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Distopías y utopías, mundos del arte. La 53° Bienal de Venecia |
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El horizonte azul, un mar tranquilo bajo cielos despejados, dos palmeras en los extremos. El paisaje abre las puertas de la exposición central de la Bienal de Venecia. El foto mural de John Baldessari tiene mucho de imagen publicitaria y poco de arte. Dentro del edificio modernista sede de la bienal una caótica librería con estanterías asimetrícas, diseñada por el tailandés Rirkirjt Tirivanija, es el centro de información; a un costado, la cafetería tapizada de formas gráficas tipo Op Art, creación de Tobias Rehberger –premiado por la bienal– provoca vértigo y deseos de salir de ahí. Así son algunos de los mundos que pregona la 53 muestra bienal de Venecia, cuyo tema es: Hacer Mundos.
El curador Daniel Birnbaum ha demostrado que el que mucho abarca poco aprieta, y ha reducido su selección a cierto tipo de arte de caracter constructivo, mecánico, inclinado hacia la razón y la percepcion más que al análisis o lo sensible. El arte se plantea ya no como un reflejo del mundo sino como un mundo en sí mismo. |
La situación resulta evidente cuando uno camina por los pasillos del monumental edificio llamado Padiglione, donde inicia la Bienal. Las salas despliegan mundos que comparten una constante: proceden de la experiencia traducida a formas con muy pocos elementos. Hay coherencia en la muestra y una diversidad limitada. Gran parte de la obra se parece, no ofrece contrastes o rupturas.
Han pasado ocho años desde que Harald Szlemann hiciera la primera declaración del arte entre siglos. Su exposición, titulada Plataforma de la Humanidad, subrayó el caracter visionario de la obra de arte; la suya fue la bienal que resumía un periodo crítico de la historia y el mundo. En contraste, lo que ha hecho Birnbaum es una selección de obras que se mueven en el terreno perceptual, frecuentemente en la abstracción; obras que representan el espacio público urbano, la arquitectura utópica y los microuniversos domésticos o científicos, en un discurso que busca visiones estables, burbujas, esferas y zepellines que flotan anclados por el pensamiento o la razón.
No debe extrañar que John Baldessari y Yoko Ono fueran premiados por su trayectoria, pues ambos, en sus respectivos estilos, llaman a ver el mundo de una forma poética, sus obras reconstruyen fragmentos del mundo y de la experiencia. |
Yoko Ono,
2006 -
Foto: Gabriela Galindo |
Tomas Saraceno,
Galaxy forming along filaments, like droplets along the strands of a spider´s web (
2008)
Foto de: Gabriela Galindo |
Algunas excepciones son las de artistas, como las acumulaciones de objetos, libros, imágenes de los medios de Georges Adéagbo y los mapas del sueco Öyvind Fahlström, en las que la realidad se muestra en todo su caos de fragmentos y estructuras débiles, como un juego de Monopolio y las películas animadas de Nathalie Djurberg, en las que lo bello y lo terrible del humano alterna con lo amoral de la Naturaleza, son esos puntos neurálgicos donde el arte nos conecta con las redes linfáticas del desorden entrópico.
La narración en algunas de las obras crea un vínculo con el espectador que gira en torno a la historia. Como en la música instrumental y la vocal, hay una tensión en la narrativa que lleva a la mente a desenrrollar el hilo de Ariadne que conduce al origen y el destino de la obra. En ese mundo destacan Lygia Pape, Cildo Meireles
La obra seleccionda es una ilustración de esa multiplicidad mundos que coexisten en un solo universo, reunidos temporalmente en la bienal. La instalación del argentino Tomas Saraceno consiste en dos esferas elaboradas a partir de véctores de tensión que, a través de un cálculo matemático, se enlazan entre sí dentro de una red. Su colocación en el espacio de la bienal la convierte en una metáfora de dos esferas, las de la matemática y el imaginario, que llegan a intersectarse en el arte. |
La utopia llevada a la realidad
Si bien, varios de los artistas invitados han dejado huella por la audacia de sus propuestas, como el caso de los dibujos Gordon Matta Clark, el colectivo japonés Gutai, cuya obra requiere de la acción del público para activarse, o el Moscow Poetry Group, que combina el lenguaje (ruso) y la imagen para devolver al idioma su capacidad metafórica, son ejemplos de la capacidad del arte de expulsar el sentido impuesto a la arquitectura, el objeto y el idioma, para hacer de ellos elementos plásticos con los cuales el visitante puede jugar e ingresar, como en el espejo de Alicia, dentro de otros mundos, donde la lógica y la relación causa-efecto son tensionadas hasta el lìmite de sus posibilidades.
¿Cómo traducir el mundo? En el techo, flotando sobre las sala, un centenar de diccionarios de lenguas de todo el mundo, recuerda la babélica forma en que esa retícula de palabras envuelve al mundo y condiciona la forma en que lo percibimos. La obra pertenece a Richard Wentworth.
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Richard Wentworth,
False Ceiling (1995). Courtesy: the Artist and Lisson Gallery |

André Cadere,
Six barres de bois rond (1975) © Foto: CNAC/MNAM, Dist. RMN - © Philippe Migeat.
Permission by SIAE, 2009
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¿Qué hacer para reinventar el mundo? Configurar el arte de otra manera que no sea un objeto, proponer al visitante como el creador, sugerir vale más que expresar. Como el colectivo Gutai, activo en los años 50 en Japón, la artista Yoko Ono va más allá del objeto en sí y reduce la obra a una acción que podría considerar el visitante: Mirar el Sol hasta que se vuelva cuadrado. Dejar el botón de una alarma dentro del espacio del museo, para recordar que el mundo está lleno de experiencias que no conocemos y que pueden despertar nuestra alerta. La utopia de un mundo sin más objetos, donde se recombina lo ya existente para darle otro significado, es parte de la obra de Yoko Ono y Gutai.
La imagen cinematográfica convertida en escultura y en un sistema de reproducción en serie, adquiere en la obra de Simon Starling una de sus más acabadas definiciones que demuestran que la proyección en sí es un evento poco explorado por la cinematografía. El cuarto oscuro y la proyección de luz sobre objetos, conocidos desde la antigüedad, forman un teatro de sombras móviles que refleja la manera en que nuestra mente percibe el mudo: como una proyecciòn de situaciones vagas e inconexas que generan ansiedad, expresan deseos intraducibles y rompen con los límites de las experiencias para crear, en la obra de Hans-Peter Feldman, una constelación de figuras lumíncas en la oscuridad.
El arte de André Cadere está oculto a lo largo y ancho de las salas, se pierde entre las obras de otros artistas. Sòlo es posible detectarlo por la repetición casual en las esquinas, en los lugares inesperados, son cilindros de colores, como caramelos, que traen a la memoria todos esos objetos citadinos que en su momento cambiaron nuestra vida, pero que hoy se han vuelto invisibles. |
Un arsenal de poéticas
En la segunda parte de la expsición, ubicada en el edficio llamado Arsenal, la obra se despliega como en un bazar semi vacío. La espectacularidad de otras bienales ha cedido a un orden mucho más reducido, elegante y singular. El recorrido abre con una instalación de la brasileña Lygia Pape. En la oscuridad de la enorme sala de ladrillo sobresale por su elegancia una escultura sin masa y con una volumetría transparente. Apenas unos hilos de oro descienden, como la luz, acompañados de esta sobre el piso, creando una experiencia de la luminosidad y la oscuridad bella y tranquilizante. La creación humana imita a la Naturaleza y la traduce en una exquisita experiencia tan concreta como indescriptible: un momento de la eternidad.
De la visión del universo inmanente, Michalengelo Pistoletto nos arroja a la realidad del espejo, símbolo de la obra de arte, de la mente humana y de las ideas. Una sala rodeada espejos enormes enmarcados elegantemente, todos han sido rotos violentamente. La calma deviene en tormenta que agita las aguas y nos atrapa en una marea de fragmentos que es lo que queda de la identidad, pedazos de la relación con nuestra propia imagen. |
Lygia Pape, TTÉIA 1, C (2002-2005)
Foto : Paula Pape |
Héctor Zamora, Sciame di dirigibili (Swarm of Zeppelins) (
2009)
Foto: Gabriela Galindo |
El elemento empírico
Para los que visitan Venecia el evento puede ser la realización de un sueño. Uno imagina
la ciudad por lo que ha visto y escuchado, por lo que lee y recuerda de ella. Venecia es una ilusión difícil de atrapar, es una isla que se hunde, una trama de canales románticos y de clichés turísticos. Venecia existe más en los imaginarios de los guías turísticas que en los muros de sus palacios o las aguas verdes del mar Adriático. Por eso las postales de Alexksandra Mir resultan cómicas y curiosas. Miles de tarjetas postales impresas con la palabra Venecia, que retratan cualquier lugar con agua e islas, playas, barcos o lanchas podría ser un rincón veneciano, llámese Venezuela, Xochimilco o Pukhet.
Construcciones, mapas, dibujos arquitectónicos, traducen la visión utópica pero no la construyen. El mexicano Hector Zamora crean interferencias y reducciones usando estos elementos y llevándolos a la realidad. Sus diminutos zepellines de cartón y uno, que se encontraba anclado entre dos edificios, son recordatorios de lo ordinario que puede resultar el vuelo hoy pero de lo extraordinario que era hace sólo un siglo. Los artefactos flotan dentro de las salas del Arsenal junto a las estructuras arquitectónicas de Yona Friedman, hechas con cajas de cartón, suspendidas de redes en el techo. El espacio que crea la construcción puede ser tan sólo una articulación escultural de la vida, en el que la materialidad sea susceptible de transformación constante, como lo propone Carlos Garaicoa en sus maquetas hechas con solo una hoja de color rojo.
La percepción del espacio y el color son dos elementos que han articulan la relación con el mundo. Los artistas brasileños han desarrollado desde los años 50 toda una genalogia de estilos, que corren desde la poesía hasta la involucración política con diversos matices. Cildo Meireles es un caso excepcional y su obra sobrepasa cualquier categoria. Su instalación Pling Pling es de una pureza y sencillez que refleja la diversidad del caracter de cualquier latitud geográfica, filiación nacional o temperamento cultural. Se trata de seis cuartos pintados con dos colores brillantes.Cada habitación cuenta con una pantalla de plasma que reproduce un tercer color. El recorrido por las habitaciones nos hace concientes del juego del color en nuestras percepciones propias y de la manera en que percibimos a los otros que pasan a un lado. Al igual que Pape, la de Meirelles es una obra que nos recuerda la inmensidad de la experiencia sensorial por sí misma, previa a cualquier descripción verbal.
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Paul Chan, Sade for Sade's Sake - Detalle (2008-2009)
Foto: Gabriela Galindo |
Chen Zhen,
Untitled (2009)
Foto de: Gabriela Galindo |
El mundo doméstico se ha transformado en una visión del universo, lo que sucede en lo macro es un reflejo de lo micro y viceversa. La instalación de Chu Yun reproduce un mundo frecuente en los hogares occidentales: una sala llena de aparatos domésticos que tienen un foco encendido todo el tiempo, que indica que están consumiendo electricidad, porque nunca se apagan. La cantidad de lucecitas que están permanentemente encendidas constituye una réplica del universo en la oscuridad.
De forma similar a Yun, el trabajo de Anawwana Haloba muestra cómo los alimentos industrializados, dulces, caramelos, chicles, reproducen esos gestos de singularidad nacional que circulan por el mundo. Dulces con escenias de plátano, sabores artificiales de fresa y de dudoso origen orgánico, constituyen la moneda de cambio con la que el libre comercio intenta representar las diferencias de un mundo cada vez más homogéneo.
El cuerpo humano y el cuerpo social son dos temas que cruzan el Arsenal. El primero puede percibirse de manera no inmediata en la obra de Sheela Gowda, realizada con vello corporal recolectado de la depilación ritual en la que participan mujeres en la India. Con esa masa negra de fibras ha tejido hilos que peden anudados de la pared como evidencia de esa intimidad femenina sagrada. La curiosa intervención fílmica de Paul Chan es una de las piezas más disfrutables, por su sencillez, un juego de sombras, y por la actitud, una orgia de negros en la que unos disfrutan y otros contemplan y se masturban.
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La presencia del arte corporal no es literal; frecuentmente involucra la participacion del visitante, como sucede en la instalación del coreógrafo William Forsythe, consistente en una serie de aros colgando a diferentes alturas del techo, por la cual el público puede transitar para llegar al otro lado, haciendo alarde de equilibrio y buena condición física para desafiar a la fuerza de gravedad.
El mundo está lleno de lugares; de primeros lugares, últimos lugares; sitios emblemáticos, la cuna, la tumba, el arco de triunfo, el puente del suspiro y el callejón del beso. Son espacios que articulan una conducta y una actitud ante el mundo que a Miranda July le interesa explorar con los visitantes de la bienal. Como en el mundo de la feria y el carnaval, donde el público se transforma y se retrata frente a escenografías y decorados, las instalaciones de Miranda July recrean un mundo pleno de humor, donde cabe la reflexión, el descanso y la discusión de lo que fue el recorrido por largos pasillos y salas enormes, con la felicidad de haber llegado al final de un recorrido extenuante y encontrase en un jardín bañado de sol y sombras. Probablemente la mejor manera para digerir lo experimentado.
Estamos a cien años del principio de la era de las revoluciones y la vanguardia. El mundo se revuelve en una era en la que la mayoría quisiera ver propuestas de riesgo y propuestas críticas. Pero esas son la excepción de la bienal. En general el evento está dirigido a validar un mundo ideal que es el del arte, de lo poético, lo diminuto, lo universal.
Hacer Mundos es un eje conceptual estricto y reitera lo obvio: cada cabeza es un mundo. Cualquier obra de arte puede ser un mundo: un mundo individual, un mundo ideal, un mundo, como el que plasmó Chen Zhen a la salida de la exposición: cruzado en su ecuador por sillas de distintos tamaños, donde cada quien se sienta a ponderar cuál sera el mejor de los mundos posibles. |
William Forsythe,
Choreographic object, suspended (2009)
Foto de: Gabriela Galindo |
"Nosotros no nos conocemos, solo estamos posando para la foto,
cuando terminemos nos iremos lo más pronto posible. Ya casi terminamos" |
"El culpable -- El muy culpable -- El más culpable" |
Miranda July |
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