Au revoir Parres. Exposición de Melanie Smith

Melanie Smith

José Manuel Springer

Melanie SmithSiempre me ha sorprendido la distancia con la que Melanie Smith (Inglaterra, 1965) se acerca a México, lugar donde vivió y desarrolló su carrera durante 18 años. Esa distancia se puede medir en cada una de sus propuestas artísticas y resulta proporcional a su interés por reflexionar sobre los medios que usa como soporte, sobre el espacio o el modo de ver los hechos y los objetos. Así por ejemplo, su pintura conlleva un alejamiento de las situaciones para centrarse en el aspecto representacional del medio, mientras que el arte objeto y la fotografía la hacen reparar sobre los significados y símbolos de la ciudad.

Como a   Melanie Smith, a mi también   me capturó el pequeño pueblo llamado Parres, situado en camino de la ciudad de México a Cuernavaca. Innumerables veces me detuve a verlo desde los polvorientos márgenes de la carretera federal, contemplando una pietá mexicana tallada en piedra por el artista Francisco Marín, gran ejemplo de la estética de la Escuela Mexicana; ésta es la única obra artística que uno puede encontrar en la carretera entre el horizonte atiborrado de construcciones grises que se levantan entre un bosque de postes, cables de luz y antenas. Parres es un pueblo que no da más que describir para la imaginación, es un lugar de tránsito y nada pintoresco. Ese es su atractivo posmoderno.

En su más reciente exposición en México, ahora como exiliada pues se ha mudado a España, Melanie Smith presenta una instalación, varias pinturas y tres videos, llamados respectivamente Parres 1, Parres 2 y Parres 3, realizados en conjunto con Rafael Ortega. Son obras resultado de su reflexión sobre la ausencia y la pintura, en el contexto de un pueblo situado en la periferia de la enorme capital mexicana.

Melanie SmithDurante varios periodos de su producción artística Smith posó sus ojos en la imagen encontrada. Desde sus recolecciones de objetos naranjas, obtenidos en los mercados ambulantes, a las fotografías de enormes supermercados y de ahí a las vistas aéreas de la ciudad de México, la mirada de la artista ha sido la de la etnógrafa que quiere descubrir en el bullicio y el ruido visual de la ciudad un detalle más: una leve aura que emana del caos.

Parres es el cierre de un ciclo en su carrera. Todavía recuerdo su llegada a México en 1989,   como parte de una camada de artistas británicos que arribó en busca de caminos para internarse al arte. De los ocho artistas, la mayoría se regresó y solo Melanie continuó trabajando en un medio que a veces fue muy adverso. En aquellos primeros meses de su estadía, sus obras eran objetos escultóricos que tenían la influencia de maestros ingleses como Richard Wentworth. Al poco tiempo, Melanie Smith dio muestras de adaptarse a la fibra de la ciudad, como una mosca en la pared, para hacer propuestas conceptuales sobre los significados del arte. Su exposición Cinco hipótesis sobre un espacio (Salón des Aztecas, 1990) abordó la vinculación entre el concepto abstracto, el referente visual, la situación espacial y la situación contextual de un signo y el efecto que producen sobre el espectador y su entorno. Para esa acción. Melanie Smith usó objetos sencillos: bandas elásticas, palabras escritas sobre el muro, y algunas bolsas de hielo, que medían, definían y confinaban el cubo blanco de la galería. Como Kosuth, Smith intentaba centrar su trabajo en los tres niveles del significado y confrontar a los espectadores con la materialidad de la obra y el espacio.

El ciclo que inició en 1990 con sus hipótesis sobre el espacio (que a lo largo de los años aplicó a la ciudad, la galería, la habitación o el interior de un objeto) culmina ahora con la obra expuesta en Parres, luego de muchas exposiciones y variaciones intencionales y accidentales de sus postulados. Los videos de esta muestra son una exploración sobre la vinculación entre imagen y realidad, el signo y su contexto, la pintura y el cine. Su propuesta se ha refinado y ha llegado a una sutileza (que no deja de parecerme una distancia) de expresión de la realidad, usando el monocromo en algunas de las pinturas y el efecto fuera de foco tanto de la cámara de cine como el causado por el aerógrafo, que emplea un pintor contratado por ella para hacer las pinturas.

Melanie Smith Melanie Smith

Su propuesta no ha perdido la sistematización que caracteriza a todo su trabajo; ese racionalismo que resulta de la estética relacional con la que aborda sus proyectos artísticos, que a veces hacen pensar que lo que transmite Smith no es una percepción de color o de materiales producto de la sensibilidad sino la expresión de su rigor conceptual. Cada uno de los tres videos está filmado en un solo rollo de 35 mm. Para demostrar el recurso del soporte se incluyen el principio y fin de película donde aparece la claqueta y las trazas del laboratorio de revelado del celuloide. Esto es un recordatorio que deja la artista para enfocar nuestra atención sobre la naturaleza del medio usado. Y es una pista más de su obsesión con lo material. La marca de su obra.

En el primer rollo observamos a un pintor cubriendo la superficie de un vidrio, visto desde el lado opuesto mediante la cámara de cine. La nube de pintura del aerógrafo vuela con el viento pero algo logra pegarse al vidrio y paulatinamente lo va cubriendo de blanco, hasta que nos deja frente a un cuadro blanco visible por la temporalidad sumada de la cámara y la película. De ahí la propuesta empieza tomar forma como una serie de hipótesis: pintar es crear una ilusión, fotografiar esa ilusión es volver a lo real, filmar es introducir la dimensión del tiempo a la imagen de lo real y lo pictórico. El video es un signo de que las cosas se mueven y cambian, pero permanecen en la memoria.

Melanie SmithEn Parres 2 la filmación comienza con un asistente de cámara midiendo con un flexómetro la distancia entre los ojos de la artista y la lente de la cámara de cine. A continuación vemos un acercamiento extremo a los ojos de la propia artista, el ojo y la lente se escrutan. La cámara hace un lento zoom out hasta llegar a un plano general donde observamos la impávida figura de la artista   que va a desaparecer lentamente bajo una lluvia pertinaz, la imagen se funde hasta llegar al blanco total. En Parres 3, volvemos al plano blanco del primer rollo, que empieza a ser despintado por el pintor, eliminando el blanco con un trapo mojado, hasta que poco a poco volvemos a ver, en el fondo, la imagen del caserío de Parres. La realidad va tomando forma nítida entre las marcas de agua hasta volverse casi completamente visible. El pintor abandona la tarea y desaparece en el paisaje. Los tres movimientos, al igual que las tres definiciones de Kosuth de la silla, resumen la transfiguración de la realidad a través del complot de la pintura, que termina convirtiéndose en una ventana blanca, no ilusionista, mientras que el rollo de la cámara es el soporte real para el concepto unificado de pintura. El pueblo de Parres es sólo un no lugar que se presta para descontextualizar a la artista y su trabajo.

Los círculos que llevan de la realidad a la pintura se pueden apreciar más empíricamente. Para plantear el tema de la materialidad de la pintura, Melanie Smith recurre a una instalación en la que construye un muro de tablaroca y cemento dentro de la galería, que deja visible todos los elementos necesarios (arena, cemento, llana). De un lado del muro se encuentra un monitor de televisión que recoge cientos de imágenes del pueblo proyectadas a gran velocidad, tal como las vería uno desde un automóvil en la carretera. Del otro lado, hay una pintura, una imagen estática del caserío, resuelta con aerógrafo de manera que se ve fuera de foco, como lo vería un pintor bajo una luz mortecina, durante la lluvia o en un día nublado. Puede interpretarse el muro como el soporte gris típico de la arquitectura vernácula del pueblo (lo real tangible), el video como la imagen instantánea y evanescente (la realidad registrada), mientras que lo que casi no se ve, por razón del muro es la pintura, un tercer nivel de representación aislado y empolvado (la realidad experimentada en forma vicaria).

La siguiente obra es un pequeño marco gris apenas dibujado con aersol sobre el muro de la galería, una reminiscencia de una pintura que existe como referente del espacio pictórico contenido en un rectángulo dibujado en la pared. Esta demarcación es quizá lo último que queda de la pintura sobre el muro una vez que se ha retirado toda materialidad, aunque quizá las marcas de la pared son todavía una rastro de la pintura como el ideal de una ventana hacia el mundo.

Melanie SmithEn el patio interior de la galería se levanta un muro de bloques de concreto de unos cuatro metros de alto. Detrás del muro hay un medio centenar de ampliaciones de fotogramas de cine, que muestran imágenes: antenas, graffitis,   carteles, publicidad barata, letreros y señales y otros signos de comunicación que pasamos por alto debido a su abundancia. Para Melanie Smith tanto el muro como esos signos son los sintagmas de la imagen. Su presencia física consignada por la fotografía, sugiere lo real, no como idea sino como percepción. Si comparamos las fotografías con las pinturas monocromáticas que se encuentran en la sala contigua, veremos que la pintura, en la tesis de Smith, es tan solo un débil enunciado perceptual del mundo, que flota como una nube de pigmento sobre la superficie del soporte.

Melanie Smith ha cumplido con esta obra su discurso. Un legado sobre el acto de crear una imagen que aparece como mimesis de lo real pero que tiene algo menos que un parecido con el mundo. La obra parece llevar la vista al pensamiento sobre un espacio solitario, un lugar donde los objetos son grises, los sonidos son mudos y las cosas se mueven dejando una estela apenas perceptible. El no lugar perfecto es Parres, visto como un vacío de referentes estéticos modernistas. Un lugar que sintetiza la estética erosionada de un pasado amurallado y un presente saturado de signos. Volver a ver Parres bajo la mirada de Smith, con la distancia de la cámara y la pintura fuera de foco, es colocarse entre el tableaux vivant y el gran vidrio intrusivo de la pintura. Para Melanie Smith la pintura es el velo de Maya que cubre al mundo y deja ver algunas de sus maravillas. Ahí radica su mentirosa seducción.

Melanie Smith, en la Galería OMR
Fotografías de Gabriela Galindo

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Fecha de publicación: 27.04.2007