Un recorrido cifrado: Caminar para descifrar de Rosario García Crespo

Rosario Garc'a Crespo

José Manuel Springer

Rosario Garc'a CrespoCada vez que veo las fotografías del libro de Rosario García Crespo, me siento más sorprendido en lo que estas representan: como registro de una meditación sobre la naturaleza al interior de la misma. Me pregunto, por instantes, si el efecto que producen estas imágenes es el resultado de mi lejanía de la naturaleza, de la necesidad de entrar en contacto con ella, y de mi consecuente envidia porque me siento incapaz de llegar a tal intensidad. ¿Cómo contar con la fe suficiente para creer en lo que veo en esas imágenes y lo que no puedo ver?

Las imágenes que entrega Rosario en su libro Caminar para descifrar, recientemente presentado en el Museo Universitario de Ciencias y Artes (MUCA), abren una posibilidad para el habitante promedio de la urbe. Rosario advierte desde un principio que estas caminatas se originaron en la ciudad, en sus calles y parques, en sus barrios y plazas, y paulatinamente la llevaron a recorrer la naturaleza en lugares como el Camino a Chalma, el Desierto de los Leones, los bosques y el campo en Canadá. El libro es un recuento de esos recorridos y rituales que practica la artista desde hace años, y que son su manera de entrar en contacto con personas, plantas y animales, situaciones de las cuales no nos percatamos, ocupados como estamos en la vida diaria dentro de la ciudad.

Para acercarse a esta obra es fundamental comprender que, más que representaciones de la naturaleza o el cuerpo femenino, la artista nos presenta una actitud, de la cual el libro es una bitácora, que consiste en ver la vida y el arte como un recorrido lleno de hallazgos. Rosario no intenta solamente hacer un muestreo de lo que el ojo y los pies, el cuerpo en general, detectan en la caminata, también practica de ritos, que en las imágenes se nos ofrecen como metáforas o alegorías de lo que presencia de la naturaleza en el cuerpo propio, de lo que nos une con la tierra, el fuego, el aire, el agua, un árbol o una hoja. Es su manera de rescatar eso que hemos perdido de nuestra experiencia: la relación con lo natural.

Las fotografías nos recuerdan lo que hemos olvidado. En ese sentido son opuestas a otras representaciones del paisaje como la pintura. Las pinturas registran lo que el pintor recuerda. La fotografía tiene algo de lo que la artista ha querido captar, pero también muchas cosas más que están en el encuadre de las que el mismo artista puede no estar consciente. Dado que nosotros recordamos y olvidamos diferentes cosas, la fotografía más que la pintura cambia su significado de acuerdo a quien la está viendo. Por ejemplo, comparto con Rosario algunos recuerdos, dado que como ella he recorrido el camino a Chalma y he atrevesado los bosques de Banff y Ontario en Canadá. No lo hice con la meticulosidad y la regularidad que ella demuestra, pero al ver sus fotografías vienen a mi mente ciertos recuerdos de esas caminatas sin rumbo. La sensación de ser chupado por el bosque, envuelto por los árboles y la tierra, deslumbrado por los cuerpos acuáticos, viene a mi mente. Entre más me adentraba en la soledad de los parajes sentía que había dejado atrás ciertas ataduras. Me sentía menos terrestre que cuando había empezado mi recorrido.

Rosario Garc'a Crespo

La gente viaja por la naturaleza para ver aquello que las guías turísticas quieren que veamos: las cataratas del Niagara o las montañas Rocallosas. Pero en general, creo que existe el sentido de que la naturaleza es siempre la misma en escencia: en todas partes la luz y el aire, la solidez y el movimiento de las cosas se repiten. Lo más evidente es que el al entrar en el territorio natural, el mundo a nuestro alrededor va perdiendo la carga utilitaria que tienen las cosas en el paisaje citadino, aquello que denominamos realidad. Es entonces cuando empezamos a vivir la naturaleza como algo lleno de secretos inaudibles e invisibles. Lo que es visible insiste en su presencia inmanente, no puedo eludir su contundencia, algo me dice “aquí está la vida”.

Rosario Garc'a CrespoEspecíficamente las fotografías de Rosario García Crespo contenidas en el capítulo El bosque tienen la capacidad de hacernos pensar en ese abandono de los hábitos estéticos, de lo pintoresco, de lo romántico, lo exótico de la naturaleza que vemos en el arte convencional. Nos dicen “somos parte de esto”, de este mundo natural que precede a la realidad inventada por la mano humana. De ahí surge, creo, esa especie de ansiedad que siento en un principio al no poder encontrar la fe que levante el velo que engaña a mis sentidos y me permita encontrar el camino de regreso a la naturaleza.

El caos, la indiferencia, la entropía y la desolación que inunda las ciudades, nos alejan de la armonía natural, eso tan inmediato que hemos llegado a ignorar. Algo extraño ocurre en estas imágenes del espacio natural. Los lugares fotografiados, la diminuta presencia de la artista abrazada a un árbol o de pie en un acantilado, esperan ser completados a través de la experiencia de quien los ve. No podemos solamente mirarlos, como se ve una tarjeta postal, tenemos que unir la experiencia a lo que está ante nuestros ojos para desencadenar un estado de conciencia distinto. Sólo entonces los colores, las fallas del terreno, la inmensidad de las montañas comunican la urgencia de poner nuestro cuerpo en contacto con la piel húmeda y trémula de la tierra, el chasquido del agua en nuestros oídos, la caricia de una rama en el vientre, la rugosidad de la piedra que serpentea en la planta del pie.

En la tercera parte del libro, aquella que la autora dedica a los Mitos, asistimos a un proceso de abstracción de la naturaleza, que comienza a convertirse en signo y símbolo del todo, y de la relación de éste con los seres humanos. Recurriendo a alegorías o metonimias (que expresan el todo por la parte, la causa por el efecto) Rosario expresa nociones culturales ligadas a la naturaleza, como el tiempo circular, el nacimiento y la muerte, el vuelo y el aterrizaje, lo femenino y lo masculino; para ello recurre al mito de Mercurio con sus pies alados, la imagen de la Luna, el poder el fuego y la sangre. A través de cada una de estas acciones solitarias Rosario descubre para nosotros lo sublime de lo natural. Con ella como guía comenzamos a descifrar los misterios invisibles del mundo natural y nos consolamos por la pérdida del paraíso.

Pocos tendemos la oportunidad de reactuar esos mitos en el bosque o la montaña, sin embargo, nuestra próxima visita a esos parajes no será lo mismo. He aquí la generosidad de la artista, que al compartir su intimidad con nosotros en este pequeño libro, nos entrega la llave de entrada a experiencias cifradas en nuestra mente, quizá más discretas pero igualmente unificadoras.

Rosario Garc'a Crespo

Garcúa Crespo

 

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Fecha de publicación: 01.04.2003