La XI Bienal de Pintura Rufino Tamayo

Replica21

Luz María Sepúlveda

Víctor RodríguezVíctor Rodríguez. "Accidente III", 2002.
Acrílico sobre tela, 198 x 198 cm.

Al igual que la mayoría de las exposiciones colectivas, esta Bienal exhibe algunas buenas obras y muchísimas malas. No debe tomarse esta exposición como una muestra de arte de vanguardia (aunque varios ejemplos estén aún vigentes en el vocabulario de artistas más jóvenes), ni tampoco olvidar que la Bienal consiste en una selección hecha por un jurado ante las obras enviadas por artistas que respondieron a una convocatoria abierta. Por esta última razón, es muy difícil tener un criterio curatorial con un hilo discursivo homogéneo. Falta recordar, además, que la convocatoria está abierta para artistas mayores de 35 años; es decir, será difícil encontrar formas de índole conceptual, o innovador, experimental o simplemente diferente, por lo que la presente exposición peca de aparentar ser de carácter retrospectivo y de obras “ya vistas”. Si en general, se desprende de la muestra una sensación de que no hay nada novedoso, es precisamente por que la mayoría de los artistas seleccionados forjaron su carrera pictórica desde hace más de 10 años.

La Bienal tiene dentro de sus bases ciertas restricciones que excluye muchas variantes dentro del discurso artístico contemporáneo, lo que hace de esta muestra una exhibición un tanto tradicional tanto en el formato, como en las formas seleccionadas. Y aun así, hay sorpresas. Salvo los cubos pintados por Dulce María de Alvarado, los horribles sillones expuestos de César Sánchez, los trozos de llantas sobrepuestas en un lienzo de Betsabeé Romero y el retrato de un rostro con clavos oxidados bordados en una tela de Ornella Ridone, todos los demás ejemplos se consideran en lo que se conoce como pintura convencional. La Bienal ha oscilado en su carácter de muestra plural, entre la predilección o por lenguajes figurativos o por los abstractos. Creo que en esta ocasión, los resultados fueron más allá de la simple preferencia por estos códigos pictóricos y se da una selección mucho más rica de lo que se había visto en años anteriores. Los premios de adquisición los comparten Victor Rodríguez y Jesús Lugo Paredes cuyas obras son figurativas y Beatriz Ezban, de carácter más bien abstracto. Y aun así, no es esta simplificación lo que hace de la Bienal un buen muestrario del panorama pictórico actual.

Beatriz EzbanBeatriz Ezban. "Babel", 2002
Óleo y cera sobre algodón, 200 x 170 cm.

Excelentes obras son las explosiones de Fernanda Brunet, la pieza ya mencionada de Betsabée Romero y la cascada de Fernando García Correa que desgraciadamente desmerecen en calidad por la mala museografía de las salas en las que se exhiben. Otras obras, de carácter más bien decorativo, son las que a mi parecer otorgan a la muestra una visión negativa. Esa sala del terror está conformada por David Kumetz, Ofelia Márquez Huitzil, Virginia Chévez, Nora Adame, Claudia Gallegos, Tatiana Montoya y Rosario Guajardo, cuyas obras carecen de calidad, tanto técnica como conceptual. No son propositivas, ni novedosas, ni retrospectivas. Lástima por Emilio Said, Mauricio Cervantes y Mario Palacios Kaim, con muy buenos trabajos, pero rodeados por pésimas pinturas. Otra obra desmerecedora es de Ilán Lieberman quien presenta una pieza que carece totalmente de contundencia, sobre todo al compararla con las pinturas de Víctor Rodríguez quien maneja el mismo lenguaje hiperrealista.

 

La serie erótico-fantástica que presenta Marco Arce haciendo alusión al origen de las moscas es original, bien hecha y con un excelente sentido irónico que no pasa desapercibido. También son muy buenos cuadros la batalla en ocres de Luciano Spano, dos de Francisco Constantino, el paisaje lluvioso de Manuela Generali, por el que se le otorgó una mención honorífica y la pintura de Angel Ricardo Ríos quien además de ser de los pocos que representaron objetos, parece ser un muy acertado bosquejo de sus muebles. Artistas que merecerían más espacio de crítica son Francisco Larios, Mario Núñez, Armando Romero y el mismo Lugo Paredes y no precisamente por que me hayan gustado sus cuadros, sino por el lenguaje tan ochentero que emplean, el cual es preciso recontextualizar para darle el lugar que se merece. Trabajos bien hechos, pero que tampoco destacan de sobre manera son los de Georgina Quintana, Lorena Orozco y Alonso Mateo.Una de las piezas de mayor envestidura y mejor factura es el políptico de Gabriel de la Mora, quien me atrevería a decir es el único que se ha dado cuenta que ya terminaron los años 90.

Jesús Lugo ParedesJesús Lugo Paredes. "La guerra franco-japonesa", 2002
Óleo y collage sobre tela, 150 x 150 cm.
No obstante las obvias críticas negativas que se puedan desprender de una exposición tan grande, el resultado final de la XI Bienal es positivo y sí es una muestra de lo que se está haciendo actualmente en México y que todavía vamos a ver por unos años más.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Fecha de publicación: 20.11.2002