mentales o exclusivamente percepciones formales. En la primera sala de la exposición se encuentra un vitral, cuya producción demuestra la concentración en el trabajo de gestación de la obra. El proceso de cómo se crea una pintura, ha guiado casi toda la carrera de Alberto Castro, y aunque su obra tiene todavía como soporte una tela o un pedazo de madera, en el cual se ha untado pintura, los conceptos no pueden encontrar mejor lugar para asentarse en su búsqueda de visibilidad.No digo que Alberto haya inventado el hilo negro o el agua tibia del arte postnacional. No, simplemente quiero apelar al lector a leer las formas y la semántica de un pintor que tiene un lenguaje visual bien estructurado. Quizá lo único que le falta a Alberto es ser mejor auto-publicista de su trabajo.

Alberto Castro LeñeroMosaico, 2002.

Alberto Castro LeñeroMancha gris, óleo sobre tela, 2002.

El arte actual tiene algo en deuda con este artista; yo les diría a mis alumnos de segundo semestre de La Esmeralda que se fijaran en Alberto para entender lo que es la democratización de la forma. Cómo una pintura se puede convertir lo mismo en una mancha, que una silueta, que en un signo: cada pintura es una constancia de la transformación de la materia en idea.

 

Alberto Castro LeñeroForma orgánica, oléo sobre tela, 2002.

En la medida en que un pintor puede liberar su propia creación y formar un público enteramente nuevo para su trabajo, el artista puede sentir la satisfacción de que su arte –no importa qué sea o cómo sea - se convertirá en una influencia para las generaciones por venir. Dos de las pinturas que se encuentran en la segunda sala del museo de la Ciudad parecen advertirnos sobre el peligro de la inmersión en la pintura y en el mundo de las ideas. Una de esas obras inmensas (Mandala, 2002) semeja la mandíbula de un tiburón, por llamarle de una manera, que nos traga en su túnel del tiempo.

A pesar de que la superficie pictórica sigue siendo un campo de batalla (donde se gana y pierde todos los días), para Alberto su capacidad para generar temas a partir de elementos extra pictóricos como formas arquitectónicas o máquinas, coloca a su pintura en una posición referencial para entender la actualidad. En lo que toca al arte visual la intensidad de su obra es solo entendible en términos de una ciudad y de una vida tan caótica como llena de estímulos. Esa armonía discordante entre el vivir sumergido en una amalgama informe y producir pinturas que ordenan nuestra experiencia, es un mérito que hay que reconocerle al pintor.

Muchas de las obras de Alberto son intraducibles a la escena internacional del arte, estoy de acuerdo. Sus pinturas están asociadas a un ámbito que pertenece a los que habitamos este cenotafio, por el cual pagamos renta todos los días. Pero también quien quisiera una Ciudad de México físicamente parecida a Chicago o París?

Ojalá y su obra encontrará un espacio propio para mostrarnos la extensión y anchura de su carrera sin tener que pagar renta en los museos. Ojalá pudiera encontrar un lugar fijo donde hacerse visible.

En la última sala Alberto Castro Leñero seleccionó una serie de obras de artistas que son puntos de contacto con su investigación plástica y visual. Esta Orozco (José Clemente, claro) con su pintura Paisaje metafísico (1948), varias vértebras de ballena del Museo de historia natural, una escultura de Kyoto Ota (Madre tierra, 2001), una escultura en bronce de Manuel Felguérez, Mujer de Sallagos (1997), la escultura Cráneo (2001) de Santiago Borja; de Oveis Sabe, la escultura en piedra Ángel (1992), Casa en Construcción de Gabriel Macotela y un objeto escultórico de Antonio Mena Pacheco de la serie México. Esta sorpresiva parte de la exposición, fue lo que me motivo a escribir estas líneas, porque caí cuenta de que lo que pretende hacer Alberto es establecer un diálogo con una diversidad de artistas de su tiempo. No está casado con una idea plástica o conceptual del arte. Lo que es crucial para Alberto es consignar la centralidad de un proceso informativo en el desarrollo del artista, la necesidad de abrevar en el pasado y también mandar al pasado al averno. El equilibrio entre metáfora y literalidad que es visible tanto en su obra escultórica y pictórica es el resultado de esta mesura.

Alberto Castro LeñeroDe rodillas, bronce, 2001.

(1) Uno de los epígrafes colocados en la segunda sala dice: “La experimentación plástica lleva al artista a representar algo inmaterial e irreducible: la forma”.

Comentarios

Comenta esta nota.
Envía tu mensaje en la sección CONTACTO

 

Fecha de publicación: 20.05.2002