Una espeleología del gusto en La Colección Jumex

Coleccion Jumex

José Manuel Springer*

Jorge PardoJorge Pardo, Bar , 2000.Esquiador al fondo del pozo, la más reciente exposición de La Colección Jumex marca el final de una etapa de proyectos curatoriales y el principio un nuevo capítulo. Ciertas señales indican el cambio desde que se renovó la dirección de la colección, a partir de la llegada de Abaseh Miravali, que ha traído un cambio de enfoque en los propósitos artísticos de Patricia Martín, la directora anterior.

Entre la señales de cambio puede decirse que es la primera vez que las obras están presentadas de acuerdo a un sistema más perceptual que temático. La estructura de la exposición, que consiste en un laberinto de pasillos y recintos, reduce la tendencia a verla como desarrollo de un concepto conceptual y propone aprenderla desde la subjetividad del visitante. Esta es la primera vez que el conservador de la colección organiza la curaduría de la misma y es la primera vez que se emprende la impresión de un ambicioso catálogo de registro y discusión de la obra.

 

Según Miravali, de aquí en adelante la Fundación Jumex se enfocará a la investigación teórica (antes se había concentrado a la curaduría externa), siguiendo un plan para posicionarla como un centro de arte contemporáneo que impulse la producción de teoría, interpretación y vinculación con el público. Para lo cual, la nueva directora anunció planes de crear un nuevo edificio en la Ciudad de México (la sede de la colección se encuentra a 20 kilómetros de la capital).

Andre_LewitSala con obras de Sol Lewitt, Carl André
y Gabriel Orozco.
La estructura de la museografía está basada en los reflejos que cada obra arroja y recibe de las que la circundan. A través de un recorrido aleatorio, sin principio ni fin, se teje una red de asociaciones cuyo un hilo conductor es simple: la construcción de formas en el espacio, tanto físico como mental (de Paul McCarthy a Sol Lewitt). La urdimbre de la exposición está formada por el complejo laberíntico de muros, pasillos y pequeñas salas que contienen la obra. La trama es resultado del conjunto de obras seleccionadas en pares o ternas, que interactúan o chocan entre sí obligando a buscar un sentido. Según el curador Michel Blancsubé, quien con esta exposición se gradúa como curador, los puntos de contacto entre obras está basado en vehículos informativos como el periódico, el cómic, la escala o el color de las piezas; algunas de ellas están en la exposición porque simplemente no habían aparecido en ninguna otra exposición de la colección. Blancsubé es el conservador de la misma, la ha visto crecer en los últimos cinco años, a un ritmo promedio de casi 150 obras por año.

Desde la primera sala, en la que se encuentran juntos la obra de Sol Lewitt, Carl André y Gabriel Orozco, es posible detectar la red, a través de la estructuras paralelas, retículas y formas bidimensionales que fungen como ejes del mapa o la cartografía de la exposición.

Las dos primeras salas están unidas por el uso del periódico, tanto tipográfico (Orozco) como diagramático (Lewitt, André), o por el lenguaje escrito en la obra de Lawrence Weiner (Peace and Quiet One Here One There Before the Explosion, 2000). El cuadrado negro de Richard Serra y el cuadro blanco sobre blanco de la obra de Michael Ryman son dos extremos de la imagen: por un lado el signo convencional, por el otro la forma pura, la idea platónica donde se esconden todas las demás formas.

Desde el umbral de la sala principal la exposición propone tres posibles puntos de partida. La elección del visitante es enfatizada a través del recurso de ventanas de cristal que permiten ver las obras en dos sentidos (anterior y posterior) y dejan visualizar otros posibles recorridos. Hacia la derecha el hilo se desenrolla a partir de la obra de un joven artista mexicano Moris, cuya propuesta está basada en exploración de lugares urbanos marginales. Las dibujos que presenta son el resultado de una bitácora de sus recorridos en a píe y en bicicleta, en los que detecta formas de apropiación del espacio público, como la habitación de los sin casa (suena como una paradoja) construida con unos cuantos pedazos de madera organizados en dos o tres paredes, que se cierran sobre el piso o un muro para crear un cubo o morada protectora que funciona efímeramente, construida con cartones, madera o restos de materiales encontrados. Al lado se encuentran dos dibujos del guatemalteco Darío Escobar, unas gotas de aceite quemado sobre papel, que funcionan también como un registro citadino muy sutil.

Richard SerraRichard Serra, Untitled, 1990.

MorisMoris. Varias obras, 2004.

Una vez atravesado el umbral el laberinto se abre en varias posibilidades, el dibujo documental da paso a un tipo de obra que enfatiza el azar y la probabilidad, como sucede en la mesa pintada de Franz West Working Table in Aspik, (2005), estructura formal organizativa cuyos colores reflejan el accidente y el caos residual del trabajo. La sección que sigue por este camino está organizada a través del color, ya sea en formas organizadas como la columna de libros de bolsillo de Stephen Dean, o de los garabatos de óleo rojo sobre placa de acero de Otto Zitko.

Otto Zitko y Stephen DeanObras de Franz West y Otto Zitko. Iñaki BonillasIñaki Bonillas, Corredor de luz, 2004.

Wilhelm SasnalWilhelm Sasnal, The Band, 2002.

Blansubé se propuso eliminar la imagen móvil, específicamente el video, y obras que pudieran tener una lectura política. Más, como en toda regla, hay algunas excepciones que la confirman. Tal es el caso de las fotografías de Ilan Liberman, Niño perdido, (2005-2006). Los retratos son réplicas exactas, realizadas mediante un microscopio, de planillas publicadas en diario capitalino Metro en la sección de personas extraviadas. Estos son las únicos que hacen referencia a un realidad social. La otra obra de excepción es la de Wilhelm Sasnal que consiste en una instalación de proyectores de cine Super 8, que a través de múltiples proyecciones documentan la presentación del grupo de rock progresivo The Band . Por el lado izquierdo se llega a la obra de Iñaki Bonillas, Corredor de luz , (2004), artista mexicano que propone construcciones del espacio vacío, que recuerdan esos espacios muertos de edificios y oficinas, colocando tubos de halógeno que iluminan un estrecho pasaje. Por el centro se llega a una de las obras más emotivas de la exposición de la francesa Annette Messager L'attaque des crayons de couleur, 1996, una amenazante instalación de lápices de dibujo que salen de agujeros en la pared, en donde se combina el material, el juego y la fantasía de una forma inquietantes. Debido a la disposición de los lápices en líneas que surcan la pared de piso a techo en un angosto pasillo, el lugar se torna en una especie de cámara de tortura.

Al centro de la exposición accedemos a un espacio en el que un bar de Jorge Pardo, de colores brillantes y chapeado en formaica, funciona como una isla de la vida doméstica. Dibujos del Doctor Lakra sobre vasos de plástico o intervenciones fotográficas satirizan a chicas de calendario de antaño, contribuyen a crear la atmósfera de un lounge de descanso, rodeado de los cómics bordados con hilo a mano por Mark Newport y los carteles del francés Jacques Villeglé.

Annette MessagerAnnette Messager, L'attaque des
crayons de couleur
, 1996.
Ilán LiebermanIlán Lieberman, Niño perdido,
2005-2006.
Stephen DeanStephen Dean, Account 233,
2002.

Para Blancsubé una forma de abordar la curaduría ha sido vincular formas tridimensionales y bidimensionales, que tengan cosas en común. Al costado de la pieza de Pardo se encuentra otra mesa, ésta de Francis Alÿs, con una secuencia de dibujos utilizados para elaborar tres pinturas sobre la maternidad. Una pintura de chocolate del suizo Dieter Roth y los dibujos de Sofía Taboas, de colores planos en papeles de arroz, le dan a la sala el tono de una habitación de juegos para niños, que los dibujos en alto contraste de Carlos Amorales, contribuyen a resaltar. Está es probablemente la zona donde el ludismo, el instinto y el gusto nos hacen sentir como niños en juguetería.

Gary SimmonsVista general de la exposición.

En la zona contigua, objetos domésticos se entrelazan poética y pragmáticamente a través de juegos de visión y formas compartidas. Está un dibujo de Robert Longo, que reproduce la reja de la antigua casa de León Trotsky en México, un intrincado y florido diseño de herrería manchada de rojo; enfrente hay un ordenado conjunto de esferas blancas cada una fotografiada con iluminación distinta, de Sol Lewitt; la instalación de Michel François, una esponja marina sobre madera que recibe una gota agua, y, sobre la bóveda del techo, de donde provienen las gotas, la curiosidad nos lleva a ver la obra de Richard Wright, un dibujo en plástico adherible que recuerda la bóveda celeste. Curvas y esferas rodean otro de esos callejones estrechos que tanto gustan al curador, en el que se encuentra un par de skies, bastones y la sombra del esquiador que se ha estrellado en la pared y viene saliendo hacia el espectador. Esta es la metáfora de la exposición: la posibilidad de atravesar el pozo a partir de la incongruencia que representa tener la potencia y estar condicionado por las circunstancias, una parábola de la situación actual. Por último en la sala superior del edificio se presenta una instalación del artista Jorge Méndez Blake, que es una recolección de las 400 páginas de la novela de Herman Melville, Moby Dick, cada una enmarcada y anotada con comentarios del artista. Rodeado por ese cúmulo de texto impreso, se intuye ese tránsito entre la esfera de la imagen y la de la palabra que permiten los signos, pues el lenguaje escrito es también dibujo que provoca imágenes.

Sin duda, el esfuerzo de Blancsubé es llevarnos por un sistema de túneles y galerías, donde la ciencia y el arte se unen para articular discursos nuevos, combinados inteligentemente por medio de argumentos que demuestran la creatividad inherente al arte. Aunque la exposición tiene una influencia indirecta de La Colmena (muestra curada en esta misma sala por Guillermo Santamarina en 2004), en la forma de colocar las obras para generar lecturas parciales, la propuesta de Blancsubé tiene su lógica propia: la de una aventura, la del juego y de la inmersión total dentro de una colección que tiene todos los elementos para crear una visión con espesor y riqueza.

*información de Axel Velásquez
Fotografías de Gabriela Galindo

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Fecha de publicación: 01.11.2006