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El arte contemporáneo
y la noción de la diferencia |
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Dentro del indigesto panorama del
arte contemporáneo confluyen dos tendencias generales. La primera
tiene que ver con la estética tal y como se practicó
durante el periodo moderno, basada en la experiencia de la formalidad
como algo que trasciende lo real y lo natural. La segunda está
más relacionada con la experiencia del goce , como principio
de un arte de la diferencia, un arte con presupuestos y aspiraciones
distintas al arte moderno. |
Aunque estas tendencias están
estrechamente interrelacionadas, y con frecuencia confluyen en un
solo autor e incluso en una misma obra, para los fines de este artículo
me concretaré a establecer una diferencia tajante, a fin
de esclarecer o eliminar la indigestión que provoca la enorme
variedad de obras y artistas, que percibimos de manera simultánea
y desordenada en exposiciones colectivas, individuales, arte de
sitio específico, arte de la red, ferias de arte, bienales,
a través de los medios, en prácticas tradicionales
y soportes tecnológicos sofisticados.
Mi punto de partida tiene que ver con la estética, en el
sentido que imprimió el filosofo Immanuel Kant a dicho término,
como un estudio de la forma perfecta, del balance adecuado y, en
términos particulares como apreciación de lo artístico
a partir de valores trascendentes. Sería un poco injusto
decir que la filosofía kantiana ponía mayor énfasis
en las habilidades del intelecto para captar lo bello que en las
sensaciones corporales o las pulsiones mentales, pero dado que sus
juicios y críticas se oponen dialécticamente a conceptos
posteriores como la estética pragmática y racional
de Hegel y el materialismo histórico, la simplificación
me parece válida para el ámbito de este artículo |

Vito Aconci |
Kant ve el mundo desde la armonía, la
regularidad y la unidad orgánica. Esos puntos de vista sobre
la función de lo bello y su relación con la realidad
se transmitieron de generación en generación, de un
continente a otro, y se aceptaron, muchas veces en forma ingenua
e inconsciente, incluso dogmática, hasta por las vanguardias
modernistas del siglo XX, con todo y su actitud iconoclasta y rebelde. |
Hoy somos testigos de que el arte
contemporáneo de manera disciplinada o intuitiva efectúa
una crítica y una ruptura con el modelo kantiano. Lo hace
de prácticas intuitivas desde la pintura neoexpresionista
o transvanguardista, imitando el modelo de la cultura popular (el
arte Pop), o de manera consciente y propositiva al interpretar la
obra de arte como un texto (el llamado arte conceptual), pero a
fin de cuentas un objeto, que establece su valor por medio de la
explicación fenomenológica o la metafísica.
Así que mientras la estética moderna sigue el modelo
kantiano y deviene en un arte en el que se prefigura la ausencia
de conflicto, en el que el dolor y el conflicto están por
lo menos suspendidos en la obra de arte, en la práctica artística
contemporánea se subraya con una precisión aguda o
con solo un apunte el rechazo al orden, e incluso la repulsa a un
sistema bipolar (lo feo Vs lo bello, lo útil Vs lo accesorio)
complicando -y regocijándose en ello- la percepción
del mundo, rebosando la experiencia estética de tal manera
que el universo se nos presenta en partículas libremente
asociadas, relativamente significativas e incluso proponiendo la
ausencia total de sentido. Ejemplo de esto es la estética
de la Internacional Situacionista que propugna el azar y la circunstancia,
enemigas/aliadas del dato y el objeto concreto. La experiencia estética
deja de ser producto de un orden orgánico para someterse
al arbitrio de lo diferente. El arte se convierte en el terreno
de exploración de la diferencia, del no yo, del no nosotros,
para girar en torno de lo neutro.La paradoja y la parábolaSumido
en ese mar de posibilidades la tarea del artista o del teórico
se antojan borgianas. No existe un límite o un orden aplicable
a menos que el mismo se encuentre incluido ad infinitum en su propia
explicación, recluido en sus propias fronteras. |

Carlos Amorales. "Zapatos
Devil". 2003 |

Rebecca Horn. "Imagen
de video" |
Si la experiencia estética
moderna se concibió como un acercamiento a lo sublime (tanto
de la tragedia como de la belleza platónica), la experiencia
de lo diferente y lo neutro se mueve en el ámbito de lo impuro,
es decir del sentir sin explicación u orden, en el que las
experiencias (excesivas, ambivalentes, perturbadoras o irreducibles
a una explicación) se entretejen de manera psicopatológica
y perversa en la mente, sin siquiera alcanzar la conciliación
en el diván del terapeuta o el psicoanalista. El sujeto que
crea y el que percibe (autor y espectador) ya no son diferentes –como
en el caso de la modernidad-, son el mismo, sus lugares no son intercambiables,
son uno mismo, uno que como una máquina (mecánica, incansable,
autosuficiente) se lanza en una búsqueda infinita de lo diferente. |
| En el arte contemporáneo
se unen la filosofía y el psicoanálisis, la percepción
estética va de la mano de la estructura psíquica,
impulsada por la autoridad paterna que imponen los las instituciones
(la escuela, la familia, el museo, los medios) y entramada en la
pulsión del placer y del deseo del yo, ambas enfrentadas
en la arena de lo posible y lo indefinido. |
Si en el arte
moderno el Yo, el creador, es quien habla, opina, dice, ve el mundo:
en el arte contemporáneo la voz del yo comienza a desvanecerse
cuando no desaparece por completo. El sujeto que percibe es autor,
experimenta la obra (y en ocasiones llega a confundirse con ella)
y la construcción visual apela a la pura lectura más
que a la interpretación. El arte se percibe sí, pero
a continuación se lee dentro del texto que forman objetos
y reacciones. Es en ese sentido que la labor del curador adquiere
su predominio actual, como un armador de textos objetuales que se
enciman unos sobre otros.
Una segunda premisa
El gran cambio que podemos percibir en el arte contemporáneo
respecto a la tradición artística es el alejamiento
de la función de placer que proporciona la obra hacia el
goce. Este concepto de Roland Barthes resulta especialmente adecuado
para comprender lo que sucede hoy en el arte, pues el goce, a diferencia
del placer, es perverso, escatológico y se centra en la experiencia
corporal. Cuando hablamos de goce hablamos de la relación
del sujeto con el mundo a través de su cuerpo y su estructura
psíquica, no de valores entendidos y aprendidos por consenso
cultural o por la instrucción académica. El goce se
mueve entre el dolor y la satisfacción, la frivolidad y el
desagrado. Es una experiencia erótica en el sentido psicoanalítico,
como infinita pulsión de vida y sensualidad. Carece de una
finalidad manifiesta, es insaciable, y propicia una búsqueda
interminable de satisfacción (la consecución de lo
diferente que mueve al arte contemporáneo transforma radicalmente
la búsqueda de lo nuevo propia del arte moderno, pues revela
la finitud de lo nuevo). |

David Batchelor |
| El goce reside en el cuerpo, el placer de lo sublime
en lo ideal.La finalidad del arte contemporáneo es dejar de
hacer Arte, es hacer coincidir el impulso vital con la vida misma.
A través del arte el objeto (que es en realidad una partícula
del texto) se convierte en una forma de interacción sin lugar
y sin transición significante: el arte se convierte en un entramado,
como la tela de una araña, donde los objetos se conectan en
formas diversas y azarosas a través de los sujetos que proponen
y disponen la lectura del entramado. Al no existir un diálogo
posible (entre el creador y el receptor abolidos), las experiencias
devienen en una conjugación sin sujeto: las cosas se sienten,
se piensan, se leen. Desaparece el fetichismo de la obra. |
En este contexto las formas y soportes
inmateriales de la obra de arte, como el video, la edición
de imágenes, la superposición, contribuyen a la desaparición
del fetichismo, de la misma manera que el masoquismo trastoca el
lugar del placer y el dolor.
En el caso de las prácticas artísticas el efecto
del goce y el intercambio entre creador y receptor, provoca el carácter
episódico, fracturado, la ausencia de especialización,
en la obra de arte, lo que le da su carácter multimodal y
plurisensorial (véanse por ejemplo las combinaciones de arte
sonoro con arquitectura, o la idea del arte como una instrucción
que debe ser ejecutada porotro).
En los casos más extremos se encuentran prácticas
que podrían calificarse de sicóticas que proponen
la disolución de la identidad del sujeto en la práctica
artística. Entre estas últimas la creación
de cyborgs o entes autónomos, la modificación del
cuerpo del artista, o el uso de prótesis inteligentes que
alteran o depuran las capacidades del cuerpo, llevan a la confusión
de la identidad humana con la función y el fin último
de la tecnología. |

Imagen tomada del sitio
Critical Art Ensemble |
| Las trampas de la diferencia |
| 
Carla Rippey, "América
en extremo: tierra de fuego, tierra de hielo", 2001-2004 |
No obstante el arte que busca la
disolución del yo y la búsqueda del goce deviene también
en prácticas hedonistas y la institucionalización
de las mismas. Sin proponer una solución definitiva al problema
de la división cuerpo-mente, experiencia y racionalidad,
el arte contemporáneo camina a menudo en un terreno escéptico
y ascético que nos lleva a un callejón sin salida.
La eliminación de la subjetividad puede resultar efectiva
cuando subvierte nociones culturales aprendidas, como la diferenciación
de roles de género, pero resulta paralizante cuando lo que
genera es la sensación de una carencia (la ausencia del objeto
de placer).
Es solo a través de la convergencia de la búsqueda
de un placer en la obra de arte (sea este entendido como un goce
intelectual, emotivo o sensual) y de un principio metafísico
que responda al origen y destino del individuo y de la comunidad,
que el arte como actividad propia de lo humano puede satisfacer
la necesidad de trascender las necesidades vitales en pos de eliminar
la separación de los individuos ( producto del egoismo del
yo) e instaurar un sentido de rito, donde el individualismo se disuelve
en lo común y el fetichismo que provocan los objetos se transforma
en sublimación del propio cuerpo en las imágenes que
dan forma a su inevitable ausencia y desaparición.
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