La pintura de Lamoyi o cómo la experiencia superó al significado

Replica21

José Manuel Springer

Marco LamoyiMarco Lamoyi es un artista que se mueve entre la fotografía y la pintura. Explora las dimensiones de cada uno de estos medios, la línea, el color, la masa y el volumen pictórico. Lamoyi tiene años experimentando con las formas de representación, en ocasiones se inclina por la fidelidad realista y en otras, como en su pintura reciente, se adentra a las tres dimensiones del color: tono, opacidad y pureza.

Yo lo llamaría un sensualista que busca la perfección y la pulcritud del oficio. Respeta mucho el medio en el que trabaja y cuida la factura de sus obras, la presentación, el ángulo de la toma, no se deja llevar por los facilismos. Conoce el material y quiere extraer de él toda la expresividad que le permite.

La decisión que tomó Marco Lamoyi hace algunos años de girar el eje de sus pinturas figurativas hacia la abstracción, a la vez que continuaba con su trabajo fotográfico realista, no solo extendió el campo de su muy literal punto de vista de la pintura como materia prima, también separó de manera desafiante todas las implicaciones de los aspectos visuales de su serie llamada Uussshhh. Trabajar con el óleo como pasta colorida facilitó el uso de la onomatopeya como título, que lo convierte en un punto de referencia en el cual se conjura un espécimen –una categoría de objetos que responde a la visión de la pintura como materia pura, tangible y resbalosa, resistente y moldeable, dura y de apariencia cremosa, que se percibe en estas obras. No hay referencias a experiencia real, ni poética, mucho menos anecdótica, se trata tan solo de una alusión al sonido sordo que produce el óleo al ser mezclado y aplicado sobre la tela.

La serie recuerda también la noción de la teoría del caos sobre cómo el simple movimiento de la alas de mariposa en un lugar puede tener efectos en otro sitio mucho más distante. Y esto está conectado con la forma en que la obra de Lamoyi define la versión contemporánea de abstracción: centrar la atención en algo insignificante es igual a diluir la concentración en aquello que es accesorio.

Marco LamoyiEn las siete obras que conforma esta serie Lamoyi explora el color y la consistencia del óleo a gran profundidad. Tres de las obras son grandes fragmentos de óleo sobre una pequeña tela, que dejan ver la mezcla de tres o cuatro colores a través de los filamentos que se forman con la espátula. Cada pedazo tiene un color dominante, limpiamente logrado a través de una mezcla uniforme de pigmentos. En varias ocasiones, como en las obras Nnmv, Thhno y Ghyie los colores base son el resultado de una mezcla uniforme de pigmentos primarios que dan por resultado colores quebrados o secundarios, los cuales son mezclados nuevamente para darles una nuevo acorde cromático, esta vez dejando ver limpiamente los hilos del color empleado. Hay que enfatizar esa limpieza de la mezcla pues las pinturas de Lamoyi llevan la impronta de su manufactura en una forma que resulta honesta, ya que los cuadros son el resultado de una mezcla de óleos que se hizo fuera de la pequeña superficie de la tela.

La textura es un componente clave, principalmente porque Lamoyi deposita el óleo sobre la tela con una combinación de cuidado y espontaneidad que remite a pensar en una especie de pinceladas gigantes o fragmentos ampliados de un cuadro expresionista. Es en esta aplicación en la que sus obras recuerdan al genial Piet Mondriaan y su serie de pinturas Woogie Woogie en Broadway. Al igual que las pinturas del célebre neoplasticista holandés de los años 30, la obra de Lamoyi es un concentrado esfuerzo en plasmar la pintura con precisión a la vez que se deja llevar por la pasión. En las obra de Mondriaan la aplicación de la pincelada dentro del pequeño espacio de una línea recta es el resultado de un perfecto balance entre el límite de la forma y la textura de la pincelada; en Lamoyi la forma es el estrecho límite del cuadro— que contrasta con los grandes lienzos abstractos de las escuelas neoyorquina y parisina de los años 50— el fluir desbordado de la consistencia del óleo sobre el rectángulo de tela.

Además de la presencia sensual del óleo, lo que hace que las pinturas sean particularmente exitosas es su capacidad connotativa de un amplio rango de emociones: que van desde la dicha que comunican los rojos mezclados con blanco en Symkn, a la contemplación templada de Gyth que transmite la emoción de un soplo de viento congelado. El hecho de que estos efectos sucedan en nuestra percepción no tiene que ver nada más con las características del color, o acaso con la imitación física, sino con la refrescante apertura de interpretaciones que emanan de la naturaleza del medio pictórico, asociado con la presentación de las emociones más puras de las que es capaz el ser humano. Aquí está el argumento más sólido que ofrece la obra de Lamoyi en pro de la existencia de la pintura: la sensorialidad del medio resulta irrepetible e intraducible a otros soportes y técnicas.

Marco LamoyiEl color puede ser el principal y más auténtico aspecto de la pintura, pero puede resultar pintoresco cuando se convierte en efecto que sólo atrae la atención. Las obras de Lamoyi no tienen nada de pintoresco, por el contrario, carecen de esa visión retro expresionista que acusan las obras de algunos pintores abstractos actuales. En la serie de Uussshhh no hay la explosión del color y las texturas, ni el tratamiento intencionalmente sucio del color, que caracteriza a los neoexpresionistas, mucho menos ese efecto de falta de cuidado o intempestiva rapidez de brochas cargadas de pintura. La perfección y pureza del color es parte del contenido de la pintura de Lamoyi: denota su confianza natural en su oficio y la facilidad con que se mueve en el estrecho límite que se ha impuesto, de ahí que sea la intensidad lo que él propone contra el pintoresquismo rampante del llamado renacimiento de la pintura y la inanición racionalista del arte concepto.

El color no es irracional, tiene reglas y una lógica que permiten trabajar con él y llegar a nuevos horizontes. El círculo del color, el espectro de color y la teoría del color son herramientas de esa racionalidad que el artista debe trascender para producir una excitación perceptual y crear un sentimiento de elevación en el observador cuando lo ve. En los últimos años, el arte se había convertido en lo más no-visual de una cultura basada en las imágenes, la frialdad del concepto se impuso sobre la experiencia que podría promover el arte. La pintura de Lamoyi se aleja del significado, nos acerca a una saludable experiencia estética, en la que no tenemos que preguntarnos qué significan sus cuadros sino únicamente disfrutar del placer de sus colores y de su capacidad para superar las reglas del oficio en pro de la sensualidad sin límites.

Marco Lamoyi

Comentarios

Comenta esta nota.
Envía tu mensaje en la sección CONTACTO

 

Fecha de publicación: 09.10.2005