Flores y Piedras. Perla Krauze habla sobre su participación en la Trienal de Echigo-Tsumari

Perla Krauze

José Manuel Springer

El rumor que deja el aire al traspasar lo arrozales se escucha dentro de la casa. Una pequeña hoja vibra con el aliento que escapa de nuestro interior. Un rayo de luz traspasa la oscuridad y enciende la superficie de una piedra. Dos fibras transparentes se entretejen y cruzan sus destinos. Una vida penetra por la yema de los dedos desde el piso sembrado de huellas y flores. La obra de Perla es calendario memorioso de nuestros ritos.

Perla KrauzeEn el centro de Japón se encuentra una de las zonas más resguardadas de la cultura nipona, conocida por los japoneses como el paraíso de la horticultura, se trata de la región de Matsudai.  La zona es un lugar de paisajes boscosos soleados en verano, fríos en invierno, pletóricos de tradicionales cultivos de arroz y flores, producto del trabajo manual de granjas que, a pesar de la modernización, siguen organizadas como lo estaban hace cientos de años.

Este lugar, ajeno a la industria y al progreso tecnológico, con una naturaleza pródiga en micro climas y orografías, es la sede de la Trienal de arte Echigo-Tsumari, un evento que ha contado con la participación de importantes artistas como James Turrel, Anthony Gormley, Janet Cardiff & George Bures Miller, Christian Boltanski y la escultora mexicana Perla Krauze. La cuarta edición de la Trienal (2009) tuvo como tema La humanidad parte de la naturaleza; desde su fundación, el propósito del evento ha sido crear arte en colaboración con la gente de la región, a fin de establecer puntos de contacto entre culturas y mostrar la forma en que los seres humanos pueden convivir armónicamente con la naturaleza.

Entre los campos de arroz, en la comunidad rural de Koroato, Perla trabajó en una casa deshabitada que le ofreció las condiciones para realizar tres instalaciones efímeras, con las que creó de manera metafórica la memoria del lugar, bajo el título Piedras y Flores.  Se podría preguntar a qué memoria se refiere la artista, que como forastera estuvo inmersa en una cultura que le es completamente ajena y en una topografía que, aunque idílica, puede resultar tan cercana a otras regiones de su país, México.

Lo que motivó a la artista fue la búsqueda del balance entre la forma en que naturaleza y cultura se entrelazan, para crear una vinculación entre el azar de la vida y el tiempo, lo permanente y lo efímero, lo artificial y lo natural. La artista nos describe en sus propias palabras cómo fue que realizó esa instalación efímera en Koroato.

Perla KrauzePerla Krauze: “Piedras y Flores" estuvo dividida en dos partes. La primera, ocurrió en el exterior, donde, con la colaboración de los campesinos del lugar, se hicieron caminos y recorridos de flores anaranjadas, similares a las flores mexicanas de Cempasúchitl. Estos caminos eran una celebración del inveterado cultivo de los arrozales de la región. Cientos de flores, naturales y artificiales fueron ‘plantadas’ en las grietas y a la entrada de la casa para unir el paisaje lejano con los alrededores del hogar.

“En el interior la pequeña casa deshabitada, donde el tiempo ha hecho lo suyo con las paredes de adobe un tanto ‘marchito’ y estructura de madera, con techos de troncos entrelazados y anudados a la antigua usanza, existen dos pisos; en el primero una habitación grande que servía de núcleo de vida, para convivir, comer al lado del “ilori” ( el ‘hogar’ ) o cocinar con leña. Dos habitaciones contiguas más pequeñas están dedicadas al descanso, la intimidad y el sueño. Una de ellas, la que escogí para la segunda instalación, tenía vista a los vastos arrozales verdes que rodean la comunidad de Koarato.

“Realicé la instalación pensando en un recorrido por las tres habitaciones; la primera que era la que recibía al visitante, ahí donde estaban las huellas de los pisos de madera y los tatamis, cojines de fibra de bambú entretejida que cubren casi la totalidad de la duela del piso, donde los moradores se acomodan, comen o duermen. En la segunda, que era la principal, coloqué las “piedras suspendidas”. En la parte superior de la casa coloqué lo que llamo El Jardín del Edén. En este recinto había poca luz, luces tenues y sombras largas, que resultan muy importantes para la cultura japonesa.

“El primer cuarto, Tatami Room, es una memoria del sitio. Ahí elaboré una colección de improntas y huellas sobre papel de arroz, colocados sobre los pisos de madera y los tatamis. También usé una serie de piedras pequeñas recolectadas en México y en los alrededores de Koarato día tras día, además de flores y plantas secas.

Perla Krauze“Flores artificiales fueron ‘sembradas’ en las grietas del sitio, para conectar el interior de la casa con el exterior, donde se encuentran las flores naturales. Los miembros de la comunidad, se dedicaron a plantar flores que van de la casa de Koarato hacia los arrozales de la región. Estos caminos estrechos se perciben desde la llegada al pueblo.

“En la habitación principal, el camino comenzaba a través de un jardín de rocas o piedras translucidas de resina de color, algunas, las más grandes, sobre el piso y otras suspendidas del techo. Estas fueron elaboradas a partir de moldes de piedras recolectadas en México y Japón. Sobre el muro de adobe y madera proyecté imágenes de flores de Jacaranda y de Cerezo. La luz provocó que las piedras suspendidas cambiaran de color constantemente y que todo se transformara durante el recorrido del sitio.

Perla Krauze“Un pequeño jardín comenzó a aparecer en el segundo piso, las flores crecían entre las duelas de madera, dando vida nuevamente a esta casa alguna vez habitada. En una diminuta habitación anexa, se proyectó un video de flores traídas de otros paisajes y latitudes que surgían entre las grietas. Entre las imágenes se veían ya incluidas algunas de las flores amarillas y naranjas colocadas en el paisaje. Eso fue lo que hice en Koarato”.

José Springer: Arte y naturaleza, transformación y creación, imitación o inspiración ¿cual es tu rol como artista?

Perla Krauze: Para mi el arte y la vida son un camino y un recorrido. Son proceso y transformación. Mi rol es abrir puertas, ventanas, y caminos que recorrer, donde la gente pueda ver la realidad de otra forma.

Me apasiona la naturaleza, el paisaje, porque es tan perfecta, que es fundamental inspirarme en ella, imitarla, recuperarla, celebrarla, y evocarla a través de otros materiales. Hacer esta pieza en Japón y el trabajar con la naturaleza era una situación especial ya que para ellos la naturaleza es tan importante, esta presente en cada momento y en cada sitio. En Koarato, una zona rural donde los arrozales son lo más importante, quise celebrar este paisaje con una pieza hecha en el sitio mismo.

JS: Tu obra tiene una genealogía muy particular. Surge del lugar pero también resulta de los viajes y los recorridos por zonas muy distintas. Has estado varias veces en Japón recientemente. ¿Qué es lo que más te llama la atención de esa cultura?

Perla Krauze

Perla Krauze

Perla Krauze

PK. Me gusta como los japoneses se relacionan con el tiempo, con la naturaleza, con el silencio, con la luz y la sombra, con lo invisible o lo pequeño. Saben ver lo cotidiano, hacerlo elocuente y convertirlo en ritual y monumental. En este caso especial de vivir un mes en la zona de Koarato, era para mí estar cerca de su cultura y su manera de ver la vida cotidiana, en ese estado de ánimo. Disfruté al ver como todo, hasta los detalles mas pequeños, son resueltos de manera sencilla, obvia a veces, directa; por ejemplo, como anudan o atan las cosas las ramas de los árboles o de una reja, como todos los detalles del proceso están visibles; entendí que la sombra y penumbra les es importante, ya que sin ella la luz y los colores no serian percibidos de igual manera. Como los japoneses son solemnes por momentos, pero a la vez, sumamente sensibles. Perciben lo pequeño, y no necesitan ser grandilocuentes.

JS. Más que estar ligada a una situación cultural específica, tu obra aparece en los lugares y no lugares insospechados. Los caminos y los recorridos son fuente de inspiración para ti. ¿Qué significa para ti el camino o la especificidad del terreno? ¿Prefieres trabajar para sitios específicos que para lugares convencionales, como un museo?

Los caminos o recorridos me hablan de los procesos, de nuestros ‘andares’ por la vida, de transformación constante. Uno cambia en ese constante caminar. Los puntos de vista se modifican imperceptiblemente. La especificidad del terreno nos hace ver la obra más relacionada con el sitio y menos con nosotros mismos, y eso me interesa.

Es un reto trabajar en lugares específicos, ya que dicen tanto más, pues no son perfectos, ni inmaculados, y están marcados por referencias. Con la memoria de cada lugar se puede dialogar, encontrar misterios en sus espacios, entre sus muros y duelas.

Comencé haciendo improntas o frottages de sus suelos, duelas, y tatamis, donde la gente solía dormir, intentando conservar un poco de su historia en ese papel de arroz, ahora lleno de sus historias y memorias.

Los museos y sitios más neutros son interesantes, pero creo que lo importante sería que permitan trabajar más con el espacio y el sitio.

JS. La naturaleza es un lugar que da origen a una variedad de ritos y símbolos. Es el lugar que resume el principio femenino, de la creación, de los rituales de la reproducción y la fertilidad. ¿Cómo percibes el medio ambiente natural, sobretodo pensando en que vives en una ciudad donde domina lo artificial?

PK. La naturaleza ciertamente encierra la memoria de lo terrenal, de la creación y la fertilidad. Partir de ella es intentar recuperarla y celebrarla constantemente. Lo hago mucho con materiales artificiales, por la necesidad de contrastar lo efímero y lo permanente y lo artificial y lo natural. La ciudad me marca. Yo recupero la ‘flor de asfalto” que nace de las grietas de nuestra gran urbe.

En Japón, quise incluir en la obra un comentario acerca de lo artificial, y contraponerlo con lo natural. Las ‘flores de asfalto’ de México las sembré en ‘sus’ grietas, intentando unir el recorrido del exterior con el interior de la casa.

JS. El uso de piedras y de flores de colores, artificiales y naturales, ¿tiene algo que ver con un símbolo de la existencia?

PK. En una ocasión escuché decir a un vendedor en la Basílica de Guadalupe, que me contestó al preguntarle por qué ponía flores de plástico en su altar a la virgen: Es que “las flores de plástico son para “siempre”. Parecería que las flores de colores son símbolos de lo efímero, y las piedras de lo permanente, aunque de hecho no lo son. Uso las flores naturales contrastadas con las artificiales para hablar de lo que hace el ser humano, de nuestra existencia y devenir, del paso el tiempo. En la casita de Koarato, utilicé justamente las flores naturales y las artificiales, además de piedras juntas en el recorrido, para hablar del tiempo y su devenir.

JS. Hay otro specto que llama la atención dentro de tu obra: la luz, la opacidad o la transparencia. ¿Qué valor tiene para ti la luz?

PK. La luminosidad es vida, es posibilidad de ver, de deleitarse con nuestro alrededor, con colores y espacios. Pero a la vez es importante y primordial para apreciar las sombras, y los silencios, sin los cuales, la luz no podría ser tampoco percibida y apreciada. Siento que en Japón las sombras son más importantes que la luz. En la instalación quise trabajar con la penumbra y casi oscuridad en dos de las instalaciones. En la primera, te recibe la luz natural llega del exterior.

En la instalación donde hay piedras suspendidas, proyecté un video que sólo muestra luz de color por varios segundos, de tal manera que esa luz se reflejara en las piedras de resina y hace que cambien constantemente. El recorrido por aquella habitación es importante, porque modifica el punto de vista, la inclinación de la luz y permite ver las sombras de las piedras sobre el muro todo el tiempo.

JS. Algunas de tus obras requieren del concurso de trabajadores manuales, de gente que tiene un oficio específico, que con su trabajo transforma el material o provoca un proceso de crecimiento. Los escultores minimalistas solían presumir de que sus obras eran únicamente una idea que era realizada por otros, que ellos no metían la mano en su escultura. ¿Cómo interpretas tú esta cuestión, la de invitar a otros a que realicen tu obra?

Perla KrauzePK. Es muy importante compartir decisiones y colaborar con trabajadores manuales y artesanos con oficios y otros participantes en la elaboración de mi obra. Inclusive el cómo se ‘acomoda’ la obra en mi taller y el espacio. No quiero ejercer el control absoluto sobre la obra. Pero también hay que tener la humildad para reconocer que un artista no conoce todos los medios y materiales para producir la obra. Y, asimismo, pensar que la obra es algo que se sostiene en un trabajo compartido y en una lectura participativa.

 

Perla Krauze

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La experiencia en Japón resultó muy fructífera porque se convirtió en un trabajo donde invité a los voluntarios a colgar las piedras. Ellos lo hicieron según un lineamiento mío, pero muchas decisiones fueron de ellos. Las flores naranjas fueron escogidas por los miembros de la comunidad de Koarato. Ellos las plantaron donde decidieron, aunque sabían que yo prefería hacerlo alrededor de los arrozales.

JS. Los objetos artesanales, tales como vitrinas, cajas, textiles son una presencia constante en tu obra, al introducirlos dentro de tus instalaciones se convierten en una representación del trabajo, de un gesto hecho mecánicamente que adquiere una connotación material pero también manual, que contrasta con las piedras encontradas, en que la mano del hombre no ha tenido ingerencia. ¿Qué implicación tiene para ti estos objetos hechos por el ser humano?

PK. Esos objetos –las estanterías, telas, rebozos, cajones- hablan de la producción cultural que surge a partir de la vida cotidiana. Para mi es como usar un ready made, hecho con otros fines más cotidianos, para reinterpretarlo con mi trabajo, con el cual las piedras, la naturaleza, en su pureza y diversidad, no pierden su condición en sí, devienen acto expresivo. El uso del ‘tatami’ objeto cotidiano para los japoneses, representó para mi, el poder usar sus huellas o improntas, rescatar la memoria del objeto en si, de su importancia en la vida cotidiana en una casa deshabitada, llena de memoria.

JS. Algunas de tus obras son registros fotográficos o de video de situaciones y objetos que encuentras en el mundo.  Hasta qué punto la fotografía y el video pueden sustituir la experiencia del objeto o de la situación en sí, convirtiéndolas en representaciones para un público que no está presente. Registro o presencia, qué es lo que más te interesa?

PK. Me interesan ambos. Creo que todavía es posible combinarlos. Admito que la presencia si me es importante y por eso hago instalaciones, escultura o pintura en las que el material es esencial y se refiere a lo real. Creo que una piedra hecha de resina o aluminio ya es en sí un registro, por eso hago moldes de ellas, que resultan una impronta o huella tridimensional.

Desde hace varios años (2002) me he encontrado con este nuevo camino por recorrer, el cual creo que no se contrapone, que resulta de una documentación de lo que sucede y que registra recorridos y huellas del tiempo generalmente. El registro ciertamente se ha vuelto obra en determinados proyectos, aquellos en los que la memoria de lo ocurrido solo permanece cuando se hace énfasis en su ser y no ser, como en la casa de Koroato. Ahí coloqué uno de los videos y proyecciones era una secuencia de luz, de flores de cerezo y de jacarandas, que gravé en Japón y México, pero que se convirtió en una pieza en si misma. Al proyectarla sobre la instalación de piedras suspendidas, se volvía una nueva situación.

En otras ocasiones si hago videos que son solo documentos y registros de los recorridos e instalaciones. No pretenden más que eso, un registro.
Em otras ocasiones, estos ‘documentos’, se convierten en ‘la obra’, ya que hablan en particular de ese momento y de las huellas e improntas de ese sitio especifico.

JS. En la disposición de los objetos en el espacio, he notado que algunos de los patrones siguen un orden reticular, resultado de una cuadrícula, en parte ingenuo en parte muy racional. ¿Cuánto dejas tú a la improvisación en este arreglo de los objetos dentro del espacio?

PK. Dejo a la improvisación un papel importante. Quizá en el principio de una instalación, la retícula me ayuda a ‘ordenar’ por objetos y materiales similares y poder lograr reconstruir la memoria del espacio-tiempo, como lo hacen los arqueólogos que trabajan in situ.Poco a poco, el ordenamiento se convierte en una sintaxis extraña donde los objetos hablan por sí, creando frases y oraciones distintas. Incluso hay momentos en que otras personas definen ese ‘arreglo’ y yo soy espectadora de esa nueva instalación. En “Piedras y Flores” algunas decisiones fueron mías, pero las obras fueron realizadas por los voluntarios y en conjunto.

JS. Podríamos hablar de una poética de tu obra en la que existe una búsqueda de la rima de formas y de colores, alternancia de ritmos y de texturas, transparencias y opacidades. ¿Cuándo estás trabajando en un espacio que te permite libertad, ves tu obra como una poesía espacial de objetos?

Perla KrauzeEn ocasiones, cuando hay la posibilidad de trabajar con el sitio de manera mas libre y espontánea, pienso que los elementos siguen una especie de sintaxis al relacionarse uno con otro. Por momentos estoy ‘dibujando’ y trabajando en el espacio completo, y éste se vuelve una secuencia de materiales, ‘vacíos y llenos’, o de ‘sonidos y silencios’; es entonces cuando podría decir que aspiro a lograr una poética espacial de los objetos en ese sitio, para volverlo aun más contingente. En Piedras y Flores, intenté hacer un recorrido, un pasaje por donde el espectador pudiera caminar, estimulado constantemente por la luz y sombra, por los materiales, y así poder recorrer en el tiempo, de manera más contemplativa ese espacio tan particular y evocador.

 

 

 

 

 

 

Perla Krauze

 

 

 

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Fecha de publicación: 15.10.2009