XIII Bienal del Pintura en el Tamayo

XIII Bienal del Pintura en el Tamayo

Luz Sepúlveda

Eric PérezEric Pérez, Un sueño, 2006
Óleo sobre tela. 150 x 200 cm.

Una vez más se presenta en las salas del Museo Tamayo en el Bosque de Chapultepec, la Bienal de Pintura Rufino Tamayo, que en esta ocasión corresponde a su treceava edición. Nuevamente nos vemos envueltos en un conjunto de obras que dicen poco de cada artista y algo más del panorama global del arte nacional. La exposición está conformada por un conjunto de fragmentos cuya pluralidad se hace cada vez más homogénea, dando lugar a resultados demasiado simplistas. Reducida a formatos bidimensionales –excepción que se ha dado en otros años- la mayoría de las pinturas está elaborada en acrílico sobre tela, y en muy pocos casos se emplea el óleo o alguna otra técnica. Si se tuvieran que agrupar las obras seleccionadas para su análisis, tendría que hacerse desde una perspectiva formal, en donde un conjunto estaría conformado por pinturas abstractas, mientras el otro por las piezas en donde prevalece la figuración. Otra opción de análisis sería desde el tema o el concepto trabajados, desde donde sería más enriquecedor, a no ser porque es difícil delinear un discurso cuando se trata de esta índole de exposiciones.

Los premios de adquisición se repartieron entre tres artistas: Marco Arce, Fernando García Correa y Eric Alejandro Pérez. Arce presenta tres obras a su vez compuestas por tres pinturas en el formato que el autor ha explorado desde hace años: parcelas de imágenes que en conjunto hilan una narrativa. Muy bien logradas están las máscaras, monstruos y gestos de personajes en close-up, de quienes se desprende una irracional emotividad empática. García Correa no modifica el empleo de polípticos reunidos en donde delgadas líneas se tuercen entre sí para formar una imbricada red, característica recurrente en su larga trayectoria como pintor. Más fresco resulta Pérez quien aborda un tema romántico en el que pequeñísimos hombres parecen luchar por su vida, mientras se divierten encima de peñascos rocosos que son golpeados fuertemente por gigantescas olas en un aparentemente sublime maremoto.

Entre las propuestas más rescatables de la Bienal se encuentra Alejandra Contreras cuyas piezas representan una telaraña de abstracciones en un vivo color rojo y las construcciones arquitectónicas sutilmente trazadas sobre un fondo minimalista, de Emilio Said. Fernanda Brunet, en mi opinión la mejor de la muestra, recrea grandes cascadas de color y formas florales mezcladas con un torbellino en rosa fosforescente. Estrellas brillantes explotan, la lava se vierte y se mezcla con líquido que abunda sobre toda la tela de lino. Igualmente explosivo es el volcán en erupción encima de un pingüino de Marcos Castro. Tres regiomontanos muestran excelentes obras: Manuel Mathar repite un retrato en varios cuadros en el que un hombre golpeado nos mira de frente y en algunos casos muestra una pistola en la mano. Adrián Procel, heredero de la tradición hiperrealista, recrea un pasillo exterior de motel y en otra obra el interior del cuarto con las pertenencias de una huésped. En estas obras se entabla un diálogo entre el exterior y el interior, entre lo íntimo y lo público. Rubén Gutiérrez hace un anti-homenaje a On Kawara al recrear instantáneas de los personajes de la teleserie Lost con la hora, minutos, segundos y centésimas sobrepuestos al retrato, además de un texto explicativo adyacente a las pinturas, en un gesto eminentemente conceptual.

Fernando García CorreaFernando García Correa, 100100P43, 2006
Tinta sobre papel sobre MDF, 200 x 200 cm.

Asimismo es rescatable la obra que mereció Mención Honorífica hecha en colaboración entre Jorge Ornelas y Anabel Quirarte que trata de acuarelas en donde fragmentos de escenas domésticas en el clóset o la cocina adquieren una relevancia insospechada. Recuadros exhiben una cafetera sobre la estufa y después en el lavabo, o el café servido en tazas, en escenas aparentemente inocuas, que son retratadas como partículas de una cotidianidad en donde el instante se congela en un tiempo extensivo.

De menor categoría se agrupan las obras de Armando Fraga (como refrito de F. Brunet), Álvaro Alcocer (demasiado decorativa), Álvaro Castillo (romántico trasnochado), Saúl Villa y Roberto Arcaute quienes hacen ejercicios pictóricos que parecen haberse quedado a medio camino. Los últimos dos recrean en una visión particular dos formas de entronizar el vehículo que nos maneja socialmente hoy en día: las vans y SUVs, formas que han sido reproducidas en obras más afortunadas.

Como en toda exposición colectiva, tiene presencia la sala del terror, en esta ocasión representada por Rubén Méndez (quien se salva con una reinterpretación bastante acertada de las Boogie Nights de Mondrian), Mario Rangel Faz y Roberto Turnbull. Sorprendente resulta que el último haya obtenido una Mención, pues las pinturas de Turnbull y Rangel Faz son en conjunto las obras más retóricas, poco propositivas, vacías y con menos visión estética de toda la muestra.

 


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Fecha de publicación: 10.09.2006