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La destrucción
del Casino de la Selva, “Un crimen de lesa humanidad” |
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En una carta pública firmada
por algunos de los artistas mexicanos más renombrados, el
pasado 24 de mayo el Frente Cívico y el Consejo Ciudadano
declaró que no obstante “la visible bondad de este
proyecto que significa la creación de un espacio cultural
para la población de Morelos y Cuernavaca (entidades que
adolecen de una clara deficiencia en cuanto a oferta cultural),
resulta patente que sus motivaciones están viciadas desde
su origen”, en tanto constituye “una moneda de cambio
para que las autoridades culturales no intervinieran en la defensa
del patrimonio cultural que Costco-Comercial Mexicana pretendían
eliminar”.
El Frente Cívico Pro-Defensa del Casino de la Selva y el
Consejo Ciudadano para la Cultura y las Artes en Morelos, A.C.,
denunciaron desde su origen el proceso de venta del predio del Casino
de la Selva a las empresas Costco-Comercial Mexicana, por el hecho
de que llevó no sólo a la destrucción de obras
arquitectónicas realizadas por el español Félix
Candela y Jesús Martí, entre otros, y de algunos de
los murales que ahí se encontraban, pintados por maestros
mexicanos, sino también a la tala de más de 800 árboles
–muchos de ellos con varios siglos de antigüedad- que
albergaban en su paso a tres especies de aves migrantes en peligro
de extinción, las cuales utilizaban la rica maleza del sitio
para procrear y continuar su viaje de invierno hacia el sur del
continente, y a la afectación irreversible del manto freático
–sobre el cual fueron edificadas dos mega-tiendas con sus
respectivos y enormes estacionamientos- que alimentaba de agua a
la ciudad de Cuernavaca, la cual sufre de gravísimos problemas
de abasto del líquido, al igual que el resto del estado de
Morelos. |
| Por otro lado, más de 180
emplazamientos muy antiguos de una cultura primaria relacionada
con la Olmeca, hoy están sepultados sin haber sido estudiados
y clasificados de manera apropiada.
A decir de los activistas -artistas, intelectuales, científicos
y ciudadanos inconformes, muchos de los cuales fueron encarcelados
y golpeados por la policía local al intentar oponerse al
proyecto- el proceso estuvo viciado desde su origen, en tanto el
predio –que no era propiedad pública Estado- fue vendido
como terreno, sin tomar en consideración ni especificar la
protección de los edificios, murales, flora y fauna ahí
ubicados.
El Frente Cívico argumenta que las empresas compradoras
del Casino de la Selva instrumentaron la destrucción voluntaria
de los murales que recubrían los edificios, que luego fueron
presentados al público para decir que, ante su avanzado estado
de deterioro –causado por el abandono, agentes naturales y
vándalos- su demolición no sería grave. Para
ello, han presentado como pruebas una serie de fotografías
tomadas a los murales en marzo de 2001 (tres meses antes de ser
presentados a la prensa destruidos), en las que se aprecia que,
si bien estaban algo afectados por humedades, se encontraban en
casi perfecto estado y presentaban todas las figuras y colores originales.
Las organizaciones presentaron un estudio detallado de los murales
destruidos y fotografiados por el INAH en junio de 2001, que muestra
que no fueron agentes naturales, sino humanos con maquinaria pesada,
los causantes de la destrucción de este invaluable patrimonio
artístico y cultural. |

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Por otro lado, denuncian que ningún
experto independiente -por no mencionar a algunos de los artistas
vivos autores de murales como Francisco Icaza, José Reyes
Meza y Jorge Flores-, tuvo acceso a las obras de demolición
y al posterior rescate y restauración de las obras, muchas
de las cuales, de acuerdo con las pruebas fotográficas con
que cuentan, quedaron totalmente destruidos, por lo que su supuesta
restauración no es sino una falsificación.
Por todo ello, declararon que “el Centro Cultural Muros
/ Fundación Morelos es un engaño a los ciudadanos
y una muestra fehaciente de los procedimientos faltos de ética
con que los grandes capitales compran la complicidad de las autoridades
en detrimento del patrimonio, el medio ambiente y el bienestar de
las futuras generaciones”, por lo que exigen que “al
menos, el Centro Cultural no quede en manos de una empresa privada
y que sea donado a la ciudad de Cuernavaca”, y en esta pugna
cuentan con el respaldo de un centenar de organizaciones artísticas
y sociales, tanto nacionales como internacionales, que en otra declaración
pública calificaron la destrucción del Casino de la
Selva por parte de una multinacional como un “crimen de lesa
humanidad” por afectar el patrimonio (artístico y ecológico)
de los morelenses y mexicanos, y de la herencia cultural mundial. |
| El Mega Museo de la Mega Comercial Mexicana |
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Ante la polémica desatada por
la destrucción de los edificios, murales y reserva ecológica
del antiguo Casino de la Selva, de Cuernavaca, Morelos, la directiva
de Costco-Comercial Mexicana decidió de la construcción
de un museo para reinstalar los algunos de los murales (otros, como
la serie de viñetas Los signos del zodiaco, de Joseph Renau,
y una serie de bajorrelieves en bronce de Zarazúa, entre otros,
se perdieron irremediablemente), y de paso, en un golpe de suerte
a tiempo, la colección de arte moderno mexicano reunida por
el matrimonio de Jacques y Natasha Gelman, que su albacea, la Fundación
Vergel, necesitaba resguardar en algún sitio luego de su periplo
mundial. |
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Para ello fue creada la Fundación
Cultural Parque Morelos A.C., “con el fin de rescatar, conservar
y difundir la cultura mexicana actual”, que se hizo cargo
de la también polémica restauración de los
murales, en colaboración estrecha con la Dirección
General de Patrimonio Artístico Mueble del Instituto Nacional
de Bellas Artes (INBA), así como del resguardo de la colección
Gelman, sin duda una de las más importantes en México
por la calidad y cantidad de autores y obras.
En poco más de un año, el gigantesco estacionamiento
de Mega Comercial Mexicana debió ceder un porcentaje mínimo
de superficie a un cuarto edificio del complejo, que albergaría
al flamante Centro Cultural Muros, Murales y Obras, sede también
de la Fundación Cultural Morelos, ubicado al lado de una
réplica del famoso edificio (demolido en marzo de 2001) realizado
a partir de estructuras paraboloides por el arquitecto español
Félix Candela, hoy ocupado por el restaurante California,
propiedad de Costco-Comercial Mexicana. |
| Es significativa la declaración
de los arquitectos responsables de la obra, Alejandro Bernardi y
Francisco Guzmán, en este sentido: “Partimos de un
desarrollo que ya estaba hecho, es decir, los edificios ya existentes
de Mega Comercial Mexicana, Costco y el Restaurante California,
los cuales en su arquitectura eran muy diferentes. Nosotros queríamos
tener un cuarto edificio que no se percibiera como una tienda, queríamos
que estuviera visualmente separado de los otros como concepto, pero
que al mismo tiempo retomara elementos de los tros edificios para
integrarlos y dar una imagen de un todo, de un complejo”.
En otras palabras, la arquitectura y el diseño del museo
se adaptaron a la arquitectura y el diseño de las tiendas.
En su construcción se utilizaron los mismos materiales de
las enormes naves comerciales, en especial el uso extensivo del
concreto pulido, los aplanados blancos y las láminas de acero,
que dan una sensación de orden y amplitud, con techos y ventanales
de hasta 20 metros de alto, y de frialdad del típico cubo
blanco de un museo. |
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| Siguiendo las normas establecidas por el Comité
Internacional para la Seguridad de Museos, se puso especial énfasis
en la seguridad tanto del recinto, como de las obras, y se dedicaron
más de cinco millones de pesos (unos $450,000 USD) en incorporar
los equipamientos que incluyen un sistema de circuito cerrado que
opera las 24 horas, vidrios blindados y laminados para filtrar los
rayos UV, sensores de movimiento para cada obra, cerraduras electrónicas,
iluminación y temperatura graduadas para la mejor conservación
de las piezas, sistemas contra incendio que utilizan químicos
en lugar de agua, bodegas con doble puerta de seguridad, e impermeabilizaciones
que impiden el paso de cualquier líquido |
El museo está compuesto
por tres salas a las que se accede después de atravesar un
patio con un pequeño espacio para teatro al aire libre. A
la izquierda se encuentra una réplica de la nave principal
del Casino de la Selva, donde se colocaron los murales restaurados
de Joseph Renau y José Reyes Meza, que tratan la conquista
española de América y la formación de la raza
hispánica.
El ala derecha alberga, en un área de 1,215 metros cuadrados
distribuidos en dos pisos, la colección Gelman de arte moderno,
en la planta alta, con obras de Diego Rivera, Frida Kahlo, David
Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Rufino Tamayo, Francisco
Toledo, María Izquierdo, Carlos Mérida, Gunter Gerzo,
Miguel Covarrubias, Juan Soriano y Leonora Carrington, entre otros
maestros mexicanos. Entre la obra destcan los retratos magistrales
de Jacques y Natasha Gelman realizados por Rivera, Siqueiros y Tamayo.
En la planta baja, dedicada al arte contemporáneo mexicano,
se encuentran piezas adquiridas por el albacea de la colección,
Sr. Robert Litman, antiguo director del Centro Cultural Arte Contemporáneo
de Televisa. Dicha colección está integrada por una
numerosa selección de obras de los más exitosos artistas
mexicanos de la actualidad son Gabriel Orozco, Francys Alÿs,
Melanie Smith, Miguel Calderón, Betsabée Romero, Thomas
Glassford, Sergio Hernández, Cisco Jiménez (el único
artista de Cuernavaca representado en la colección), Silvia
Gruner, Jan Hendrix, Graciela Iturbide, Abraham Cruzvillegas, Gerardo
Suter, Paula Santiago, entre otros. |
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| Siguiendo la línea de coleccionismo
de los Gelman, pero con acusados acentos en lo contemporáneo,
la selección deja ver varias lagunas generacionales, como
la ausencia del grupo Ruptura y Nueva Presencia de los 60, el trabajo
informal de los Grupos (Suma, Pentágono, TAI) de los 70,
la generación Emergente de los 80, y los pintores de la llamada
Escuela Neo Mexicana.
Ante la ausencia de otras colecciones públicas que documenten
y analicen el arte contemporáneo y moderno, el visitante
encontrará un panorama muy completo de las tendencias artísticas
en el México del último medio siglo. Resta por ver
si se realizarán exposiciones temporales que den vida al
museo, para que este no se convierta simplemente en un mausoleo
del arte consagrado.

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