Volcanes hechos a mano.
Obra de Vicente Rojo

Replica21

José Manuel Springer

Vicente RojoVicente Rojo.

Al observar las esculturas de Vicente Rojo, objetos que encierran un profundo amor por el oficio artístico y expresan la sensualidad de la materia pura, surgen dos interrogantes. Primera, si invariablemente el arte está basado en la forma, y tendemos a ver la forma como un leguaje, una manera de decir, cuál es el significado de esas masas cónicas de superficies geométricas y sígnicas. Y segunda ¿qué papel juega en la cultura actual la representación de la naturaleza como tema?

Para encontrar una respuesta habría que ver series anteriores de Vicente Rojo, en las que señales, recuerdos, negaciones, nostalgias y pirámides, por mencionar solo algunas, han marcado los pasos del artista. En todas ellas encontramos la geometría como un principio de orden que guía el trabajo. Este principio cede posteriormente a una expresión informal que impone la materia, sea el óleo o el bronce; las formas lineales se desmoronan, las aristas se desvanecen, las redondeces se funden, el espacio sucumbe a la forma y viceversa.
La obra de Rojo, como la de los primeros descubridores de la perspectiva en la Florencia del siglo XIII, está movida por la fascinación y la precisión de un diseño, que no obstante está supeditado a un tema, el formalismo tiene el objetivo de comunicar un contenido.
Vayamos ahora a las tres series de volcanes. El común denominador de estas, y de toda la obra de Rojo, es la frontalidad, y, en el caso de las esculturas, la vista cenital. Cada volcán tiene por lo menos esos dos puntos de partida, que acentúan su manufactura. Por otro lado, el trabajo de la superficie, que se puede apreciar perfectamente en las fotografías de Michel Zabe/Tachi, donde podemos apreciar la materialidad del bronce, su plasticidad y maleabilidad, elementos que el autor siempre se propone destacar en su obra.

Vicente RojoVolcán Encendido 2. -vista superior-
Bronce (2000)

En las series específicas es donde podemos darnos cuenta que la forma por la forma no es la estrategia del escultor. Los volcanes encendidos demuestran en su cono superior un tratamiento que nos remite con formas bellas y equilibradas a los diferentes tipos de formación rocosa y de cenizas que surgen en los volcanes de acuerdo a su tipo geológico. En contraste, los volcanes apagados dejan ver el paso del tiempo que ha limado sus superficies y las aristas de la corona, de la que solo quedan superficies planas y erosionadas, con alguna depresión en el cráter.

Finalmente, la serie de volcanes primitivos acusa un trabajo que enfatiza las estructuras en ocasiones bellamente equilibradas y otras caóticamente formadas. Estas esculturas representan el momento en la vida del volcán en que las materias se han cristalizado formando hermosas cadenas de elementos o se han solidificado creando una euritmia de texturas.

El uso de formas descriptivas y funcionales, característica del trabajo de Vicente Rojo, permite establecer un parámetro interpretativo, que en la poesía lo han reflejado de maneras misteriosas y evocativas, los poemas de Alberto Blanco, ricos en imágenes visuales emanadas de sus descripciones de piedras de origen volcánico como son El Basalto, La Pirita, El Cuarzo, por mencionar algunos.

Vicente RojoVolcán Encendido 1. Bronce (2000)

Esas tres etapas de la historia de un volcán podrían corresponder a sendos momentos en la historia de los pueblos, que frecuentemente ven en ellos un símbolo de sabiduría (volcanes apagados), vitalidad (volcanes encendidos), o fuerza telúrica irracional (volcanes primitivos).La sacudida que nos propinó el Popocatépetl hace un par de años y su despertar humeante fueron el mejor recordatorio de que la Naturaleza sigue teniendo la sartén por el mango. Claro que también habrá quien diga que el 11 de septiembre fue un terremoto cultural e incluso estético, algo que habría que tomar en cuenta. Desde la primera explosión que dio origen al universo, la forma concéntrica ha dominado todo lo que nos rodea. Como si la energía decidiera racionalmente que los planetas deben ser redondos, las estrellas espirales, las galaxias sinuosas y los cometas parábolas. El descubrimiento de estos principios básicos del comportamiento de la materia y la energía, lleva a que en todas las civilizaciones el arte siga a la naturaleza como principio o modelo.

Aun cuando la Naturaleza no ha cesado de ser el modelo a seguir, hoy día la civilización es el paraíso en el que artistas y estetas buscan el principio formal o el tema, que muestre la imagen de la humanidad en toda realidad, es decir aquel que integre nuestro ser natural y la conciencia de nosotros mismos. Es decir queremos reconocernos como hijos de la naturaleza, pero hijos rebeldes, con conciencia.

La tarea del arte durante gran parte del siglo XX fue reconciliar esos dos extremos: cultura y natura. Recordemos la frase de Jackson Pollock, cuando le interrogaron sobre la relación entre Naturaleza y su obra, y respondió: Yo soy la naturaleza.

A diferencia de nuestros abuelos, nosotros vivimos en un mundo hecho por nosotros mismos, lo natural nos es cada vez más ajeno. La complejidad de la naturaleza nos asusta y el sentido de un orden natural resulta completamente lejano para un habitante de las ciudades. La naturaleza ha sido sustituida por el exceso de imágenes que arrojan de los medios.

Vicente RojoVolcán Apagado 3. Bronce (2000)

Tal estado de cosas resulta alarmante y ante el caos artificial que nos rodea nuestro único consuelo se encuentra en la autenticidad del arte, en la expresión, que nos ayuda a reconciliarnos con aquello que parece estar bajo nuestro control o con aquello que nos precede en tiempo y en espacio: la madre tierra.

El esfuerzo creativo de Vicente Rojo y de Alberto Blanco por desentrañar el misterio de los volcanes, del magma y de las piedras es un esfuerzo noble por dar a la Naturaleza su justa medida en estos momentos de caos y realidades virtuales.Dentro de esta proliferación de imágenes mediáticos que son clones de otras, habría que preguntarse de dónde surgen estas esculturas de volcanes en reposo, activo o en estado primitivo. La primera referencia es el silencio. En el silencio de la naturaleza la erupción volcánica es algo que excede todo aquello que consideramos pasividad. La intención de Rojo es presentarnos con una experiencia que nos remonta a una era pre-tecnológica. Las estructuras cónicas de estos volcanes son evocaciones de un tiempo en que escultura y arquitectura se confundían: la prehistoria. Ese tiempo donde las imágenes bidimensionales escaseaban y la presencia de objetos sólidos era la forma de dar credibilidad a lo que percibían los sentidos y lo que no podía explicar la razón,. Hoy día la cultura de imágenes agota rápidamente cualquier asociación que pudiese emanar entre la Naturaleza y la realidad construida por el hombre. Digamos que la multiplicidad de imágenes en lugar de multiplicar la posible discriminación de la realidad, ha creado un apetito imposible de satisfacer.

Vicente RojoVolcán Primitivo 1. Bronce (2000)

Las esculturas de Vicente Rojo tienen ese carácter, el de ser una prueba, un indicio o signo, de las propiedades de la naturaleza. Sus formas descriptivas nos revelan una estructura externa que habla de la complejidad infinita del universo, característica que ha sido sugerida en los poemas de Alberto Blanco.

Los volcanes de bronce son metáforas artísticas de una naturaleza que a la civilización aparece nos resulta salvaje, amenazante y también atractiva. Desde las pinturas que dedicara el doctor Atl a los volcanes en activo y en reposo, ningún artista había considerado el tema de la vulcanología como la puntualidad y actualidad con que lo hace hoy Vicente Rojo.

 

Vicente RojoVolcán Primitivo 2. -vista superior-
Bronce (2000)

Vicente RojoVolcán Encendido 3.
Bronce (2000)

Vicente RojoVolcanes - vista superior

 

 

 

Comentarios

Comenta esta nota.
Envía tu mensaje en la sección CONTACTO

 

Fecha de publicación: 20.07.2002