| En su estilo sublime,
reminiscente de Tintoretto y de la Escuela Veneciana de pintura,
Aceves muestra tres cuerpos tocados por la gracia, atrapados por
la muerte y envueltos en el éxtasis, respectivamente. La
más grande de las tres pinturas ocupaba todo un muro de la
galería, de unos seis metros de largo por dos de alto, integrada
por cinco paneles. El tamaño de las obras no era tan importantes
como la forma en que se imponían a la vista, con una potencia
y elocuencia que hacía que la gente mantuviera su distancia.
La galería efectivamente tenía una atmósfera
sacra, el del arte cuando toca la verdad, el bien y la belleza,
valores que hoy parecen haber desaparecido de las artes visuales,
siendo substituidas por la originalidad, la creatividad y lo antiestético.
Aquí es donde se encuentra el enfrentamiento entre lo sacro
y lo profano.
Pienso que un proyecto como el que ocupa a la pareja Aceves-Malvido
demuestra el cambio de paradigma del arte. Y no me refiero al fin
del arte, como señala el filosofo Arthur Danto, pero si de
la muerte de la carrera de artista y de la función del producto
artístico en el espacio social descrito por Pierre Bourdieu.
La fotografía realizada por Gabriela Malvido de El David
de Miguel Ángel, explora ese nuevo paradigma del arte. Construida
como una caja que reproduce cuatro ángulos de una forma la
fotografía deviene en un todo un evento. Más allá
de la pura imagen fotográfica, el hecho de cubrir la escultura
al colocar sobre ella una replica bidimensional de sí misma,
es una acción cuyo fin es reconstruir la mirada de una de
las esculturas más célebres del arte, proveniente
de uno de los periodos más célebres de la mirada estética,
como es el Renacimiento. El resultado: modificar la relación
que mantiene el arte con el momento actual, alterando su colocación
en el espacio social (hay que anotar que el original de esta escultura
que se encuentra en Florencia también está en una
plaza) y su relación con la mirada.
De la misma manera en que Marcel Duchamp se cuestiona el valor
de la Mona Lisa al dibujar sobre una reproducción de la misma
unos bigotes y el acrónimo LHOQQ (Ella tiene las nalgas
calientes, en traducción al castellano), Gabriela Malvido
encierra la réplica del David con una réplica fotográfica
para alertarnos sobre lo que vemos o lo que ya no vemos en la escultura:
No vemos su belleza clásica construida, su simbolismo cristiano
religioso, y su relación con la verdad y el bien. Vemos una
estructura estética heredada, un efigie masculina vanidosa
y la instrucción del campo de poder sobre la mirada social
(Bourdieu): Esto es bello y forma parte de nuestro capital simbólico,
por lo tanto ocupa un espacio público preponderante.
La noche que tuvo lugar la acción del Proyecto Sacro Profano
una grúa sostenía en el aire, la caja que cubriría
temporalmente la escultura. El público aguardaba curioso
y entusiasmado el acto de prestidigitación. A las nueve de
la noche, bajo la oscuridad, el artefacto fotográfico fue
deslizado suavemente sobre la escultura hasta cubrirla en su totalidad.
La acción fue una puesta en escena que desapareció
ante nuestros ojos la manera en que experimentamos la imagen, como
un fin en si misma, como algo que deleita nuestra vanidad, pero
cuántos en realidad se preguntan lo que significa la escultura
y su contexto. |