| Imaginar el deseo
masculino desde lo femenino y viceversa: Cuerpo Naúfrago de Ana Clavel |
| Para el hombre común, si es que existe
alguno, el mingitiorio, el urinario, es solo un objeto de uso corriente,
frecuentemente asociado con los baños públicos. Ninguno
de los usuarios hace gran caso a estos objetos que son parte del
mobiliario de uso exclusivo para los varones. Es
esta caracrterística lo que llamó la atención
de la artista Ana Clavel (Ciudad de México, 1961). Si no
fuera por su novela Cuerpo Naúfrago, para much@s
el urinario seguiría siendo un elemento util, y no el símbolo
o metáfora de nuestra condición cultural actual.
¿Qué hace del mingitorio la novela de Clavel? Además
de ser la base de las fotografías, la instalación
y las interevenciones públicas que aquí pretendo analizar,
su lectura del urinario revela una parte de la geografía
del deseo que se nos escapa diariamente. Encerrado en las salas
de baño público, son pocos los que se fijan en su
forma y significado, en sus connotaciones y denotaciones. El trabajo
fotográfico y la instalación de Ana son menos radicales,
quizá porque existe toda una genealogia del baño y
el mingitorio en el arte del siglo XX, y porque en ocasiones que
su discurso visual sufre de atques de hipo que lo hacen saltar del
descubrimiento notable hacia el déjà vu.
Al cambiar de territorio y combinar lo plástico con lo literario,
lo masculino y lo femenino, la obra literaria y visual de Clavel
corre una cortina que nos hace ver lo que antes era invisible. Digamos
que se trata de un hecho afortunado pero no extraño, que
ya hemos atestiguado con frecuencia: artista extranjero descubre
el México profundo, poeta deja el verso y descubre lo visual
poético, y así por el estilo. No obstante, la combinación
de la novela con lo visual (la más reciente novela de Umberto
Eco también es resultado de una combinación de texto
e imágenes) me parece algo inusual, que permite ver las imágenes
desde otro ángulo, como enlaces de una experiencia personal.
|
Luego de ver la exposición leí
la novela y empecé a conjeturar quesería lo primero
la gallina o el huevo, el descubrimiento de los urinarios o la necesidad
de encontrar un leit motif para contar una historia. En un mundo
donde la información y lo imaginario se combinan todos los
días para construir la realidad de verdad no creo que importe.
Lo que sí me parece relevante es que la autora ha rastreado
a través del urinario una trama cultural que tiene su contraparte
plástica. Un mingitorio, una fotografía; una historia,
o varias historias, un mingitorio; a fin de cuentas de lo que se
trata es de hacer una exégesis del deseo, estableciendo su
carácter fundacional, subversivo, en la persona y la cultura
. Este
punto, que se encuentra en el fondo de una gran cantidad de obras
artísticas, está rodeado de oscuridad, como la de
un cuarto oscuro de fotografía (presente en la exposición),
que funciona en dos direcciones: para ocultar y recrear prejuicios
o para esconder y motivar curiosidades, obesiones, pulsiones y reflejar
deseos. Ana Clavel recorre los dos caminos: utiliza el urinario
para denunciar la construcción de una sexualidad prohibida,
de la censura y la represión, pero también como vía
fetichizada , una forma vital que da concreción al deseo,
que lo hace ir en búsqueda de aquello que en su ausencia
se convierte en motor.
Para cualquier hombre común el objeto de cerámica
sobre el que vierte su orina se pierde en el recuerdo de una gran
variedad de formas y mecanismos. Me he puesto a hacer memoria, tratando
de recordar un urinario específico que haya despertado algo
que vaya más allá de su función, y no he podido
encontrar alguno. Lo que si comparto con la autora es la fantasía
que surge de ver otros adminiculos de uso femenino, como el bidet
que he encontrado en algunos hoteles, e incluso objetos tales como
toallas femeninas, en el baño de los aviones, o calzoncitos
colgados a secar , en el baño de algunas mujeres. Digamos
que son experiencias que nos toman por sorpresa porque asumimos
que no forman parte de la geografía prevista, pero ahí
estamos viéndolas, olíendolas, tocándolas o
probándolas. Suceden en un espacio ajeno, público
o individual, no en el propio. Estamos ahí de paso y compartiendo
la intimidad de un lugar ajeno. Y eso nos convierte en voyeristas,
fetichistas y fanáticos de la situación y, con el
tiempo, en sensualistas delirantes. Y esto es lo que nos provee
la novela de Clavel, la compañía de una complicidad
que afirma que por ahí va deshebrando el laberinto del deseo,
guiados por el hilo de Ariadna. |

Por medio de la historia de una mujer que un día despierta
hombre y comienza a explorar el mundo de los baños y los
mingitorios, de la sexualidad del otro, Ana Clavel nos muestra que
somos parte de una maquinaria deseante, neurótica y antinatural
(a fin de cuentas lo humano es lo que más se separa de la
Naturaleza, no?) que plantean esos psquiátras multicitados
hoy en las aulas de las escuelas de arte, Gilles Delleuze y Felix
Guatarí, para quienes el producto cultural más evidente
del capitalismo tardío ha sido provocar una esquizofrenia
generalizada, al separar la identidad subjetiva de la pulsión
del deseo. Las imágenes publicitarias nos dicen constantemente
que lo que debemos desear se limita a lo que nos dan a escoger.
Esto explicaría la transgresión que representa la
parte pública del proyecto visual de Ana Clavel, llamada
pomposamente UrbespectatulArt, que consiste en la imagen construida
a partir de la bella mujer pintada en el siglo XIX por Ingres, conocida
como La Fuente, y el humor negro del mingitorio que lleva cargando
sobre su hombro, referencia directa de la pieza, también
llamada La Fuente, de Marcel Duchamp, que inaugura el arte de conceptos
a partir de la segunda década del siglo XX. Está imagen
ha sido colocada en la fachada del Fondo Nacional para la Cultura
y las Artes (precisamente ahora que se discute la iniciativa de
ley de Cultura en el Congreso) y en varios parabuses de la ciudad.
La mujer nos mira deseante y nos ofrece su juventud de porcelana
a la vez que arroja los fluídos emandos del mingitorio duchampiano. |
| No quiero alargarme en la explicacion,
probablemente abastante esquemática, de lo que psicoanalíticamente
hubieran dicho Lacan, Foucault o Delleuze y Guatarí. Prefiero
recomendar el libro de Ana Clavel para que de manera delectable
nos lleve de la mano por el laberinto del deseo, no para entenderlo,
sino para vivirlo con mayor conciencia. Prefiero, avivar el fuego
del deseo con algunas de las fotografías que forman parte
de eso que Ana Clavel llamó readymade-multimedia,
uniendo dos prácticas artísticas que abren y cierran
las artes de los últimos ochenta años. A partir de
su obra los mingitorios se han convertido para mi en una metáfora
del deseo, de las formas femeninas, de lo prohibidio accesible a
través del tiempo privado que invertimos en el espacio público.
|
|
Cuerpo Naúfrago, ready-made multimedia para bucear en
la identidad y el deseo, se expone en el Centro Cultural de España
en la Ciudad de México. Cuerpo Naúfrago, la novela
de Ana Clavel, está publicada bajo el sello Alfaguara,
2005.
|
|