Gabriela Galindo: Una doble sensibilidad

Gabriela GalindoMás vale fuerza

José Manuel Springer

Gabriela GalindoTorcedura

Se conoce al mundo a través de los objetos y las imágenes que lo representan. De igual manera nos conocemos por las imágenes que creamos de nosotros, aquellas que nos dan identidad, a través de la fotografía, el dibujo o la pintura. La fotografía es un recurso que provoca en nosotros el reconocimiento, el volver a conocer o hacer visible aquello que intuimos está dentro de nosotros. Al verlo diríamos “ese soy yo, así soy, me reconozco”. En la pintura el reconocimiento es paulatino, sus imágenes son aparecimientos, las cosas se van develando con cada pincelada. En la fotografía las cosas se revelan, nos dejan ver lo que está en el fondo oscuro a través de la luz.

Gabriela Galindo se me ha ido revelando a través de sus imágenes, escaneadas en directo de su cuerpo. Extraño procedimiento éste, puesto que entraña algo de lo fotográfico y pictórico al mismo tiempo, de manera que el resultado no es enteramente una imagen revelada ni una imagen construida. Sus imágenes tienen algo de imbricadas. Como una pintura cubista sintética, se han formado mediante la incidencia de varios momentos, distintos encuadres, a los que ella les ha dado una forma. El resultado final pues es una presentación de ella, dado que es su cuerpo desnudo lo que constituye la materia de la imagen, pero no podríamos hablar de una identificación de la persona y creo que tampoco de un reconocimiento. En su caso, las imágenes son el producto de por lo menos una doble sensibilidad.

Gabriela GalindoCiclo

El proceso de identidad femenina, a diferencia de la masculina, subyace en la sensibilidad cíclica del cuerpo. Aunque compartimos un porcentaje de sensibilidad del otro sexo, pocos hombres experimentan la acción de los ciclos en su vida cotidiana como seguramente lo hacen la mayoría de las mujeres. Este es un hecho del que casi no se habla en arte, pero que hay que tomarlo en cuenta si queremos saber porque una artista habla más a menudo de su cuerpo que un artista, o porque la imagen del desnudo femenino es la clave de la necesidad de arte en el mundo occidental. Trascendencia e inmanencia, cambiar y seguir siendo fiel a la esencia.

Las fotografías –en sentido estricto no son autorretratos- de Gabriela Galindo, están creadas en un medio digital, electrónico -el escáner- que funciona al revés de una cámara mecánica. La fuente de luz que emite el escáner recorre los cuerpos y toma lecturas parciales de la materia para enviarlas a una matriz donde se forma progresivamente la imagen en unidades llamadas píxeles. Es difícil imaginar a alguien apuntando un escáner contra el cuerpo como si se tratara de una cámara, es más fácil pensar en colocar en la superficie la parte del cuerpo que se pretende retratar y mantenerla inmóvil durante los segundos que dura el proceso de captación.

Este proceso resulta pictórico, en el sentido de que el haz de luz recorre el cuerpo y lentamente lo envía al monitor de una computadora, que hace una traducción plana del cuerpo. En forma comparable a la pintura, la artista va retocando y creando con ello una mímesis de su propia piel, en la que intervienen la vista y el tacto. La percepción de la forma total está asociada a los ciclos del cuerpo y la mente.

En el primer paso del ciclo la mujer vive hacia fuera en el mundo, donde las facultades expresivas y sensibles son las estándar. Las energías físicas y preceptuales están dirigidas hacia su participación en la sociedad. En el segundo, las percepciones se han transformado en sentimientos y juicios más generales y la noción del cuerpo propio ( de su fisiología y sensibilidad) se convierte en una totalidad perceptiva. Esa unidad total es lo que lleva a ver al cuerpo como símbolo.

Gabriela GalindoComposición 8

Las extremidades, el torso, la cabeza y el cuello fotografiados expresan el deseo de definir al propio ser, trasmutándolo en imagen. Pero, es necesario agregar aquí, de no ser por una sensibilidad particular de la artista, las imágenes creadas correrían el riesgo volverse un ejercicio narcisista.

Los fragmentos del cuerpo –el arco de la mano, el cuello en toda su extensión, la superficie nívea del abdomen, la oquedad de la axila, las falanges de los dedos y la redondez de la cadera, han sido resaltados en posturas que van de una gran tensión a la fluidez. En los polípticos las imágenes descubren símbolos corporales, gestos, que están inspirados en una visión pictórica; nuestra artista trabaja en el trance entre el reconocimiento que provoca la pintura y la revelación producida por la imagen fotográfica.

Lo que resulta más patente es que no se trata de una ilusión –como podría darse en una representación pictórica. El despertar del sentido del tacto, ese recorrer el cuerpo con la mirada (escanear), sobre la superficie de la piel, hace evidente la transición entre lo virtual y lo real. La artista no sólo se expresa sino que ella misma se ha descubierto a sí en cada una de estas imágenes.

¿Qué es lo que dice de sí, qué es lo que se revela o reconoce? La sensibilidad de su propio cuerpo lleva a la conciencia de lo que éste puede expresar. El tono muscular específico de cada parte del cuerpo se convierte en el flujo de movimiento del todo. En la serie de imágenes que forman una Cruz, esta configuración, asociada al dolor y la pérdida, exhibe una transmutación femenina. Como en la efigie desmembrada de la diosa Coyoxauqui, la suma de las partes refiere la idea del ciclo de la mujer y la intervención del tiempo circular, que representa el regreso al origen. En la cruz formada con fragmentos del cuerpo de la artista la posición de los brazos crea un horizonte ondulante (asociado al agua), mientras que la vertical de cabeza, torso, caderas y piernas remite a un camino sinuoso de la presencia humana en la dimensión temporal.

Gabriela GalindoOrilla del Origen.

En las imágenes del rostro -el conjunto de la boca, la nariz y el mentón- encontramos la referencia de los sentidos. Es una manera de visualizar las experiencias del cuerpo que nos conectan con los otros y con el mundo. Los sonidos que emitimos inconscientemente (aquellos que no son parte del lenguaje verbal), los olores y la sensación táctil son formas de expresión y conocimiento que no solo están ancladas en la realidad y el presente sino que también conectan el ser inmanente con lo trascendente.

La belleza –entendida como la conjunción entre el orden, la expresión y lo auténtico- de estas imágenes da sentido al acto creativo pues lo hace parte de la espiritualidad descubierta a partir del cuerpo. La exploración de la armonía resulta de un estado de contemplación, en el que se revelan las afinidades entre las ideas estéticas de la artista y su propia naturaleza física. La voluntad de conocer al mundo empieza por el reconocimiento del propio ser, aquello que nos lleva a vivir con convicción y aceptación del propio ser.

Gabriela GalindoCruz y Ficción.

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Fecha de publicación: 30.08.2002