Yara Almoina; cuerpo y tiempo

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José Manuel Springer

Yara AlmoinaEscorzo

Las estrategias de representación en el arte se han abierto tanto en el sentido material y técnico como en el plano estético. Hoy día la problemática sobre lo que constituye el acto de representar, es decir, de convertir en imagen un objeto o un cuerpo, se centra en la lógica de los materiales, de los lugares y de las situaciones.

Ya se trate de fotografía, video, e incluso de la intervención en medios no artísticos, los temas de Yara Almoina -su propio ser, el tiempo y su materialidad, temas que han ocupado su producción en los dos últimos años- resaltan por las estrategias que relacionan su obra con el público.

Visité a la artista en su estudio de la ciudad de Puebla para conocer directamente la obra, que no requiere del ambiente de una galería para leerla en su justa dimensión. Lo que vi fue una serie de fotografías de pequeño formato. En las imágenes la artista aparece enterrada en un montículo de sal, que, como señala el título de la pieza, es una referencia a la mujer de Lot. Recordemos que Lot escapó junto a sus hijas y esposa del castigo que ordenó el dios cristiano sobre los pueblos pecadores Sodoma y Gomorra. Cuenta la biblia que el ángel previnó a Lot que no volteara hacia atrás so pena de quedar convertido en una estatua de sal. Sin embargo, su esposa desolló la advertencia, volteó hacía la ciudad que abandonaba y quedó para siempre detenida en el tiempo en forma de una estatua. Es este acto de petrificación del momento lo que sirve a nuestra artista para hablar sobre el tiempo y las limitaciones que impone en la realidad.

Yara AlmoinaLa Mujer de Lot - Cuerpo

Yara AlmoinaLa Mujer de Lot - Huella

A través de la alegoría de la Mujer de Lot, Yara Almoina nos permite atisbar a la situación que representa el estar atrapado o marcado por el paso del tiempo. Quién que haya experimentado un accidente o una situación desesperante no sintió el peso de los segundos que pasaron lentamente en nuestra conciencia, de manera insoportable. Quién que no haya vivido unos segundos de felicidad no los recuerda durante años. El tiempo se estira y se alarga o se acorta según la percepción psicológica, el dolor físico o el éxtasis asociado a la experiencia.

Si ya en su trabajo del año 2002, titulado Generales y aparecido en el periódico La Jornada, había expresado una estrategia de despersonalización del arte y de su sujetop creador, la artista había publicado los resultados de exámenes sanguíneos, de orina y del VIH, como elementos probadores científicos de su materialidad y presencia, con la obra de la exposición Espera y Nostalgia, representa la variable tiempo, la cuarta dimensión que enmarca nuestra existencia.

Existen por lo menos dos interpretaciones arcaicas del tiempo. El tiempo de la mujer, el de las religiones terrenas, es cíclico. En contraste, el tiempo de las religiones celestes, como el cristianismo, en el que la relación mística se establece con la elevación hacia el cielo, es un tiempo lineal. La representación que hace Yara Almoina está ligada a esa envoltura de su ser en la materia, en este caso la sal, que al devolverla a la tierra la sujeta a un acontecer cíclico. Como sucede en la obra de la artista Ana Mendieta (†), la relación de la mujer con el tiempo esta mediada por la tierra, el regreso a su materialidad fundacional.

Al explorar la otra acepción del tiempo, la estrategia que dispone Yara Almoina para explorarlo se da a través de la lógica de la carátula del reloj. Tal es el caso de un video en la que la artista aparece vestida de azul sobre el piso colocando pequeñas tortugas vivas en un círculo. La obra nos muestra la inestabilidad de la medición del tiempo, dado que las tortugas (símbolo del tiempo en diversas mitologías no occidentales) se desplazan lentamente afuera y dentro del círculo, mientras que la artista ocupa el centro, ocupando el papel de las manecillas abandonadas de un reloj que han perdido su referencia de puntos equidistantes: las horas marcadas.

Desde la antigüedad clásica el problema de la representación ha sido ligado a la búsqueda de los ideales (Platón) o el recurso de imitación de la naturaleza (Aristóteles). Ambos caminos podrían se considerados como paradigmas de una coherencia, de una verdad, que no siempre es factible demostrar. No obstante, se dan casos en el arte como el de Yara Almoina en el que la obra adquiere una coherencia interna debido a que sigue una estrategia de trabajo, guiada por las condiciones de lo real: materia, espacio y tiempo que demuestra la relatividad de las relaciones entre estos.

Yara Almoina ha dedicado a cada uno de esos paradigmas una reflexión desde el arte para mostrar las estrategias por las cuales los tres elementos constitutivos de lo real pueden ser relativizados, suspendidos en su inestabilidad y cuestionados en su inmanencia.

Con su trabajo Yara Almoina nos expone además esa desobediencia femenina, que el relato bíblico de Lot pretende sancionar metafóricamente. Si la mujer de Lot fue convertida en sal por no seguir la orden divina de no voltear, de no mirar hacía atrás (el factor de la mirada es aquí parte importante de la obra de la artista) es precisamente porque la mujer duda, cuestiona, se rebela y decide, reafirmando su naturaleza, y son estas las características que permiten al genero humano en su conjunto ejercer la libertad, factor que le provocó ser arrojado del paraíso, un lugar sin tiempo y sin causalidad.

Finalmente, es esa libertad de decisión que Aristóteles consideraba fundamental para que el arte no fuera solamente una mimesis de la naturaleza, una copia sin vida, la que introduce la ambigüedad necesaria para poder ejercer una decisión y determinar la construcción de la historia en la conciencia humana.

Yara Almoina

Yara AlmoinaLa Mujer de Lot - Andando

Yara Almoina

 

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Fecha de publicación: 30.11.2004