Jardín Botánico de Culiacán: La obra pública en un contexto natural.

Jardín Botánico

José Manuel Springer

Palma Talipot; Sri LankaPalma Talipot; Sri Lanka.

Museos de arte contemporáneo existen en todas partes. Pero lugares  para conocer y contemplar obra de arte contemporáneo, que de manera permanente se exponga y esté abierta al público, hay muy pocos. Localizado en  Culiacán, Sinaloa,  el Jardín Botánico es una de las atracciones de esta ciudad del oeste de México. El parque cuenta con más de diez hectáreas de terreno y una acervo de especies vegetales reunido por Carlos Murillo Depracet desde hace más de 30 años.

A la fecha, el jardín cuenta con una veintena  de esculturas  e instalaciones de artistas de fama internacional, que forman parte de la colección de Agustín e Isabel Coppel.  Desde 2005 la pareja se dio a la tarea de sembrar en la basta colección de especies naturales obras artísticas que dialogan con el entorno e invitan a convivir con ellas, a traspasarlas, recorrerlas y profundizar en el tema de la relación entre arte y naturaleza.  La selección de 35 artistas fue realizada por el curador Patrick Charpenel, un proyecto que tomará algunos años más en concluirse, pero que a la fecha tiene ya un notable avance.

La entrada al Jardín separa el ambiente semidesértico aledaño del verde edén con estanques oscuros que recibe a los visitantes. Desde la entrada  destaca el denso follaje de macizos de bambúes y la vereda de palmeras reales.   El jardín posee la más grande colección de palmeras de América y cuenta con una soberbia muestra de bambúes, árboles y flores  procedente de todos los rincones del mundo, que su iniciador, Carlos Murillo, reunió durante años en sus viajes.

Algunas esculturas se observan  a simple vista, en otras el emplazamiento provoca su descubrimiento paulatino. Los espacios  semi-ocultos  del jardín permiten acercarse a lentamente a la obra, incluso con la sensación de que se accede a un lugar u objeto secreto.

Pablo Vargas LugoPablo Vargas Lugo, Estrella Rota.

Estrella  Rota de Pablo Vargas Lugo, surge entre las ramas de bambúes amarillos. La figura de cinco puntas, cuarteada y abierta en su superficie, es  un símbolo frecuente que encontramos en las urbes, asociado con significados de calidad, excelencia, y también religiosidad. Su emplazamiento  en el jardín provoca una lectura más empírica y personal, tal parece que nos encontramos ante una pieza arqueológica perteneciente a una civilización crepuscular, sobre la cual el tiempo y el entorno han dejando la pátina de su paso.

Cerca de ahí se encuentra un  sencillo estanque  de formas geométricas irregulares, adornado con flores y pastos orientales, obra de Tatiana Bilbao, que también diseñó el auditorio y la biblioteca del jardín botánico, con su característica arquitectura irregular minimalista de concreto y vidrio.   El estanque desemboca a un arroyo que sirve de guía para llegar a la siguiente obra.

Entre árboles traídos de Japón y setos de México se encuentra la obra del excéntrico Dan Graham,  a mi gusto una de las más sorprendentes e invisibles del jardín.  Este pabellón,  producido con cristal templado semi-reflejante, es una pieza abierta al espectador, que lo invita a penetrar sus dos entornos cóncavo y convexo. La experiencia al ver el entorno y verse reflejado provoca una reflexión sobre la forma en que nos percibimos dentro del mundo. El silencio y la concentración que ofrece esta arquitectura transparente permite que los sentidos se abran para escuchar, ver y sentir el ambiente, alterado por la curvatura del vidrio, que devuelve distorsionada la figura del espectador.   Más que construir un objeto artístico que deba ser percibido como tal, Dan Graham nos entrega una experiencia que recuerda a las casas de los espejos en la que el reflejo es trastocada por la superficie alterada del cristal.  La obra determina la manera en que vemos el mundo.

El recorrido nos lleva hasta algunos especimenes exóticos que merecen la atención.  Me refiero a las palmas llamadas Tornillo Azul (Pandanaceae), originaria de Nueva Guinea, y la Palma Talipot, traída de Sri Lanka;  ambas muestran un despliegue de lo que es capaz  la arquitectura de la naturaleza en esos troncos dotados de una estructura geométrica perfecta, y en cuya superficie aparecen diseños de una simetría orgánica  que sigue el ritmo de los volúmenes de hojas y tallos.  La presencia de estas obras naturales hace reflexionar en el concepto de belleza que desde la antigüedad estaba ligado a las formas y los procesos de crecimiento naturales.

Dan GrahamDan Graham, Cóncavo/Convexo. Dan GrahamDan Graham, Pabellón, 2005.

Contrastan con ese refinamiento de la  naturaleza las piedras informes de la escultura de  Richard Long,  Elipse de Cuarzo Blanco,  emplazada en una isla de pasto verde.  Sus formas rugosas y salientes quedan enmarcadas por el elipse perfecto, que forma una silueta similar a la de una hoja de finas nervaduras.  El reino mineral y el vegetal se funden en esta instalación, que representa el despliegue de la escultura sobre el espacio ambiente.

Francis AllysFrancis Alÿs, Game Over, 2011.

Probablemente la pieza que se resiste a  integrase al jardín es la de Francis Alys. Se trata de un antiguo VW sedán de color gris y avejentado, que el artista abandonó sobre uno de los senderos del jardín junto a un árbol.  El objeto ha sido introducido violentamente, como un ensayo de  un choque frontal contra el tronco de un árbol.  La situación requiere de la anécdota para explicar cómo llegó el automóvil hasta ahí,  el cuál al parecer  terminará  sus días envuelto por la espesura verde.

De manera similar, adosada al tronco de un árbol,  sobresale la  escultura de una pierna femenina realizada por la dupla Allora y Calzadilla.  La talla en madera está realizada en tres bloques ensamblados. Posee un acabado suave y bien pulido que complementa la posición sugerente de la pierna arqueada elevada.  El efecto hace pensar en aquellas palmeras caminantes que se encuentran en el jardín, llamadas así porque echan raíces desde su tronco y literalmente avanzan dejando atrás una huella de raíces tubulares visibles.  La pieza de Allora y Calzadlla reitera la simbolización  de la naturaleza como expresión de lo humano, y también juega como un gesto teatral que humaniza al árbol, ofreciéndonos, como en el cabaret, la sensualidad de un juego de ocultamiento y revelación.

Allora & CalzadillaAllora & Calzadilla, Sin tíulo, 2008.

Otras piezas que juegan con la simulación y la realidad son las tumbonas de cemento Teresa Margolles y el columpio de herrajes rosas, de Marco Rountree, ambos ofrecen la oportunidad para tomarse un descanso en el camino e invitan a reflexionar sobre el origen oculto de las cosas y la función de los objetos que nos rodean.  En ese tenor, Tercer un Quinto, el colectivo mexicano que trabaja con temas de arquitectura y construcción, nos brinda la posibilidad de ver la transformación del espacio en un conjunto de pequeñas lomas, bajo las cuales yacen los restos de una antigua casa que servía de aula educativa para los visitantes del jardín.  Demolida la construcción,  los desechos fueron amontonados, y recubiertos con pasto; lo único que resta visible de aquella aula son esos montículos sutiles que rodean el nuevo edificio del auditorio planteado por Tatiana Bilbao. Demasiado obtusos para integrarse a las formas naturales,  los muros irregulares de la construcción, acabados en concreto gris, hacen eco de  las columnas de las palmeras reales que rodean el estanque pleno de lirios acuáticos.

Varios artistas, como Olafur Elliason, Sofía Táboas y Gabriel Orozco,  despliegan estrategias estéticas para hacer del espacio natural el contenedor de su obra, aludiendo a propiedades de la naturaleza asociadas con la meditación, la observación y la unidad tiempo-espacio.

 En el caso de Eliasson, nos encontramos ante una compleja y bella estructura de acero negro que consiste en cuatro curvas parabólicas unidas en el ápice para formar un círculo perfecto sobre nuestra cabeza.  El espacio interior está casi totalmente cubierto por el follaje de una enredadera de flores  moradas y delicadas hojas verdes. Cuando las ramas hayan cubierto la estructura se formarán cuatro bocas o entradas que desembocan bajo la circunferencia.  Como en el caso de Dan Graham, la pieza de Eliasson es también un observatorio, un dispositivo de refugio que enmarca el movimiento solar, e integra la matemática analítica con el crecimiento orgánico de las plantas, que sujetan la estructura a la tierra.

En la instalación de Sofía Taboas nos encontramos ante un dispositivo perceptual muy elegante que usa la luz solar para producir el reflejo de una constelación  formada por una retícula de circunferencias. La cadena de  sombras y círculos de luz color ocre que se reflejan en el suelo produce la impresión de una formación estelar o un sistema celeste, interconectado, que sigue el movimiento de traslación del Sol y la Luna sobre la tierra.

Marco RountreeMarco Rountree, Sin título, 2011. Richard LongRichard Long, Elipse de Cuarzo Blanco, 2000.

Ubicada dentro de una hondonada expresamente construida, encontramos la obra de Gabriel Orozco, un tablero del juego oriental de Go, titulada Go 4 no borders.  Interesado por el juego en todas sus vertientes y específicamente por las circunferencias y sus disposiciones simétricas dentro de un plano ortogonal, la pieza de Orozco modifica el juego, originalmente planteado para dos jugadores, e introduce la posibilidad de un segundo par de jugadores dentro de las líneas imaginarias de las que se compone el tablero.

Gabriel orozco

Gabriel Orozco
Gabriel Orozco, Go 4 No Borders, 2006.

La regla principal del Go es dominar un territorio con 180 piedras blancas y 181 negras convexas por ambas caras, por lo que el objetivo del juego es integrar las piedras dentro de una retícula desplegada en el tablero. La estrategia que Orozco nos propone, sería romper con las reglas para plantear una experiencia más contemplativa. Dado el tamaño del tablero y la disposición de los posibles jugadores, y considerando que cada pieza pesa unos tres kilos, caminar entre las piezas sería dificultoso sino imposible. La estrategia de Orozco se caracteriza por plantear juegos tradicionales con modificaciones físicas a sus tableros o mesas; por ejemplo el tablero de ajedrez, la mesa billar o la de ping-pong.

Ruinas Nueva Arquitectura, 2011.Tercerunquinto (pasto). Tatiana Bilbao (auditorio)Tercerunquinto (pasto) Ruinas Nueva Arquitectura,
2011. Tatiana Bilbao (auditorio).
De forma tal que lo que interesa es más bien el aspecto estético de la disposición de cuatro colores de piedras en combinaciones tan complejas como simétricas que expresan la personalidad de los hipotéticos jugadores, que deben tomar decisiones estratégicas para dominar el mayor número de intersecciones.  Si consideramos que un tablero tradicional de Go se realiza con la madera de árboles de la especie Kaya, hoy casi extintos,  la alternativa de Orozco ofrece la posibilidad de contemplar la belleza de una partida interrumpida, la relación del juego con el medio ambiente y la reflexión sobre la materia y forma de las que están hechos el tablero y las piezas.

La creación de espacios públicos para contemplar obras de arte específicamente diseñadas es todo un reto para cualquier urbe.  Resulta difícil  encontrar la combinación de artistas, obras y espacios que se presten para una interacción simbólica y estética con el público, así como conciliar los intereses y presupuestos de organismos públicos, privados y sociales.  Por tales motivos, la obra pública frecuentemente está sujeta a debates y controversias que cuestionan su independencia artística y su recepción social. 

El logro del Jardín Botánico de Culiacán ha sido que en la mayor parte de las piezas hay una lograda intención de fundir varias experiencias: lo natural con lo artístico; lo científico y lo estético,  lo lúdico y lo político. El proyecto iniciado bajo la batuta de Patrick Charpenel todavía enfrentar la solución de la pieza de Valeska Soares o de Tacita Dean, cuyas propuestas requieren de especies vegetales y soluciones adaptables a las condiciones climatológicas del lugar, lo que implica que no todo en la consecución ha ido a pedir de boca. El conjunto logra armonizar la necesidad del arte con la demanda de hacer obra pública que se sustente dentro de un contexto natural y ofrezca la posibilidad conocer el mundo natural en su complejidad y la diversidad de la obra artística contemporánea.

Olafur EliassonOlafur Eliasson, Arco floral, 2005.

Olafur EliassonOlafur Eliasson, Arco floral, 2005.

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Fecha de publicación: 05.19.2012