Ficciones en la pintura de Eugenia Benabib

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José Manuel Springer

Eugenia BenabibLa pintura reciente ha demostrado ser una experiencia más que un objeto. Esto puede atestiguarse en la más reciente exposición de Eugenia Benabib en la galería El Atrio, en la que sus obras aparecen instaladas dentro de ambientes domésticos un tanto irreales, otro tanto minimales. De varias maneras la pintura de esta autora revela una conexión de la imagen pintada con la experiencia del cuadro en un espacio. Como si la obra tuviera que verse forzosamente dentro del contexto en el que la colocó la artista y no pudiera ocupar el espacio blanco de un museo o galería.

La experiencia estética nos recuerda que la pintura siempre se ha visto enmarcada, como en un paréntesis, aislada de la realidad. El marco es lo que nos hace conscientes de la representación y, por extensión, de la capacidad ilusionista de la imagen. En el caso de la pintura de Eugenia Benabib la pintura no parece contenida dentro del lienzo o sobre la superficie del cuadro . Sus obras son una extensión de la realidad percibida y muy frecuentemente nos hacen ver otros formas de representación involuntaria o no artística, tal como se pueden encontrar en el muro de una habitación abandonada, el pizarrón de un sala de clase, los escalones que conducen a una entrada o la superficie de una mesa de billar.

 

Eugenia BenabibEl tamaño, la escala y la precisión realista de estas pinturas contradicen la percepción de que se trata de cuadros que sólo hacen una interpretación de la realidad. Más que representar cada cuadro es un continuo que se desplaza en el espacio físico circundante, para incluirse en él. La evidencia empírica que presentan se convierte en la narrativa -la meta de su existencia- de lo que significa el hecho de imitar lo real, tal como sucede en el cuadro en el que docenas de gises blancos construyen una pared sobre el telón ficticio de la construcción pictórica.

Como contrapunto de la percepción simultánea de la realidad que manifiestan los cuadros de Benabib, la autora incluye palabras y citas breves que lingüísticamente se relacionan con el valor que damos a la percepción visual; por ejemplo, cuando observamos una pared blanca decimos que está vacía, libre para trabajar sobre ella, pero no sucede lo mismo con una pared de color o negra. Para señalar esta contradicción de nuestra mecánica perceptiva la autora ha dedicado varias obras a analizar la función lingüística de la palabra como símbolo o imagen.

Podría decirse entonces que el trabajo pictórico de la artista consiste en hacer investigaciones estructurales sobre el proceso de conceptualización del imaginario pictórico. Su de-construcción de la imagen pictórica reduce el ilusionismo de las imágenes para crear una imagen rica en ambigüedades, como sucede en el cuadro Territorio desocupado, en el cual la palabra del titulo aparece repetidamente borroneada y los límites del cuadro son enfatizados por líneas dibujadas en todo el perímetro de la tela. Esta forma de plantear el espacio pictórico subrayando su ficcionalidad es lo que hace del trabajo de Eugenia Benabib un ejercicio de pruebas sobre la capacidad de la propia pintura para ir más allá de su estatuto como representación y plantearse como experiencia de la mirada.

Eugenia BenabibLas complejidades de la representación son sucintamente tratadas en cada uno de los cuadros de Benabib al establecer un juego entre los objetos representados en las pinturas y las líneas que salen de sus cuadros y siguen su trayectoria sobre la pared, o en el caso del camino de piedras que están pintadas que se continúan con que las que forman un camino dentro de la galería.

La idea tradicional del cuadro como ventana, concepto ligado al uso de la perspectiva lineal en la pintura, es negada en una obra sin título que muestra el diagrama de un avión que emerge del espacio negro de la pintura, cual si hubiese traspasado el espacio ficticio de la misma, que en sí niega la autenticidad de la escena pintada. La imagen del avión es bidimensional, en blanco y negro, y representa tan sólo un espacio de tiempo, que no pretende imitar la experiencia de ver el avión a través de una ventana.

Existe una poderosa tendencia interpretativa que actúa inconscientemente sobre nosotros cuando vemos una pintura. En el espacio representado la imagen tiene una presencia que asociamos con lo real, aunque sin darnos cuenta que lo real está sujeto a la contingencia por el instante evanescente, de manera que nunca podemos congelar del todo nuestra experiencia. A través de la pintura pseudoficticia, cuasidocumental, de Eugenia Benabib comenzamos a aprehender la compleja e inasible relación de nuestra percepción con el medio que nos rodea y comenzamos a comprender que la pintura es el reflejo de nuestra propia intención de comprender nuestras percepciones y juicios intepretativos de lo real.

 

Eugenia Benabib
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Fecha de publicación: 15.01.2005