Laurie Litowitz, la impronta de las culturas

Laurie Litowitz

José Manuel Springer

Un pequeño mural mexicano es una pieza de gran formato realizada por Laurie Litowitz, artista originaria de Nueva York y radicada en Oaxaca, que muestra su talento para combinar formas y significados, fundiendo culturas y tradiciones contrastantes. Tanto el mural como los objetos que lo acompañan conforman una obra de una gran sencillez que crece exponencialmente en significado cuando se considera la naturaleza del material usado, su conformación y el simbolismo que encierra.

Uno de los activos artísticos de Laurie es su habilidad para buscar y encontrarse con materiales y técnicas en desuso para entrelazarlos y armar con ellos una obra distintiva por su apreciación de lo otro, de lo diferente. Lo ha hecho con telas y hojas encontradas en la India, con las sedas y los alfabetos traídos del lejano Oriente, con huesos de pollo, semillas, tipografías y tarjetas postales del pasado. Para esta serie de obras resucitó del olvido un tipo de artesanía popular norteamericana, propia del ámbito femenino: se trata de círculos que originalmente eran cosidos en casa a partir de retacería de tela. Estas pequeñas unidades se entretejían para dar forma a mantas artesanales de uso doméstico.

Laurie LitowitzPara toda imagen existe un soporte material impregnado de una estética cultural. Así describiría yo la estrategia y el modus operandi de Litowitz. Su uso de aquella técnica artesanal se transforma en una alegoría de nuestro momento actual cuando la artista sustituye la tela por plásticos multicolores, de esos que se encuentran hoy por todas partes: bolsas que usan los vendedores ambulantes o las tiendas de conveniencia. La cultura del plástico se ha convertido en el mínimo común denominador de nuestro tiempo.

Lejos de ser un lamento de la paulatina desaparición de la artesanía, la obra de Laurie Litowitz otorga al plástico una dimensión tan lúdica como simbólica . Como artesanía, el color y la repetición de formas reelaboran los significados tradicionales del color, observables en las decoraciones que adornan las fiestas populares tanto en China como en Oaxaca; artísticamente, el conjunto de círculos de color recuerda la descomposición del espectro colorístico, del efecto óptico de la luz, que realizaron los artistas puntillistas y futuristas a fines del siglo XIX y principios del XX.

Laurie Litowitz¿Que relación guardan sus obras con el mural mexicano al que se refiere el título de la obra? Por principio la pieza no está adherida a un muro permanentemente, es una configuración efímera de materiales transportables. Por tanto, la lectura del mural surge en el terreno de la parodia y de lo cotidiano, y debemos buscar en la realidad ordinaria el origen de este mural en el arreglo multicolor de productos que azarosamente conforman una paleta de colores: el mercado ambulante, el carnaval, las marchas. Situaciones que son el pan de cada día de cualquier ciudad del mundo.

El trabajo de Litowitz coincide con el de los artistas neoconcretos brasileños, que en los 60 llevaron las artes plásticas a otros ámbitos y otros materiales, como el baile y el textil (como los parangolés de Helio Oiticica), o de artistas actuales que transformaron la morfología de la pintura impregnándola de formas y materiales tomados de la psicodelia y la bisutería (Beatriz Milhazes) y del uso de las colores y formas industriales con referencias a la cultura pop en el caso de la obra de Polly Apfebaum. La estrategia revela una fusión entre tradiciones y corrientes artísticas opuestas, como el barroco y el arte óptico, el bordado y la arte objeto, Al borrar los límites entre arte visual y artes aplicadas Litowitz elabora un lenguaje rebosante de sensualidad y referencias multiculturales, en el que la individualidad del artista ha sido rebasada para dar primacía a una sensibilidad colectiva. Desprovisto de un mensaje textual , pero cargado de visualidad y plasticidad el mural de Litowitz apunta hacia lo real, material y maravilloso de la cultura popular.Si los arabescos y las formas elaboradas son consustanciales al movimiento de la imagen barroca, el mural de Litowitz se concentra en señalar un movimiento de un solo compás: una línea que poco a poco se inclina, cuya presencia establece un ritmo o contrapunto entre el mosaico cromático de partículas. La producción artística en serie, en la que intervinieron varias mujeres, refuta la falacia modernista del pintor-autor-individual, y sitúa este muralito en el terreno de lo irónico y lo paródico, en el que la autoridad masculina propia de la pintura mural y su identificación con valores nacionales es sustituida por la apreciación del trabajo manual, lo artesanal femenino y la espontaneidad festiva de lo efímero.

A través de su talento para tender puentes entre culturas, entre técnicas y materiales, entre formas de decir y maneras de hacer, Litowitz refrenda la capacidad del arte para jugar con las posibilidades y para entablar un diálogo entre lo propio y lo ajeno, el ritual de lo cotidiano y lo excepcional de su propia visión.

Laurie LitowitzLaurie Litowitz. Sillas al sol. 2002.

Laurie LitowitzLaurie Litowitz. Mesa. 2002.

 

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Fecha de publicación: 20.11.2005