Una estela de amnesia

Estela de Luz

Jose Springer

Estela de LuzLa reciente inauguración con motivo del Bicentenario de la Independencia de México del monumento llamado Estela de Luz deja un sabor amargo en la boca de todos aquellos preocupados por el arte público en México y por los usos del espacio urbano. Aun para aquellos que no comparten estas preocupaciones de índole estética e histórica,  la accidentada trayectoria de este forzado homenaje, el costo descomunal del monumento y el gastado simbolismo del mismo, les deja  también la amargura de la impotencia ante la forma en que los funcionarios encargados y las empresas contratadas despilfarraron los recursos del país, que vive un presente sin esperanza.

El monumento, levantado en la céntrica avenida Paseo de la Reforma,  no añade nada a la conciencia cívica a la rememoración del inicio de la gesta independentista y no funciona como una manifestación de la utopía de un país soberano. Es un edificación anodina, como tantas otras que se encuentran en los centros comerciales o los bulevares suburbanos. Su función es cumplir con el rito de los gobiernos presidenciales, y en ese sentido resulta similar a la aparición de tantas estatuas que se construyen en los pequeños pueblos de México para permitir que el presidente municipal o el cacique en turno se levanten el cuello, hagan circo y repartan pan entre los pobres una vez cada tres años, y de paso justifiquen el desfalco de las finanzas públicas.

Si la comparamos con la columna de la Independencia, levantada para celebrar puntualmente los primeros cien años de México, símbolo de la ciudad y del orgullo nacional (futbolero, si se quiere),la Estela de Luz resulta una afrenta a a la administración honesta y eficiente de los recursos públicos, y constituye un memorial al derroche cuando el país enfrenta una prolongada crisis de crecimiento económico y la creciente dependencia del capital foráneo para su estabilidad. No, no es una estela de luz, es un reflejo de la oscuridad con que se ejerce el poder al arbitrio de unos pocos, que usan la obra pública como medio para obtener pingües ganancias con la contratación de empresas paraestatales y privadas.

Es un acto de elemental civilidad y justicia demandar al ejecutivo federal una explicación sobre el cómo se levantó un monumento que de un alto costo de 400 millones de pesos, que al tipo de cambio actual equivalen a 29 millones 629 mil dólares, pasó a 1035 millones de pesos equivalente a (81 millones 410 mil dólares) casi tres veces el presupuesto original.

¿Cómo es que el ejecutivo autorizó ese gasto por demás excesivo sin mediar ninguna consulta pública o una auditoria de las empresas constructoras Gutsa y III Servicios S.A. que llevaron a cabo la obra?¿Quiénes son los funcionarios públicos responsables de este insultante dispendio? ¿Qué acaso el pueblo mexicano, no merece una explicación? ¿Qué acaso van a dejar en la impunidad a quienes participaron en este acto de corrupción y malversación de fondos?

Procedamos al enjuiciamiento de la obra. Desde un principio el concurso por el que se designó a la propuesta seleccionada estuvo plagado de irregularidades. La convocatoria señalaba que se trataba de construir un Arco conmemorativo de la Independencia y la Revolución mexicanas. El proyecto ganador no fue un Arco, como no lo fueron más de la mitad de las propuestas presentadas, sino una torre.;El proyecto seleccionado establecía la construcción de una plaza subterránea que uniría al antiguo Bosque de Chapúltepec con la avenida Reforma centro, lo cual permitiría contar con un nuevo espacio público que daría lugar a usos y eventos que reunirían a la sociedad, quizá hasta podría tratarse de un ágora que contuviera a las constantes marchas que semana con semana toman el Paseo de la Reforma. Pero, a pocos meses de su tardía inauguración, el proyecto de la plaza fue desechado y se construyó un espacio subterráneo oscuro y vacío.

Estela de Luz¿Qué simboliza esta torre en este momento? Cuando vivimos una era en la que no podemos nombrar valores que sean reconocidos efectivamente por la sociedad: la paz, la concordia, el progreso, la libertad, la justicia social y la soberanía.

Nos vendieron una estructura metálica con mil 704 paneles, cada uno formado por dos placas de cuarzo iluminadas, montadas sobre seis columnas de 104 metros de altura, que según su diseñador, el arquitecto César Pérez Becerril, representan dos ciclos Náhuatl de 52 años y dos siglos de independencia. Las caras de la estela están orientadas de oriente a poniente, con lo cual la torre no remite a una interpretación de un sentido histórico. El Museo de Antropología e Historia cuenta con una orientación Oriente-Poniente que sí representa el eje del choque entre los conquistadores y las civilizaciones indígenas. Desde el eje norte sur la torre  sólo deja ver sólo su inerte estructura metálica. ¿Hubo alguien en el jurado del concurso que atendiera estos aspectos?

Y qué decir del dispendio de energía eléctrica necesaria para que funcione, en una época en que se nos llama constantemente al ahorro y a la conservación de fuentes de energía.

Como otros monumentos que se encuentran en la avenida Reforma, la Estela de Luz constituye un anacronismo histórico: representa lo que no es por razones y motivos equivocados. No es, como dijo el presidente, la semilla de una sociedad más justa y símbolo de la unidad de los mexicanos, precisamente porque hoy; la sociedad mexicana continua mortalmente dividida por el racismo expresado día a día en la miseria de un gran sector de la población y el enriquecimiento inexplicable de unos pocos. La Estela de Luz es un laja de piedra que en el día no refleja otra cosa que el sucio entramado de la política actual. El espacio que ocupa la estela en la histórica avenida es residual; encabeza una avenida poblada por  los rascacielos de la banca internacional y las empresas oligopólicas, signos de la era postcapitalista.

Vista desde la distancia la estela de luz semeja un anuncio lumínico, como esas pantallas de LED  para proyectar mensajes efímeros o imágenes monumentales.  A medio camino entre arquitectura espectacular y escultura conmemorativa, por la noche la estela se suma a los cientos de tableros lumínicos que invaden el horizonte urbano promoviendo la banalización del tiempo y el espacio público.

Thomas GlassfordTomas Glassford, Xipe Totec,  2011,
Centro Cultural Universitario Tlatelolco.
Los monumentos no los construyen los arquitectos ni escultores, no los hacen los políticos o los urbanistas. Los erigen o los destruyen los sentimientos populares.  Lo importante no es que se erija un monumento sino que se le preserve en la memoria. De lo contrario resulta puramente decorativo y carente de  valor testimonial.

La Estela de Luz fue inaugurada con quince meses de retraso. ¿Qué nos dice eso? ¿Qué nunca es demasiado tarde para hacer algo o para aprender de nuestros errores? Si interpretamos  la estela como el cenotafio del fallida transición  democrática.  Si podemos apropiarnos de la interpretación del monumento y ver  en él  un ejemplo de la falta de planeación, de la ausencia de visión política y de la incompetencia del gobierno de Felipe Calderón, en algo servirá su opaca  presencia.

 

Para los que estamos interesados en el arte público y el espacio político urbano,  la estela servirá de ejemplo de la ignorancia. Valdría más haber sembrado 200 árboles ahuehuetes, símbolo indígenas de la sabiduría y del tiempo;  resultaría más simbólico haber realizado un monumento modesto al bicentenario, acorde a la austeridad y las carencias que sufren millones de mexicanos. Un gesto político de este tipo marcaría un cambio de actitud en el poder que nos urge ver a los mexicanos. Recordemos que los monumentos conmemoran tan sólo a los vencedores pero ignoran, olvidan, niegan y silencian a las víctimas. La torre es un signo de la estela de amnesia histórica de los políticos.

En el antiguo edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, inutilizado luego del sismo de 1985,  el artista Tomas Glassford, diseñó una red de luces sobre las cuatro fachadas de la torre, hoy sede del Centro Cultural Universitario Tlatelolco y del Memorial de los Estudiantes abatidos en 1968. La obra, titulada Xipe Totec (Nuestro Señor Desollado), nos devuelve al pasado del antiguo mercado azteca de Tlatelolco y hace una referencia lúcida de cíclico sacrificio que realizaban los antiguos pobladores para renovar el ciclo natural del mundo.

Ese Xipe Totec de luz es un ejemplo de que con imaginación, voluntad política y un presupuesto modesto, se pueden reciclar las estructuras de la ciudad y los símbolos de nuestra historia para darles una lectura que verdaderamente enlace el pasado con el futuro con una actitud digna para los que vivimos en un presente ayuno de visión y de memoria.

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Fecha de publicación: 16.01.2012