Imaginar el deseo masculino desde lo femenino y viceversa: Cuerpo Naúfrago de Ana Clavel

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José Manuel Springer

Ana ClavelPara el hombre común, si es que existe alguno, el mingitiorio, el urinario, es solo un objeto de uso corriente, frecuentemente asociado con los baños públicos. Ninguno de los usuarios hace gran caso a estos objetos que son parte del mobiliario de uso exclusivo para los varones. Es esta caracrterística lo que llamó la atención de la artista Ana Clavel (Ciudad de México, 1961). Si no fuera por su novela Cuerpo Naúfrago, para much@s el urinario seguiría siendo un elemento util, y no el símbolo o metáfora de nuestra condición cultural actual.

¿Qué hace del mingitorio la novela de Clavel? Además de ser la base de las fotografías, la instalación y las interevenciones públicas que aquí pretendo analizar, su lectura del urinario revela una parte de la geografía del deseo que se nos escapa diariamente. Encerrado en las salas de baño público, son pocos los que se fijan en su forma y significado, en sus connotaciones y denotaciones. El trabajo fotográfico y la instalación de Ana son menos radicales, quizá porque existe toda una genealogia del baño y el mingitorio en el arte del siglo XX, y porque en ocasiones que su discurso visual sufre de atques de hipo que lo hacen saltar del descubrimiento notable hacia el déjà vu.

Al cambiar de territorio y combinar lo plástico con lo literario, lo masculino y lo femenino, la obra literaria y visual de Clavel corre una cortina que nos hace ver lo que antes era invisible. Digamos que se trata de un hecho afortunado pero no extraño, que ya hemos atestiguado con frecuencia: artista extranjero descubre el México profundo, poeta deja el verso y descubre lo visual poético, y así por el estilo. No obstante, la combinación de la novela con lo visual (la más reciente novela de Umberto Eco también es resultado de una combinación de texto e imágenes) me parece algo inusual, que permite ver las imágenes desde otro ángulo, como enlaces de una experiencia personal.

Luego de ver la exposición leí la novela y empecé a conjeturar quesería lo primero la gallina o el huevo, el descubrimiento de los urinarios o la necesidad de encontrar un leit motif para contar una historia. En un mundo donde la información y lo imaginario se combinan todos los días para construir la realidad de verdad no creo que importe. Lo que sí me parece relevante es que la autora ha rastreado a través del urinario una trama cultural que tiene su contraparte plástica. Un mingitorio, una fotografía; una historia, o varias historias, un mingitorio; a fin de cuentas de lo que se trata es de hacer una exégesis del deseo, estableciendo su carácter fundacional, subversivo, en la persona y la cultura . Este punto, que se encuentra en el fondo de una gran cantidad de obras artísticas, está rodeado de oscuridad, como la de un cuarto oscuro de fotografía (presente en la exposición), que funciona en dos direcciones: para ocultar y recrear prejuicios o para esconder y motivar curiosidades, obesiones, pulsiones y reflejar deseos. Ana Clavel recorre los dos caminos: utiliza el urinario para denunciar la construcción de una sexualidad prohibida, de la censura y la represión, pero también como vía fetichizada , una forma vital que da concreción al deseo, que lo hace ir en búsqueda de aquello que en su ausencia se convierte en motor.

Ana ClavelPara cualquier hombre común el objeto de cerámica sobre el que vierte su orina se pierde en el recuerdo de una gran variedad de formas y mecanismos. Me he puesto a hacer memoria, tratando de recordar un urinario específico que haya despertado algo que vaya más allá de su función, y no he podido encontrar alguno. Lo que si comparto con la autora es la fantasía que surge de ver otros adminiculos de uso femenino, como el bidet que he encontrado en algunos hoteles, e incluso objetos tales como toallas femeninas, en el baño de los aviones, o calzoncitos colgados a secar , en el baño de algunas mujeres. Digamos que son experiencias que nos toman por sorpresa porque asumimos que no forman parte de la geografía prevista, pero ahí estamos viéndolas, olíendolas, tocándolas o probándolas. Suceden en un espacio ajeno, público o individual, no en el propio. Estamos ahí de paso y compartiendo la intimidad de un lugar ajeno. Y eso nos convierte en voyeristas, fetichistas y fanáticos de la situación y, con el tiempo, en sensualistas delirantes. Y esto es lo que nos provee la novela de Clavel, la compañía de una complicidad que afirma que por ahí va deshebrando el laberinto del deseo, guiados por el hilo de Ariadna.

Por medio de la historia de una mujer que un día despierta hombre y comienza a explorar el mundo de los baños y los mingitorios, de la sexualidad del otro, Ana Clavel nos muestra que somos parte de una maquinaria deseante, neurótica y antinatural (a fin de cuentas lo humano es lo que más se separa de la Naturaleza, no?) que plantean esos psquiátras multicitados hoy en las aulas de las escuelas de arte, Gilles Delleuze y Felix Guatarí, para quienes el producto cultural más evidente del capitalismo tardío ha sido provocar una esquizofrenia generalizada, al separar la identidad subjetiva de la pulsión del deseo. Las imágenes publicitarias nos dicen constantemente que lo que debemos desear se limita a lo que nos dan a escoger.

Ana ClavelEsto explicaría la transgresión que representa la parte pública del proyecto visual de Ana Clavel, llamada pomposamente UrbespectatulArt, que consiste en la imagen construida a partir de la bella mujer pintada en el siglo XIX por Ingres, conocida como La Fuente, y el humor negro del mingitorio que lleva cargando sobre su hombro, referencia directa de la pieza, también llamada La Fuente, de Marcel Duchamp, que inaugura el arte de conceptos a partir de la segunda década del siglo XX. Está imagen ha sido colocada en la fachada del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (precisamente ahora que se discute la iniciativa de ley de Cultura en el Congreso) y en varios parabuses de la ciudad. La mujer nos mira deseante y nos ofrece su juventud de porcelana a la vez que arroja los fluídos emandos del mingitorio duchampiano.

No quiero alargarme en la explicacion, probablemente abastante esquemática, de lo que psicoanalíticamente hubieran dicho Lacan, Foucault o Delleuze y Guatarí. Prefiero recomendar el libro de Ana Clavel para que de manera delectable nos lleve de la mano por el laberinto del deseo, no para entenderlo, sino para vivirlo con mayor conciencia. Prefiero, avivar el fuego del deseo con algunas de las fotografías que forman parte de eso que Ana Clavel llamó readymade-multimedia, uniendo dos prácticas artísticas que abren y cierran las artes de los últimos ochenta años. A partir de su obra los mingitorios se han convertido para mi en una metáfora del deseo, de las formas femeninas, de lo prohibidio accesible a través del tiempo privado que invertimos en el espacio público.

Ana Clavel

Cuerpo Naúfrago, ready-made multimedia para bucear en la identidad y el deseo, se expone en el Centro Cultural de España en la Ciudad de México. Cuerpo Naúfrago, la novela de Ana Clavel, está publicada bajo el sello Alfaguara, 2005.

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Fecha de publicación: 17.10.2005