| |
Mosaico
y reflejo, propuestas del arte mexicano en Madrid |
| |
Dentro del extenso panorama de exposiciones
de arte mexicano que se inauguraron en Madrid, solamente algunas de
ellas tuvieron éxito en señalar el camino que sigue
el arte contemporáneo mexicano. Para empezar habría
que decir que era obvio que la jugosa participación de curadores,
artistas y críticos parecía algo así como una
fiesta de graduación del arte de los últimos diez años.
Y si bien a los mexicanos les gusta celebrar, aunque no tengan motivo,
el aluvión de exposiciones dejó entrever que no por
mucho madrugar se amanece más temprano, o que no por enseñar
una variedad se logra describir con fidelidad y precisión donde
se encuentra el meollo de la propuesta. |
| 
Gabriel Orozco |
Comenzaré por
hablar de las dos exposiciones individuales de artistas mexicanos
ya consagrados en el ámbito europeo. Me refiero a Gabriel Orozco
y Carlos Amorales. Si bien la exposición de Orozco era una
retrospectiva inconfesa con algunas cuántas piezas no vistas,
podría argumentarse que la misma estaba dirigida a un público
madrileño, español; que no había tenido la oportunidad
de ver el conjunto. Pero para los que ya habíamos visto su
retrospectiva en el Museo Tamayo, la muestra quedó demasiado
holgada. Como ya se sabe las piezas están basadas en el juego
(el billar, el juego de pelota, el ping pong) y el predominio de ciertos
signos, que a estas alturas ya son símbolos orozquianos como
el círculo, la bola, la esfera. |
| Sin llegar a lo personal la exposición
resultó ser una muestra de los grandes hits, incluída
la enorme pieza que presentó en la Bienal de Venecia en 2003
Sombra entre aros de aire, y podría juzgársele
también como una muestra que historiza la obra y
por lo tanto la congela, la coloca, como apareció dentro
de un palacio de cristal, dentro de una vitrina, como objetos de
museo aislados de su contexto.
Por otro lado encontramos la exposición de Carlos Amorales
en la Casa de América. Me parece que existe un parangón
entre Carlos y Gabriel que sería útil discutir aquí.
Por principio hay en ellos una estrategia común, que es la
de funcionar como bisagras entre lo mexicano y lo internacional.
El éxito de las carreras de ambos es que supieron poner un
pie en el extranjero dejando el otro en México. En el caso
de Orozco la intención se muestra en su uso reiterado del
paisaje mexicano en sus imágenes fotográficas, en
el de Amorales la cuestión de la lucha libre, de la imagen
gráfica silueteada , y de las calaveras (Orozco presentó
Papalotes Negros 1997 en la Documenta de Kassel) refiere a esa iconografía
prototípica de lo mexicano. |

Carlos Amorales
|

Carlos Amorales |
El juego. Mientras
Orozco resulta un artista para artistas y conocedores, con ese halo
modernista tardío que busca lo sublime en el material cotidiano,
Carlos Amorales apunta hacia una resistencia paródica de
los mecanismos reales del poder. En la exposición de Casa
de las Américas, Why fear the future (¿Por
qué temer al futuro?), Carlos ofrece una larga de serie
de dibujos en negro que recuerdan el paisaje cultural y sus actores,
creo que como una manera de retratar el mundo como lo hizo José
G. Posada a principio del siglo XX, con una gran dosis de humor
negro ( también relacionable con Max Ernst) e ironía
. En ese juego de lectura de cartas (que él mismo diseñó
como un Tarot contemporáneo), Amorales resulta más
contundente porque reconoce el juego en el que todos jugamos es
precisamente el de la identidad, el del saber que somos y que va
a ser de nuestra suerte. |
En cuanto a la instalación
que presentó dentro del Pabellón de México
en la feria ARCO, dentro de la galería Kurimanzutto (que
ahora representa tanto a Orozco como Amorales). Amorales usa el
concepto de la franquicia (típico de la era global) como
soporte de una estrategia que le permite sumar su obra a la cultura
contemporánea de la música de DJs, las camisetas,
los botones para decorar la ropa y etiquetar una causa artística.
Su hibridización de medios comerciales y prácticas
populares mexicanas es lo que permite leer su obra en muchos sentidos
y no solo como expresión de una particularidad cultural aislada.
También el la Bienal de Venecia de 2003, donde participó
dentro del pabellón de Holanda, país donde se formó
como artista y donde reside por temporadas, utilizó la idea
de la maquiladora, como soporte de un juego que consistió
en hacer que el público europeo participara de la manufactura
de bienes, en este caso zapatos deportivos de plástico con
una calavera, que representaba la marca Devil, que en Madrid derivó
en la franquicia Los Nuevos Ricos. Así mientras
Orozco juega con juegos de salón y la comprensión
de la cultura, Amorales juega de manera más desinhibida y
espontánea con las estrategias del poder económico
y las expectativas de la cultura juvenil. |

Héctor Zamora |
Arte tecnológico
El arte hecho en México tenía que
demostrar que también domina las nuevas tecnologías:
el multimedia, la cibernética y la complejidad mecánica.
Lo hizo a través de la exposición Dataspace,
una colectiva curada por Priamo Lozada y Vanesa Bohórquez
que reúne el trabajo de artistas ya consolidados en la arena
internacional como Rafael Lozano Hemmer. Éste artista es
otra de las puntas de lanza del arte contemporáneo, cuya
obra también funciona como bisagra entre contenidos locales
y estrategias globales. Para la exposición que tuvo lugar
en el Centro Cultural Conde Duque, un antiguo edificio de altas
paredes de ladrillo que funcionó muy bien como caja de resonancia
y contraste de la exposición multimedia, Lozano Hemmer (asistido
por Conroy Badger y Tara de Simone en la programación) ofreció
la primera versión (sus obras se desarrollan como estados
de un concepto en diferentes presentaciones y lugares) de Público
Subtitulado. Utilizando cámaras detectoras de calor, que
han sido desarrolladas como tecnología de vigilancia por
las autoridades militares y migratorias de Estados Unidos, Lozano
Hemmer crea un espacio de circulación donde el público
es detectado y sobre su cuerpo se proyectan palabras que corresponden
a verbos conjugados en tercera persona: compra, reduce, moraliza
, etc. Su interés tiene que ver con el desarrollo de la tecnología
como herramienta de clasificación de la identidad del individuo.
El concepto, que surgió en el siglo XIX en la arquitectura
con la invención del sistema panóptico (vigilancia
desde cualquier punto de una red arquitectónica) se reelabora
en la actualidad con el uso de cámaras de video que constantemente
vigilan nuestras acciones en supermercados, cajeros automáticos,
estacionamientos e incluso en la calles. Público Subtitulado
en su primera versión resultó un juego de alusiones
a lo poético concreto, al azaroso significado que encierran
las palabras, como el famoso tiro de dados de Stéphane Mallarmé. |
| 
Rafael Lozano-Hemmer |
Como sucede frecuentemente
con el arte tecnológico, en Madrid, México o Venecia,
la mitad de las piezas en exposición no estaban funcionando.
El arte tecnológico no solo cambia la dinámica de
la obra de arte para hacerla interactiva, sino que también
requiere de un mantenimiento y un texto explicativo que diga al
público qué es lo que la pieza pretende, pues en muchos
casos los espectadores nos quedamos con la idea de que la instalación
es más compleja que su resultado. Tal fue el caso de las
obras de Arcángel Constantini, Semimscope, un conjunto
de proyecciones que debían aparecer sobre una banda sin fin
movible con una luz estroboscópica , que no se movía
por problemas con los motores, de tal manera que el simulador electromecánico
de imágenes en movimiento se convirtió en un aparato
estático. |
| La pieza del cubano Ivan
Abreu, Defrost, un prometedor diseñador de imágenes
a través del uso de vapor de agua sobre las paredes de un cubo
de cristal, que al ser desempañado por plantillas de hilos
de cobre formaría un imagen temporal, no funcionaba tampoco.
No obstante, la idea de modificar el soporte y la objetualidad material
de la imagen es en sí una propuesta que aporta a la cuestión
importante en el arte actual de la desmaterialización de la
imagen. |
Por su parte, Lilia Pérez
Romero realizó una pieza que interactuaba con la presencia
del espectador a través de un imágenes que parecen
encerradas en la proyección, que nos ven directamente y que
se mueven y siguen nuestros movimientos al colocanos frente a ellos.
La transformación de la obra de arte en una pantalla donde
se refleja el espectador como actuante, trasciende la idea del cuerpo
humano y extiende la idea de visión y espectro de lo visible.
En la obra de Enrique Rosas se produce una asociación reveladora
al lograr la interacción de diferentes sistemas de pensamiento
en imágenes (prehispánico, renacentista, clásico
y moderno) que demuestran que la tecnología es un puente
entre ideas muy distantes pero muy similares. La construcción
de una cabina de proyección, al estilo de las películas
baratas de los años 50, nos puso al borde de una especie
de teatro de ciencia ficción, en el que las imágenes
proyectadas se anclaban con las imágenes mentales que recurren
a nuestra conciencia.
|

Arcángel Constrantini
|
| Dataspace cumplió
dignamente con la función de marcar los puntos de contacto
entre los usos de la tecnología y las maneras de mostrar el
proceso de transformación de lo cultural en una matriz de ideas
que se relacionan horizontalmente apuntando hacia lecturas insospechadas
del imaginario mundial. |

Carlos Amorales |
Fronterizos y locales,
desintegrados y conectados
Dos exposiciones que por su conceptualización
marcaron la importancia de lo local sobre lo internacional fueron
la muestra Tijuana Sessions, curada por Tayina Pimentel,
en la que los trabajos de artistas como Tania Candiani, Julio Orozco
y otros, permitieron al público español y europeo
conocer una visión más auténtica de la realidad
fronteriza, contrastante con el proyecto Tercera Nación
(relativo también a Tijuana) construido por Mónica
Roibal y Gustavo Navalón, que literalmente se apropiaron
de la imaginería local con fines más propagandísticos
que artísticos. El trabajo de Pimentel dejó en claro
que hoy día la alteridad y la interculturalidad son factores
claves del desarrollo de lo cultural, más que la afirmación
de territorios abstractos e ideológicos. Definir lo mexicano
a través de lo central y de lo institucional resulta un sinsentido
en las actuales condiciones de globalidad, Tijuana Sessions fue
una respuesta más aguda y certera para dar a conocer los
márgenes de las nuevas identidades. |
| El segundo proyecto fue la exposición
curada por José Antonio Platas para el Museo de América,
titulado Conjeturas de Vecindario. El planteamiento que
guía a esta exposición demuestra que la cultural local
es el foro de lo internacional, que a través de las readaptaciones,
malos entendidos y parodias de lo internacional se renuevan los
lenguajes visuales locales y globales. Aunque la selección
de la obra de Coral Revueltas, Elvira Sarmiento, José Antonio
Farrera y el propio Platas trae a la mente el trabajo de los 70
realizado en México por los llamados Grupos, la
propuesta sigue vigente al proponer una lectura de los puntos comunes
de la ciudad: la movilidad de su gente (indígenas que migran
a sus calles ) la ubicuidad de sus prácticas (el comercio
ambulante, la piratería) y la fusión de la imagen
publicitaria con el tejido urbano de la ciudad, propias de cualquier
metrópoli contemporánea pero indicativas de las particularidades
de la ciudad de México.El torrente de exposiciones y obras
en espacios públicos, como la intervención arquitectónica
de Juan Dávila titulado Mirador nómada en el Palacio
de Linares, o la del grupo Tercerunquinto, que pintó
de verde las cajas de los conmutadores telefónicos que se
encuentran en la céntrica avenida la Castellana, o la instalación
de Héctor Zamora , que tuvo que ingeniárselas para
crear un espacio habitable en un inmueble (la Casa Encendida) donde
no podía modificar la estructura básica (como lo hizo
en el Museo Carrillo Gil el año pasado), dan cuenta del calidoscopio
de propuestas que emergen de un país que cada vez más
se convierte en el puente entre los centros del arte y sus antípodas.
Carlos Amorales |
|
|