Instagram vs. el museo

 

José Manuel Springer

La fotografía instantánea se apodera de la imaginación del público.  Aun en campos donde la fotografía requería de profesionales, como el fotoperiodismo o el documentalismo,  encontramos que día a día los fotógrafos  casuales acumulan imágenes que los medios informativos recogen en sus páginas de Instagram.  Una tragedia natural, un desastre, accidentes, son situaciones en las que los dueños de teléfonos inteligentes se adelantan a los profesionales y llenan con sus imágenes las redes sociales, pero también las páginas de Internet  creadas por periódicos y revistas para atraer la colaboración espontánea de fotógrafos improvisados. 

Cada vez más Google se ha convertido en el centro de los nuevos y controvertidos medios para capturar  imágenes del mundo.   El último de los inventos, los lentes de alta tecnología llamados Google Glass, que permiten a los usuarios fotografiar en imagen estática o video todo lo que ven sus ojos y enviarlo en tiempo real a cualquier red social o subirlo a una página web con sólo un toque en el marco de los lentes o un comando verbal.   Ya no hay necesidad de escribir o describir lo que sucede, una imagen resulta suficiente.

La imagen instantánea se ha convertido en una nueva forma de comunicar. Aún en el mundo hiper-abreviado de Twitter y sus 140 caracteres,  el texto resulta cada vez más obsoleto; las nuevas generaciones usan la fotografía como medio de comunicación.  Lo cual significa que la imagen se convierte en una forma efímera de transmisión.

Según datos publicados por el periódico New York Times,  en Facebook la gente intercambia 300 millones de imágenes al día, mientras que en Instagram el  número asciende a 45 millones de fotos diarias.  Whatsapp, plataforma de mensajes de texto, foto y video, procesa 27 mil millones de mensajes cada 24 horas.  Cada año, la industria de la comunicación audiovisual reporta el incremento de mensajes con imágenes y la caída de hasta 5 por ciento en mensajes de texto.

El espectáculo no es una colección de imágenes, sino la relación social entre personas mediada por las imágenes”, Guy Debord.

¿A qué se debe todo esto? ¿Qué implicaciones tiene para la forma en que nos relacionamos con el mundo?  ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de vivir en un mundo hipercomunicado todo el tiempo?

En primer lugar habría que señalar que la imagen no tiene las fronteras y barreras que representa el texto y la palabra. La imagen llega a un mayor número de personas. En segundo lugar, si imaginar significó hasta hace poco crear imágenes en nuestra mente para después ponerlas sobre un papel en palabras o sobre un lienzo en pintura,  probablemente la imaginación  habrá cedido su papel a los dispositivos electrónicos de comunicación. La gente ya no hace un esfuerzo para pensar, usar la imaginación y transformar lo que percibe en algo distinto. La poiesis, la poética va en decremento.

Por otro lado, las imágenes comunican con rapidez , ambigüedad, y dejan un espacio para la interpretación. Nos ofrecen un contexto, que resulta difícil traducir en palabras, sobretodo entre individuos  en los que el nivel de manejo de lenguaje verbal se limita a quinientas palabras.  Estas ventajas las aprovecha   la publicidad, que ha comenzado a cambiar sus estrategias, de la imagen estática impresa en las grandes carteleras a pantallas lumínicas que cada seis segundos envían un nuevo mensaje en el espacio público.

La imagen no puede convertirse en un lenguaje porque no tiene gramática ni sintaxis. Es muy difícil establecer una comunicación con imágenes que no sea limitada o ambigua. No se puede representar con una imagen una intención, ni tampoco el pasado ni el futuro. ¿Una foto de un florero implica algo que deseamos o que regalamos o acaso una metáfora de la muerte? La palabra posee una narrativa lineal que las imágenes no tienen. El problema no es que las imágenes sustituyan al lenguaje hablado o escrito, sino cómo la experiencia de la distancia espacio temporal afecta nuestra percepción de los límites del mundo y de su complejidad. La mayoría de la gente que usa las redes sociales reduce su experiencia del mundo a un puñado de contactos, mensajes e informaciones.La valoración y el juicio estético del mundo no pueden reducirse a unos cuantos contactos instantáneos.

El espectáculo por medio de las imágenes mediatiza la relación social entre personas. Ya no importa el contenido de las actividades, lo que trasciende es la espectacularidad de los eventos, sus atributos sensacionalistas: el número de VIPs presentes en una reunión de trabajo; las celebridades que iluminan con su presencia el evento social; el nivel de revelación de intimidades sexuales con fines de acoso y manipulación. Nos enfrentamos a una distopia en la que, como en la novela de Ray Bradbury Farenheit 451, las generaciones futuras desconocerán el poder imaginativo del texto y el sonido.

Alternativas posibles a esta tendencia de la cultura visual. El texto permite al receptor escoger el tiempo y ritmo de lectura; el video y las grabaciones de sonido imponen el ritmo de percepción dictado por el emisor del mensaje. Fomentar el gusto por el uso simbólico y metafórico de la imagen, como sucede en los sueños, y aplicar estos usos en redes de contenidos no explícitos. Crear una colección de lenguajes simbólicos y figuras del lenguaje, como la mitología, con las que ciertos grupos puedan identificarse y derivar identidades estables. Desarrollar nuevos signos y lenguajes comunicativos que desarrollen la capacidad de lectura y escritura, como sucedía en los lenguajes telegráficos, marítimos o en el lenguaje de los sordo-mudos. En la era de la post alfabetización, quien pueda crear registros textuales será rey.

Es necesario contar con profesionales de la imagen que sean activos y no reactivos, cuyo enfoque hacia la imagen ofrezca múltiples facetas de lectura, en las que el texto, la imagen y el sonido se combinen para producir una narrativa diferente.

El arte se ha convertido en un campo de desarrollo híbrido en el que profesionales y no profesionales combinan recursos. Los artistas son meta-productores, que pueden dar autenticidad a una imagen previamente generada en otro contexto. Los curadores son los filtros que seleccionan de la abundante producción las imágenes, los artistas y los contextos que muestran el interes estético y ético de las imágenes y su lectura. El artista se asume como lector con una ética de trabajo.

La arbitrariedad y la idiosincrasia de la imagen artística es lo que se espera de la obra de arte. Sabemos que también la obra de arte puede ser manipuladora, pero estamos dispuestos a aceptarlo puesto que la plataforma de producción y presentación es individual y subjetiva. La relación del museo con el mundo y la obra de arte ha dado un giro de 180 grados. Los museos públicos presentan a la obra más como una ventana hacia el mundo que como un espejo que refleja una percepción subjetiva. Hace algunas décadas el museo amplificaba los mensajes contenidos en la obra de arte, en ocasiones de manera sorprendente. La visita al museo era una oportunidad para ver una propuesta muy distinta a la de los medios y amplificar nuestra experiencia del mundo.; Los grandes museos enfatizaban el contenido de la obra a través de la arquitectura, la iluminación y un cuidado en el diseño de exposiciones. Hoy los museos están a merced de las tecnologías de imagen, la gente que los visita entra armada de cámaras para convertir a la obra en otra imagen más. No obstante, en los últimas décadas el mercado del arte demuestra que tendemos a considerar más importante al emisor que al mensaje.

La tendencia a propiciar la producción de imágenes fugaces repercute en la habilidad de la gente para fijar la atención en imágenes hechas por artistas y profesionales de la imagen (fotoperiodistas, documentalistas), y en consecuencia la función de los museos se verá disminuida y reducida a ser cajas de resonancia, espacios donde la comprensión de la imagen resulta demasiado compleja y laboriosa para una generación que ha desarrollado un gusto por las imágenes efímeras.

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Fecha de publicación:25.08.2013