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Puentes en el camino, obras de Saúl
Kaminer |
Desde que conocí a Saúl en un café
de París su rostro me pareció familiar; me recordó
a Walter Benjamín y Antonio Gramsci. La frente amplia,
el mentón suave, el bigote poblado, su sonrisa y modales
elegantes, el saco y la camisa impecables, una mirada curiosa
y franca, se combinaron para crear en mi la imagen de un humanista
(yo no sabía que era un artista), alguien que podría
interesarse en la historia y la poesía, el psicoanálisis
o la literatura.
Mis impresiones se vieron confirmadas
más adelante en México cuando me invitó a
conocer su estudio en la colonia Condesa. Su departamento-taller
es un espacio muy amplio y pulcro, de techos altos. Los pisos
de madera y el tono alabastro de las paredes crean un ambiente
cálido y placentero. Los sonidos son escasos y abunda la
luz que entra por las ventanas que dan a una pequeña calle.
Saúl me recibió con una muestra de sus objetos y
esculturas, relieves y pinturas que conforman un corpus de trabajo
agrupado en el piso. El espacio entre la biblioteca y el recibidor
estaba ocupado por algunas de sus esculturas en cerámica,
objetos (adosados a la pared) y un par de relieves metálicos.
A la derecha del conjunto un pasillo amplio de lleva al estudio,
donde trabaja sus esculturas con barro de color moreno, proveniente
del taller de Gustavo Pérez en Xalapa.
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Árbol, 2001.
Técnica Mixta
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La casa del abuelo, 2000,
Técnica Mixta
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En sucesivas visitas a su hogar
he ido completando la imagen de un artista singular, tanto en
su trato como en su trabajo e ideas. El mundo de Saúl
Kaminer es fascinante; sus conocimientos de la mística
judía, el análisis de los libros del Antiguo Testamento,
su erudito conocimiento de la Tora, expresados con convencimiento
más que autoridad, abren horizontes para quien lo escucha.
Kaminer es un excelente conversador, que de manera espontánea
ofrece opiniones sobre las diferentes facetas de su obra, de
cómo fue descubriéndose a través de su
propia obra, incorporando la historia de sus ancestros (la familia
Kaminer es originaria de Ucrania) dentro de su particular cosmogonía.
La manera en que hace una conjunción entre su vida y
su arte me lleva a pensar que en realidad todos podríamos
ser artistas si nos dedicáramos, como él, con
tanto ahínco, a conocernos a nosotros, a indagar sobre
nuestras motivaciones y expresar el laberinto de nuestras pasiones
y emociones. |
En una de las paredes de la sala de su casa cuelga un cuadro
que contiene varios de los motivos que han interesado al autor
para crear la obra de esta exposición. Se trata de un tela
de formato medio en la que sobresale una figura femenina en reposo,
una casa rústica con techo de dos aguas y un árbol
de tronco fuerte y escaso follaje. Las figuras están pintadas
dentro de un paisaje rural en el que dominan los colores primarios
sobre los tonos tierra. El ser, el hogar y el trabajo son, en
pocas palabras, sus temas.
Desde hace años Saúl Kaminer mostró un interés
reiterado en la figura femenina. El mundo de las mujeres era una
obsesión que lo llevó a abrevar en fuentes históricas
y antropológicas sobre los significantes de lo femenino,
como Venus, Lilith, o Tierra protectora.
Esas efigies pintadas de mujeres que regulan la vida con sus ciclos,
han devenido en los últimos años en tótem
de cerámica; esculturas pequeñas que mezclan cuerpos
antropoides con animales. Frecuentes son las formas de equinos,
aves y peces, a los que recurre el artista para aludir a la tierra,
el viento y el mar. La intensidad con que Kaminer representa estas
formas le ha creado un estilo escultórico propio: cada
escultura tiene una oquedad, una apertura, una protuberancia que
nos lleva a explorar el interior haciéndola visible y táctil.
Los colores que dominan en las pinturas han cedido a los tonos
naturales de la cerámica y la delicada aplicación
de engobes; con ello destacan la pureza de las formas y el material.
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Pájaro-espejo, 2002.
Cerámica de alta temperatura
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Vete hacia ti mismo (lej-leja), 2001
Óleo sobre papel
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Otro cambio se hace notorio en la
obra presente. La noción de hogar o refugio, que en la
pintura era sintética, se transforma en la escultura en
una mezcla de formas cercana a la arquitectura, que tienen una
asociación con los objetos utilitarios, pues además
de moradas las configuraciones de estas piezas aluden a jarras,
teteras, tazas o contenedores de cuyo interior (uno imagina) podrían
emanar infusiones nutrientes y placenteras. Estas piezas tienen
un cierto grado de abstracción constructivista, pero sus
proporciones y deformaciones caprichosas están más
emparentadas con la arquitectura vernácula, o las construcciones
primitivas, donde la separación y distribución de
espacios obedece más a una función ritual que habitacional.
Arquitectura, escultura y diseño se funden en la cerámica
para materializar ilusiones, deseos y situaciones |
En la puerta de entrada del edificio
donde vive Saúl Kaminer hay un relieve de acero diseñado
por él. Motivos florales y formas abstractas se funden
en él creando ritmos y símbolos que dan un buen
augurio al visitante. El árbol y las ramas, y las hojas
que habitan en sus obras son el símbolo del trabajo humano.
Algunas de las piezas metálicas de la exposición
fueron creadas con hierro soldado, creando canceles escultóricos
donde la línea y volumen se confunden. En estas piezas
destaca la silueta de un hombre con sombrero de ala ancha. Esta
efigie y la de una locomotora son recurrentes en las obras recientes
de Saúl Kamminer. Son los símbolos de la historia
personal: la imagen del padre, el abuelo y la estación
de ferrocarril del pueblo de Kobel, del que emigró la familia
una generación atrás. En la búsqueda de sus
raíces, el regreso al pueblo de sus ancestros y el estudio
de los libros de la Tora y la Cábala, Saúl ha encontrado
una reconciliación consigo mismo y el mundo.
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En el arte la tentación de causar placer
está sentido del gusto siempre presente, es producto de
la maestría en el oficio. Muy a menudo al acércanos
al arte usamos el gusto para señalar nuestro parecer o
apreciación de lo que vemos. Pienso que en la obra de Kaminer
ha ido cediendo terreno en lo estético y hoy se le ve surgir
con mayor insistencia de la introspección. Esto involucra
el uso de una serie de figuras significantes y traslaciones de
significados a otros contextos, tal como lo hace la poesía
con las palabras. La tentación por lo narrativo que caracterizó
a su obra pasada se ha tornado en un uso limitado de las imágenes
y una apreciación del espacio y las superficies.
El movimiento entre dos estados espirituales, la
inmanencia y la trascendencia, genera en el arte de Kaminer una
postura ecléctica en su obra. Por un lado nos presenta
los valores que son comunes a todo ser humano (la vida, el trabajo,
el amor), que nos atan a la tierra y a las personas, por otro
alude a situaciones contingentes, percepciones individuales o
circunstanciales que provocan una ruptura con lo temporal, uniendo
puntos históricos, experiencias emotivas que dan forma
y contenido a las vivencias. Son estas características
de su obra las que permiten vislumbrar en nosotros la posibilidad
de que cada vida y cada acto sea el germen de una reflexión,
y que está pudiera convertirse en un puente entre nosotros
y el mundo.
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Oráculo 1999.
Barro de alta temperatura
32.5 x 17 x 17 cm.
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