La Bienal de Venecia, una utópica dictadura del público.

Replica21

José Manuel Springer

Glen BrownGlen Brown. 2003.

La más reciente versión de la Bienal de Venecia se inauguró en junio en los jardines, los antiguos astilleros venecianos y una cincuentena de espacios, bajo una ola de calor y humedad que indiscutiblemente tuvieron un efecto negativo en la apreciación de las veintiséis muestras que integran este evento. La exhibición principal, que podría ser considerada como la olimpiada de las artes, lleva por titulo Sueños y conflictos, la dictadura del espectador y cuenta con la participación de artistas de más de 80 nacionalidades. El arte contemporáneo mexicano, que hoy por hoy goza de buena reputación en Europa, está representado parcialmente en la curaduría de Gabriel Orozco. El artista seleccionó a cuatro mexicanos, un estadunidense y un francés.

Para Francesco Bonami, curador en jefe del evento y de tres de las exposiciones principales, la edición número 50 de la bienal expresa la diversidad y el cambio en el arte a través de una gran variedad de lenguajes. Durante el discurso de inauguración Bonami señaló que su objetivo es que el curador deje de jugar un papel omnipresente en la interpretación de la bienal, como suele suceder en este tipo de eventos internacionales, y que sea el visitante quien determine la lectura de las obras por sí mismo.
“El plan es armar la exposición utilizando muchos mapas, con diferentes itinerarios y visiones que expresen el necesariamente contradictorio panorama del mundo actual”, señaló Francesco Bonami.

Sarah LucasSarah Lucas. Detalle.
2003.

“En esta edición de la Bienal la atención ha sido puesta sobre el individuo, para hacerlo consciente de la posibilidad de reconstruir una experiencia propia, a través de su imaginación, dentro de la fragmentación de los lenguajes artísticos. El propósito de la exposición es que el publico se convierta en dictador de su propio tiempo, de su propia experiencia e imaginación, cruzando las fronteras y las diferencias entre curadores, y manteniendo la proporción humana”.

Para Bonami, la era de globalización está constituida por una infinidad de microcosmos; la tecnología ha cancelado la distancia entre comunicaciones y ha dado origen a una contaminación y comparación entre mundos totalmente distintos. “Es por tanto que tenemos la obligación de inventarnos y crear una camino propio a través de la complejidad de sus muchos fragmentos”, declaró durante la inauguración del evento. La crítica, no obstante, no comparte esta idea y en general se responsabiliza a Bonami de haber creado una exposición sin un punto de vista crítico y medianamente coherente.

Desde la entrada a Venecia, frente a la estación ferroviaria, el publico visitante puede encontrar la obra de Jeppe Hein: una fuente donde niños y adultos penetran al cuadrángulo de chorros de agua para refrescarse del aplastante calor veneciano. Con este tipo de obras, según Bonami, la obra de la bienal interviene directamente en el tejido urbano, más allá de los espacios de exhibición tradicionales. Una idea que por supuesto no es exclusiva de esta bienal.

Carol RamaCarol Rama. Detalle.
2003.

No obstante, los venecianos no parecen muy interesados en los eventos de la bienal. El enredado trazo urbano de la ciudad, su reducido tamaño y la gran cantidad de visitantes que recibe (en la edición anterior de la bienal 250 mil personas visitaron la exposición en tres meses), provoca un sentido de menosprecio y tedio por parte de la población local. La contemporaneidad no es algo que pueda interesar a los habitantes de una ciudad que cuenta con tantas expresiones artísticas centenarias. Roberto Macetto, artista residente en Venecia y dueño del taller de gráfica La Estamperia, señala. “Este tipo de eventos utilizan a Venecia como un marco de prestigio, turístico, pero nada tienen que ver con el arte que se hace en la ciudad natal de Tiziano. Es solo un atractivo que hace ver a la bienal como algo muy exclusivo”. Sin embargo, reconoció que le gustaría visitar la bienal cuando se vaya el turismo, en el mes de septiembre.

Para atraer a un público interesado en el diálogo entre el pasado y el presente, Francesco Bonami seleccionó una exposición de corte histórico en el museo Correr, ubicado en los portales de la famosa Plaza de San Marcos. La muestra analiza la evolución de la pintura desde 1964 hasta la actualidad. Según Bonami con el premio otorgado ese año en la Bienal de Venecia a Robert Rauschenberg se reconoce su trayectoria, específicamente el haber transformado la tela de la pintura en una pantalla, dejando de lado la inmovilidad característica de este medio para convertirlo en una lente de observación de los cambios ocurridos en la sociedad.

Si uno se guía por los títulos de alguna de las seis muestras que forman parte de la de la propuesta, es posible detectar un interes en la provocación, la subversión, el juego, la tecnología y la vida. En contraste, el objetivo de la edición 49 de la bienal (2001) fue cerrar un siglo de arte que se emancipó del público para hablar de sí mismo sobre su propia plataforma. La intención de Bonami es presentar un arte que propone ideas al público para que este las considere desde su contexto social.

Prueba de lo anterior es Retrasos y Revoluciones, una de las muestras curadas por la mano de Bonami que parte de la consideración de que el significado de la obra no es estable y está sujeto a lecturas, desviaciones, repeticiones y retrasos. Lo cual queda en evidencia en la manera en que los artistas asiáticos, africanos y sudamericanos interpretan las vueltas de tuerca de la modernidad en sus respectivos países.

Nueve curadores fueron invitados a participar en la organización de seis exposiciones. Líneas de fractura, arte contemporáneo de África y el paisaje cambiante, es una de las muestras presentadas en la zona conocida como El Arsenal. La curadora Gilane Tawadros presenta la ruptura del arte africano con la tradición y la reelaboración de esta última. En la obra de los artistas Sabah Naim (cuadros realizados a partir de imágenes tomadas de la prensa) resaltan los efectos del colonialismo y el postcolonialismo: la guerra interracial, la migración y la diáspora africana. En los autorretratos de Rotimi Fani-Kayode es patente el uso del ritual junto al cuestionamiento de la autenticidad como elemento fundador del arte. Las fotografías de Zarina Bhimji hacen referencia a la multiplicidad de identidades africanas y la dificultad de insertar la modernidad en un paisaje brutalmente arrasado por los intereses económicos y las pandemias. Un remanso de dignidad y de apreciación por este continente, origen del hombre, se puede ver en el video de Sabah Naim que presenta a un ejecutante de la tabla, el conocido tambor del norte de África de sonido potente y místico. El segmento asiático de la muestra, quizá el más caótico y numeroso de las curadurias encargadas por Bonami, refleja la penetración de los valores occidentales en su sociedad.

La curaduría de Orozco

Gabriel OrozacoGabriel Orozco. Detalle de
instalación. 2003.

En las instalaciones del Arsenal, el antiguo astillero militar de la ciudad, se presentó también la curaduría de Gabriel Orozco, que incluye a los artistas Abraham Cruzvillegas, Jimmie Durham, Daniel Guzmán, Jean-Luc Moulène, Damián Ortega y Fernando Ortega. Bajo el título Lo cotidiano alterado Orozco ofreció al público una colección de objetos muy típicos de su gusto, cosas pequeñas, piedras, tiras de madera, que hacen eco del trabajo artístico de Orozco.

En una nave industrial del tamaño de una cancha profesional de basketball las obras parecían nadar en el espacio, colocadas sobre el piso o colgadas del techo. La escultura móvil hecha de barriles de petróleo de Daniel Guzmán marcaba un alto en el recorrido extenuante por las salas previas. Una pieza que llamaba la atención fue la instalación de Damián Ortega, un Volskwagen sedan desarmado de manera que se puede ver claramente la estructura del vehículo. Resulta una versión masculina de la famosa pieza de Orozco, el Citröen cortado por la mitad y reunificado, solo que esta presenta el automóvil desmembrado, volando en el aire, que por oposición al Citröen alude a connotaciones masculinas. A juzgar por el número de gente que se detenía a verla esta fue quizá una de las piezas que más llamaron la atención. En general el público deambulaba por los pasillos y si acaso dedicaba un minuto a una pieza; el calor no contribuía a la contemplación y muchas veces la museografía solo lograba aumentar la temperatura y la frustración de los visitantes.

Daniel GuzmánDaniel Guzmán. Instalación. 2003.

En un encuentro con la prensa durante la inauguración, Orozco señaló que los criterios para su selección están basados en el conocimiento de la obra y la amistad que tiene desde hace años con la mayoría de ellos. A la pregunta de por qué solo seis artistas, mientras que otros curadores incluyeron a muchos más, el curador mexicano simplemente declaró con una sonrisa: “Seis me parece mejor que siete”.

“Mi intención es crear una topografía, un espacio abierto donde el objeto artístico pueda dialogar con el espacio real, basado en la tridimensionalidad. El arte es un juego que tiene una especificidad contextual, los objetos artísticos son objetos del conocimiento que nos ayudan a reconstruir el principio de las cosas. Si analizamos el origen de los deportes y los juegos como el Go (chino) el ajedrez o el béisbol, nos damos cuenta que cada uno de ellos nos da una idea sobre la especificidad cultural de la cultura que les dio origen. Y cada uno tiene una forma de presentar el espacio y las reglas. El ajedrez tiene reyes y reinas que se mueven en un espacio especifico”.

Dentro del contexto de la bienal, en el que varios de los curadores invitados trataron temas como el arte social, el arte de protesta, la transformación del espacio urbano, el conflicto territorial, la idea de la exposición de Orozco parece quedarse a la zaga de las grandes declaraciones e intenciones. Sobre el particular Orozco refirió: “La exposición es critica, pero tiene humor y fantasía. Es una exposición sobria que no le grita a la gente y tampoco es un espectáculo, porque el espectáculo es una forma de control. En la muestra los objetos juegan con la intimidad, con el silencio. No deseo masificar al espectador hablando de los grandes temas. Me gusta que la exposición sea diferente a todas las demás”.

Al interrogarlo sobre por qué incluyó a un grupo de artistas especifico de México (todos los artistas mexicanos presentes forman parte del establo de la galería Kurimanzuto), Orozco me respondió que la mayoría vive en México y son gente que está interesada en el contexto urbano. “Jimmie Durham (artista cheroke que vivió en México durante siete años) es un caminante que le gusta incluir el humor como parte importante de su obra. A Jean-Luc Moulène lo conocí en la penúltima edición de la Documenta, es un artista que crea objetos lúdicos, que ha ido atesorando en su estudio y que creo que deberían ser vistos por el publico”.La Bienal cuenta también con la participación de otros dos artistas mexicanos que fueron seleccionados. Pedro Reyes, artistas interesado en las intervenciones arquitectónicas, participa en la exposición La estructura de la sobre vivencia, organizada por Carlos Basualdo, una muestra que parte de las propuestas neo concretas brasileñas y corre la línea entre la arquitectura y la escultura arquitectónica.

Abraham Cruz VillegasAbraham Cruz Villegas.
"Objetos". 2003.

 

 

El otro mexicano, Iñaki Bonillas presenta una instalación en la sección Utopía, curada por Hans Ulrich Obrist, Molly Nesbit y Rirkrit Tiravanija. Las propuestas de este segmento parecían una realización de espacios hechos de materiales efímeros e impresos. Algunas obras estaban encerradas en contenedores de madera que debido a la alta temperatura era un tormento ver en detalle, especialmente cuando decenas de visitantes recorrían los cuartos como en un hormiguero. De los más de 150 artistas incluidos en esta sección pocos quedan en la memoria: Yoko Ono, con una instalación de platos rotos llamando a la paz; la francesa Dominique González Forrester con una cabaña de madera que encerraba una tienda de tul blanco; el taller holandés van Lieshout, un colectivo que presentaba una serie de excusados y urinarios de ecológicamente diseñados. Pero en general aquí imperaba el caos y la improvisación y la buena voluntad, que caracteriza a las utopías cuando se les lleva a la realidad.Destaca la exposición curada por Catharine David, ex curadora del museo Georges Pompidou y la Documenta X. David hace una exégesis del arte realizado en el medio oriente, un arte orientado a la documentación de los conflictos sucedidos en esta región a raíz de los enfrentamientos entre el mundo árabe e Israel. Con el titulo Contemporary Arab Representations la curadora intenta dar una visión de la situación de una región cultural, errónea e insuficientemente representada en los medios occidentales.

En general las exposiciones del Arsenal están dedicadas a retratar la perfieria experimental del arte, haciendo referencias a situaciones particulares de diferentes regiones que están experimentados cambios culturales acelerados como es el caso de Asia-Pacifico, África y Europa Oriental.

Santiago SierraSantiago Sierra, Instalación
Pabellón Español. 2003.

El contraste entre los medios utilizados en la mayoría de estas obras, que son productos reciclados o manufacturados pobremente, con la obra de la sala central Padiglione nos da la idea de las diferencias entre el concepto europeo de arte y la revolución alternativa que se genera en las fronteras. Las muestras destacan por contar con artistas poco conocidos en el mundo artístico que han abandonado los medios tradicionales para hablar libremente de la sociedad, su entorno, la globalización y la individualidad.

Los pabellones nacionalesLa controversia vuelve a rodear a la Bienal de Venecia, esta vez la obra del español Santiago Sierra dejó al público estupefactos y, claro, las críticas e indignación no se hicieron esperar. Que si se trata de un acto de racismo, que sí es un reflejo de la nueva exclusividad europea, que si esto es arte.

La instalación de Sierra es uno de los extremos políticos de la propuesta de la bienal, el otro extremo tiende hacia la estético y se trata del arte realizado como una superproducción hollywoodense, como sucede con la propuesta de la australiana Patricia Piccinini, que recurre a técnicas y materiales sofisticados para crear seres que son una mezcla entre un cuadrúpedo canino y un ser humano. Es difícil hablar de esculturas debido a que se trata de criaturas que parecen salidas de los sets cinematográficos de películas como Harry Potter o El señor de los Anillos.

Patricia PiccininiPatricia Piccinini. Escultura.
2003

Una vez que he cruzado el umbral de entrada de los jardines de la bienal, lugar donde se concentran las representaciones nacionales participantes, el primer pabellón es el de España. Una multitud se arremolina a la entrada de este edificio de unos veinte metros de frente por cinco de alto, rodeando a Santiago Sierra y Rosa Martínez, curadora del pabellón. Bajo el título Palabra Tapada, el artista radicado en México se propuso envolver nombre ESPAÑA en papel periódico para ocultarlo, en una referencia a la eliminación de la nacionalidad y de sus significados políticos e históricos.

La otra parte de la instalación Muro cerrando un espació consistió en clausurar la entrada al pabellón con una pared de bloques de arena. Al ingresar solo es posible observar a izquierda y derecha los restos de un baño y un pequeño almacén en desuso. Un letrero anuncia: Entrada por la parte posterior del pabellón únicamente (sic) para españoles con carta de identidad. Uno cree que se trata de una broma o que con una acreditación de prensa se puede entrar. Pero no. La sorpresa viene cuando en la entrada posterior del pabellón dos policías italianos detienen a cuanto visitante se acerca. Los uniformados exigen el documento de identidad español y en caso de no contar con el niega la entrada. Intenté acercarme y presentar mi gafete de prensa, pero al igual que a otros colegas nos fue rotundamente negado el permiso de ingreso. Algunos españoles se acercan, muestran su documento e ingresan, sin problema alguno. Los que llegan sin documento de identidad se encuentran con que tampoco les es permitida la entrada, a pesar de su acento obviamente ibérico.

Las especulaciones no se hacen esperar. ¿Qué clase de obra es esta que nadie puede ver a menos que sea español? ¿Qué hay adentro del pabellón? Por ahí alguien intenta responder: “Es una forma de hacernos sentir la exclusividad, el derecho a pertenecer a una nacionalidad”. El hecho es que frente a la negativa, uno siente en carne propia la exclusividad de las políticas migratorias de cualquier país que recibe a inmigrantes, pero también pone en duda la supuesta independencia del arte respecto a otros sistemas sociales. El espacio español fue convertido en un espacio segregacionista y dictatorial.

A unos pasos se encuentra el otro lado de la moneda, en el pabellón de Holanda. Afuera del edificio el artista Erik van Lieshout construyó una carpa con paredes de aglomerado, recubierta con alfombras viejas. Dentro de la carpa se presenta un video, pocos se atreven a entrar porque el calor es abrasador y un lugar sin aire acondicionado es la muerte. Las sillas de la pequeña sala son una replica barata de diseñador holandés de Gerrit Rietveld, están armadas con madera reciclada. En el video el artista se dedica a seguir con una cámara de video a policías que hacen chequeos de rutina a jóvenes en las ciudades holandesas en busca de armas o drogas duras. El mismo artista es cateado por la policía. Vienen a la mente los videos del mexicano Yoshua Okon, en los que el enfrentamiento con la autoridad es el motivo central.

Carlos AmoralesCarlos Amorales. "Zapatos Devil".
2003.

El pabellón de Holanda es una selección de seis artistas, cuatro de ellos extranjeros y dos nacionales. Somos el mundo es el título del envío holandés. La intención es señalar esa apertura hacia lo multicultural que caracterizó a ese país, hasta la llegada de la ultraderecha al poder. A la entrada hay un gran bar abarrotado de botellas de vodka con gingerale, una bebida que ha sido patentada y distribuida exclusivamente para este evento por el artista originario de la República de Benin, Meschac Gaba. A la derecha del bar se extienden varias mesas de trabajo con plantillas de piel y moldes recortados listos para ser transformados en botines de color rojo. Son los zapatos Devil, una marca creada por el mexicano Carlos Amorales para hacer una paráfrasis de Nike, Adidas y otras grandes trasnacionales del la industria del calzado. Para el artista es una forma de introducir al publico europeo en una maquiladora, un lugar que quizá para muchos de los visitantes es totalmente desconocido.

Sobre las mesas de trabajo se encuentran anaqueles con decenas de botines de plástico brillante. Carlos Amorales luce feliz, el museo Beuymans van Boningen de Rotterdam, compró dos de estas piezas. La instalación es un éxito, la gente se detiene a trabajar, utilizan la maquina de coser para hacer diseños sobre los zapatos y concluyen su trabajo sin recibir pago alguno. El sentido de la plusvalía y de la explotación laboral de pronto se vuelve un juego dentro de una exposición.

La artista española Alicia Framis forma parte del pabellón holandés. Su instalación consiste en un cuadrángulo de tierra húmeda sobre el cual el publico es invitado a dibujar con un cuchillo sobre la superficie. También incluida en este pabellón esta la holandesa , que realizó una serie de diseños de moda que son presentados en una pasarela muy sui generis. Las modelos de estas prendas son mujeres de color que como estatuas se colocan a la salida de estadios de fútbol, indiferentes a lo que sucede a su alrededor.

Retrasos y revoluciones

La bienal es una romería de gente y modas, desde lo extravagante hasta alternativo conviven en los pabellones. Es notoria la falta de organización, la ausencia de planeación es notoria: faltan lugares donde conseguir algo que beber y botes de basura, poco a poco los jardines y pabellones se van convirtiendo en basureros improvisados . Pero nada parece detener al ejercito de visitantes que asisten a la inauguración.

En el pabellón principal de la bienal, llamado Padiglione, se encuentra la exposición del curador de la bienal Francesco Bonami. Bajo el titulo Retrasos y Revoluciones Bonami y Daniel Birnbaum presentan una muestra de arte que recoge la obra de 47 artistas.

Dentro de esta sección se encuentra la obra de Gabriel Orozco, una enorme reconstrucción en madera de un techo idéntico que se encuentra en las inmediaciones de este museo-galería. Se trata de una pieza elevada como un techo, que esta sostenida por tres bolas metálicas sobre columnas elípticas. El juego de replica entre la estructura antigua y la pieza de Orozco hace referencia al espacio que queda entre los círculos de la estructura, ese espacio negativo que rara vez observamos pero que forma parte integral de la arquitectura y la escultura.

Gabriel OrozcoGabriel Orozco. Instalación. 2003.

Para Bonami muchas de las obras de esta exposición representan regresos y recurrencias, son puntos de partida de una nueva vanguardia que retoma las propuestas de un Marcel Duchamp, de un Andy Warhol. La pieza del artista ingles Demian Hirst es un ejemplo de su preocupación por un arte que devuelve la vida al espectador. Sobre un gran muro de espejos ha colocado unas cinco mil cápsulas y pastillas de todas formas y colores, como una especie de botica de la industria farmacéutica, en la que se refleja la preocupacion por la vida y la salud.

En las ultimas dos décadas el arte se ha concentrado en la repetición de ideas y propuestas del arte Moderno. La publicidad ha dado origen también a una serie de respuestas meditadas por parte de los artistas. Tal es el caso de la obra del norteamericano Richard Prince que a lo largo de una enorme sala reproduce en enormes fotografías las carteleras espectaculares de los anuncios de Marlboro, con vaqueros montados en cabalgaduras rodeados de la grandeza del desierto norteamericano.

Patricia PiccininiPatricia Piccinini.
Detalle de escultura. 2003

Una de las obras mas fuertes es la del artista belga Berlinde de Bruyckere, que recuerda la experimentación del grupo mexicano SEMEFO en los 90. Se trata de un caballo tamaño natural que aparece totalmente doblado sobre si mismo cuerpo con la cabeza metida entre las patas. La obra se presenta sobre una mesa como una homenaje a este símbolo de la energía, de la fuerza y lo primitivo. La obra hace un perfecto contraste con las fotografías de los vaqueros de Richard Prince.

En este zig zag constante entre lo moderno y lo posmoderno, se encuentra la obra de Mathew Barney. Se trata de dibujos realizados con pluma bajo el tema del sexo, la ambigüedad y las restricciones del trabajo. Sobre mesas-vitrinas de estilo barroco realizadas en cristal de murano, Mathew Barney dispuso en el interior marcos tipo neoclásicos hechos con plástico inyectado y colocó una sustancia química que da la apariencia de hongos como los que se producen en los alimentos descompuestos. Dentro de estos marcos coloca pequeños dibujos hechos sobre papel con plumilla que representan órganos sexuales femeninos y masculinos.

La obra tiene bastante de Francis Picabia o de los dibujos realizados por Duchamp en el Gran Cristal hace más de cincuenta años. Pero la diferencia es que Barney es ahora uno de esos artistas que se dedican a hacer superproducciones visuales que nada tienen de individual y sí mucho de la industria del entretenimiento.

Al observar el conjunto uno puede percibir que efectivamente el arte de hoy es una traducción de paradigmas antiguos, en ocasiones una traducción plagada de errores y equívocos que forman parte de ese sistema de representación que llamamos arte contemporáneo.

Chris OfilliChris Ofilli. Detalle de pintura.
2003
De lo espectacular a lo minimalista y lo grotesco

Entre los pabellones destaca el de Gran Bretaña que presenta la obra del artista de origen africano Chris Ofili, que lleva por título Afro Kaleidoscope. Una serie de pinturas realizadas con pigmentos brillantes en un estilo puntillista que recogen escenas de amor de parejas negras, versiones paganas de los rituales religiosos e ironías de símbolos como la célebre Union Black (Union Jack es el nombre que recibe la bandera británica). La instalación esta presentada en cuartos pintados de verde brillante y rojo, que alternan con pasillos negros. El uso de color y de la iluminación genera un monocromatismo y luminosidad similar a la de las pinturas sobre terciopelo negro que adornan los mercados de artesanías en Tijuana.

Un tema similar al de Ofilli fue el que presentó en el pabellón de Estados Unidos la obra de Fred Wilson, cuyo tema es la presencia de la raza negra en Venecia, los mal llamados moros, árabes islámicos que desde el siglo XII tenían presencia efectiva en Venecia. Tomando referencias cinematográficas del Otelo de Shakespeare, el artista presenta esculturas e instalaciones que ironizan la vinculación entre un pasado pomposo donde la negritud es totalmente ignorada. Una de las instalaciones es un baño recubierto con azulejos blancos y negros, acompañado de la proyección de las diferentes producciones cinematográficas. La exposición tiene algo de políticamente correcto y es una especie de revés a una Europa que, como en el caso de la instalación de Santiago Sierra, hoy cierra las puertas a la inmigración árabe.

Fallida resultó la propuesta de Jean Marc Bustamante en el pabellón francés. Una serie de retratos de mujeres inmigrantes en Francia alternan con pinturas abstractas realizadas sobre acrílico. Canadá presenta la obra de la artista Jana Sterbak, un video en doce pantallas simultaneas que esta realizado desde el punto de vista de un perro que corre detrás de un tejón atravesando la blancura de la estepa canadiense. Se trata de una obra espectacular en su realización que no obstante deja un sabor de vacío. Mas cerebral y minimalista es la obra del polaco Stanislaw Drozdz. En una enorme sala de unos veinte metros de largo por ocho de ancho el artista ha cubierto de piso a techo la pared con miles de dados. Al centro una mesa con terciopelo verde ofrece al publico jugar con dados para involucrarlo en un juego de probabilidades infinitas.

Demian HirstDemian Hirst. Instalación. 2003.

El pabellón de Venezuela aparece cerrado, censurado por las autoridades de ese país. Varios artistas hacen guardia y denuncian la intervención del gobierno contra la libre expresión del arte.

En general la presencia latinoamericana en pabellones dejó mucho que desear, sin proyectos que presentaran una visión critica del arte o de los contextos sudamericanos. Brasil esta vez presentó la obra de Beatriz Milhazes y Rossangela Renno, que son pinturas llenas de objetos decorativos y tramados coloridos, reminiscencias de las propuestas abstractas de los años sesenta.

Los jardines de la bienal son el pasado de un evento que fue el parámetro del arte europeo en el siglo XX, pero que en la actualidad se ha convertido en un tour de force de un gran derroche de recursos y pobreza de propuestas. El primer premio otorgado por el jurado de la bienal al pabellón de Luxemburgo, donde expuso la artista china Su-Mei Tse y que casi nadie visitó, es una prueba de que la inventiva no está asociada a la espectacularidad.

 

 

 

 

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Fecha de publicación: 04.08.2003