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Ciudades de vivos y muertos.
Pintura reciente de Phil Kelly
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El sujeto es la prolongación de los objetos y
viceversa.
Régis Debray
A partir de esta exposición
podemos deducir varias genealogías de la pintura
de Phil Kelly, que nos revelan la congruencia entre
las imágenes y su tiempo. La primera y más
evidente tiene que ver con la técnica que utiliza
para crearlas. La pintura tiene en sí misma una
significación que deriva del hecho de que una
imagen pintada a mano tiene mayor valor que una imagen
reproducida mecánicamente. Dentro del cúmulo
de imágenes que está a nuestra disposición,
la imagen pintada tiene una autoridad determinada por
su originalidad, por el espacio donde se expone (la
galería, el museo), así como por el hecho
mismo de su escasez. Dado que existe un número
muy limitado de imágenes pintadas tendemos a
darles un sentido más valioso, pues encierran
el aura, la huella, del individuo que las pintó.
Además, estas son imágenes que reflejan
una ambigüedad deliberada (una subjetividad) lo
que nos permite proyectar con mayor holgura nuestra
propia memoria o una simbología sobre ellas.
Las imágenes de la ciudad que nos ofrece Kelly
tienen el poder de hacer visible aquello que a primera
vista resulta invisible.
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Palmera Reforma, 2002
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La segunda genealogía, y quizá la
que más me interesa destacar, surge de la lectura de las imágenes
artísticas de dos ciudades: México y Monte Alban, megalópolis
que representan sendas cosmogonías, misteriosamente unidas
a través de la pintura. No debemos pasar por alto, por ejemplo,
que una de estas pinturas lleve el título Torre Mayor, que
es un eco del antiguo Templo Mayor de Tenochtitlan. Es decir, estamos
ante una imagen de la arquitectura contemporánea, que busca
crear un edificio memorable en contraste con las pirámides
y las tumbas zapotecas que con el tiempo se han convertido en iconos
de la grandeza del pasado de México. En ambas construcciones
existe el propósito de dar a la ciudad circundante un carácter
distintivo. En la Torre Mayor la construcción está diseñada
para representar simbólica del poder económico, en las
pirámides zapotecas los símbolos tienen un carácter
metafísico, hablan de la trascendencia mágica, de la
creencia en la vida después de la muerte. |
Asistir al trabajo cotidiano del pintor en su estudio es encontrarse
con esa pulsión obsesiva suya por captar la ciudad en la
que vive. El estudio es el laboratorio donde las imágenes
fotográficas se van transformando en visiones pictóricas.
No se trata de una traducción literal, realista, sino de
un proceso de substanciación de la imagen fotográfica,
la cual por lo general carece de aura. A través de su trabajo
pictórico con el óleo –barridos, estarcidos
con los dedos, pinceladas– que nos hacen concientes del
acto de pintar, Phil Kelly descifrar lo que la fotografía
no puede: desentrañar el verdadero significado del símbolo
y su relación con la realidad. La torre roja de la pintura
de Kelly es una señal de la intrusión del edificio
en el paisaje urbano.
El atractivo estético que sentimos al ver estas pinturas
tiene que ver con descubrir como los fragmentos deliberados de
dibujo y pintura se unen para lograr que la apariencia de un lugar
sea más completa de lo que de hecho puede ser. Es el hacer
aparecer lo que nos permite ver las cosas desde la mirada del
pintor, y también es aquello que impacta el sentido del
gusto, en ocasiones más que el mismo significante (el objeto
pintado).
Para ir más allá del mero gusto que genera la pintura,
habría que penetrar su significado, lo que requiere ahondar
en la relación entre tiempos y espacios distintos.
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Playa Cancún-Sombrillas, 2002
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Multitud Rosa, 2002
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Podría
decirse que Phil Kelly es un arqueólogo de la ciudad, de
la cual recupera sus espacios emblemáticos y actores. Al
confrontar a estos con los lugares rituales de Monte Alban, ciudad
que por vez primera aparece como tema en la producción del
autor, donde la vida y muerte son percibidas como un ciclo ordenado
y simétrico, la pintura de Phil Kelly provoca una reflexión
sobre las diferencias y parecidos que ofrecen las ciudades. Monte
Alban es percibida como un lugar de colores menos violentos, donde
la luz del mediodía del mediodía baña y destiñe
sombras, evoca estructuras masivas, nos remite a un paisaje quieto,
ilusorio, dando un aire de inmortalidad al sitio. El Sol, la luz
y la capacidad de mirar al horizonte son característicos
de Monte Alban. La Ciudad de México es presentada como río
de color, de una abundancia grotesca de líneas vibrantes
y contornos, donde la vida es solo movimiento contenido en estructuras
de concreto y el único ángulo posible de vista es
desde el cielo hacia abajo. Ambas ciudades fueren levantadas sobre
montañas, no obstante Monte Alban parece más alta
y cercana a los cielos, mientras que el centro urbano de México
está rodeado de edificios.
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La arqueología pictórica de la que se vale como
método de trabajo el pintor lleva implícita una
interpretación subjetiva de la vida citadina. A diferencia
de la arqueología descriptiva, que nos proporciona tan
solo una idea esquemática de la ciudad, sin penetrar a
sus historias o sus fragmentos, la de Phil Kelly es una arqueología
sensible, llena de temas y subtemas (la multitud Vs. el individuo,
el movimiento Vs. lo estático, lo efímero Vs. lo
trascendente) que nos hacen reconocer el modo de vida de una urbe
y la visión fúnebre de la necrópolis. Por
ejemplo Multitud Reforma capta el sentimiento de la congestión
típico de las marchas que suceden casi cada semana en la
Ciudad de México, mientras que Paisaje de Monte Albán
presenta con tan solo tres pinceladas la insignificante presencia
humana en todo el sitio.
Si el estilo pictórico de Phil Kelly ya ofrece mucho
que ver en sí mismo, su uso de alegorías nos permite
ver la línea divisoria entre la metrópolis y la
necrópolis En su obra, Phil Kelly toma el ambiente vibrante
de la ciudad de México tanto para construir la imagen como
para presentar el contenido; por ejemplo, la vibración
de las formas de objetos y edificios nos hace ver la vida como
un constante latido y su flujo como algo visualmente estimulante.
La ilusión de la pintura nos plantea una realidad en una
clave musical, con zonas de color iluminadas en colores contrastantes,
contrapuntos de luz , silenciosos espacios sin pintura y zonas
sonoras abigarradas de color y textura.
Como exposición del deseo, de la simpatía por
el caos y prolongación de la ciudad como cuerpo, estas
pinturas nos muestran los polos de un compás, un ir y venir
constante, entre la vida como un juego de artificio y la muerte
como una cartografía imaginaria del más allá.
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Ángel Latino, 2003
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