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Gabriela
Galindo: Una doble sensibilidad |
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Se conoce al mundo a través
de los objetos y las imágenes que lo representan. De igual
manera nos conocemos por las imágenes que creamos de nosotros,
aquellas que nos dan identidad, a través de la fotografía,
el dibujo o la pintura. La fotografía es un recurso que provoca
en nosotros el reconocimiento, el volver a conocer o hacer visible
aquello que intuimos está dentro de nosotros. Al verlo diríamos
ese soy yo, así soy, me reconozco. En la pintura
el reconocimiento es paulatino, sus imágenes son aparecimientos,
las cosas se van develando con cada pincelada. En la fotografía
las cosas se revelan, nos dejan ver lo que está en el fondo
oscuro a través de la luz.
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Gabriela Galindo se me ha ido revelando a
través de sus imágenes, escaneadas en directo de
su cuerpo. Extraño procedimiento éste, puesto que
entraña algo de lo fotográfico y pictórico
al mismo tiempo, de manera que el resultado no es enteramente
una imagen revelada ni una imagen construida. Sus imágenes
tienen algo de imbricadas. Como una pintura cubista sintética,
se han formado mediante la incidencia de varios momentos, distintos
encuadres, a los que ella les ha dado una forma. El resultado
final pues es una presentación de ella, dado que es su
cuerpo desnudo lo que constituye la materia de la imagen, pero
no podríamos hablar de una identificación de la
persona y creo que tampoco de un reconocimiento. En su caso, las
imágenes son el producto de por lo menos una doble sensibilidad.
El proceso de identidad femenina, a diferencia
de la masculina, subyace en la sensibilidad cíclica del
cuerpo. Aunque compartimos un porcentaje de sensibilidad del otro
sexo, pocos hombres experimentan la acción de los ciclos
en su vida cotidiana como seguramente lo hacen la mayoría
de las mujeres. Este es un hecho del que casi no se habla en arte,
pero que hay que tomarlo en cuenta si queremos saber porque una
artista habla más a menudo de su cuerpo que un artista,
o porque la imagen del desnudo femenino es la clave de la necesidad
de arte en el mundo occidental. Trascendencia e inmanencia, cambiar
y seguir siendo fiel a la esencia.
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Torcedura
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Las fotografías en sentido estricto no son autorretratos-
de Gabriela Galindo, están creadas en un medio digital,
electrónico -el escáner- que funciona al revés
de una cámara mecánica. La fuente de luz que emite
el escáner recorre los cuerpos y toma lecturas parciales
de la materia para enviarlas a una matriz donde se forma progresivamente
la imagen en unidades llamadas píxeles. Es difícil
imaginar a alguien apuntando un escáner contra el cuerpo
como si se tratara de una cámara, es más fácil
pensar en colocar en la superficie la parte del cuerpo que se
pretende retratar y mantenerla inmóvil durante los segundos
que dura el proceso de captación.
Este proceso resulta pictórico, en el sentido de que
el haz de luz recorre el cuerpo y lentamente lo envía
al monitor de una computadora, que hace una traducción
plana del cuerpo. En forma comparable a la pintura, la artista
va retocando y creando con ello una mímesis de su propia
piel, en la que intervienen la vista y el tacto. La percepción
de la forma total está asociada a los ciclos del cuerpo
y la mente.
En el primer paso del ciclo la mujer vive hacia fuera en el
mundo, donde las facultades expresivas y sensibles son las estándar.
Las energías físicas y preceptuales están
dirigidas hacia su participación en la sociedad. En el
segundo, las percepciones se han transformado en sentimientos
y juicios más generales y la noción del cuerpo
propio ( de su fisiología y sensibilidad) se convierte
en una totalidad perceptiva. Esa unidad total es lo que lleva
a ver al cuerpo como símbolo.
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Ciclo |
Las extremidades, el torso, la
cabeza y el cuello fotografiados expresan el deseo de definir
al propio ser, trasmutándolo en imagen. Pero, es necesario
agregar aquí, de no ser por una sensibilidad particular
de la artista, las imágenes creadas correrían el
riesgo volverse un ejercicio narcisista.
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Más vale fuerza
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Composición 8
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Los fragmentos del cuerpo el arco de la mano,
el cuello en toda su extensión, la superficie nívea
del abdomen, la oquedad de la axila, las falanges de los dedos y
la redondez de la cadera, han sido resaltados en posturas que van
de una gran tensión a la fluidez. En los polípticos
las imágenes descubren símbolos corporales, gestos,
que están inspirados en una visión pictórica;
nuestra artista trabaja en el trance entre el reconocimiento que
provoca la pintura y la revelación producida por la imagen
fotográfica.
Lo que resulta más patente es que no se trata
de una ilusión como podría darse en una representación
pictórica. El despertar del sentido del tacto, ese recorrer
el cuerpo con la mirada (escanear), sobre la superficie de la piel,
hace evidente la transición entre lo virtual y lo real. La
artista no sólo se expresa sino que ella misma se ha descubierto
a sí en cada una de estas imágenes. |
¿Qué es lo que dice de sí, qué
es lo que se revela o reconoce? La sensibilidad de su propio
cuerpo lleva a la conciencia de lo que éste puede expresar.
El tono muscular específico de cada parte del cuerpo
se convierte en el flujo de movimiento del todo. En la serie
de imágenes que forman una Cruz, esta configuración,
asociada al dolor y la pérdida, exhibe una transmutación
femenina. Como en la efigie desmembrada de la diosa Coyoxauqui,
la suma de las partes refiere la idea del ciclo de la mujer
y la intervención del tiempo circular, que representa
el regreso al origen. En la cruz formada con fragmentos del
cuerpo de la artista la posición de los brazos crea un
horizonte ondulante (asociado al agua), mientras que la vertical
de cabeza, torso, caderas y piernas remite a un camino sinuoso
de la presencia humana en la dimensión temporal.

Orilla del Origen
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En las imágenes del rostro -el conjunto de la boca,
la nariz y el mentón- encontramos la referencia de los
sentidos. Es una manera de visualizar las experiencias del cuerpo
que nos conectan con los otros y con el mundo. Los sonidos que
emitimos inconscientemente (aquellos que no son parte del lenguaje
verbal), los olores y la sensación táctil son
formas de expresión y conocimiento que no solo están
ancladas en la realidad y el presente sino que también
conectan el ser inmanente con lo trascendente.
La belleza entendida como la conjunción entre
el orden, la expresión y lo auténtico- de estas
imágenes da sentido al acto creativo pues lo hace parte
de la espiritualidad descubierta a partir del cuerpo. La exploración
de la armonía resulta de un estado de contemplación,
en el que se revelan las afinidades entre las ideas estéticas
de la artista y su propia naturaleza física. La voluntad
de conocer al mundo empieza por el reconocimiento del propio
ser, aquello que nos lleva a vivir con convicción y aceptación
del propio ser.

Cruz y Ficción
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