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La Bienal de Venecia, una utópica
dictadura del público. |
50 Bienal de Arte
Venecia, Italia
Junio 2003 |
La más reciente versión
de la Bienal de Venecia se inauguró en junio en los jardines,
los antiguos astilleros venecianos y una cincuentena de espacios,
bajo una ola de calor y humedad que indiscutiblemente tuvieron un
efecto negativo en la apreciación de las veintiséis
muestras que integran este evento. La exhibición principal,
que podría ser considerada como la olimpiada de las artes,
lleva por titulo Sueños y conflictos, la dictadura del espectador
y cuenta con la participación de artistas de más de
80 nacionalidades. El arte contemporáneo mexicano, que hoy
por hoy goza de buena reputación en Europa, está representado
parcialmente en la curaduría de Gabriel Orozco. El artista
seleccionó a cuatro mexicanos, un estadunidense y un francés.
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Para Francesco
Bonami, curador en jefe del evento y de tres de las exposiciones principales,
la edición número 50 de la bienal expresa la diversidad
y el cambio en el arte a través de una gran variedad de lenguajes.
Durante el discurso de inauguración Bonami señaló
que su objetivo es que el curador deje de jugar un papel omnipresente
en la interpretación de la bienal, como suele suceder en este
tipo de eventos internacionales, y que sea el visitante quien determine
la lectura de las obras por sí mismo.
“El plan es armar la exposición utilizando muchos mapas,
con diferentes itinerarios y visiones que expresen el necesariamente
contradictorio panorama del mundo actual”, señaló
Francesco Bonami.
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Glen Brown. 2003
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| “En esta edición
de la Bienal la atención ha sido puesta sobre el individuo,
para hacerlo consciente de la posibilidad de reconstruir una experiencia
propia, a través de su imaginación, dentro de la fragmentación
de los lenguajes artísticos. El propósito de la exposición
es que el publico se convierta en dictador de su propio tiempo,
de su propia experiencia e imaginación, cruzando las fronteras
y las diferencias entre curadores, y manteniendo la proporción
humana”.
Para Bonami, la era de globalización
está constituida por una infinidad de microcosmos; la tecnología
ha cancelado la distancia entre comunicaciones y ha dado origen
a una contaminación y comparación entre mundos totalmente
distintos. “Es por tanto que tenemos la obligación
de inventarnos y crear una camino propio a través de la complejidad
de sus muchos fragmentos”, declaró durante la inauguración
del evento. La crítica, no obstante, no comparte esta idea
y en general se responsabiliza a Bonami de haber creado una exposición
sin un punto de vista crítico y medianamente coherente.
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Desde la entrada a Venecia,
frente a la estación ferroviaria, el publico visitante puede
encontrar la obra de Jeppe Hein: una fuente donde niños y
adultos penetran al cuadrángulo de chorros de agua para refrescarse
del aplastante calor veneciano. Con este tipo de obras, según
Bonami, la obra de la bienal interviene directamente en el tejido
urbano, más allá de los espacios de exhibición
tradicionales. Una idea que por supuesto no es exclusiva de esta
bienal.
No obstante, los venecianos no parecen
muy interesados en los eventos de la bienal. El enredado trazo urbano
de la ciudad, su reducido tamaño y la gran cantidad de visitantes
que recibe (en la edición anterior de la bienal 250 mil personas
visitaron la exposición en tres meses), provoca un sentido
de menosprecio y tedio por parte de la población local. La
contemporaneidad no es algo que pueda interesar a los habitantes
de una ciudad que cuenta con tantas expresiones artísticas
centenarias. Roberto Macetto, artista residente en Venecia y dueño
del taller de gráfica La Estamperia, señala. “Este
tipo de eventos utilizan a Venecia como un marco de prestigio, turístico,
pero nada tienen que ver con el arte que se hace en la ciudad natal
de Tiziano. Es solo un atractivo que hace ver a la bienal como algo
muy exclusivo”. Sin embargo, reconoció que le gustaría
visitar la bienal cuando se vaya el turismo, en el mes de septiembre. |

Sarah Lucas. Detalle de
instalación. 2003
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| Para atraer a un público interesado
en el diálogo entre el pasado y el presente, Francesco Bonami
seleccionó una exposición de corte histórico
en el museo Correr, ubicado en los portales de la famosa Plaza de
San Marcos. La muestra analiza la evolución de la pintura desde
1964 hasta la actualidad. Según Bonami con el premio otorgado
ese año en la Bienal de Venecia a Robert Rauschenberg se reconoce
su trayectoria, específicamente el haber transformado la tela
de la pintura en una pantalla, dejando de lado la inmovilidad característica
de este medio para convertirlo en una lente de observación
de los cambios ocurridos en la sociedad. |
Si uno se guía
por los títulos de alguna de las seis muestras que forman
parte de la de la propuesta, es posible detectar un interes en la
provocación, la subversión, el juego, la tecnología
y la vida. En contraste, el objetivo de la edición 49 de
la bienal (2001) fue cerrar un siglo de arte que se emancipó
del público para hablar de sí mismo sobre su propia
plataforma. La intención de Bonami es presentar un arte que
propone ideas al público para que este las considere desde
su contexto social.
Prueba de lo anterior es Retrasos y Revoluciones,
una de las muestras curadas por la mano de Bonami que parte de la
consideración de que el significado de la obra no es estable
y está sujeto a lecturas, desviaciones, repeticiones y retrasos.
Lo cual queda en evidencia en la manera en que los artistas asiáticos,
africanos y sudamericanos interpretan las vueltas de tuerca de la
modernidad en sus respectivos países.
Nueve curadores fueron invitados a participar
en la organización de seis exposiciones. Líneas de
fractura, arte contemporáneo de África y el paisaje
cambiante, es una de las muestras presentadas en la zona conocida
como El Arsenal. La curadora Gilane Tawadros presenta la ruptura
del arte africano con la tradición y la reelaboración
de esta última. En la obra de los artistas Sabah Naim (cuadros
realizados a partir de imágenes tomadas de la prensa) resaltan
los efectos del colonialismo y el postcolonialismo: la guerra interracial,
la migración y la diáspora africana. En los autorretratos
de Rotimi Fani-Kayode es patente el uso del ritual junto al cuestionamiento
de la autenticidad como elemento fundador del arte. Las fotografías
de Zarina Bhimji hacen referencia a la multiplicidad de identidades
africanas y la dificultad de insertar la modernidad en un paisaje
brutalmente arrasado por los intereses económicos y las pandemias.
Un remanso de dignidad y de apreciación por este continente,
origen del hombre, se puede ver en el video de Sabah Naim que presenta
a un ejecutante de la tabla, el conocido tambor del norte de África
de sonido potente y místico.
El segmento asiático de la muestra, quizá el más
caótico y numeroso de las curadurias encargadas por Bonami,
refleja la penetración de los valores occidentales en su
sociedad. |

Carol Rama. Detalle. 2003
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Gabriel Orozco. Detalle
de instalación. 2003 |
La curaduría
de Orozco
En las instalaciones del Arsenal, el antiguo
astillero militar de la ciudad, se presentó también
la curaduría de Gabriel Orozco, que incluye a los artistas
Abraham Cruzvillegas, Jimmie Durham, Daniel Guzmán, Jean-Luc
Moulène, Damián Ortega y Fernando Ortega. Bajo el
título Lo cotidiano alterado Orozco ofreció al público
una colección de objetos muy típicos de su gusto,
cosas pequeñas, piedras, tiras de madera, que hacen eco del
trabajo artístico de Orozco. |
En una nave industrial del
tamaño de una cancha profesional de basketball las obras
parecían nadar en el espacio, colocadas sobre el piso o colgadas
del techo. La escultura móvil hecha de barriles de petróleo
de Daniel Guzmán marcaba un alto en el recorrido extenuante
por las salas previas. Una pieza que llamaba la atención
fue la instalación de Damián Ortega, un Volskwagen
sedan desarmado de manera que se puede ver claramente la estructura
del vehículo. Resulta una versión masculina de la
famosa pieza de Orozco, el Citröen cortado por la mitad y reunificado,
solo que esta presenta el automóvil desmembrado, volando
en el aire, que por oposición al Citröen alude a connotaciones
masculinas. A juzgar por el número de gente que se detenía
a verla esta fue quizá una de las piezas que más llamaron
la atención. En general el público deambulaba por
los pasillos y si acaso dedicaba un minuto a una pieza; el calor
no contribuía a la contemplación y muchas veces la
museografía solo lograba aumentar la temperatura y la frustración
de los visitantes.
En un encuentro con la prensa durante
la inauguración, Orozco señaló que los criterios
para su selección están basados en el conocimiento
de la obra y la amistad que tiene desde hace años con la
mayoría de ellos. A la pregunta de por qué solo seis
artistas, mientras que otros curadores incluyeron a muchos más,
el curador mexicano simplemente declaró con una sonrisa:
“Seis me parece mejor que siete”. |
“Mi intención
es crear una topografía, un espacio abierto donde el objeto
artístico pueda dialogar con el espacio real, basado en la
tridimensionalidad. El arte es un juego que tiene una especificidad
contextual, los objetos artísticos son objetos del conocimiento
que nos ayudan a reconstruir el principio de las cosas. Si analizamos
el origen de los deportes y los juegos como el Go (chino) el ajedrez
o el béisbol, nos damos cuenta que cada uno de ellos nos
da una idea sobre la especificidad cultural de la cultura que les
dio origen. Y cada uno tiene una forma de presentar el espacio y
las reglas. El ajedrez tiene reyes y reinas que se mueven en un
espacio especifico”.
Dentro del contexto de la bienal, en el
que varios de los curadores invitados trataron temas como el arte
social, el arte de protesta, la transformación del espacio
urbano, el conflicto territorial, la idea de la exposición
de Orozco parece quedarse a la zaga de las grandes declaraciones
e intenciones. Sobre el particular Orozco refirió: “La
exposición es critica, pero tiene humor y fantasía.
Es una exposición sobria que no le grita a la gente y tampoco
es un espectáculo, porque el espectáculo es una forma
de control. En la muestra los objetos juegan con la intimidad, con
el silencio. No deseo masificar al espectador hablando de los grandes
temas. Me gusta que la exposición sea diferente a todas las
demás”. |

Daniel Guzmán. Instalación.
2003 |
| Al interrogarlo sobre por qué incluyó
a un grupo de artistas especifico de México (todos los artistas
mexicanos presentes forman parte del establo de la galería
Kurimanzuto), Orozco me respondió que la mayoría vive
en México y son gente que está interesada en el contexto
urbano. “Jimmie Durham (artista cheroke que vivió en
México durante siete años) es un caminante que le gusta
incluir el humor como parte importante de su obra. A Jean-Luc Moulène
lo conocí en la penúltima edición de la Documenta,
es un artista que crea objetos lúdicos, que ha ido atesorando
en su estudio y que creo que deberían ser vistos por el publico”.La
Bienal cuenta también con la participación de otros
dos artistas mexicanos que fueron seleccionados. Pedro Reyes, artistas
interesado en las intervenciones arquitectónicas, participa
en la exposición La estructura de la sobre vivencia, organizada
por Carlos Basualdo, una muestra que parte de las propuestas neo concretas
brasileñas y corre la línea entre la arquitectura y
la escultura arquitectónica. |
El otro mexicano,
Iñaki Bonillas presenta una instalación en la sección
Utopía, curada por Hans Ulrich Obrist, Molly Nesbit y Rirkrit
Tiravanija. Las propuestas de este segmento parecían una
realización de espacios hechos de materiales efímeros
e impresos. Algunas obras estaban encerradas en contenedores de
madera que debido a la alta temperatura era un tormento ver en detalle,
especialmente cuando decenas de visitantes recorrían los
cuartos como en un hormiguero. De los más de 150 artistas
incluidos en esta sección pocos quedan en la memoria: Yoko
Ono, con una instalación de platos rotos llamando a la paz;
la francesa Dominique González Forrester con una cabaña
de madera que encerraba una tienda de tul blanco; el taller holandés
van Lieshout, un colectivo que presentaba una serie de excusados
y urinarios de ecológicamente diseñados. Pero en general
aquí imperaba el caos y la improvisación y la buena
voluntad, que caracteriza a las utopías cuando se les lleva
a la realidad.Destaca la exposición curada por Catharine
David, ex curadora del museo Georges Pompidou y la Documenta X.
David hace una exégesis del arte realizado en el medio oriente,
un arte orientado a la documentación de los conflictos sucedidos
en esta región a raíz de los enfrentamientos entre
el mundo árabe e Israel. Con el titulo Contemporary Arab
Representations la curadora intenta dar una visión de la
situación de una región cultural, errónea e
insuficientemente representada en los medios occidentales.
CONTINUA
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Abraham Cruz Villegas.
"Objetos". 2003
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