Luc Tuymans: menos es más en la pintura

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José Manuel Springer

Luc TuymansPrisoners of War, 2001. Óleo sobre tela.El Museo Rufino Tamayo, que se ha anotado varios éxitos recientes con las retrospectivas de obra gráfica de Tamayo y del holandés Bas Jan Ader, vuelve a pegar de hit con la muestra Tracing de Tuymans, por mucho el gran pintor de la última década, cuya capacidad de moverse en los registros mínimos iguala su habilidad para tejer historias de ignominia. Para definirlo estéticamente habría que situarlo entre el rigor de un Mondriaan y el lirismo de un Giorgio Morandi.

Aunque los años 80 no se distinguieron por un tipo de pintura sublime, algunas excepciones de aquella época de auge llegaron a convertirse en los grandes nombres de la década siguiente. Para los 90 el expresionismo alemán daba muestras de prolongado agotamiento y había comenzado a dejar el asunto de la identidad alemana, que pintores como Anselm Kieffer habían explotado la máximo en telas enormes llenas de objetos y materias pegadas en collage. En l992 surgió a la luz en la Documenta de Kassel un pintor que era capaz de moverse en una latitud política y formal con una poesía inigualable, se trataba del pintor belga Luc Tuymans.

A través de óleos de pequeño formato, con una paleta pálida y gestos apenas perceptibles, este pintor hacía su entrada en el arte europeo con una discreción y elegancia apartada de los excesos transvanguardistas y expresionistas de los 80. Tuymans era a la pintura lo que su compatriota Michael Rhyman era a la música , una secuencia de sonidos vaporosos, encadenados en sutiles variaciones de tono, pero que frecuentemente hacían referencias muy directas a asuntos políticos y raciales, como el pasado colonial de su país en África. Un tema de marcada sensibilidad para la sociedad belga y para la cultura europea, que quería desprenderse de su historia negra. En tan solo una década la fama de este pintor que deseaba permanecer en el casi anonimato comenzó a acarrerarle una atención desmedida.

Luc TuymansPeter, 1994. Óleo sobre tela.

En el año 2001 fue el representante del pabellón de Bélgica en la Bienal de Venecia, considerado entre los tres mejores de esa edicion. A partir del siglo XXI Luc Tuymans toma la batuta y desde la pintura figurativa más sencilla lanza un manifiesto que podría calificarse de Oda a las Cosas Comunes, por citar al entrañable Pablo Neruda. Como el poeta chileno Tuymans tiene la costumbre de concentrar en sus obras asuntos que son patrimonio de nuestra experiencia cotidiana. Sus obras son pequeños homenajes a las cosas diminutas, los espacios mínimos y las vaguedades más entrañables.

Su capacidad de dar forma a la poesía visual con tan solo unas cuantas líneas, y unas cuantas manchas sobre la tela limpian nuestra visión. Su retórica pictórica trae a la superficie la carga de la historia que invoca. Una lista parcial de sus referentes incluye la alquimia, la lucha política de l líder negro Lumumba, asesinado presidente del Zaire, el antiguo Congo Belga y la geografía física del continente negro.

El talento de Tuymans radica en su capacidad para encontrar el motivo, la imagen, en los objetos más triviales. Su dibujo carece de la fluidez y de la claridad. Su colorido es monótono, no obstante, estas limitaciones aceptadas parece n reforzar la inmediatez de su estilo y su gran intensidad. Si la pintura finisecular había llegado a la grandielocuencia, Tuymans se encargaría d e devolver le su esencia. Más allá del narcisismo del arte de los noventa, la pintura de este genio se centraría en el descubrimiento de lo efímero.

Luc TuymansCrucifix, 1999. Óleo sobre tela.

Luc TuymansThe Swimming Pool, 1989. Óleo sobre tela.

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Fecha de publicación: 31.03.2004