| La Bienal de Venecia, una utópica
dictadura del público (2a. parte). |
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| En general
las exposiciones del Arsenal están dedicadas a retratar la
perfieria experimental del arte, haciendo referencias a situaciones
particulares de diferentes regiones que están experimentados
cambios culturales acelerados como es el caso de Asia-Pacifico,
África y Europa Oriental.
El contraste entre los medios utilizados
en la mayoría de estas obras, que son productos reciclados
o manufacturados pobremente, con la obra de la sala central Padiglione
nos da la idea de las diferencias entre el concepto europeo de arte
y la revolución alternativa que se genera en las fronteras.
Las muestras destacan por contar con artistas poco conocidos en
el mundo artístico que han abandonado los medios tradicionales
para hablar libremente de la sociedad, su entorno, la globalización
y la individualidad.
Los pabellones nacionalesLa controversia vuelve
a rodear a la Bienal de Venecia, esta vez la obra del español
Santiago Sierra dejó al público estupefactos y, claro,
las críticas e indignación no se hicieron esperar.
Que si se trata de un acto de racismo, que sí es un reflejo
de la nueva exclusividad europea, que si esto es arte.
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Santiago Sierra, Instalación.
2003
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| La instalación
de Sierra es uno de los extremos políticos de la propuesta
de la bienal, el otro extremo tiende hacia la estético y
se trata del arte realizado como una superproducción hollywoodense,
como sucede con la propuesta de la australiana Patricia Piccinini,
que recurre a técnicas y materiales sofisticados para crear
seres que son una mezcla entre un cuadrúpedo canino y un
ser humano. Es difícil hablar de esculturas debido a que
se trata de criaturas que parecen salidas de los sets cinematográficos
de películas como Harry Potter o El señor de los Anillos.
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Patricia Piccinini. Escultura.
2003 |
Una vez que he cruzado el
umbral de entrada de los jardines de la bienal, lugar donde se concentran
las representaciones nacionales participantes, el primer pabellón
es el de España. Una multitud se arremolina a la entrada
de este edificio de unos veinte metros de frente por cinco de alto,
rodeando a Santiago Sierra y Rosa Martínez, curadora del
pabellón. Bajo el título Palabra Tapada, el artista
radicado en México se propuso envolver nombre ESPAÑA
en papel periódico para ocultarlo, en una referencia a la
eliminación de la nacionalidad y de sus significados políticos
e históricos.
La otra parte de la instalación
Muro cerrando un espació consistió en clausurar la
entrada al pabellón con una pared de bloques de arena. Al
ingresar solo es posible observar a izquierda y derecha los restos
de un baño y un pequeño almacén en desuso.
Un letrero anuncia: Entrada por la parte posterior del pabellón
únicamente (sic) para españoles con carta de identidad.
Uno cree que se trata de una broma o que con una acreditación
de prensa se puede entrar. Pero no. La sorpresa viene cuando en
la entrada posterior del pabellón dos policías italianos
detienen a cuanto visitante se acerca. Los uniformados exigen el
documento de identidad español y en caso de no contar con
el niega la entrada. Intenté acercarme y presentar mi gafete
de prensa, pero al igual que a otros colegas nos fue rotundamente
negado el permiso de ingreso. Algunos españoles se acercan,
muestran su documento e ingresan, sin problema alguno. Los que llegan
sin documento de identidad se encuentran con que tampoco les es
permitida la entrada, a pesar de su acento obviamente ibérico.
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Las especulaciones no se hacen esperar. ¿Qué
clase de obra es esta que nadie puede ver a menos que sea español?
¿Qué hay adentro del pabellón? Por ahí
alguien intenta responder: “Es una forma de hacernos sentir
la exclusividad, el derecho a pertenecer a una nacionalidad”.
El hecho es que frente a la negativa, uno siente en carne propia
la exclusividad de las políticas migratorias de cualquier
país que recibe a inmigrantes, pero también pone en
duda la supuesta independencia del arte respecto a otros sistemas
sociales. El espacio español de la bienal fue convertido
en un espacio segregacionista y dictatorial.
A unos pasos se encuentra el otro lado de la moneda, en el pabellón
de Holanda. Afuera del edificio el artista Erik van Lieshout construyó
una carpa con paredes de aglomerado, recubierta con alfombras viejas.
Dentro de la carpa se presenta un video, pocos se atreven a entrar
porque el calor es abrasador y un lugar sin aire acondicionado es
la muerte. Las sillas de la pequeña sala son una replica
barata de diseñador holandés de Gerrit Rietveld, están
armadas con madera reciclada. En el video el artista se dedica a
seguir con una cámara de video a policías que hacen
chequeos de rutina a jóvenes en las ciudades holandesas en
busca de armas o drogas duras. El mismo artista es cateado por la
policía. Vienen a la mente los videos del mexicano Yoshua
Okon, en los que el enfrentamiento con la autoridad es el motivo
central. |
El pabellón de Holanda es
una selección de seis artistas, cuatro de ellos extranjeros
y dos nacionales. Somos el mundo es el título del envío
holandés. La intención es señalar esa apertura
hacia lo multicultural que caracterizó a ese país,
hasta la llegada de la ultraderecha al poder. A la entrada hay un
gran bar abarrotado de botellas de vodka con gingerale, una bebida
que ha sido patentada y distribuida exclusivamente para este evento
por el artista originario de la República de Benin, Meschac
Gaba. A la derecha del bar se extienden varias mesas de trabajo
con plantillas de piel y moldes recortados listos para ser transformados
en botines de color rojo. Son los zapatos Devil, una marca creada
por el mexicano Carlos Amorales para hacer una paráfrasis
de Nike, Adidas y otras grandes trasnacionales del la industria
del calzado. Para el artista es una forma de introducir al publico
europeo en una maquiladora, un lugar que quizá para muchos
de los visitantes es totalmente desconocido.
Sobre las mesas de trabajo se encuentran anaqueles con decenas
de botines de plástico brillante. Carlos Amorales luce feliz,
el museo Beuymans van Boningen de Rotterdam, compró dos de
estas piezas. La instalación es un éxito, la gente
se detiene a trabajar, utilizan la maquina de coser para hacer diseños
sobre los zapatos y concluyen su trabajo sin recibir pago alguno.
El sentido de la plusvalía y de la explotación laboral
de pronto se vuelve un juego dentro de una exposición.
La artista española Alicia Framis forma parte del pabellón
holandés. Su instalación consiste en un cuadrángulo
de tierra húmeda sobre el cual el publico es invitado a dibujar
con un cuchillo sobre la superficie. También incluida en
este pabellón esta la holandesa , que realizó una
serie de diseños de moda que son presentados en una pasarela
muy sui generis. Las modelos de estas prendas son mujeres de color
que como estatuas se colocan a la salida de estadios de fútbol,
indiferentes a lo que sucede a su alrededor. |

Carlos Amorales. "Zapatos
Devil". 2003 |
| Retrasos
y revoluciones
La bienal es una romería de gente y modas, desde lo extravagante
hasta alternativo conviven en los pabellones. Es notoria la falta
de organización, la ausencia de planeación es notoria:
faltan lugares donde conseguir algo que beber y botes de basura,
poco a poco los jardines y pabellones se van convirtiendo en basureros
improvisados . Pero nada parece detener al ejercito de visitantes
que asisten a la inauguración.
En el pabellón principal de la bienal, llamado Padiglione,
se encuentra la exposición del curador de la bienal Francesco
Bonami. Bajo el titulo Retrasos y Revoluciones Bonami y Daniel Birnbaum
presentan una muestra de arte que recoge la obra de 47 artistas.
Dentro de esta sección se encuentra la obra de Gabriel
Orozco, una enorme reconstrucción en madera de un techo idéntico
que se encuentra en las inmediaciones de este museo-galería.
Se trata de una pieza elevada como un techo, que esta sostenida
por tres bolas metálicas sobre columnas elípticas.
El juego de replica entre la estructura antigua y la pieza de Orozco
hace referencia al espacio que queda entre los círculos de
la estructura, ese espacio negativo que rara vez observamos pero
que forma parte integral de la arquitectura y la escultura. |
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Gabriel Orozco. Instalación.
2003
Para Bonami muchas de las obras de esta exposición representan
regresos y recurrencias, son puntos de partida de una nueva vanguardia
que retoma las propuestas de un Marcel Duchamp, de un Andy Warhol.
La pieza del artista ingles Demian Hirst es un ejemplo de su preocupación
por un arte que devuelve la vida al espectador. Sobre un gran muro
de espejos ha colocado unas cinco mil cápsulas y pastillas
de todas formas y colores, como una especie de botica de la industria
farmacéutica, en la que se refleja la preocupacion por la
vida y la salud.
En las ultimas dos décadas el arte se ha concentrado en
la repetición de ideas y propuestas del arte Moderno. La
publicidad ha dado origen también a una serie de respuestas
meditadas por parte de los artistas. Tal es el caso de la obra del
norteamericano Richard Prince que a lo largo de una enorme sala
reproduce en enormes fotografías las carteleras espectaculares
de los anuncios de Marlboro, con vaqueros montados en cabalgaduras
rodeados de la grandeza del desierto norteamericano. |
| Una
de las obras mas fuertes es la del artista belga Berlinde de Bruyckere,
que recuerda la experimentación del grupo mexicano SEMEFO
en los 90. Se trata de un caballo tamaño natural que aparece
totalmente doblado sobre si mismo cuerpo con la cabeza metida entre
las patas. La obra se presenta sobre una mesa como una homenaje
a este símbolo de la energía, de la fuerza y lo primitivo.
La obra hace un perfecto contraste con las fotografías de
los vaqueros de Richard Prince.
En este zig zag constante entre lo moderno y lo posmoderno, se
encuentra la obra de Mathew Barney. Se trata de dibujos realizados
con pluma bajo el tema del sexo, la ambigüedad y las restricciones
del trabajo. Sobre mesas-vitrinas de estilo barroco realizadas en
cristal de murano, Mathew Barney dispuso en el interior marcos tipo
neoclásicos hechos con plástico inyectado y colocó
una sustancia química que da la apariencia de hongos como
los que se producen en los alimentos descompuestos. Dentro de estos
marcos coloca pequeños dibujos hechos sobre papel con plumilla
que representan órganos sexuales femeninos y masculinos.
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Patricia Piccinini. Detalle
de escultura. 2003 |
| La obra tiene bastante de Francis
Picabia o de los dibujos realizados por Duchamp en el Gran Cristal
hace más de cincuenta años. Pero la diferencia es
que Barney es ahora uno de esos artistas que se dedican a hacer
superproducciones visuales que nada tienen de individual y sí
mucho de la industria del entretenimiento.
Al observar el conjunto uno puede percibir que efectivamente el
arte de hoy es una traducción de paradigmas antiguos, en
ocasiones una traducción plagada de errores y equívocos
que forman parte de ese sistema de representación que llamamos
arte contemporáneo. |
| De
lo espectacular a lo minimalista y lo grotesco
Entre los pabellones destaca el de Gran Bretaña que presenta
la obra del artista de origen africano Chris Ofili, que lleva por
título Afro Kaleidoscope. Una serie de pinturas realizadas
con pigmentos brillantes en un estilo puntillista que recogen escenas
de amor de parejas negras, versiones paganas de los rituales religiosos
e ironías de símbolos como la célebre Union
Black (Union Jack es el nombre que recibe la bandera británica).
La instalación esta presentada en cuartos pintados de verde
brillante y rojo, que alternan con pasillos negros. El uso de color
y de la iluminación genera un monocromatismo y luminosidad
similar a la de las pinturas sobre terciopelo negro que adornan
los mercados de artesanías en Tijuana.
Un tema similar al de Ofilli fue el que presentó en el
pabellón de Estados Unidos la obra de Fred Wilson, cuyo tema
es la presencia de la raza negra en Venecia, los mal llamados moros,
árabes islámicos que desde el siglo XII tenían
presencia efectiva en Venecia. Tomando referencias cinematográficas
del Otelo de Shakespeare, el artista presenta esculturas e instalaciones
que ironizan la vinculación entre un pasado pomposo donde
la negritud es totalmente ignorada. Una de las instalaciones es
un baño recubierto con azulejos blancos y negros, acompañado
de la proyección de las diferentes producciones cinematográficas.
La exposición tiene algo de políticamente correcto
y es una especie de revés a una Europa que, como en el caso
de la instalación de Santiago Sierra, hoy cierra las puertas
a la inmigración árabe. |

Chris Ofilli. Detalle
de pintura. 2003
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| Fallida resultó la propuesta de Jean Marc
Bustamante en el pabellón francés. Una serie de retratos
de mujeres inmigrantes en Francia alternan con pinturas abstractas
realizadas sobre acrílico. Canadá presenta la obra de
la artista Jana Sterbak, un video en doce pantallas simultaneas que
esta realizado desde el punto de vista de un perro que corre detrás
de un tejón atravesando la blancura de la estepa canadiense.
Se trata de una obra espectacular en su realización que no
obstante deja un sabor de vacío. Mas cerebral y minimalista
es la obra del polaco Stanislaw Drozdz. En una enorme sala de unos
veinte metros de largo por ocho de ancho el artista ha cubierto de
piso a techo la pared con miles de dados. Al centro una mesa con terciopelo
verde ofrece al publico jugar con dados para involucrarlo en un juego
de probabilidades infinitas. |
El pabellón de Venezuela
aparece cerrado, censurado por las autoridades de ese país.
Varios artistas hacen guardia y denuncian la intervención
del gobierno contra la libre expresión del arte.
En general la presencia latinoamericana en pabellones dejó
mucho que desear, sin proyectos que presentaran una visión
critica del arte o de los contextos sudamericanos. Brasil esta vez
presentó la obra de Beatriz Milhazes y Rossangela Renno,
que son pinturas llenas de objetos decorativos y tramados coloridos,
reminiscencias de las propuestas abstractas de los años sesenta.
Los jardines de la bienal son el pasado de un evento que fue el
parámetro del arte europeo en el siglo XX, pero que en la
actualidad se ha convertido en un tour de force de un gran derroche
de recursos y pobreza de propuestas. El primer premio otorgado por
el jurado de la bienal al pabellón de Luxemburgo, donde expuso
la artista china Su-Mei Tse y que casi nadie visitó, es una
prueba de que la inventiva no está asociada a la espectacularidad.
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Demian Hirst. Instalación.
2003
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