Sacro–profano projekt.
Una exploración sobre la mirada y la imagen

Replica21

José Manuel Springer

La transformación de una escultura en fotografía, eliminando su escencia tridimensional para convertirla en una imagen plana con cuatro caras, fue la conclusión del evento Sacro Profano Projekt realizado en la Plaza Río de Janeiro. Como parte del proyecto, Gustavo Aceves, el más apasionado pintor manierista de la generación de los 50, presentó tres obras monumentales en la galería Sans Filtre, ubicada frente a la citada plaza.

Gabriela Malvido

Gabriela MalvidoGabriela Malvido.

En su estilo sublime, reminiscente de Tintoretto y de la Escuela Veneciana de pintura, Aceves muestra tres cuerpos tocados por la gracia, atrapados por la muerte y envueltos en el éxtasis, respectivamente. La más grande de las tres pinturas ocupaba todo un muro de la galería, de unos seis metros de largo por dos de alto, integrada por cinco paneles. El tamaño de las obras no era tan importantes como la forma en que se imponían a la vista, con una potencia y elocuencia que hacía que la gente mantuviera su distancia. La galería efectivamente tenía una atmósfera sacra, el del arte cuando toca la verdad, el bien y la belleza, valores que hoy parecen haber desaparecido de las artes visuales, siendo substituidas por la originalidad, la creatividad y lo antiestético. Aquí es donde se encuentra el enfrentamiento entre lo sacro y lo profano.

Pienso que un proyecto como el que ocupa a la pareja Aceves-Malvido demuestra el cambio de paradigma del arte. Y no me refiero al fin del arte, como señala el filosofo Arthur Danto, pero si de la muerte de la carrera de artista y de la función del producto artístico en el espacio social descrito por Pierre Bourdieu.

La fotografía realizada por Gabriela Malvido de El David de Miguel Ángel, explora ese nuevo paradigma del arte. Construida como una caja que reproduce cuatro ángulos de una forma la fotografía deviene en un todo un evento. Más allá de la pura imagen fotográfica, el hecho de cubrir la escultura al colocar sobre ella una replica bidimensional de sí misma, es una acción cuyo fin es reconstruir la mirada de una de las esculturas más célebres del arte, proveniente de uno de los periodos más célebres de la mirada estética, como es el Renacimiento. El resultado: modificar la relación que mantiene el arte con el momento actual, alterando su colocación en el espacio social (hay que anotar que el original de esta escultura que se encuentra en Florencia también está en una plaza) y su relación con la mirada.

De la misma manera en que Marcel Duchamp se cuestiona el valor de la Mona Lisa al dibujar sobre una reproducción de la misma unos bigotes y el acrónimo LHOQQ (Ella tiene las nalgas calientes, en traducción al castellano), Gabriela Malvido encierra la réplica del David con una réplica fotográfica para alertarnos sobre lo que vemos o lo que ya no vemos en la escultura: No vemos su belleza clásica construida, su simbolismo cristiano religioso, y su relación con la verdad y el bien. Vemos una estructura estética heredada, un efigie masculina vanidosa y la instrucción del campo de poder sobre la mirada social (Bourdieu): Esto es bello y forma parte de nuestro capital simbólico, por lo tanto ocupa un espacio público preponderante.

La noche que tuvo lugar la acción del Proyecto Sacro Profano una grúa sostenía en el aire, la caja que cubriría temporalmente la escultura. El público aguardaba curioso y entusiasmado el acto de prestidigitación. A las nueve de la noche, bajo la oscuridad, el artefacto fotográfico fue deslizado suavemente sobre la escultura hasta cubrirla en su totalidad. La acción fue una puesta en escena que desapareció ante nuestros ojos la manera en que experimentamos la imagen, como un fin en si misma, como algo que deleita nuestra vanidad, pero cuántos en realidad se preguntan lo que significa la escultura y su contexto.

En varios sentidos el paradigma tradicional del arte -ofrecer el deleite basado en la percepción estética, siguiendo un canon occidental- fue transformado por la acción fotográfica. La instalación con la que se ocultó al David, revela la forma en que vemos el arte y como adquirimos conceptos mediante el aprendizaje más que por la experiencia directa de las formas. La fotografía no es una forma estética sino una veladura iconográfica que nos hace conscientes de nuestra mirada.

Gustavo AcevesGustavo Aceves

Uno es esclavo de lo que aprende. En muchos sentidos, la percepción del arte, su recepción en la sociedad, no es sino uno más de las estrategias de aprendizaje, del entrenamiento para ver. Conocer El Renacimiento, Miguel Angel Buonarrotti, El David, son el silabario del aprendizaje. Y no es sino hasta que llega una artista a interponer una imagen entre nosotros y el objeto artístico que nos damos cuenta de que el aprendizaje se ha convertido en acondicionamiento y que una venda cubre nuestra conciencia.

Gustavo AcevesGustavo AcevesGustavo AcevesGustavo AcevesPor otro lado tenemos la obra de Gustavo Aceves en la galería. Como he señalado más arriba la obra de mayor tamaño que ocupa la sala de la galería esta compuesta de cinco páneles. Uno de ellos, el central, tiene una forma alargada y reproduce de manera muy brusca la efigie del David, negando los detalles de la foma y creando un relieve a través del uso de telas encoladas a la tela. Formando una cruz con el David se encuentra un largo cuerpo en posición decubito dorsal, la imagen de un hombre joven yacente que nos sugiere la presencia de la muerte.

La obra que se encuentra en la pared lateral izquierda muestra un cuerpo masculino en un moviento de extasis, elevándose sobre un fondo azul profundo semejante a los cielos de un Tiziano. Su masa corporal esta armada con veladuras con el tonalismo característico de la escuela veneciana, usando colores sienna y ocre que constrastan con el azul lapizlázuli del fondo.

El principio dibujistico se impone en todas las pinturas más que el color. Las tres obras podrían bien encontrarse dentro de un templo religioso, como las realizadas por el Tintoretto para la iglesia de San Roque, en Venecia. Pero se encuentran dentro de una galería, que cumple con otra función y es quizá esto lo que nos hace percibirlas en su calidad estética sublime y no como símbolos devotos.

La tercera de ellas, colocada a la derecha de la imagen mortuoria produce un sentimiento de ascención a través del dibujo de dos piernas flexionadas y una mano izquierda pintada sobre un panel central. En la economía de los signos Aceves encuentra la pureza necesaria para lograr que la mirada se sienta envuelta en la belleza de sus trazos y volúmenes, sin que se pueda o se quiera reparar en fijar un significado específico.

En contraste con la fotografía de Gabriela Malvido las pinturas apelan a la percepción. Están hechas para la contemplación y el regocijo. Vemos en ellas el trabajo de creación presente ante la mirada. La fotografía siempre habla en pasado, nos dice esto sucedió. Es registro de algo que tuvo lugar. La pintura habla al presente, es presencia a la espera de una mirada que se detenga en ella para elaborar un significado nunca fijo.y descubrir su oficio.

El contraste entre las pinturas de Aceves y las fotografías de Malvido, ambas concentradas en la mirada estética pero con lecturas semánticas diferentes, permite ver con ojos críticos el sentido de la imagen artística en la actualidad. Alerta nuestro sentido estético para hacernos consciente del papel de la pasión por la verdad, por la creación. También ofrece un referente filosófico que lleva a indagar si el arte actual está centrado en la glosa, en la referencia del pasado que ocasiona una lectura nueva, o si nuestra mirada puede ser reeducada y nuestra experiencia reactivada para encontrar en lo contemporáneo un punto medio entre los conceptos sacro y profano, donde podamos obtener lo mejor de ambos.

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Fecha de publicación:12.01.2004