| Performance e Internet
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Corría el año de 1984 y me encontré con mi
primer performance por una coincidencia. Dos hombres negros de unos
veintitantos años de edad, vestidos casualmente con camisetas
y pantalones vaqueros en una calle del Soho de Nueva York se dedicaba
a quemar billetes en un bote de basura; se trataba una acción
artística, me enteré más tarde, que causaba
ansiedad entre el público callejero que asistíamos
a este insólito hecho. Creo que ninguno de los que estabamos
ahí estaba cierto de que se trataba de un performance, es
decir que no había conciencia de que lo que estaba sucediendo
era un evento planeado, por no decir actuado, porque en realidad
se estaba quemando dinero en la vía pública y parecía
algo irracional, un desperdicio de recursos. Para mi era un acto
subversivo, intrigante, que producía una perversa alegría,
a pesar de que yo mismo podía haber usado ese dinero para
sufragar mi precaria instancia en esa ciudad tan cara. |
Durante los últimos cuarenta años la disciplina
del performance se ha centrado en la acción corporal
como una opción renovadora y alternativa a otras disciplinas
artísticas tradicionales. Desde un principio el arte
del cuerpo incorporó medios y técnicas muy diversas
que dieron al performance una vitalidad y una ambigüedad
no vistas. La presentación en sitios específicos
no artísticos, la combinación ecléctica
con la fotografía, primero, y el uso del video después,
permitieron una movilidad del performance más allá
de los recintos museales autorizados y en espacios que tenían
connotaciones sociales y políticas, difícilmente
alcanzables por otras disciplinas artísticas.
El cambio de estrategias que trajo consigo el performance
desde sus inicios provocó también una relación
diferente con el público. La pasividad y seguridad
del espectador en otras artes escénicas se modificó
radicalmente, el espectador asistía no a una representación
condicional –en la que tenía que conocer los
símbolos para saber que se estaba representando- sino
que además tenía que participar e involucrarse
en la representación a través de su propia experiencia
y de la toma de conciencia de la influencia que tenía
el propio espacio en el desarrollo del performance. Tal fue
el caso de mi primer experiencia con el performance, en el
que una ansiedad y una satisfacción de estar ante un
hecho difícil de clasificar. Creo que el performance
no debe ser definido o estructurado, sería más
acertado decir que en esta disciplina el cuerpo del artista
es la obra de arte.
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Marcos
Kurtycz
De la serie Manifiesta. 1993
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A partir de la secularización y popularización
del arte del cuerpo en el espacio público, trataré
de establecer una comparación con los nuevos medios
electrónicos, concretamente la red de Internet, y el
performance, desde la especificidad donde suceden estas prácticas,
en las cuales se involucra la presentación y representación
del cuerpo, las ideas sobre el mismo, la gestualidad y la
relación entre espacio público y privado que
implican las nuevas prácticas artísticas multimediáticas.
El cuerpo unificado como centro de la expresión artística
y cultural ha sido una constante en la historia del arte.
La representación del cuerpo es una práctica
corriente que precede el concepto mismo del arte, para pertenecer
por derecho propio al territorio de la imagen propiamente
dicha. En su ensayo sobre el origen delas imágenes
el filósofo francés Régis Debray vincula
el surgimiento del imagen al terror que provoca la desaparición
causada por la muerte. La imagen fue el substituto de la ausencia:
una presencia idealizada, congelada, evaporada de la muerte.
Las primeras imágenes surgieron como un consuelo de
los vivos ante la muerte.
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Las primeras imágenes de la muerte tuvieron el fin
esotérico, desconectado de lo estético, de suplir
no solo al cuerpo sino también de representar el alma
del desaparecido. Velos, máscaras de cera y mausoleos,
eran la representación del espíritu que debería
sobrevivir al cuerpo. Hegel hablaba de la muerte del arte
puesto que el objetivo que le había dado origen había
llegado a su límite en su época, con la pintura
de Caspar David Friederich, Gainsborough y Goya, en el siglo
XVIII. También se habló de la agonía
de la pintura –depositaria por excelencia de las imágenes
del cuerpo- a raíz de la invención de la fotografía
en la primera mitad del siglo XIX.
En el siglo XX se habló del antiarte, como una decisión
metódica, argumentada, inspirada en el trabajo de los
dadaístas, los primeros performanceros modernos, quienes
erigieron el azar como el principio del arte.
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Joan Jonas.
Fragmento de video. 2001 |
Hoy sabemos que en la historia de las formas visibles,
las muertes del arte rara vez lo son. El performance por su vitalidad
y su creciente popularidad seguriá siendo una disciplina
trascendente. De lo que somos testigos en la actualidad es de
un salto cualitativo en el terreno de las imágenes provocado
por otros medios que facilitan la representación corporal
-ajena al arte en muchas maneras- como son las imágenes
digitales y el arte mediático en la Internet.
Las imágenes objeto (como la pintura y la escultura)
sólidas, raras, muebles, no reproducibles, vendibles, ha
dejado de ser el locus de la práctica artística,
en parte gracias al performance, y su lugar ha sido cedido a prácticas
inmateriales, reproducibles y comunicables a través de
la Internet. Hoy día, el productor de imágenes no
tiene en mente la producción de una exposición,
o de un objeto tangible. Su energía creativa, la energía
del arte, está enfocada hacia la conexión. Conectar
con ideas, con los diferentes estilos del arte y la imagen (publicitaria,
cinematográfica, de video, etc), dejando de lado la unicidad
de la experiencia artística para los coleccionistas y los
historiadores, mientras que la comunicación de la idea
del cuerpo se traslada al terreno más franco y más
extenso de la imagen móvil que frecuentemente permite la
interactividad. En este último punto existe una comunidad
de fines entre el performance y la Internet, como medios de transgresión
del arte objetual.
Mi experiencia con el performance en México
fue de hecho mi primer contacto con la subversión. En un
performance de Marcos Kurtycz que casualmente presencie, quiero
decir que no estaba programado, el fallecido performancero polaco
tomó una de las salas del Museo de Arte Moderno para quemar,
destruir una serie de materiales (madera, papel, hierro) y transformarlos
en libros que el público podía llevarse consigo.
Kurtycz se caracterizo por hacer performances rituales, que combinaban
la subversión con la creación de símbolos
de su propio cuerpo.
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| Klaus
Steinmetz
Arte Contemporáneo. Nueva York, 2002 |
Una de las precursoras del performance con video en los 70
fue Joan Jonas, que recientemente presentó su obra
en México. Para ella el performance abole lo teatral,
da lugar a lo temporal y alude a la relación entre
el espectador y la obra. No obstante, según la videoasta,
la pretendida independencia del arte y el azar del espectador
están relacionadas con el discurso estético
tradicional y con la pasividad del espectador. Para Jonas,
el videoarte es una forma de romper con los estereotipos creados
por la imagen del cuerpo.
La imagen del cuerpo en Internet une varios cabos que el
arte tradicional había dejado sueltos y que el performance
podría explorar pero sin la simultaneidad y alcance
que tiene la Internet. Si bien la inmediatez del cuerpo en
el performance no puede ser sustituida por el recurso de la
digitalización ni por la tercera dimensión virtual,
también es cierto que performance e imagen digital
comparten la desmaterialización de un viejo enemigo
común: el objeto artístico.
De la actividad performática real del cuerpo hemos
dado un salto a la representación virtual del mismo,
lo cual ha ido en consonancia con otros modificaciones en
la cultura. Por ejemplo, con el cambio de la noción
de información por el de comunicación se pasó
de la noticia al mensaje, y con la caída de la actividad
productiva de objetos pasamos a una economía que privilegia
los servicios. Del concepto de cultura instructiva se pasó
al de diversión y espectáculo como cultura ,
y el principio de lo real ha cedido lugar al principio de
la búsqueda del placer como motor del comportamiento
piscosocial. La publicidad, que es el lenguaje público
masivo del cuerpo, está más dirigida hoy a elogiar
al posible consumidor con su promesa de estatus que a presentar
las características del producto.
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Estos cambios nos hacen ver en la Internet una posibilidad.
Hoy día el sujeto, artista o no, recurre a la Internet
como un medio más personalizado de localizar y consumir
imágenes del cuerpo adecuadas a sus intereses. Una
mezcla única de privacidad y capacidad de hacer público
lo privado permite que los usuarios de la red global ingresen
como productores y consumidores de imágenes corpóreas,
con una discresionalidad liberadora que el arte de los museos
y las galerías no podría garantizar. En la Internet
se puede ser uno mismo sin que esto tenga consecuencias directas
sobre la persona. Los contenidos de millones de páginas
de internet son accesibles a una población cada vez
más sedienta de verse reflejada e instrumentalizada
por la pantalla electrónica. Podríamos imaginar
casi cualquier cosa, incluso un servicio de performance por
Internet a solicitud de particulares que podrían tener
acceso libre a cualquier hora desde una terminal de cómputo.
Lo interseante de este nuevo medio es que tiene la capacidad
de convertirnos simultáneamente en productores y consumidores
de imágenes. El usuario no requiere forzosamente de
una máscara que oculte su identidad. Los códigos
de lectura permiten un acceso sencillo directo y participativo.
La homogenización visual que caracteriza a nuestra
sociedad encuentra en el Internet un acervo de identidades
muy bien perfiladas que eluden la censura y la autocensura,
eternas enemigas del arte y particularmente del performance.
Y lo que es mejor, es que detrás de cualquier imagen
digital existe siempre un registro de su creación y
de sus consumidores, que jamás podrá igualar
el catálogo artístico.

Klaus Steinmetz
Arte Contemporáneo. Nueva York, 2002
Por otro lado, el arte en internet permite la conectividad
de puntos distantes en la geografía y en el tiempo,
a través medios como la conversación instantánea
o el chat. Y si se trata de crear una reacción en serie,
un factorial de la obra, el Internet permite la unicidad de
la experiencia, evitando la masificación de los otros
medios electrónicos.
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En la sociedad de consumo, los bienes se distinguen cada
vez menos por su utilidad y más por su prestigio social.
Las imágenes no escapan a esta regla, en el mundo del
arte lo que menos importa es el objeto, se le ve sin reconocerle
su importancia social y se le fetichiza por su valor de cambio,
el arte más difundido es el que vale más dinero.
Las practicas artísticas críticas como el performance
surgieron para dar validez al intercambio directo de contenidos
entre el creador y su co-partícipe, el público.
Sin embargo, la fragmentación social y la dispersión
temporal a la que estamos sujetos en la ciudad, nos impide
acceder frecuentemente a esos intercambios específicos
que propone el performance. La red de internet, que sigue
siendo un medio sujeto a fines y usos diversos, propone la
desmaterialización de arte, la apertura a nuevas lecturas
del cuerpo pero sobretodo propone una democratización,
con la cual resulta imposible competir. La fusión del
performance y la Internet podrían ser un recurso para
acceder a nuevos discursos sobre el cuerpo que hagan una crítica
del estatus quo actual, donde la homogenización,
el fetichismo visual y el control corren de la mano.
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Termino pensando en un programa periodístico
que escuché por la radio, en donde se describía
las formas en que más de 250 mujeres de todas edades han
sido sacrificadas desde hace diez años en Ciudad Juárez,
en la frontera de México con Estados Unidos. El programa
creó una imagen brutal en mi mente. Me hizo pensar que
no por no haber visto en directo los cuerpos mutilados de esas
mujeres raptadas, no se crea una imagen extremadamente vívida
del sufrimiento de esas mujeres, y que es entonces cuando el medio
se convierte en un contacto directo entre la realidad y el individuo,
para moverlo a la acción y reflexión del cuerpo
como inscripción de un estado de cosas, que en el caso
de las muertas de Juárez es inaceptable desde cualquier
ángulo que se le vea.
Esta conferencia se presentó durante
el festival Performagia, en el recinto universitario
Museo del Chopo en marzo de 2003.
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