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| Carlos Amorales sin
máscara, de luchador a maquilador. Entrevista |
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José Manuel Springer: Carlos, la última vez que te platicamos estábamos en un parque de Ámsterdam, y recuerdo que te pregunté de qué vivías, dado que tu actividad performancística no parecía procurar suficientes ingresos. Me dijiste que estabas por exhibir unas fotografías de los performances y que eso te permitiría seguir desarrollando tus proyectos. De eso hace dos años, cuéntame dónde empezó tu carrera y cómo fue que el tema de los luchadores, un tema que en México ha sido tratado por muchos artistas, te sirvió para posicionarte en un terreno difícil de competir como es Europa. Carlos Amorales: Llegué a Holanda en el ‘92 para estudiar cinco años en la Rijks Academie y luego en la escuela de posgrado Ritveld. Ahí fue dónde empecé a trabajar con máscaras de luchadores y a pensar en mi trabajo. Ser artista es un trabajo, tienes que verlo como una profesión y exigirlo, buscarlo, trabajarlo y aprenderlo. Yo salí de la escuela y no sabía quién era el curador chingón, pero algo que si quería era vivir de mi trabajo. Para mi el problema no era como entrar al sistema artístico sino como mantenerte en relación a la creatividad. Tomé la decisión de no exponer hasta los 27 años a pesar de que hacía obra desde los 20. Decidí vivir como artista, sin subsidios estatales, para forzarme a hacer el trabajo, a pesar de que vivía con poco, muy poco. Creo que a diferencia de lo que se ha hecho en México con la lucha libre, los luchadores y las máscaras, donde se les usa como íconos mexicanistas, a mi me interesó la máscara y la lucha como un medio. Esto implica una estructura totalmente distinta. La lucha libre no es algo exclusivamente mexicano, viene de Estados Unidos y Francia. El primer enmasacarado llegó a México en los años 20 (Marvil Mask) , en ese entonces las luchas ya eran un espectáculo popular en Inglaterra y Francia. Es algo que se da mucho en las culturas belicistas. Roland Barthes incluso tiene un capítulo sobre la lucha libre en su libro Mitologías. Es la forma contemporánea de los gladiadores y yo enfatizó eso. Lo que me interesa de las luchas es como utilizar una imagen sin establecer esa distancia entre el creador y su creación. La forma más mínima y fácil era usar una máscara. La primera máscara que hice era verde perico con rosa mexicano, luego me contacté con un hacedor de máscaras en México y le pedí que me hiciera un retrato, que a mucha gente de la Arena México no le gustó porque era muy simplista. En cuanto a los otros artistas que usan el tema, creo que no es tanto los íconos que usas en tu carrera sino como los usas, lo que haces con ellos. En última instancia pienso que tengo más apego a la cultura mexicana que a la lucha como expresión cultural de otros países, que el Sumo, por ejemplo. Carlos Amorales. "Simpatía
por el diablo" JMS: Comenzaste como un artista enmascarado y eso te fue llevando a otras presentaciones con otros luchadores en Europa en los museos como el Pompidou, ¿cuánto tiempo estuviste utilizando la idea de la máscara y de los luchadores como medios? CA: La idea conceptualmente terminó con el libro editado en Holanda sobre mi experiencia en la lucha artística. A pesar de eso todavía sigo presentando luchas, la próxima será en la Tate Gallery en mayo. Luego vino la idea de la maquiladora. Me propuse crear una maquiladora que se llama Flames y cuyo símbolo es un diablo. La idea era desarrollar una fábrica de zapatos y hacer lo que hace Nike para promover su producto. Yo organizó performances en los que pongo al público a producir zapatos. Es una maquiladora en el primer mundo, donde el trabajo manual es un lujo. Tiene que ver con confrontar al público europeo con una actividad que allá no existe, que es la producción manual en serie. Poner a un suizo a producir zapatos es confrontarlo con una experiencia que desconoce y que en México o Bangladesh es una forma de vida para muchos. Es un juego perverso. Actualmente estoy haciendo performance usando el baile. Dado que en los luchadores yo ya no actuó sino que soy como el manager del show, quería hacer algo donde yo trabajara con mi cuerpo. Silverio, con quien vivo temporalmente en la Colonia Narvarte, produce la música. No es una música latina, como la salsa, sino una música como tecno minimal y yo opero desde la audiencia, obligando al público a que baile. Esta idea surgió porque me di cuenta de que lo único que sé hacer es bailar solo. En Latinoamérica se acostumbra bailar en pareja pero en Europa la gente baila sola y como puede. Lo que me interesa en esta propuesta es romper con los discursos verbales entre el artista y su obra y entre esta y el público. En la lucha el público grita, en el baile se vuelve una situación antagónica. Metes al público en algo que no es intelectual. En la maquiladora invito al público a trabajar en el taller con los pedazos de cuero, tienen jugar dentro del circuito del arte a crear un objeto comercial. Es una puesta en escena que responde a una teoría económica laboral. JMS: En estas propuestas partes de la reacción del público para crear la obra, es una estética que deviene de la recepción y no tanto de la creación de obra. La obra que estas presentando aquí en la galería Enrique Guerrero tiene que ver más con el artista como creador, ¿a qué se debe el cambio?
JMS: En estas impresiones en blanco y negro, en la animación y en los performances hay mucho de violencia, ¿te atrae la idea de violentar al público? CA: Es un tema constante pero ocurre inconscientemente. La instalación tiene un tono violento pero también me interesan otras cosas. Por ejemplo, la mayoría de las imágenes llegan hasta los bordes del papel porque me interesa romper con el centro del cuadro. En la instalación de la galería en París había en el centro una figura que era como una telaraña, que al entrar el público se movía. O sea que también tiene que ver con la presencia del público, con la idea de convertirlo en depredador o víctima. -Cuéntame de tu intervención en el pabellón de Holanda en la próxima Bienal de Venecia, ¿cómo fuiste seleccionado? y ¿cuál es el tema?
Una cosa que influyó en la selección y en nuestro trabajo es que el año pasado se instaló un gobierno holandés de ultraderecha, el partido List Fortuyn, cuyo líder (Pim Fortuyn) fue asesinado antes de las elecciones. A pesar de que llegaron al poder, no supieron gobernar y tuvieron que dejarlo hace unos meses, pero el hecho cambió la forma de hacer política en Holanda. La propuesta de Fortuyn era muy atractiva para las clases populares, tanto para el white trash como para las minorías marroquíes. Esto provocó la apertura de un discurso social que antes no se veía en Holanda, se volvió más agresivo. Era algo así como la demanda de que todos sean iguales, como una revolución desde las clases bajas. Una forma de hacer política vulgarmente agresiva. Lo que dejó Fortuyn fue una influencia en la manera en que se dicen las cosas en Holanda. Ahí la política era muy complicada, tomar una decisión es difícil y al final siempre se hacen concesiones. El arte que se incluirá en el pabellón holandés tienen que ver con propuestas de índole social, ubicadas desde distintas posturas, vistas por holandeses y extranjeros. Carlos Amorales. "Amorales
vs Amorales" JMS: Por último, ¿qué piensas del arte mexicano actual, de este éxodo que se ha dado a Europa y Estados Unidos por parte de tu generación? CA: Se habla mucho de que México está de moda, de que hay seis mexicanos en la Bienal de Venecia. Pero yo lo que veo es que también hay veinte chinos, doce brasileños, muchos gringos. Creo que la presencia del arte mexicano en Europa no es excepcional, simplemente se ha normalizado, digamos que la situación se ha sanificado. Lo que espero es que se pueda fomentar una diversidad de propuestas y no sólo las de un grupo. En fín, es solo mi apreciación y puede ser muy superficial. |
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publicación: 01.08.2003 |