Carlos Amorales: ¿Por qué temer al futuro?

Carlos Amorales

José Manuel Springer

Carlos AmoralesHay algo extraordinario en el trabajo de Carlos Amorales, podría definirlo como esa capacidad para involucrar todos los aspectos de la cultura en su obra: música, animación, imágenes populares, personajes de la calle, animales simbólicos, parajes naturales, aviones, caracteres tipográficos, máscaras. Todo está pulcramente presentado dentro de instalaciones sumamente sencillas que crean un escenario o un ambiente sonoro pletórico de sensaciones y narrativas.

En su más reciente exhibición, que se realizó justamente durante la campaña electoral, Amorales lanzó al ruedo, con el desenfado que caracteriza todas sus acciones artísticas, una pregunta que es el título de la muestra: ¿Por qué temer al futuro? Siguiendo su costumbre de confrontar lo real con la imaginación a través del poder de la imagen y de la adivinación, Amorales adelantaba una visión de un futuro que hoy, en momentos en que escribo este artículo, parece más incierto. Los controvertidos resultados de las elecciones han llevado a muchos a preguntar qué sigue, qué va a pasar, cuál es el destino que aguarda a México y los mexicanos.

La tarjeta de invitación de la muestra una versión reciente de aquella paloma de la paz que sobre la silueta negra de los dígitos 68, sirviera de emblema a los juegos de la XIX olimpiada realizada en México en el aciago 1968, año de revoluciones y represiones que marcó a toda una época y a varias generaciones. En el caso de la invitación de Amorales no se trata de una paloma exactamente sino de un ave genérica, una mancha negra de esas que se colocan en las ventanas de los edificios para evitar que estos animales se estrellen contra los ventanales de los rascacielos.

Carlos AmoralesLa propuesta de Carlos Amorales está más ligada a la interpretación del futuro que al presente. A diferencia de la obra que realizara para el pabellón holandés en la Bienal de Venecia de 2003, en la que instaló una fábrica maquiladora de zapatos deportivos para que el público Europeo pudiera experimentar las condiciones de la maquila de primera mano, esta exhibición que se originó en una muestra para Madrid y que hoy se repone en el Museo Universitario de Ciencias y Artes de la Universidad Nacional Autónoma de México, funciona como una alegoría de algo que todos quisiéramos saber: cual es el futuro de un mundo sin utopías y sin liderazgo, sujeto al vaivén de la incertidumbre.  

La muestra comienza con un bosque nebuloso dibujado sobre las paredes de la sala, escenario sobre el que se columpian, en móviles metálicos, aves también blancas que se distinguen como manchas grises sobre el horizonte. La obra de Amorales se caracteriza por el empleo de tonos y siluetas recortados sobre fondos fríos. Esas formas simples, que recuerdan desde los primeros dibujos prehistóricos hasta los más sofisticados sistemas de notación, como las señalizaciones urbanas, tiene la ventaja de ser rápidamente absorbidas como símbolos y signos. Esta reducción de la representación a la sombra básica, que ha pasado desde la caverna, al dibujo y de este a la fotografía y de ahí a los primeros prototipos de cine, dispara el accionar interpretativo de la mente.

En la segunda sala, sobre un conjunto de mesas se despliegan cientos de sombras recortadas en plástico. Son dibujos bien trazados digitalmente que muestran el vocabulario de símbolos que emplea el artista para deletrear el futuro. Hay figuras de animales salvajes como lobos y hienas, figuras humanas bailando, con los brazos en alto, recostadas con vestido y saco, o cabelleras enredadas y rostros cubiertos por máscaras. También hay siluetas de aviones de pasajeros, complejas telarañas, ramajes de árboles, animales antropomórficos, así como texturas y tramas geométricas. En el extremo de la sala se despliegan dos mesas con todo el abecedario dibujado con gruesas brochas que arrastran las marcas hasta hacerlas desaparecer. La disposición de los dibujos en cada mesa es aleatoria, cada figura aparece perfectamente encuadrada y separada del resto, siguiendo un orden lineal.

Carlos AmoralesEste depósito de imágenes arquetípicas, emanadas de lo cotidiano y lo anecdótico, son usadas en la siguiente sala en la baraja con la que dos adivinos leen el futuro, conjurando los símbolos funestos y señalando   los símbolos propiciatorios frente a la cámara y hablando con gravedad poética sobre los futuros que aguardan escondidos. Los escépticos dudan, los timoratos se obsesionan, pero todos concurren con curiosidad para saber qué depara el futuro, aunque sólo sea para comprobar y desaprobar lo que se sabe o se desconoce. Para muchos estas practicas adivinatorias del futuro son tan válidas como la predicción del clima o de los futuros de la bolsa de valores, de cualquier manera el ser humano se obsesiona por saber y calcular el futuro.

Carlos AmoralesPara Amorales el futuro es juego, es asociación de ideas y revelación de símbolos. Como en instalaciones anteriores, en esta ha colocado una sala tapizada con aves negras, con mesa y dos sillas, para que la gente tome la baraja y ponga a prueba su capacidad de lectura a lectura de las imágenes. Y aunque los criterios de validez de métodos populares son amplios, en la siguiente sala un video que muestra una acumulación de manchas Rorschard empleadas en la psicología clínica para interpretar la personalidad de los individuos a través de lo que su imaginación les lleva a visualizar en las manchas de tinta. Revelación de la personalidad, del carácter o del temperamento, las manchas se agrupan para formar rostros, animales, figuras simbólicas, guiados por la libertad creativa y la facultad asociativa de la mente. Esta es quizá la pieza más tibia de la exposición pues carece de esa capacidad evocativa que poseen las siluetas realistas.

En la ultima sala la interpretación toma forma narrativa, ayudada por la secuencia de un video realizado en colaboración con André Pahl. Aquí el efecto de las imágenes es más poético que simbólico, una tras una se suceden secuencias de imágenes en movimiento, como la de un avión atrapado en un enramado estéril, docenas monos que se mueven como hojas al viento sobre un horizonte formado por manchas rojas escurridas; hombres lobo que elevan la cabeza al cielo, o una ave negra que estalla en pedazos; todo acompañado por la música hipnotizante para piano compuesta por José Serralde. El video es una suma de los elementos observados en las salas anteriores, es una lectura expresiva de sombras y luces que crean la ilusión de situaciones alegóricas, donde cada cual puede encontrar una hilación o quizá una respuesta sus inquietudes. Pocos escapan a la capacidad evocativa de la obra de una belleza formal insólita. Detrás de la pantalla se observa al pianista ejecutando la música de este acto de adivinación que es, como lo índica el título, un espejo negro donde cada quien se proyecta.

Carlos Amorales

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Dark Mirror
Fotografías de Gabriela Galindo

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Fecha de publicación: 18.07.2006