Epifanias del dibujo: Obra de Nieves Torralba

Nieves TorralbaNieves Torralba. Obras de la serie Sombras (en el muro) y de la serie Materia Oscura (cubos)

José Manuel Springer

De todas las formas en la que uno puede acercarse a una obra de arte, o ésta llegar hasta nosotros, hay algunas que excepcionalmente resultan en una epifanía. 

Recuerdo aquellas láminas descoloridas de los libros que crearon en mí la expectativa de ver alguna vez la obra ante uno mismo, como comprobación de su existencia. Recuerdo también aquellas ocasiones en las que tropecé con la obra dentro de alguna exposición, sin tener idea de su existencia; como también recuerdo escuchar en boca de otros de alguna obra de la cual sólo pude imaginar su existencia.

Pero la verdadera epifanía me ocurrió por azar, cuando sin esperarlo entré al estudio de un artista, para descubrir en la intimidad del invernadero de la creación obras deslumbrantes, anidadas en cuadernos de dibujo,  yacentes sobre lienzos de papel, o ignoradas en una esquina como un balón de fútbol sin aire; todas se abrían lentamente ante la mirada entregando su secreto atractivo.

Nieves TorralbaArquitectura y flores, detalle del convento de
Middelburg, Holanda.

Fue de esa manera como descubrí los dibujos de Nieves Torralba, dibujante, calígrafa, apasionada del reino vegetal, acuciosa practicante de tipografías añejas, que con sus rasgos eflorescentes hacen migrar a las flores para convertirles en abstracciones de antiguas letras capitulares y trastocar  la morfología de las plantas mudándolas en delirantes geometrías vegetales.

Antes de aquel primer encuentro había escuchado hablar de sus caligrafías y dibujos.  Alguna reproducción digital de su trabajo se había cruzado en mi camino, dejando un vago recuerdo como una melodía perdida que uno no alcanza a repetir en la memoria.   Por azares de la vida,  un domingo por la tarde, crucé el umbral de su taller  sin razón ni expectativa y con precoz curiosidad.   Tomé uno de los cuadernos de dibujo que estaban sobre la mesa, bitácora de su labor artística, y fui deshojando poco a poco cada una de las flores dibujadas, que presentaban sugerentes variaciones compositivas. 

A diferencia de las ilustraciones botánicas elaboradas por dibujantes renacentistas, que nos ofrecen con exquisito detalle la descripción de una flor, los dibujos de Nieves Torralba que tenía ante mí eran producto del trazado metódico  y de su laboriosa imaginación. Mi primer pensamiento al ver esas formas dibujadas fue: no sabemos todo lo que no ignoramos del mundo natural.  Conforme pasaba las hojas del cuaderno, se  abría ante mí  un río de experiencias en la forma, el orden, la simetría, la combinatoria. Crucé paulatinamente el umbral de lo real para entrar en el reino del diseño inspirado por la naturaleza, perfeccionado con lujo de abstracción, de interpretaciones elucubradas por una conciencia educada en la ciencia del dibujo. Lo que esos cuadernos representaban eran piezas de gabinete, artefactos con vida, producto de la contemplación divinatoria de la naturaleza. Lo que resultaba un misterio era la manera en que esas sutiles imágenes, tan delicadas, estaban impresas en el papel con mano tal, que no parecía humana.

La geometría  orgánica de los dibujos era producto de una estilización formal que sugiere un desarrollo lírico de cactos, alcatraces, girasoles y otras especies; pero, y aquí radica la seducción, la inserción de los dibujos dentro de un diario fechado le daba a cada ejemplar una calidez secreta, una suerte de secreto diario íntimo ligado a una experiencia particular.

Nieves TorralbaNieves Torralba. Alcatraz multicava,
dibujo, punta de plata sobre papel, 2009.

Pasaron los días y las semanas sin que volviera a ver aquellos dibujos, pero su influencia había creado un hábito nuevo en mí: detenerme frente a plantas, flores, bulbos, tallos, corolas, pétalos y hojas que se cruzaban en mi camino. Inspeccionarlas, reconocer su crecimiento diario,  desentrañar el diseño simétrico de sus partes y la forma en que el todo se relaciona con la parte y viceversa. Me di cuenta de que me había vuelto parte  del culto que profesa Nieves por el diseño de la naturaleza. 

De esas observaciones salté a los ornamentos arquitectónicos, a la heráldica, el diseño de tapices, y hasta descubrí un jardín botánico, dentro de un convento en la ciudad medieval de Middleburg, en Holanda,  en donde las visiones del universo biológico, influían sobre  la creación  de formas orgánicas que inspiró a Antoni Gaudí, Georgia O’Keefe o escultores surrealistas como Edward James, cuyo jardín secreto en la región Huasteca de México, está poblado de flores y estructuras vegetales petrificadas.

En los dibujos simétricos de Nieves había una objetividad expresiva, lograda con un mínimo de recursos. El dibujo con punta de plata, minuciosamente controlado para crear líneas parejas, uniformes, sin esgrafiado ni contornos, ofrecía a cada ejemplar una cualidad etérea que me recordó a las flores pintadas por Pierro de la Francesca, Fra Angelico o  Sandro Boticelli: intangibles y transparentes.

La seducción del dibujo

Han pasado unos meses en que tuve el encuentro con los cuadernos de Nieves  Torralba en su estudio de Valencia, y por azar,  vuelvo a su obra, esta vez en la exposición Echar  Raíces[1], curaduría de Juan Bautista Peiro, en la salas de exhibición de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, en ciudad de México; ubicada en Xochimilco[2], antiguo paraíso de flores, canales de agua y jardines, atravesado actualmente por la expansión del caos citadino.

Ahí tuve la oportunidad de ver simultáneamente las tres series que componen la praxis artística de la artista valenciana.  Si bien,  en la exposición se evapora la posibilidad de ver  los dibujos de flores en la intimidad del diario,  me fue posible caer en la cuenta en las otras dimensiones de la creación artística de esta mujer: su idea del diseño y lo gráfico en relación con el entorno arquitectónico

Nieves Torralba.Nieves Torralba. De la serie Materia Oscura (adelante) y Echar Raices (atrás), instalación en la galería de la ENAP.

Para comenzar las tres series de dibujos que había visto se convirtieron en impresiones digitalizadas.  La serie de Mar de Plata, compuesta por un abanico de dibujos de floraciones imaginarias, está expuesta a la manera de cédulas de un jardín botánico, sobre pedestales. Materia oscura, es un luminoso calidoscopio de formas florales combinadas en círculos concéntricos  de estructura radial,  diseñados por Dídac Ballester a partir de los dibujos de cálices y corolas e impresos en blanco  sobre las cuatro caras de cubos negros. Mientras que  Sombras es una serie integrada por siluetas oscuras de flores proyectadas sobre el muro albeo, en los jardines que rodean los edificios.

Con esta breve descripción he querido apuntar a varias cosas: que los dibujos que dieron origen a las piezas en exposición proceden de la intención de dar forma a una idea e ir más allá de la mimesis de la naturaleza. Los cuadernos de Mar de Plata son partituras cuya visualidad es el registro de tenues grises brillantes, por el efecto de la punta de plata, que conforman una botánica fantástica, subrayada por los títulos o nombres de cada ejemplar: Hyakinthos rigida, Kaktos alatum, Dolbandia laevigata, formas poéticas de referir la experiencia personal de la autora. 

Nieves TorralbaNieves Torralba. Kaktus longissimun, dibujo,
punta de plata sobre papel, 2009.

En la etimología de la palabra diseño (del italiano disegno) se encuentra el sentido que la artista da al dibujo: traducción de imágenes mentales mediante la creación de objetos gráficos. La acepción que actualmente le damos al término diseño implica el desarrollo de la forma especulativa bidimensional a la proyección de formas tridimensionales.  El dibujo imaginario conforma y da estructura al pensamiento visual y su fuerza visionaria permite logar la más sofisticada forma artística.

El dibujo es la madre de las demás  artes: de la pintura y la tridimensión, de la arquitectura y de los lenguajes caligráfico y tipográfico.  A partir de esa matriz,  Nieves Torralba emprende una indagación estética sobre el aura del dibujo, la sintaxis de su lenguaje y la conceptualización de sus usos. Pone en evidencia cómo el acto de dibujar integra en la relación de  mente y la mano, la percepción y el rasgo físico: estableciendo claramente una comunicación entre lo percibido, el pensamiento y la proyección de ambos a través de la línea. 

La línea, elemento fundamental del dibujo, construye  una estructura visual mental cognitiva –la flor– cuyos elementos proyecta en el espacio mediante el uso de las imágenes radiales impresas en el cubo, y que finalmente extiende sobre la arquitectura, a través del contraste luz-sombra.  Todo este proceso constituyó para mí la segunda epifanía de su dibujo, el leit motiv del trabajo en sus diferentes etapas: revelar el espacio como constelación de líneas y puntos.

La dimensión natural

Me interesa revisar las maneras en que la obra de arte aborda el espacio y se constituye en experiencia estética.  En la última parte del recorrido de la exposición, en los jardines de la escuela de arte,  bajo la luminosidad del sol,  se extienden sobre los muros las ampliaciones oscuras de las flores transplantadas de los cuadernos de dibujo de Nieves Torralba.  Se trata del conjunto Sombras, que revelan patrones vegetales planos.  Al verlas, recuerdé aquellas hojas aprisionadas en un libro que suele uno guardar como recurso de la memoria.

En lugar de vincularlas a la percepción en el espacio real, el jardín que las rodea,  siento que las Sombras representan, como los dibujos a muro de Sol Lewitt o las franjas pintadas de Daniel Buren, una ilusión, asociada al dibujo y la pintura minimal, una presencia apenas sugerida y una ausencia inminente. Nieves transforma la idea y la práctica del dibujo y evidenciando la relación entre la idea y el arte que la expresa. Ya no se trata aquí de obviar la mano del artista, son las ideas que están detrás de las obras lo que resulta más importante.  Cada obra se refiere al espacio positivo y negativo que implica el dibujo.

Nieves TorralbaNieves Torralba. Maya religiosa, dibujo, punta de plata
sobre papel, 2009.

Al medio día percibí esas sombras como glifos autónomos de rasgos pronunciados que emergen de la tierra y que por su escala contrastan con su entorno y terminan dominándolo. Bajo la luz del sol, esas formas oscuras como pictogramas traen a la memoria los primeros petroglifos, las runas, los jeroglíficos dibujados por el ser humano.  La apropiación de las estructuras vegetales por medio de la creación  humana es un proceso sintético que traduce  los signos de la naturaleza en símbolos comunicantes.

En 1928, el fotógrafo Karl Bossfeldt hizo evidente la relación existente entre las artes del diseño y los símbolos de culturas arcaicas que incorporaban la estructura de las plantas, flores y hojas a la arquitectura. Creó series fotográficas que amplificaban considerablemente el tamaño de flores y plantas, revelando los puntos de contacto entre los diseños naturales y los objetos hechos por el hombre.   Una planta, decía Blossfeldt,  crece a partir de leyes que deben ser reconocidas por todo diseñador. Sus formas siguen una lógica y una viabilidad, que le permiten aprovechar al máximo las fuerzas naturales y lograr su óptimo rendimiento vital.

Las formas del diseño textil, el diseño industrial, e incluso la tipografía, ha pasado por el tamiz del diseño natural. En todas las culturas la representación del mundo transitó por la traducción del mundo  a signos verbales y viceversa.  En las caligrafías de Nieves Torralba constato una vez más ese maridaje entre las letras capitulares adornadas con flores y los racimos de frases que dibuja con la plumilla.

Desde el siglo XIX  el movimiento Arts & Crafts demostró que la estructura del mundo natural replica leyes universales del crecimiento.  El profesor alemán Moritz Meurer insistía en que la educación para las artes del diseño debía pasar por el estudio de la forma natural. En sus clases recomendaba a los alumnos seguir tres pasos:  primero, dibujar a partir de formas naturales preferentemente aisladas o en detalle; segundo,  dibujar desde diferentes perspectivas para captar las formas relevantes de esas estructuras; tercero, dibujar a partir de la memoria de esas formas.

Con su trabajo paciente y delicado, racional y sensible, Nieves Torralba nos revela que la práctica del dibujo continúa recurriendo a formas naturales . La belleza de estas formas tiene su origen en la perfección asociada a la Naturaleza. Su encanto y las epifanías que nos procura surge del estrecho vínculo que se crea en la memoria entre el  origen mítico de las formas básicas, las estructuras morfológicas naturales que fascinaron a las vanguardias modernas y, finamente, su  expresión contemporánea en la expansión del dibujo en el espacio real.  Muy probablemente Durero sentiría afinidad con estas reveladoras pesquisas.

Nieves TorralbaNieves Torralba. Flor, de la Serie Materia Oscura,
impresión digital sobre pvc, 2010.

Nieves TorralbaNieves Torralba. Flor, de la Serie Materia Oscura,
impresión digital sobre pvc, 2010.


Notas:
[1] La exposición Echar Raíces se presentó por primera ocasión en el Museo Universitario del Chopo, de septiembre 2010 a febrero de 2011, y en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, del 11 al 25 de agosto de 2011. Algunas de las imágenes usadas proceden de esa exposición.  
[2] Según Raúl González Cortés, la palabra Xochi-mil-co está formada por tres voces nahuatl. Xochi es la raíz de la palabra flor. Si queremos decir “la flor” entonces escribimos xochitl. Mil es la raíz de la palabra nahuatl “terreno fértil”, también llamado sementera .Si queremos decir “el terreno fértil” o “la sementera” escribimos milli. Finalmente,  co es la terminación para especificar un lugar o sitio. Entonces Xochimilco significa “el lugar del terreno fértil de flores”
CRÉDITOS:
JB Peiró, Curador.
Ofelia Martínez, Directora Margen Rojo.
Dídac Ballester, Diseñador gráfico.
Alejandro Aguilar, Gerardo Alonso, Jessica, Montaje.
Carlos Alarcón, Fotografía
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Fecha de publicación: 11.09.2011