Marcelo Balzaretti: Variaciones lumínicas para la contemplación del tiempo

Marcelo BalzarettiDetalle de la pieza de Marcelo Balzaretti

José Manuel Springer

Marcelo BalzarettiAl fondo, la pieza de Marcelo Balzaretti.

Al ingresar a la sala 10 que alberga la colección de pintura Virreinal del Museo Nacional de Arte, me llama la atención la disposición de una decena pinturas de estilo barroco sobre los muros divisorios ubicados ambos lados del pasillo. El despliegue consecutivo de imágenes pictóricas con temas religiosos conduce mi mirada hacia el centro de la sala, localizado a unos veinte metros adelante de mí.

Desde el centro del pasillo veo perfectamente un luminoso rectángulo dividido en doce cuadros, obra del artista contemporáneo Marcelo Balzaretti, como un puente entre ambos costados. La sencillez del rectángulo de doce módulos cuadrados en movimiento, produce un contrapunto con las superficies de las pinturas adyacentes. Planos de colores rojo, azul, oro, gris, amarillo ondulan suavemente dentro de los marcos de acero de la obra.

Para lograr ese efecto de transición armónica entre obras de diferentes periodos y la suya, Balzaretti investigó primero y encontró el equivalente de los pigmentos de la paleta barroca con los colores sintéticos que utilizó para replicar los colores de la paleta de los cuadros a su alrededor. Con ello hizo posible la contemplación de los elementos artísticos puros -el color, la forma, la disposición- a través de paneles abstractos, que constituyen la esencia de la pintura.

El cuerpo de obra de este artista multidisciplinario, que se ha valido de la gráfica, el video, el cine y la instalación, se caracteriza por un uso mínimo, restringido de elementos, y una presentación elegante, para hacer patente la atracción que producen sus hallazgos artísticos.

Cada módulo de esta obra cuenta con una placa interior movible y un vidrio fijo, impresos con sendas retículas de puntos, similares a las usadas en la impresión fotográfica en Offset para producir claroscuros. Interesado en los procesos de impresión y en las formas en que se genera el movimiento a partir de superficies bidimensionales, Marcelo Balzaretti echó mano de una técnica de reproducción para dar vida al color, por medio de un mecanismo consistente en un motor y un brazo mecánico, que al mover de lado a lado una placa detrás de otra provoca ilusiones ópticas que producen la sensación de movimiento en varias direcciones.

Para empezar uno se pregunta cómo habría que denominar esta obra. Yo la considero una evolución del cuadro pictórico, que incorpora oficios técnicos y dos capas de color impresas; lo cual no la hace menos pictórica que la pintura hecha de pigmentos aplicados con pinceladas. No es el proceso lo que define a la pintura sino el resultado y el efecto sobre la percepción.

Esta pintura-gráfica llamada Variaciones lumínicas para la contemplación del tiempo es una continuación de una larga serie de procesos de investigación visual que iniciaron los artistas del Renacimiento para traducir la experiencia de la realidad al plano bidimensional.

 Este afortunado encuentro entre pintura-al óleo y pintura-móvil propiciado por el MUNAL permite experimentar y comprender más sobre las técnicas compositivas y de iluminación que usaron los artistas manieristas para ofrecer al espectador una abigarrada secuencia narrativa dinámica mediante imágenes fijas. Mientras que, en la obra de Balzaretti, la estética de la percepción pura se impone a la representación narrativa. Veamos por qué.

El cuadro como una ventana.

 

Luis CabreraLuis Cabrera

El enmarcado de las obras barrocas se hacía con maderas talladas, policromadas y doradas. Antiguamente se pensaba que el marco acentuaría la impresión en el espectador de encontrarse ante una ventana que le permitiría atisbar un mundo casi tangible en la medida en que el oficio del pintor resultara convincente.

En la actualidad, la idea del cuadro como ventana pictórica ha sido sustituida por la del cuadro como pantalla sobre la que se proyecta una imagen. Si el cuadro tradicional replicaba la apariencia del mundo vista desde una ventana, la composición de Balzaretti funciona como un muro traslúcido que ofrece atmósferas líquidas con ritmos de movimiento que siguen ondas verticales, horizontales, expansivas y diminutivas.

El ritmo producto del movimiento de las superficies da como resultado una temporalidad a la que se refiere el título de la obra . La estructura ortogonal forma un mosaico de colores que varían en intensidad y saturación y las líneas del enmarcado interior construyen la composición armónica según la proporción áurea, que sitúa cada elemento en un punto de cruce de líneas de visión equidistantes invisibles al ojo pero captadas por la mente. Se trata de un recurso utilizado en la pintura ordenar la posición de los personajes y objetos, como sucede en la compleja narrativa de la pintura de Miguel Cabrera, La Virgen del Apocalipsis, ubicado al otro lado de la sala.

La composición geométrica del cuadro de caballete ha sido llevada por el artista contemporáneo a constituir una obra con un propósito distinto: tomar conciencia de los variaciones lumínicos del espectro de color, tono y saturación. La pintura de Balzaretti recuerda el trabajo de otro gran artista moderno que trabajó con líneas compositivas y colores primarios para darle a la obra una independencia del mundo real y superar la idea del cuadro como ventana: Piet Mondriaan.

La disposición de la obra de Balzaretti constituye un planteamiento visual sobre la relación entre los tres elementos importantes en la pintura barroca: la luz, el movimiento y el ritmo. La obra no es sólo un experimento de óptica; existe en ella una sensibilidad y una expresión que provocan un estado meditativo sobre la percepción del color, que ejerce un efecto hipnótico por medio del mirada.

Sobre el acto de ver

Marcelo BalzarettiMarcelo Balzaretti

Partamos del hecho de que el cuadro pictórico es la versión más acabada de la búsqueda de lo real por medios manuales. Desde su invención en el siglo XIV los pintores buscaron en el espacio pictórico maneras de representar la realidad que fueran verosímiles y cercanas a lo que percibía el ojo; la invención de la perspectiva fue una repuesta a esa búsqueda. No obstante, la perspectiva implicaba una visión del mundo desde una mirada ideal. El cuadro pintado obliga al espectador a colocarse en la misma posición en que fue pintado para apreciar la profundidad y el volumen, la estructura y la continuidad del espacio representado.

Los pintores del siglo XVI en adelante usaron inventos sencillos para mejorar la visión tales como la cámara lúcida; un dispositivo de lentes, similar a un aparato fotográfico, que permitía proyectar en una superficie plana los objetos en los ángulos más complejos, logrando una mayor exactitud óptica de lo pintado. El empleo de estos mecanismos que antecedieron a la fotografía tuvo una influencia directa y profunda en el tipo de obra que produjeron y en la concepción del papel de la pintura.

En la pintura realista todos los objetos deben ser representados desde un solo ángulo de vista para que puedan resultar “creíbles” para un ojo no entrenado. En el caso de la obra de Balzaretti, el problema de la visión no es la credibilidad de lo representado, la imagen es un flujo de puntos flotantes. Aquí la pintura dejó de ser un registro de las condiciones del mundo material tal cual, para convertirse en una descripción del comportamiento de la materia y la luz, dentro de la dimensión temporal. La percepción de estos cuadros tiene un efecto similar al de un caleidoscopio, requiere del movimiento de un dispositivo manual para modificar su configuración de luz y forma.

El contraste entre el efecto realista de la pintura barroca y el efecto perceptivo de la obra de Balzaretti invita a considerar las diferencias entre el modo de ver del arte europeo, basado en la representación, y la visión abstracta de colores móviles.

Ese salto del conocimiento visual revela que lo esencial del cuadro pictórico cambió. Pasó de la consideración del cuadro como una imitación de la realidad física producto de la perspectiva a convertirse en una percepción virtual. Dejó de ser la manifestación de lo real y se convirtió en resultado de un acción física. La pintura barroca se percibe como una imagen cautiva, mientras que la obra de Balzaretti es captada como un espacio virtual de movimiento cíclico. La primera narra a través de símbolos, la segunda reproduce ritmos.

Como sucedió el Op Art y el Arte Cinético del siglo pasado, la obra de Balzaretti representa una asimilación de las coordenadas tiempo espacio con las percibimos el movimiento real y esto altera las condiciones de exposición sobre las que opera el museo.

De cómo el arte llegó a modificar la función del museo

El Arte Cinético latinoamericano comenzó con el empleo de superficies pictóricas de líneas y puntos que vibraban con el movimiento del espectador. Los experimentos bidimensionales pronto se transformaron en estructuras escultóricas e instalaciones realizadas con plásticos y lentes de cristal que produjeron un tipo de arte cuya finalidad era activar el espacio circundante.

La primera estrategia consistió en colocar los objetos en espacios abiertos por para que pudieran moverse con la fuerza del aire. A medida que el movimiento real se convirtió en una necesidad expresiva, ligada a la cultura de la llamada Era Espacial, artistas como el argentino Julio Le Parc introdujeron el uso de motores mecánicos ocultos en cajas y telas para generar el movimiento de espejos circulares y superficies brillantes, que daban la sensación de un cosmos destellante sobre fondos oscuros. El venezolano Rafael Soto, por su parte, introdujo el uso de estructuras autónomas elaboradas con bandas de plástico de colores brillantes traslúcidos y ambientes realizados con materiales traslúcidos como el Plexiglas. Estas estructuras invitaban a que el espectador las penetrara e interactuara con ellas experimentando un ambiente de vibraciones de color.

Marcelo BalzarettiDetalle de la pieza de Marcelo Balzaretti

Estas experiencias llevaron a una cuestionar la interrelación entre el objeto artístico y el espacio que lo contiene, que lo presenta y llevaron a buscar otras alternativas de presentación del arte; fue necesario modificar el discurso museológico como un lugar de objetos estáticos, para poder provocar la respuesta táctil de los visitantes, y combinarla incluso con sonidos, para llegar a la obra de arte total, aquella que involucrara a todos los sentidos del cuerpo humano.

Desde los años 60 el arte dejó de ser una experiencia puramente visual para convertirse en una experiencia fenomenológica, que involucra la psicología del visitante, y supera la función del museo como un lugar destinado específicamente para la mirada y la admiración.
El trabajo de investigación visual y estética de Balzaretti replantea el problema del tiempo, de su representación dentro de la pieza artística. Cómo percibimos el tiempo cronológico a través del fenómeno del movimiento, esa la cuestión que aborda siguiendo los pasos emprendidos por sus antecesores. Si la cámara fotográfica detuvo el movimiento, las pinturas mecánicas de Balzaretti lo activan de forma tal que nos hacen conscientes del compás con que se mueve la materia.

 En la sala 10 del museo es notable como una sola obra contemporánea rodeada de pinturas modifica sensiblemente el espacio y plantea un discurso diferente en el museo: el de la interactividad, la cual detona contrastes y experiencias estimulantes en el público. El cuadro cinético de Balzaretti permite reconocer las técnicas de representación de movimiento en la tradición pictórica dentro un contexto contemporáneo y acompasa la visión actual de la imagen con las técnicas visuales empleadas en el estilo Barroco, con quien comparte la aspiración al movimiento y la interpretación del espacio-tiempo a través de la materia.

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Fecha de publicación: 31.07.2012