| Santiago Borja se plantea el problema con
una lucidez poco usual en su generación. Por principio ha
comenzado a llevar imágenes de un medio a otro para examinar
la semántica de las mismas. El traslado de los dibujos caligráficos
a la pintura, a través de una proyección, trae a la
mente el uso de la cámara obscura en el siglo XVII, que servía
para facilitar la traducción de la realidad tridimensional
a los dos planos.
Para Santiago Borja desde la invención del cuadro pintado
el artista visual se enfrenta a la realidad que se escapa a la representación
fiel. Su estrategia como artista ha sido apostar por una realidad
que aunque es visual resulta difícil de conceptuar. Es por
ello que sus pinturas, al igual que los grabados sobre metal, resultan
engañosos. Están representados como objetos, los cuales
no tienen un simil con la realidad y parecen simbólicos,
pero no los podemos re-conocer. Son dibujos de un ideal platónico
que no reflejan un objeto real.
Con la introducción del video y de la fotografía
digital, que combinan la visión instantánea con una
capacidad infinita de manipulación del tiempo, la objetividad
de la visión se ha visto seriamente cuestionada. Si Vermeer
o Velázquez podrían pintar con mayor objetividad mediante
el uso de la cámara obscura, hoy día el artista se
enfrenta a la sensación de que la realidad tangible es construida
y reconstruida al infinito a través de dispositivos tecnológicos.
Lo cual nos lleva a preguntar qué es lo que el ojo realmente
puede ver y hasta que punto la realidad está construida a
través de nuestras extensiones de los sentidos, cámaras,
telescopios, productos de la tecnología. |