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José Manuel Springer

 
La Bienal de Venecia, una utópica dictadura del público (2a. parte).

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En general las exposiciones del Arsenal están dedicadas a retratar la perfieria experimental del arte, haciendo referencias a situaciones particulares de diferentes regiones que están experimentados cambios culturales acelerados como es el caso de Asia-Pacifico, África y Europa Oriental.

El contraste entre los medios utilizados en la mayoría de estas obras, que son productos reciclados o manufacturados pobremente, con la obra de la sala central Padiglione nos da la idea de las diferencias entre el concepto europeo de arte y la revolución alternativa que se genera en las fronteras. Las muestras destacan por contar con artistas poco conocidos en el mundo artístico que han abandonado los medios tradicionales para hablar libremente de la sociedad, su entorno, la globalización y la individualidad.

Los pabellones nacionalesLa controversia vuelve a rodear a la Bienal de Venecia, esta vez la obra del español Santiago Sierra dejó al público estupefactos y, claro, las críticas e indignación no se hicieron esperar. Que si se trata de un acto de racismo, que sí es un reflejo de la nueva exclusividad europea, que si esto es arte.

 

Santiago Sierra

Santiago Sierra, Instalación. 2003

La instalación de Sierra es uno de los extremos políticos de la propuesta de la bienal, el otro extremo tiende hacia la estético y se trata del arte realizado como una superproducción hollywoodense, como sucede con la propuesta de la australiana Patricia Piccinini, que recurre a técnicas y materiales sofisticados para crear seres que son una mezcla entre un cuadrúpedo canino y un ser humano. Es difícil hablar de esculturas debido a que se trata de criaturas que parecen salidas de los sets cinematográficos de películas como Harry Potter o El señor de los Anillos.

Patricia Piccinini

Patricia Piccinini. Escultura. 2003

Una vez que he cruzado el umbral de entrada de los jardines de la bienal, lugar donde se concentran las representaciones nacionales participantes, el primer pabellón es el de España. Una multitud se arremolina a la entrada de este edificio de unos veinte metros de frente por cinco de alto, rodeando a Santiago Sierra y Rosa Martínez, curadora del pabellón. Bajo el título Palabra Tapada, el artista radicado en México se propuso envolver nombre ESPAÑA en papel periódico para ocultarlo, en una referencia a la eliminación de la nacionalidad y de sus significados políticos e históricos.

La otra parte de la instalación Muro cerrando un espació consistió en clausurar la entrada al pabellón con una pared de bloques de arena. Al ingresar solo es posible observar a izquierda y derecha los restos de un baño y un pequeño almacén en desuso. Un letrero anuncia: Entrada por la parte posterior del pabellón únicamente (sic) para españoles con carta de identidad. Uno cree que se trata de una broma o que con una acreditación de prensa se puede entrar. Pero no. La sorpresa viene cuando en la entrada posterior del pabellón dos policías italianos detienen a cuanto visitante se acerca. Los uniformados exigen el documento de identidad español y en caso de no contar con el niega la entrada. Intenté acercarme y presentar mi gafete de prensa, pero al igual que a otros colegas nos fue rotundamente negado el permiso de ingreso. Algunos españoles se acercan, muestran su documento e ingresan, sin problema alguno. Los que llegan sin documento de identidad se encuentran con que tampoco les es permitida la entrada, a pesar de su acento obviamente ibérico.

Las especulaciones no se hacen esperar. ¿Qué clase de obra es esta que nadie puede ver a menos que sea español? ¿Qué hay adentro del pabellón? Por ahí alguien intenta responder: “Es una forma de hacernos sentir la exclusividad, el derecho a pertenecer a una nacionalidad”. El hecho es que frente a la negativa, uno siente en carne propia la exclusividad de las políticas migratorias de cualquier país que recibe a inmigrantes, pero también pone en duda la supuesta independencia del arte respecto a otros sistemas sociales. El espacio español de la bienal fue convertido en un espacio segregacionista y dictatorial.

A unos pasos se encuentra el otro lado de la moneda, en el pabellón de Holanda. Afuera del edificio el artista Erik van Lieshout construyó una carpa con paredes de aglomerado, recubierta con alfombras viejas. Dentro de la carpa se presenta un video, pocos se atreven a entrar porque el calor es abrasador y un lugar sin aire acondicionado es la muerte. Las sillas de la pequeña sala son una replica barata de diseñador holandés de Gerrit Rietveld, están armadas con madera reciclada. En el video el artista se dedica a seguir con una cámara de video a policías que hacen chequeos de rutina a jóvenes en las ciudades holandesas en busca de armas o drogas duras. El mismo artista es cateado por la policía. Vienen a la mente los videos del mexicano Yoshua Okon, en los que el enfrentamiento con la autoridad es el motivo central.

El pabellón de Holanda es una selección de seis artistas, cuatro de ellos extranjeros y dos nacionales. Somos el mundo es el título del envío holandés. La intención es señalar esa apertura hacia lo multicultural que caracterizó a ese país, hasta la llegada de la ultraderecha al poder. A la entrada hay un gran bar abarrotado de botellas de vodka con gingerale, una bebida que ha sido patentada y distribuida exclusivamente para este evento por el artista originario de la República de Benin, Meschac Gaba. A la derecha del bar se extienden varias mesas de trabajo con plantillas de piel y moldes recortados listos para ser transformados en botines de color rojo. Son los zapatos Devil, una marca creada por el mexicano Carlos Amorales para hacer una paráfrasis de Nike, Adidas y otras grandes trasnacionales del la industria del calzado. Para el artista es una forma de introducir al publico europeo en una maquiladora, un lugar que quizá para muchos de los visitantes es totalmente desconocido.

Sobre las mesas de trabajo se encuentran anaqueles con decenas de botines de plástico brillante. Carlos Amorales luce feliz, el museo Beuymans van Boningen de Rotterdam, compró dos de estas piezas. La instalación es un éxito, la gente se detiene a trabajar, utilizan la maquina de coser para hacer diseños sobre los zapatos y concluyen su trabajo sin recibir pago alguno. El sentido de la plusvalía y de la explotación laboral de pronto se vuelve un juego dentro de una exposición.

La artista española Alicia Framis forma parte del pabellón holandés. Su instalación consiste en un cuadrángulo de tierra húmeda sobre el cual el publico es invitado a dibujar con un cuchillo sobre la superficie. También incluida en este pabellón esta la holandesa , que realizó una serie de diseños de moda que son presentados en una pasarela muy sui generis. Las modelos de estas prendas son mujeres de color que como estatuas se colocan a la salida de estadios de fútbol, indiferentes a lo que sucede a su alrededor.

Carlos Amorales

Carlos Amorales. "Zapatos Devil". 2003

Retrasos y revoluciones

La bienal es una romería de gente y modas, desde lo extravagante hasta alternativo conviven en los pabellones. Es notoria la falta de organización, la ausencia de planeación es notoria: faltan lugares donde conseguir algo que beber y botes de basura, poco a poco los jardines y pabellones se van convirtiendo en basureros improvisados . Pero nada parece detener al ejercito de visitantes que asisten a la inauguración.

En el pabellón principal de la bienal, llamado Padiglione, se encuentra la exposición del curador de la bienal Francesco Bonami. Bajo el titulo Retrasos y Revoluciones Bonami y Daniel Birnbaum presentan una muestra de arte que recoge la obra de 47 artistas.

Dentro de esta sección se encuentra la obra de Gabriel Orozco, una enorme reconstrucción en madera de un techo idéntico que se encuentra en las inmediaciones de este museo-galería. Se trata de una pieza elevada como un techo, que esta sostenida por tres bolas metálicas sobre columnas elípticas. El juego de replica entre la estructura antigua y la pieza de Orozco hace referencia al espacio que queda entre los círculos de la estructura, ese espacio negativo que rara vez observamos pero que forma parte integral de la arquitectura y la escultura.

Gabriel Orozco

Gabriel Orozco. Instalación. 2003

Para Bonami muchas de las obras de esta exposición representan regresos y recurrencias, son puntos de partida de una nueva vanguardia que retoma las propuestas de un Marcel Duchamp, de un Andy Warhol. La pieza del artista ingles Demian Hirst es un ejemplo de su preocupación por un arte que devuelve la vida al espectador. Sobre un gran muro de espejos ha colocado unas cinco mil cápsulas y pastillas de todas formas y colores, como una especie de botica de la industria farmacéutica, en la que se refleja la preocupacion por la vida y la salud.

En las ultimas dos décadas el arte se ha concentrado en la repetición de ideas y propuestas del arte Moderno. La publicidad ha dado origen también a una serie de respuestas meditadas por parte de los artistas. Tal es el caso de la obra del norteamericano Richard Prince que a lo largo de una enorme sala reproduce en enormes fotografías las carteleras espectaculares de los anuncios de Marlboro, con vaqueros montados en cabalgaduras rodeados de la grandeza del desierto norteamericano.

Una de las obras mas fuertes es la del artista belga Berlinde de Bruyckere, que recuerda la experimentación del grupo mexicano SEMEFO en los 90. Se trata de un caballo tamaño natural que aparece totalmente doblado sobre si mismo cuerpo con la cabeza metida entre las patas. La obra se presenta sobre una mesa como una homenaje a este símbolo de la energía, de la fuerza y lo primitivo. La obra hace un perfecto contraste con las fotografías de los vaqueros de Richard Prince.

En este zig zag constante entre lo moderno y lo posmoderno, se encuentra la obra de Mathew Barney. Se trata de dibujos realizados con pluma bajo el tema del sexo, la ambigüedad y las restricciones del trabajo. Sobre mesas-vitrinas de estilo barroco realizadas en cristal de murano, Mathew Barney dispuso en el interior marcos tipo neoclásicos hechos con plástico inyectado y colocó una sustancia química que da la apariencia de hongos como los que se producen en los alimentos descompuestos. Dentro de estos marcos coloca pequeños dibujos hechos sobre papel con plumilla que representan órganos sexuales femeninos y masculinos.

Patricia Piccinini

Patricia Piccinini. Detalle de escultura. 2003

La obra tiene bastante de Francis Picabia o de los dibujos realizados por Duchamp en el Gran Cristal hace más de cincuenta años. Pero la diferencia es que Barney es ahora uno de esos artistas que se dedican a hacer superproducciones visuales que nada tienen de individual y sí mucho de la industria del entretenimiento.

Al observar el conjunto uno puede percibir que efectivamente el arte de hoy es una traducción de paradigmas antiguos, en ocasiones una traducción plagada de errores y equívocos que forman parte de ese sistema de representación que llamamos arte contemporáneo.

De lo espectacular a lo minimalista y lo grotesco

Entre los pabellones destaca el de Gran Bretaña que presenta la obra del artista de origen africano Chris Ofili, que lleva por título Afro Kaleidoscope. Una serie de pinturas realizadas con pigmentos brillantes en un estilo puntillista que recogen escenas de amor de parejas negras, versiones paganas de los rituales religiosos e ironías de símbolos como la célebre Union Black (Union Jack es el nombre que recibe la bandera británica). La instalación esta presentada en cuartos pintados de verde brillante y rojo, que alternan con pasillos negros. El uso de color y de la iluminación genera un monocromatismo y luminosidad similar a la de las pinturas sobre terciopelo negro que adornan los mercados de artesanías en Tijuana.

Un tema similar al de Ofilli fue el que presentó en el pabellón de Estados Unidos la obra de Fred Wilson, cuyo tema es la presencia de la raza negra en Venecia, los mal llamados moros, árabes islámicos que desde el siglo XII tenían presencia efectiva en Venecia. Tomando referencias cinematográficas del Otelo de Shakespeare, el artista presenta esculturas e instalaciones que ironizan la vinculación entre un pasado pomposo donde la negritud es totalmente ignorada. Una de las instalaciones es un baño recubierto con azulejos blancos y negros, acompañado de la proyección de las diferentes producciones cinematográficas. La exposición tiene algo de políticamente correcto y es una especie de revés a una Europa que, como en el caso de la instalación de Santiago Sierra, hoy cierra las puertas a la inmigración árabe.

Chris Ofilli

Chris Ofilli. Detalle de pintura. 2003

Fallida resultó la propuesta de Jean Marc Bustamante en el pabellón francés. Una serie de retratos de mujeres inmigrantes en Francia alternan con pinturas abstractas realizadas sobre acrílico. Canadá presenta la obra de la artista Jana Sterbak, un video en doce pantallas simultaneas que esta realizado desde el punto de vista de un perro que corre detrás de un tejón atravesando la blancura de la estepa canadiense. Se trata de una obra espectacular en su realización que no obstante deja un sabor de vacío. Mas cerebral y minimalista es la obra del polaco Stanislaw Drozdz. En una enorme sala de unos veinte metros de largo por ocho de ancho el artista ha cubierto de piso a techo la pared con miles de dados. Al centro una mesa con terciopelo verde ofrece al publico jugar con dados para involucrarlo en un juego de probabilidades infinitas.

El pabellón de Venezuela aparece cerrado, censurado por las autoridades de ese país. Varios artistas hacen guardia y denuncian la intervención del gobierno contra la libre expresión del arte.

En general la presencia latinoamericana en pabellones dejó mucho que desear, sin proyectos que presentaran una visión critica del arte o de los contextos sudamericanos. Brasil esta vez presentó la obra de Beatriz Milhazes y Rossangela Renno, que son pinturas llenas de objetos decorativos y tramados coloridos, reminiscencias de las propuestas abstractas de los años sesenta.

Los jardines de la bienal son el pasado de un evento que fue el parámetro del arte europeo en el siglo XX, pero que en la actualidad se ha convertido en un tour de force de un gran derroche de recursos y pobreza de propuestas. El primer premio otorgado por el jurado de la bienal al pabellón de Luxemburgo, donde expuso la artista china Su-Mei Tse y que casi nadie visitó, es una prueba de que la inventiva no está asociada a la espectacularidad.

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Demian Hirst

Demian Hirst. Instalación. 2003

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Fecha de publicación: 04.08.2003