Las palabras tienen
un sentido, de izquierda a derecha dicen. En sentido inverso esconden
algo: la voluntad de decir. Y Rubén Castillo ha tomado el
sentido inverso de las palabras para hablar del decir mismo que
encierran las palabras.
En la antiguo templo de Santa Teresa las palabras de Rubén
invocan imágenes. Nos devuelven en el espejo una forma de
ver, la definición de un momento o de una imagen llena de
infinito; una especie de cinta de moebius que lleva de la palabra
a la imagen de la palabra, del sentido al signo y viceversa.
Me gustan tanto sus frases impresas al revés sobre el altar,
los muros laterales de la nave, que no quisiera interpretarlas y,
por el contrario, prefiero dejarlas en la mente como una inscripción
de lo inefable, una imagen devota de la lengua.
Platón pensaba que el único artista era el poeta,
pues solo éste trabajaba con la mente y con una materia que
era creación humana exclusivamente: las palabras y su significado.
El pintor y el escultor imitaban a la naturaleza y en ese sentido
no creaban nada, replicaban lo que veían. El poeta inventa
el mundo, lo nombra. Realiza una creación a partir de la
nada.
Rubén Castillo, colombiano, performancero, dibujante, pintor
y calígrafo, lingüista, semiólogo, aficionado
a los espejos y palíndromos, se dedica a sembrar la duda
sobre el arte. Lo hace al presentar una definición del mismo
de derecha a izquierda, que habla de la sistematización y
la significación de unidades discursivas, cuando precisamente
lo que hace su caligrafía es romper la sistematización
y el significado, al eliminar las separaciones entre letras. Unir
los signos rompe los significados y la definición se vuelve
tan paradójica como tautológica. |