Santiago Borja, ver la mirada en el Museo del Chopo

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José Manuel Springer

Santiago Borja¿Ver es conocer? No siempre, especialmente cuando lo que vemos está demasiado cerca de nosotros. En ese momento cuando el ojo pierde capacidad de proyectar información a la mente las imágenes no llegan con claridad. Ver es reconocer, a menudo reconocemos tan solo una fracción de lo visto. A Santiago Borja le interesa el fenómeno de la visión. En una serie de fotografías expuestas en el Museo de Arte Moderno, el artista presentó las llamas azules de una estufa de gas. Los diferentes grados de luz en la oscuridad son celdas de color sobre fondo negro. La imagen llama la atención hacia el problema de la visión de la luz. ¿qué papel juega el ojo en la mirada? El de la lente que transforma los impulsos lumínicos en señales que viajan hasta el cerebro.

Para la exposición en el Museo del Chopo titulada Aluminio (Ojo por Ojo) Santiago Borja se ha centrado en la reproducción exacta, casi científica de las corneas de los ojos. Esquemáticamente recortados sobre una lámina de aluminio los ojos vistos de perfil aparecen como lentillas sofisticadas. Complementan la muestra dos pinturas de gran formato, elaboradas a partir de una fotografía que deja ver la estructura esférica surcada por miles de vasos sanguíneos y nervios. Una fuente de luz atraviesa los tejidos del ojo que tiene la retina en el lado opuesto que no podemos ni nos pueden ver. Santiago alude al ojo que ve el ojo, con un dispositivo óptico que funciona a la perfección.

Santiago Borja

La fotografía científica es una prueba de las relaciones que guarda la realidad con lo visual. Cada imagen científica es un argumento inobjetable. Para entender la idea que inspira estas imágenes de alta tecnología habría que ver la pintura anterior de Borja. Se trata de cuadros pintados a partir de caligrafías dibujadas con tinta que no representan formas reconocibles. Borja realiza cuadros blancos con marcas que crecen sobre sí creando la impresión de espacios, parecidos a estructuras óseas de colores.

Parte de la exposición está conformada por dibujos del tipo usado en las pinturas que están grabados sobre lámina de aluminio. Sin color y con una textura similar a la de una placa de grabado al aguafuerte, estas obras apelan al sentido de forma y a la visualidad y hay algo en ellas que apela al tacto. Al igual que en los relieves de la cornea del ojo Santiago apunta aquí al sentido del tacto como un sentido complementario. El sentido de su obra tiene que ver con la sinestesia o la capacidad de percibir a través de todos los sentidos simultáneamente.

El tema de la percepción sensorial ha estado en boga en los últimos años. Dada la afluencia de nuevos medios de representación en las artes visuales ha surgido una necesidad de explorar a fondo cómo y de qué manera se traducen los impulsos que captan los sentidos en imágenes en la mente. Incluso una novela como La joven del arete de perla, escrita por Tracy Chevalier a partir del famoso cuadro de Johannes Vermeer, trata el tema de la visión y del color con una sencillez y lucidez que le ha valido la atención del público masivo. ¿Cómo percibimos el mundo pletórico de imágenes que nos rodea? Esta es la pregunta que se impone entre la reciente generación de artistas. El acercamiento entre el arte y la ciencia, la fisiología y la psicología de la percepción son los campos donde se encuentra la especulación y la respuesta.

Santiago Borja se plantea el problema con una lucidez poco usual en su generación. Por principio ha comenzado a llevar imágenes de un medio a otro para examinar la semántica de las mismas. El traslado de los dibujos caligráficos a la pintura, a través de una proyección, trae a la mente el uso de la cámara obscura en el siglo XVII, que servía para facilitar la traducción de la realidad tridimensional a los dos planos.

Para Santiago Borja desde la invención del cuadro pintado el artista visual se enfrenta a la realidad que se escapa a la representación fiel. Su estrategia como artista ha sido apostar por una realidad que aunque es visual resulta difícil de conceptuar. Es por ello que sus pinturas, al igual que los grabados sobre metal, resultan engañosos. Están representados como objetos, los cuales no tienen un simil con la realidad y parecen simbólicos, pero no los podemos re-conocer. Son dibujos de un ideal platónico que no reflejan un objeto real.

Santiago BorjaCon la introducción del video y de la fotografía digital, que combinan la visión instantánea con una capacidad infinita de manipulación del tiempo, la objetividad de la visión se ha visto seriamente cuestionada. Si Vermeer o Velázquez podrían pintar con mayor objetividad mediante el uso de la cámara obscura, hoy día el artista se enfrenta a la sensación de que la realidad tangible es construida y reconstruida al infinito a través de dispositivos tecnológicos. Lo cual nos lleva a preguntar qué es lo que el ojo realmente puede ver y hasta que punto la realidad está construida a través de nuestras extensiones de los sentidos, cámaras, telescopios, productos de la tecnología.

Resulta significativo que los glóbulos oculares que pintó Santiago Borja estén presentados sobre dos fondos, uno blanco y otro negro. Constituyen una referencias a esa al papel luz en el fenómeno visual. El ojo visto en negativo y positivo (blanco y negro, respectivamente) hace pensar en la fotografía y la influencia de esta sobre la pintura. La conexión entre ojos y pintura resume en parte los intereses de Borja, complementado con sus fotografías de luz y los relieves en aluminio de la retina, que apuntan a la tecnología de la visión.

Vivimos en un mundo saturado de imágenes que forman una realidad paralela, virtual, en la que priva la imagen y el sonido. En este contexto, tan saturado como incontrolable, la pintura de Santiago Borja se convierte en una reflexión sobre la esencia del ver y del conocimiento visual.

 

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Fecha de publicación: 20.03.2004