De la cabeza a los pies, la joyería contemporánea

José Manuel Springer

Andrea WagnerAndrea Wagner. A Perfect Fit? or Greener Grass On The Other Side?.
Plata, papel mache, pintura. 2010.

La joyería es esa práctica que vincula a la materia inerte con el cuerpo humano para cumplir una función vital, religiosa o de identidad. Los primeros coleccionistas de la prehistoria reunían ornamentos, joyas y objetos a los cuales daban un valor y de los que derivaban un prestigio. La joyería participó de los rituales más exquisitos, ceremonias de fertilidad, ceremoniales mortuorios y cortejos amatorios. Su uso cotidiano actual revela la obsesión por los símbolos, el orden, la simetría, la belleza y el adorno.

Quiero dejar sentado que no voy a intentar calificar los objetos ornamentales como arte ni excluirlos de este rubro. Me parece que la variedad en la producción de símbolos y su expresión por medio de joyas, esculturas u arte-objeto, basta y sobra para dar cabida a una serie de expresiones que revelan las relaciones, y en ocasiones colocan un velo delicioso, entre la persona y el mundo.

Marta HrycMarta Hryc. Aplastada. Plata, algodon. 2009.

Para los que somos oriundos del Nuevo Mundo, el práctica de la joyería es paralela al de la escultura monumental, la arquitectura, la danza y la música, pues las civilizaciones y pueblos indígenas de América otorgaron prioridad a los adornos del cuerpo y los hicieron partes esenciales del rito y el mito.  En su crónica del encuentro entre Cristóbal Colón y los indígenas Tainos de las Antillas mayores, el historiador Serge Gruzinski subraya la importancia que dio éste a describir el hecho de que los indios portaran pequeñas muñecas de madera y otros materiales alrededor del cuello. Estas imágenes sólidas recibían el nombre de Ipixtlas y encerraban el alma del usuario. A tal grado era importante esa costumbre que cualquiera que perdiera su talismán, perdía su identidad y destino.

Como sucede con todo objeto simbólico, se han impuesto sobre la joyería categorías, etiquetas y estilos para determinar su valor estético, artístico y su significado, según su procedencia o los materiales usados.  La intención de la joyería artística es darle al adorno una originalidad y expresividad que muestre las posibilidades de la materia y las formas para expresar el carácter personal de quien la hace o la usa.

Si bien las colecciones de joyas han encontrado alojamiento en los museos e incluso en las galerías, es de celebrar el hecho de que la joyería exista principalmente como objeto autónomo de las salas de museo, y brote como adorno en cualquier contexto. La joyería es un medio artístico que surge en la vida privada y el espacio público para ser visible y adjetivar el cuerpo humano.

Un terreno poco explorado

Andrés FonsecaAndres Fonseca, Sin Titulo.
Terciopelo seda, plata, algodon. 2007.

Las preguntas sobre el significado y el quehacer de los joyeros dejan ver de qué manera este oficio jamás olvidado, siempre estimado y poco estudiado continua su evolución formal. Dichas cuestiones fueron abordadas en el simposio Área Gris [1], que reunió el mes pasado en la ciudad de México a especialistas de todas las ramas de la creación: joyeros, académicos e historiadores.

Es evidente que la joyería de autor dejó de ser en exclusiva un símbolo de estatus, posición que ocupó desde el siglo XVIII hasta el XX, y se ha convertido en una práctica artística en la que la libertad de formas y estilos migran entre culturas y tradiciones.

Los que asistimos y participamos en el simposio Área Gris gozamos la presentación de la arqueóloga colombiana, Clemencia Plazas, ex directora del Museo del Oro de Bogotá. Escuchamos como en las culturas prehispánicas del occidente de Colombia el oro y otros materiales preciosos fueron valuados por su capacidad de reproducir el brillo del Sol y así crear la ilusión de que los portadores de tocados, narigueras o pecheras eran herederos legítimos de una dinastía solar.  Vimos como las diferentes calidades de fundición del oro dieron origen a texturas y colores asociados con las funciones y los líquidos corporales como la menstruación y la sangre (el oro mezclado con cobre adquiere un olor y una tonalidad que recuerda a la sangre femenina). 

Escuchando en el acento colombiano del artista Andrés Fonseca, radicado ahora en México, y los comentarios de la joyera holandesa Felieke van der Leest, afincada en Noruega, nos enteramos de sus procesos creativos. Sus testimonios mostraron cómo el artista nómada de hoy atraviesa rutas culturales extensas en busca de elementos creativos que enriquecen su experiencia personal, sin depender exclusivamente de la pertenencia o de la identidad manifiesta en su propia cultura.

Fonseca mostró broches surgidos del sentimiento de nostalgia, lejanía, y la nieve. Usando como material la plata, y echando mano de las formas de las nubes y el rayo, se refirió a la incomunicación, el mestizaje y el barroquismo de la cultura latina.

Van der Leest trabaja con la fantasía, animando criaturas procedentes de las fantasías de Lewis Carrol o Henry Darger, creando objetos que de características surrealistas, criaturas de los sueños. Para ello utiliza elementos domésticos y juguetes reciclados. Su trabajo se presentó en la Dulcería de Celaya, un antiguo local con vitrinas art noveau, colmado de los colores y texturas de postres y dulces elaborados con pepita, goma agar, frutos secos cubiertos de azúcar, jamoncillos de leche envueltos en papeles de china de colores y caramelos hechos con mieles que parecen vitrales antiguos. No había mejor lugar para presentar la exposición que le hiciera más justicia porque la joyería es juego de los sentidos.

Felieke van der LeestFelieke van der Leest. Sneeuwwitje
(Blancanieves)
Broche. Textil, oro,
plástico. 2007.

Joyas hechas con patrones de crochet y pedrería, con sabor a cocina barroca. Adornos corporales para ojos ávidos que devoran combinaciones de granates rojos, sobre mantillas verdes, con olor a magdalenas de naranja, así se veían las gargantillas, collares y broches, brazaletes de Laura de Alba,  que también ocuparon las vitrinas de la dulcería. Desde tradiciones enteramente distintas, Laura de Alba y Felieke Van der Leest comparten similitudes en la combinación de juegos, dulces, caramelos y argollas, garantillas o broches.

A partir la vitalidad de la sangre y la pasión por la muerte, el mexicano radicado en Bélgica, Jorge Manilla elaboró una colección de joyería que refleja el fervor católico por el sufrimiento y la culpa. Sus colecciones realizadas con huesos, fibras de yute teñidas con grana cochinilla, dejan ver el retorno al estilo barroco, una estética que absorbe las oposiciones entre salvación y condena, placer y pecado, paraíso e infierno.

Las similitudes cruzan los océanos y las épocas. Desde la lejana Polinesia, la joyería de los Maori converge con las tradiciones americanas en la figura de las llamadas Tiki, representaciones de embriones humanos que simbolizan la fertilidad que, al igual que los Ipixtlas precolombinos, cuelgan del cuello de las mujeres desde el nacimiento. Sobre los orígenes de estas enigmáticas figuras que encierran poderes mágicos el curador neozelandés Damian Skinner ofreció un revelador ensayo sobre la joyería como símbolo de identidad. La jadeita, piedra preciosa apreciada por los pueblos de Mesoamérica, es un material de inigualable valor en la tradición entre los indígenas polinesios Maori y los Pakhea (neozelandeses de origen europeo). La piedra verde es identificada con el valor, la vida y la fertilidad por los Maori, engastada en oro y maderas preciosas funge como un símbolo de resistencia a la colonización europea, montada sobre madera se convierte en la memoria del pasado. 

 

El objeto transicional

Jorge ManillaJorge Manilla. Piedad. Madera, aceite, plata. 2006.

Para mí las joyas y los adornos corporales son objetos transicionales. Cada vez que pienso en la forma en que los accesorios se convierten en algo central en nuestras vidas y recuerdos me remito a las ornamentaciones. Objetos que van adquiriendo una valor más profunda, aun cuando pueden parecer muy superficiales: como un anillo de cobre o una arracada de plástico.

Descubrí que la palabra joya viene del francés jeu, que significa juego. Las joyas en su forma más básica son juegos que obsesionan, llegan a crear adicción, sustituyen una presencia o son presencia mágica de un recuerdo. Los necesitamos en la vida diaria, ya que sin su presencia algo nos falta. Para los fetichistas la joya se convierte en sí misma en un objeto animado, adoptado por el valor sustitutivo del objeto de placer real. Su capacidad evocadora puede ser seductora y también prevaricadora.

Laura de AlbaLaura de Alba. Sin Título. Textiles, plastico, hueso,
fibra de coco, plata. 2010.

La raíz de jeu viene del latín jocus: juego, charada,  juguete. Una joya es un juego de reflejos y revelaciones que habla por nosotros. En particular me gusta la idea de humor relacionada con la etimología, porque creo que el artista de la joyería aprovecha la capacidad de la mente de convertir un objeto en algo más que una joya, transformándolo en un talismán que otorga al usuario un poder sobre la realidad. El adorno nos da una consistencia, como el Ipixtla mesoamericano, se vuelve una parte nuestra de nuestro ser más profundo. 

Tres aspectos culturales que representan las joyas resultan fundamentales para entender su intrigante función psíquica: la joya en su origen arcaico remite al ídolo, irradia luz y tiene un poder taumatúrgico, es parte del ídolo y ejerce un poder sobre la persona, se trate tan solo un abalorio o de una gema arrancada de la tierra. El usuario está en permanente conexión con el más allá.

Con el ascenso de la aristocracia la joya se convierte en obra de arte; su valor deviene de la manera en que está manufacturada, con materiales preciosos o formas clásicas o caprichosas. Las materias se expresan más por la forma (el oro como filigrana, el diamante cortado y pulido), y sus usos se exaltan con el contexto social: las joyas son el poderoso atractivo del juglar, el adorno de la mujer seductora, el talismán del hombre que se entrega a la pasión o la suerte.

Las joyas de hoy son un artefacto de transmisión de estados de ánimo del usuario, regulan los humores del cuerpo y hacen perceptible la personalidad del sujeto a través del objeto. Las joyas de autor reflejan un juego entre el cuerpo y el material, entre la la esencia y la circunstancia. Los materiales preciosos de antaño han cedido a las sustancias más inverosímiles (como el plástico o las tarjetas de computadora) y sus efectos estéticos van desde el reciclaje de lo kitsch hasta el uso de lo antiestético. No importa lo bello sino lo desconocido.

Caroline BoradheadRaquel Paiewonsky: Des Cubierta 1.
Media de nylon, textil, palmeras de plástico.

Según la artista británica Caroline Boradhead, directora del departamento de Joyería de la Saint Martins College of Art and Design, hoy día el artista de la joyería se pregunta sobre las interacciones entre la obra, el espectador y el usuario. De esas cuestiones surgen propuestas que llevan a considerar si el adorno es algo que necesariamente se tiene que llevar en el cuerpo o consiste en una reflexión, una especulación, que puede exhibirse sólo como pieza de museo. De ahí se derivan otras preguntas: si el formalismo se convierte en lo central para la joyería no desparece con él lo lúdico que la caracteriza? ¿Serán las técnicas y los materiales algo irrelevante en el futuro, podremos experimentar la joyería a través de la fotografía, o será que las nuevas joyas nos ven sin que nosotros podamos verlas (con diseños que incorporan diminutas cámaras de video)?

El simposio Área Gris planteó dudas y con las exposiciones demostró posibilidades de desarrollo que se mueven en una cartografía todavía poco conocida. Los talleres de trabajo y el blog Gray Area demuestran que la joyería vive un auge que la lleva a convertirse en una práctica de clanes, comunidades y contextos locales a nivel global. Hay que dar la bienvenida la especulación sobre el adorno y sus posibilidades para hablar sobre lo humano, el cuerpo y la identidad; repensar la joyería significa reciclar el lenguaje del cuerpo y la materia en un contexto personal y cultural más amplio y abierto al mestizaje.


[1] Área Gris fue organizado por Otro Diseño, la fundación que encabezan Valeria Vallarta y Carol Rojo. El simposio se llevó a cabo en la Biblioteca México, de la capital mexicana, del 12 al 17 de abril del presente año.

 

 

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Fecha de publicación: 12.05.2010