Las complejidades de la representación
son sucintamente tratadas en cada uno de los cuadros de Benabib
al establecer un juego entre los objetos representados en las pinturas
y las líneas que salen de sus cuadros y siguen su trayectoria
sobre la pared, o en el caso del camino de piedras que están
pintadas que se continúan con que las que forman un camino
dentro de la galería.
La idea tradicional del cuadro como ventana, concepto ligado al
uso de la perspectiva lineal en la pintura, es negada en una obra
sin título que muestra el diagrama de un avión que
emerge del espacio negro de la pintura, cual si hubiese traspasado
el espacio ficticio de la misma, que en sí niega la autenticidad
de la escena pintada. La imagen del avión es bidimensional,
en blanco y negro, y representa tan sólo un espacio de tiempo,
que no pretende imitar la experiencia de ver el avión a través
de una ventana.
Existe una poderosa tendencia interpretativa que actúa inconscientemente
sobre nosotros cuando vemos una pintura. En el espacio representado
la imagen tiene una presencia que asociamos con lo real, aunque
sin darnos cuenta que lo real está sujeto a la contingencia
por el instante evanescente, de manera que nunca podemos congelar
del todo nuestra experiencia. A través de la pintura pseudoficticia,
cuasidocumental, de Eugenia Benabib comenzamos a aprehender la compleja
e inasible relación de nuestra percepción con el medio
que nos rodea y comenzamos a comprender que la pintura es el reflejo
de nuestra propia intención de comprender nuestras percepciones
y juicios intepretativos de lo real. |