Diablos Vs. Globalifílicos. Obra de Hervé di Rosa

Replica21

José Manuel Springer

Hervé di RosaA la hora de la comida se sientan desnudos con cuernos de chivo sobre la cabeza. Se dedican a la sodomía más que cualquier otros seres. No respetan la verdad y por su puesto desconocen la realidad. No tienen respeto por las tradiciones, aunque son producto de ellas. Duermen de día y alucinan de noche. Son los diablos de Ocumicho .

Esto es lo que ha sucedido. Desde hace años, no muchos, digamos unas tres décadas, la crítica de arte descubrió que hay cosas que parecen arte y otras que no tanto. A estas últimas, entre las que se encuentran los diablos de Ocumicho y los Árboles de la vida, se les llamó artesanías. Esto logró que el mercado de arte no se preocupara mucho por la competencia de unos cuantos rebeldes que trabajan desde su casa en la sierra o en el valle. Las galerías tenían su lugar, la crítica lo reconocía, y las artesanías el suyo y los turistas podían ubicarlo.

Pasaron unos cuantos años, que en la jerga de los críticos llamaríamos años de experimentación formal, para que los rotulistas y los fabricantes de efigies de plástico de los presidentes de México, también entraran en competencia con los artesanos. Principalmente porque trabajan en las calles y con sus manos y eso es una costumbre prehistórica, sobretodo después de la aparición de los ready-made.

El caso es que todas esas estatuillas de papel maché, muñecos armados con tubos tirados en la calle, ídolos encerrados en pirámides de acrílico, han ido integrando una masa crítica de símbolos que, debido a la posmoderna ingenuidad de la crítica, hubo que aceptar que existían y que podrían ser parte de un todo, al cual se le llamó mundo exótico o kitsch. Pero era más bien la otra cara de la misma moneda, llamada arte.

Hervé di RosaPor supuesto, mucho de esto no hubiera sucedido sin que Hervé di Rosa y otros argonautas chicanos, exploradores como él, no hubiesen sacado del olvido y la distancia muchas de esas imágenes para darles una a la historia. En su país natal, Francia, la mayoría de estas cosas son llamadas surrealistas, porque la realidad allá tiene un peso más fuerte que acá y entonces, lo que no parece tener una coherencia con el mundo es calificado de surrealista. Pero aquí la realidad es más descarnada, o prerrealista . Los diablos aparecen hasta en patrullas de barro decoradas con esmalte y la gente piensa que está bien. Los diablos de Ocumicho son menos agresivos que la policía. Eso ya es reconfortante. Otras cosas también han pasado. Por ejemplo el hecho de que los ex presidentes de México encuentren trabajo como asesores de empresas transnacionales y sean consultores de organismos de comercio internacional. A esto le llamamos globalización, o sea que las conexiones entre el tercer mundo y el primero se han abierto, por lo menos para los ex presidentes. De alguna manera la globalización ha logrado que las artes de México y culturas anexas comiencen a distribuirse en locales cerrados de los malls, sobretodo como una derivación de un movimiento llamado fridismo. El arte popular ha reverdecido y comienza a escucharse el canto de sirenas de papel que nos dice que la cultura visual es más trascendente que el arte visual.

Así que mientras el mundo se parece cada vez más a un árbol de la vida, de esos que repinta Hervé Di Rosa -llenos de imágenes indias, indonesias, anatómicas y cósmicas- el arte, cómo llamarlo, el arte trasnacional quizá, ha comenzado a ver la supresión de lo individual y el surgimiento de lo colectivo como una especie de colonización inversa. Y en esa coyuntura, Hervé di Rosa ha jugado un papel como de fayuquero, llevando imágenes de aquí y de allá a través de las fronteras, acompañado de una fauna popular extensa. Son ya diez años de trajín y dos años de trabajo en México que hoy coinciden en Oaxaca, dentro del museo de arte. Los diablos derrotaron a la globalización.

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Fecha de publicación: 01.07.2002