Venecia, la bienal no es como la pintan

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José Manuel Springer

Guerrilla GirlsSon las doce del día y Rosa Martínez, curadora del segmento de la bienal que lleva el título Siempre un paso más allá, luce radiante con una sonrisa que le recorre el cuerpo, acompañada de una de las guerrilla girls, el grupo anónimo de mujeres disfrazadas con máscaras de gorilas, que desde hace más de una década se ha dedicado a poner el dedo en la llaga de los museos y las instituciones artísticas para denunciar la escasa participación de la mujer en la historia y las colecciones de arte.

Por su parte María de Corral, la otra curadora invitada, menos radical y más académica que su compañera, ha hecho una selección de carácter histórico que lleva por título La experiencia del arte, en la que ofrece una visión, sobretodo pictórica, del curso del arte en los últimos cincuenta años. Para ella la bienal es un centro de experimentación más que un conglomerado de certidumbres, en el que domina la intensidad del arte sobre las categorizaciones.

En el Arsenale, el enorme bodegón que otrora resguardó los avíos militares venecianos y que hoy es usado como sala de exposición, dos grandes carteles dan la bienvenida a visitantes de todo el mundo, que como cada dos años se dan cita en el evento artístico de más larga tradición en el mundo. La bienal, anuncian los carteles diseñados por las chicas gorila, finalmente es dirigida por dos mujeres. ¿Dónde están las artistas venecianas? pregunta el cartel en el que sardónicamente muestra la imagen de un hombre vestido de traje blanco montado sobre una atractiva mujer rubia. En efecto, Venecia cuna de una de las grandes tradiciones artísticas desde de los siglos XVI y XVIII ha sido un enclave de artistas varones, en el que la presencia de la mujer se limita a unos cuantos nombres , pese a que la imagen de su cuerpo habita miles de cuadros y esculturas.

Gabriel OrozcoY aunque este tipo de arte políticamente correcto ha tenido mejores días, la apuesta de Rosa Martínez por lo que será el siglo de la mujer y lo femenino tiene eco, pues no se trata del feminismo recalcitrante de antaño sino de una visión de la experiencia femenina más que de las ideas. Jean Paul Sartre lo señalaba: las mujeres hablan desde su experiencia y los hombres solo de ideas, para parecer inteligentes.

Al pasear por los amplios pasillos del Arsenale, la selección de obra y artistas amplía los temas; la presencia femenina es una apuesta por definir el futuro del arte, que según Rosa Martínez tendrá “el sello de lo social, la matriz de lo real, el juego de lo virtual, la fuerza y la belleza de lo efímero”. Pocas piezas resaltan por su actitud contestaria y de denuncia, como la obra de la guatemalteca Regina Galindo, quien recibió el primer premio de la bienal para artista joven. Galindo presenta tres registros en video de acciones en la vía pública. El primero lleva por título Piel, en la que la artista se depila todo el cuerpo y camina desnuda por Venecia. El segundo, Quién puede borrar las huellas, es de 2003 y muestra a la artista caminando con una tina de sangre en la que remoja sus pies para luego dejar sus huellas sobre el pavimento. La acción concluye frente a la comandancia general de policía de Guatemala, con la artista confrontando a una decena de uniformados. El tercero, de 2004, es Himenoplastia, y presenta la operación quirúrgica practicada en la vagina de la artista para reconstruir el himen. Una práctica a la recurren jóvenes mujeres que han sido violadas, y que a fin de ser aceptadas como esposas legítimas se someten a este tipo de intervención. Una obra dura que refleja la violencia de que es objeto la mujer en todo el mundo.

Durante la inauguración de la bienal Regina Galindo presentó una acción titulada Golpes, para la cual se encerró en una pequeña habitación y se flageló una vez por cada una de las 394 mujeres que han sido asesinadas entre 2004 y 2005 en Guatemala. Escalofriante por los sonidos y la duración de la misma, la acción dejará una constancia de que el arte es estética pero también representa una postura ética que tiene un peso decisivo sobre la sociedad.

Una rosa es una rosa es una rosa

Regina GalindoLa 51° bienal acusa un tono distinto al de sus dos ediciones anteriores. Es más pequeña, con menos artistas y menos secciones. El recorte de tiempo de preparación se refleja en la cantidad de obras y la espectacularidad de las mismas.

En la edición 2003 el número de artistas participantes llegó a 350, en esta ocasión, las dos exposiciones principales suman 92 artistas, de los cuales 24 son originarios de Hispanoamérica y 35 son mujeres. “En el contexto artístico actual”, señaló Rosa Martínez, el fenómeno de la proliferación de artistas en todo el mundo y la apertura de nuevos territorios para el arte, las ferias de arte han jugado un papel que relega a los museos y bienales a un segundo lugar. No obstante, en el aspecto artístico, los temas han sido revigorizados debido a la creciente participación de países geográficamente remotos y a la pujante presencia del género femenino. Como curadora me interesa demostrar el papel cultural que juega la bienal. Espero demostrar que la curaduría introduce un orden filosófico y cultural al caos que generan los mercados de arte”.

En las últimas ediciones la bienal ha sido el blanco de duros juicios sobre la función que cumple y los resultados que obtiene. Las críticas a la bienal anterior condenaron la inclusión de obras descomunales que implican grandes costos de producción, que convierten al arte en un espectáculo más, y, por el otro lado, se juzga dispendiosa e inútil la participación de artistas de los cuales nunca se vuelve a saber. Para Rosa Martínez el criterio de selección ha sido invitar a artistas establecidos que han mantenido una posición en los últimos diez años, y “evitar la idea de que la bienal es un enorme supermercado donde todo puede acomodarse”.

Bernard FrizeEs patente que la novedad y las propuestas se surgen de los lugares menos esperados, frecuentemente no asociados al mercado del arte. Tal es el caso de Joana Vasconcelos por ejemplo, artista portuguesa que presenta una de las obras más llamativas, La novia (2001), un enorme candil hecho con miles de tampones femeninos, metáfora del romanticismo idílico que envuelve el tema de la mujer, siempre vista como un objeto de adorno, soslayando su identidad y diferencia. A unos pasos de esta pieza se encuentra Semiha Berksoy (1910-2004), una artista marginal originaria de Turquía, quien vivió la mayor parte de su vida ignorada por el mundo del arte. Sus cuadros de mujeres en extremo sencillos y de factura no académica, rebozan vida y pasión, verdad y ternura. Seguramente las obras debieron pasar décadas almacenadas, el estado de conservación así lo deja ver, y solo ahora, de manera postmortem, la bienal abre una ventana para conocer el trabajo de esta gran artista. A lo largo del recorrido es evidente que las piezas se enlazan unas con otras sin divisiones que las separen. Los temas de lo doméstico se funden en piezas de artistas como Subodh Gupta, originario de la India, con sus docenas de utensilios de cocina colgados meticulosamente, con el video de una elegante mujer que observa detenidamente un delicado juego de té, de la pakistaní Runa Islam, junto a la sutileza de la escultura de la libanesa Mona Hatum que presenta una jardinera zen con un movimiento rotatorio lento que traza y borra surcos sobre arena blanca. Todo indica una sensibilidad particular, una atmósfera contemplativa.

joana VasconcelosYa desde sus curadurías para la bienal de Estambul (2002) y Santa Fé (1999) Rosa Martínez había dejado claro su voluntad por recuperar los discursos femeninos del arte. Sin embargo, extraña que en esta bienal no estuvieran representadas artistas de reconocida trayectoria como Ana Mendieta, Lygia Clark, y Judy Chicago. Sin embargo, están presentes las obras de la gran dama del arte contemporáneo, Louise Borgueois, que a sus 94 años experimenta con una pieza sonora en la cual entona una melodía nostálgica (El murmullo del agua cantando, 2002). Sus esculturas metálicas en forma de espiral (Sin título, 2004), hace referencia a la historia desde una perspectiva no lineal, reflejando el carácter caótico y cíclico de la vida.

También hay lugar para el humor, la comedia y la ironía. Los videos de Blue Noses, un colectivo de artistas rusos, representan las más convencionales ideas masculinas del sexo con una fórmula cómica que recuerda el cine mudo. Jimmie Durham, como ya es característico en su obra exotiza la cultura occidental, con una acumulación de herramientas y objetos decorativos y referencias animales, que enfrentan lo tecnológico con lo ritual bajo el título Algo (Quizá una elegía o una fuga). Por su parte el alemán John Bock realizó tres performaces dentro de una instalación alusiva el complicado mundo masculino, lleno de objetos fetiche y situaciones escatológicas, que traen a la mente que el desorden mundial es producto de los estúpidos hombres blancos.

Louise BourgeoisDos obras sobre que versan sobre el museo y la herencia moderna son producto de la reflexión del mundialmente conocido arquitecto holandés Rem Koolhas y el argentino Sergio Vega. El primero presenta una serie de apuntes y fotografías sobre el proyecto de renovación del museo del Hermitage, el más grande del mundo, en el cual se cuestiona la necesidad de rehabilitar sus más de mil salas. Koolhas apuesta por dejar intactas el deterioro y la improvisación de los espacios, como parte importante de la historia. Sergio Vega , por su parte, realiza una instalación de un típico lounge de aire brasileño, con muebles y música de los 60, representativo de la modernidad latinoamericana. El ambiente cool de ésta contrasta con la reconstrucción de favelas y la destrucción del medio ambiente que ocasionan los proyectos liberales en la ciudad y la región amazónica, y la representación de animales selváticos en esculturas de fibra de vidrio que operan como vestigios de la fauna extinta. En un tono similar, la brasileña Vasleska Soares construyó una casa hexagonal rodeada de espejos, como la mayoría de los rascacielos actuales, donde se exhibe un video de una pareja bailando un tema sesentero como The Look of Love, como una ironía a los programas arquitectónicos utópicos que dieron origen la ilusión de progreso. Entre las propuestas para el nuevo milenio se encuentra la obra de la japonesa Mariko Mori: una enorme cámara de acrílico aperlado en forma de glóbulo ocular salida de un relato de ciencia ficción o una tira cómica (Wake UFO, 1999-2002). El público es invitado a entrar en el artefacto por el iris del ojo y someterse a una encefalograma que lee los impulsos alfa, beta y gama del cerebro. Acostado sobre un cómodo respaldo, rodeado de una pantalla semicircular, el visitante experimenta la formación de imágenes mentales abstractas parecidas a un calidoscopio multicolor. La obra hace pensar en las experiencias utópicas de un arte tecnológicamente sofisticado, que va más allá de la visión óptica para introducir al espectador en la experiencia interna de carácter místico.

A pesar de la tecnología que sugiere el proyecto, la aventura curatorial de Rosa Martínez está más centrada en las prácticas rituales y colectivas. Varios videos (el de la coreana Kimsooja, el ucraniano Oleg Kulik, el albanés Adrian Paci y los perfromances de la colombiana María Teresa Hincapié y las fotografías de la española Cristina García Rodero), sugieren la relación entre las prácticas chamánicas e iniciáticas, los comportamientos de las masas y los clanes, que en aún en esta era siguen teniendo un efecto catalizador, porque es ahí donde se manifiestan las neurosis colectivas en las que vivimos y circulan energías reparadoras. El legado de la exposición sugiere que el papel de lo femenino es un regreso al interior, al sentimiento y un abandono de la idea lineal de progreso y de una vida enfocada a lo externo y el vacío.

De la representación pictórica a lo real, la experiencia del arte

Para María de Corral, curadora de la muestra La Experiencia del arte, la bienal es una oportunidad para abandonar las lecturas estilísticas del arte y ofrecer experiencias como la nostalgia de un pasado irrecuperable; el mundo de los afectos y estímulos que conforman nuestra identidad; las visiones del cuerpo, su fragmentación, muerte y desintegración; el poder y la violencia, la crítica social expresada a través del humor y la ironía y la redefinición de imágenes y narrativas visuales apropiadas de los medios de comunicación masiva.

El pabellón Italia es una estructura arquitectónica compleja, dividida en múltiples espacios, que, a diferencia del Arsenal, anulan la secuencia de las obras y crean núcleos aislados. La sala central opone dos tipos de obra que marcan la distancia entre el objeto escultórico y la experiencia de la imagen digital. Las fotografías de Thomas Ruff, ampliaciones de fotografías que acusan una pixelación de la imagen, representan paisajes distorsionados de ambientes bélicos y bucólicos. Las imágenes del mundo, tomadas de la Internet, contrastan con la materialidad del objeto escultórico de Rachel Whiteread, una mole de cemento vaciada a partir de una escalera de una vivienda británica tipo clase media. Ambas obras nos sitúan en los extremos de la representación del mundo, por un lado la imagen digital sugiere una realidad expresada en una convención fotográfica informativa, mientras que la escultura nos permite percibir el espacio negativo de los espacios comunes por los que transitamos, aquel del cual nunca estamos conscientes.

Pipilotti Rist Adrian Paci

Gran énfasis ha puesto la curadora en presentar una visión del cuerpo humano a través de la pintura. A partir de las obras de Francis Bacon, Antoni Tapies y Philip Guston, y la sudafricana Marlene Dumas, cada uno con una representativa selección de su obra en su respectiva sala. La curaduría expone de manera exquisita las diferentes soluciones que a partir el color y la textura, la pincelada y la restricción formal han dado origen a visiones del cuerpo: la tactilidad material en Tapies, la dinámica fotográfica en Bacon y el pulso manual de la pincelada en Guston, y la evocación de la muerte en las veladuras e impastos de las sutiles pinturas de Dumas, quien encabeza el llamado triunfo de la pintura actual.

Rachel WhitereadDe las propuestas históricas pasamos a las practicas pictóricas no representativas, abstractas, entre las cuales sorprende la presencia de la recientemente fallecida Agnes Martín (1912-2004), una pintora excepcional, cuya obra es de un carácter profundamente contemplativo, construida a partir de unas cuantas líneas y formas geométricas, con un uso elegante del color y mucho énfasis en el tono. En contraste, el francés Bernard Frieze realiza en sus lienzos una minuciosa investigación sobre el carácter del color y su relación con la forma, obteniendo resultados muy placenteros para el ojo o que también instigan el sentido del tacto. Junto al colorido de Frieze parecería que las pinturas del español Juan Uslé son tediosas por su monocromatismo, pero la variedad de tonos de gris y la consistencia de las formas lineales constituyen el límite opuesto de la experiencia pictórica, cercano a la escultura debido a la rica textura.

Gabriel Orozco, el único mexicano en toda la bienal, también vuelve a la pintura, guiado por su obsesión por la forma redonda y el juego de las progresiones matemáticas, y con el barroquismo visual que solía emplear en sus primeras obras, para cerrar el círculo de su carrera.

El redescubrimiento de la pintura figurativa corre a cargo de un joven alemán de nombre Mathias Weischer, de tan solo 32 años. Sus pinturas parten de la experiencia de los planos de color y la representación de espacios cerrados en los que el color y sus vibraciones dejan ver porque el video nunca podrá sustituir a la experiencia visual y táctil de la pintura. Los interiores que representa son alusiones a la pintura misma, el estudio, la tela, la sala de exposición. Weischer descubre el sentido de la práctica pictórica tanto en la forma de manejar el material en capas gruesas y planas como en el juego temático entre naturaleza muerta y la vitalidad plástica de lo pintado.

Blue Noses Philip Guston

Mona HatoumEn la escultura la curaduría establece asociaciones que recorren los extremos de la experiencia de lo real. Bruce Nauman sitúa al arte en los límites del lenguaje y la experiencia del cuerpo en relación con el objeto. Su instalación de video y silla con una cabeza vaciada en cera titulada Shit in your hat, head on a chair (1990), es un juego de palabras que combina los gestos y movimientos de un mimo grabado en video, el cual sigue las instrucciones verbales de una grabadora, demostrando la incapacidad de expresar el sentido del lenguaje a través del cuerpo.

En las esculturas de Juan Muñoz (1953-2001) se articula un mecanismo similar al de Nauman: la risa, la hilaridad como expresiones de la paradójica condición humana. El lenguaje de la escultura es capaz de sintetizar la experiencia del momento, de manera que la instantánea fotográfica no es capaz de revelar. Colocadas en los jardines que rodean al pabellón italiano se presentan dos graderías sobre las cuales grupos de hombres sentados, empleados disfrutando de un encuentro casual, ríen hilarantemente y uno de ellos que acaba de caer gradas abajo, empujado quizá por su propia risa. La inmovilidad de las esculturas es abolida, su solemnidad asimilada a una escena de película cómica. La relación entre arte y vida es perfecta, al grado que nos hace sentir partícipes del gesto efímero arrebatado al eterno presente.

Los imaginarios del cine revisados

Robin RhodeCine y video se confrontan en la exposición. Ya sea a través del video de pantallas múltiples de la finlandesa Eija-Liisa Ahtila (La hora de la oración, 2005), en el cual relata la historia de una mujer que pierde a su perro a causa del cáncer , y realiza un viaje a otra parte del mundo, donde a diario despierta con del sonido de los perros callejeros que ladran al escuchar las campanas de una iglesia. Se trata de una secuencia armada de segmentos documentales y una voz que narra y enlaza las imágenes de las cinco pantallas que funcionan como un solo relato. El canadiense Stan Douglas, por su parte presenta una película (Incosolable memories, 2005) que declaradamente se sitúa en la narrativa cinematográfica para contar una historia en blanco y negro de un hombre en Cuba que también vive bajo la sombra del fantasma de un amigo que le ha dejado una herencia de obsesión. En ambas narrativas la nostalgia es el sentimiento que articula las experiencias, que le da el sabor a las imágenes y que elude la idea de un final, pues siempre habrá un recuerdo presente que modifica el pasado y viceversa.

Otra de las zonas de la exposición explora cómo las diferentes tecnologías de la imagen crean universos y lenguajes insospechados que generan formas de comprensión de la experiencia humana. Usando la animación y el dibujo el sudafricano Robin Rhode, presenta videos donde retrata a un grupo de niños que parecen montar un caballo dibujado en el piso. Mediante una secuencia fotográfica crea la ilusión de que el caballo tiene vida e intenta tirar a los niños montados sobre su lomo. De la misma manera en el video del catalán Perejaume fusiona el movimiento de la vida silvestre de unos venados con una pequeña escultura que representa la firma de Courbet, localizada en la esquina inferior de la pantalla, en referencia a la capacidad del hombre para captar la vibrante pulsión de la naturaleza sea a través de la pintura o el video.

Candice BreitzPor medio de la animación cinematográfica de dibujos al carboncillo William Kentridge construye y destruye su propia imagen. El movimiento constante de su autorretrato, que el artista dibuja y rasga sobre un papel y la cámara presenta en reversa, se enlaza con una animación proyectada en otra pantalla sobre el movimiento de la tierra y de los astros, que , desde la antigüedad han sido interpretados como puntos de referencia y figuras míticas de humanos y animales.

Las animación cinematográfico son un paso en el camino de la representación aparente del movimiento y el tiempo y la simbolización de la experiencia y conservan algo del pictorialismo cinematográfico. Las lecturas semióticas de los discursos cinematográficos que revelan una conciencia de los significados ocultos detrás de la imagen en movimiento, corresponden a la sudafricana Candice Breitz y el italiano Francesco Vezzoli, ambos son retrabajan con imágenes extraídas de los medios, particularmente del cine y la televisión estadounidense. La primera deslumbra con su edición de famosas películas de las que extrae escenas y elimina el contexto visual en torno a la figura del actor. Sobre el fondo negro se observan las cabezas parlantes de los actores que refieren comentarios sobre la relación padre-hijo. Las diferentes pantallas establecen un diálogo sincronizado a través de breves parlamentos de actores como Robert de Niro, Dustin Hoffman y otros. Utilizando películas en las que el papel principal lo desempeñan actrices como Susan Sarandon, Meryl Streep, las frases repetidas machaconamente se dedican a la relación entre mujeres. Lo más revelador de estas piezas es como muestran que en los diálogos reiterativos se esconden juicios y prejuicios que cuando los vemos en el contexto narrativo en la proyección de una película suelen pasar desapercibidos. Breitz nos enseña el valor del video como una herramienta que puede abrir y desentrañar los discursos visuales más comunes.

Matthias WeischerFrancesco Vezzoli realiza un corto, de esos utilizados por las distribuidoras comerciales de cine para promover avances de las películas. Vezzoli utiliza fragmentos de películas que reconstruidos para crear una mimesis paródica. En esta ocasión se basó en la película Calígula, aquel éxito de taquilla soft porn de los años 70. Vezzoli rehizo los diálogos y el reparto estelar de la película, e invitó al guionista original de la cinta, Gore Vidal , para producir el promocional Incluso la sala de proyección simula un cine y es, dentro de la bienal, uno de los eventos que mayor número de espectadores atrae. Al lado de esta presentación con un sonido y la voz atronadora del locutor, el video de la británica Tacita Dean es de una gran humildad, pero su fuerza reside en que representa la puesta de sol sobre una ventana del edificio de la antigua policía de la desaparecida república democrática alemana. La historia, la crítica y la estética se dan cita en este sencillo y revelador cúmulo de imágenes móviles.

Entre los dos segmentos, el de Rosa Martínez y el de María de Corral existe una complementariedad. Por un lado, Siempre un paso más allá explora los márgenes de la producción visual, por el otro, La experiencia del arte es una indagación sobre artistas que hoy constituyen puntos de referencia y ofrece un panorama de las tendencias y articulaciones tecnológicas de la imagen que pueblan el horizonte artístico contemporáneo. La exposición, aunque resulta redundante, deja en claro que el arte visual de hoy funciona como aglutinante de tecnologías de la imagen, que unen, como el cemento a los ladrillos, el edificio de la cultura y nos demuestran que la cultura de la imagen es una torre de Babel.

Pipilotti Rist
Refina Galindo
Fotografías de José Manuel Springer

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Fecha de publicación: 30.06.2005