A través de la alegoría
de la Mujer de Lot, Yara Almoina nos permite atisbar a la situación
que representa el estar atrapado o marcado por el paso del tiempo.
Quién que haya experimentado un accidente o una situación
desesperante no sintió el peso de los segundos que pasaron
lentamente en nuestra conciencia, de manera insoportable. Quién
que no haya vivido unos segundos de felicidad no los recuerda durante
años. El tiempo se estira y se alarga o se acorta según
la percepción psicológica, el dolor físico
o el éxtasis asociado a la experiencia.
Si ya en su trabajo del año 2002, titulado Generales
y aparecido en el periódico La Jornada, había
expresado una estrategia de despersonalización del arte y
de su sujetop creador, la artista había publicado los resultados
de exámenes sanguíneos, de orina y del VIH, como elementos
probadores científicos de su materialidad y presencia, con
la obra de la exposición Espera y Nostalgia, representa la
variable tiempo, la cuarta dimensión que enmarca nuestra
existencia.
Existen por lo menos dos interpretaciones arcaicas del tiempo.
El tiempo de la mujer, el de las religiones terrenas, es cíclico.
En contraste, el tiempo de las religiones celestes, como el cristianismo,
en el que la relación mística se establece con la
elevación hacia el cielo, es un tiempo lineal. La representación
que hace Yara Almoina está ligada a esa envoltura de su ser
en la materia, en este caso la sal, que al devolverla a la tierra
la sujeta a un acontecer cíclico. Como sucede en la obra
de la artista Ana Mendieta (†), la relación de la mujer
con el tiempo esta mediada por la tierra, el regreso a su materialidad
fundacional. |