¿Utopía  o realidad virtual?
El Lissitzky, Emilia e Ilya Kabakov

José Manuel Springer

Rewind. Play.
La utopia ha dejado de ser un lugar de referencia en nuestra era. El contraste entre idea utópica y realidad material fue un parámetro, una línea de acción para los creyentes en la utopia. No obstante, el arte continua proponiendo la utopía, y con ello subraya su rebelión contra el orden y el sistema, aunque paradójicamente esto lo coloque en una contradictoria posición: cómo enfrentar la realidad a través de un ideal que por definición es impracticable.

Emilia e Ilya KabakovEmilia e Ilya Kabakov., El espíritu utópico
vencido por la realidad
.
La historia ofrece ejemplos de utopías que lograron un alto grado de realización, pero por su propia dinámica, llegaron a la extinción más temprano que tarde. Hacer de un proyecto utópico una realidad es labor de ángeles y titanes económicos, literalmente. Hoy día la utopía parece desarrollarse desde Silicon Valley, y su lugar , ese que no existe más que virtualmente, es la utopia digital, en la que el conocimiento, y el espionaje dicho sea de paso, se convierten en herramientas para ir en pos de la felicidad, aunque está no tenga lugar en el mundo real.

Para Ilya y Emilia Kabakov la realidad es otra frontera creada por el lenguaje. Lo paradójico es ver cómo abordan lo real, usando el lenguaje de la alegoría para crear escenarios utópicos, en donde las ideas más descabelladas (como lanzarse al espacio impulsado por el puro deseo) suceden, o se hacen presentes virtualmente. A esta reconstrucción alegórica los Kabakov la llaman Instalación Total, un ensayo visual mezcla de pinturas que reflejan escenarios de la vida cotidiana, con maquetas de monumentos para el futuro, dibujos y textos especulativos. Su forma de operar en el mundo es a través de la historia, particularmente la historia de la desaparecida Unión Soviética, y el contraste con el mundo pos-comunista, la nueva Rusia autoritarista con señuelo neoliberal.

El título de esta exposición traza una línea entre esas dos posibilidades de la utopia, como el sueño que cambiaría la historia del mundo, o como una pequeña luz que ilumina los pensamientos de unos pocos. Introducir a El Lissitzky en la ecuación Realidad--->Utopía es convocar a una de las grandes utopías creativas del siglo XX y someterla a un contraste con la historia. La semántica de sus imágenes, la sintaxis y la forma en que Lissitzky conceptualizaba el lenguaje visual desde la cámara fotográfica y el diseño. La comunicación urbana, el lenguaje público contemporáneo, la señalización del espacio, todas estas áreas de lo visual fueron influidas por el proyecto utópico que propuso Eleazar Lissitzky en 1922. En esencia E.L. quería empatar el movimiento constante de la historia con el ideal de llegar a un futuro de prosperidad. Para él, la utopía era temporal y materialista; el espíritu utópico estaba en el trabajo y la juventud. Su lenguaje era directo, mezclaba composiciones a base de formas geométricas puras y líneas en ángulos agudos, a los que llamaba prouns, con tipografías, muchas familias de letras que se imprimían en la mente. Lissitzky puso las bases del Constructivismo, como expresión propagandística al servicio de la revolución.

El LissitzkyEl Lissitzky
Emilia e Ilya Kabakov Emilia e Ilya Kabakov

Estructurar la utopia comunista fue un proceso que comenzó con hacer tabula rasa. La construcción del orden utópico es una aventura radical; la única manera de llegar es haciendo el camino. Al final, como ya sabemos, se trató de una visión temporal, un imaginario lleno de posibilidades, que dio origen a códigos de visualidad que dejaron su impronta en la cultura de una nación y del mundo.

Y son los códigos aquello que el curador Charles Esche escogió para estructurar la exposición en los siete pisos que tiene el museo Multimedia de Moscú, donde la exposición cumple su itinerancia. La muestra ofrece un recorrido que muestra la relación de las artes con la construcción del pensamiento utopico, abordando temas como la relación de la experiencia con el deseo, el artista como reformador, y el arte como altar dedicado a los héroes. La utopia convertida en espíritu renovador y código.

Reality Check
Ilya y Emilia Kabakov

Ilya y Emilia KabakovEmilia e Ilya Kabakov. El palacio de los  Proyectos,
1999.

Son contados los artistas que se conceden la oportunidad de soñar e imaginar que lo que se vive es y será parte de un ciclo más amplio. La exposición utiliza un argumento muy sencillo: el contrasta entre lo cercano y lo paradójico que puede resultar la utopia. Lisstizky vivió ese sueño, así lo demuestra la lectura de los dibujos, los procesos preparatorios y las elecciones formales que tomó Lissitzky hasta construir toda una maquinaria de propaganda, cuando apenas tenía 24 años y ya estaba a cargo de la construcción de la imagen de la naciente Unión Soviética ante el mundo.

Los Kabakov son el contrapeso de esa visión pro-soviética y la memoria del pensamiento utópico. Su trabajo es una constatación de lo que sucedía en la realidad. Ambos vivieron el estalinismo y todos los regímenes subsecuentes hasta la Perestroika de Gorbachov. Y sus historias reflejan esa “vida en la utopia comunista” Las pinturas de Ilya son narrativas, encierran la experiencia de los individuos que no forman parte de la gran Historia, pero cuyos testimonios revelan una serie de construcciones utópicas que se mueven entre lo real y lo posible.

Ilya fue ilustrador de libros de texto años antes de decidir seguir la carrera artista. Llegó a desarrollar una filosofía sobre el papel de la imagen en la educación. Varias de sus instalaciones, en lugares tan dispares como Marfa, Texas, o en el Centro Pompidou, suelen coincidir en el argumento de la educación como herramienta de la utopia: un salón de clases abandonado, una recámara recubierta con carteles socialistas, las cocinas proletarias, y colecciones de objetos viejos; todas estas son la evidencia de un mundo que vivió la utopía cotidiana. Hay algo en común entre las películas de Andrej Tarkovsky y las instalaciones de los Kabakov; ambas presentan posibles lugares para la utopia y la fe. la realidad las absorbió y las incorpora a esa su estructura y una vez que se convierten en algo fijo, un monumento, pierden potencia. Han pasado 22 años desde que se vino abajo la Unión Soviética y de esa utopia surgió Rusia distinta, absolutamente irrealista. Los Kabakov se retiraron a vivir la otra utopia, en Long Island, Nueva York. Sus obras son vestigio y propuesta para encontrar una nueva oportunidad.

A la mitad de mi recorrido por la exposición me invade la pregunta ¿Hay algo en la misma utopia que la lleva necesariamente al fracaso? Será la actitud fanática de los que buscan utopías o quizá es la disciplina que hay que seguir para lograr un ideal, que acaba por destruir todo esfuerzo. Lo que se ve en las obras tanto de Lissitzky como el dúo Kabakov es que hay un momento en que el genio humano trasciende la historia porque la sociedad cree en la utopia. Si tomamos como ejemplo la obra “El hombre que voló al espacio desde su departamento”, la utopía comienza en el individuo, que atravesando el aire, en su spútnik hecho de cartón, o en la balsa se lanza en búsqueda de otro horizonte. Al final, hay que pensar a la utopia como un observatorio desde el cual ver la historia.

Ciberutopia
Ilya y Emilia KabakovIlya y Emilia Kabakov, El hombre que voló al espacio
desde su departamento
. 1984.

El argumento de la curaduría sobre las bondades de la utopia, nos lleva al desenlace con una elocuente instalación: aquella donde un ángel, Icaro, se viene abajo desde el cielo, sus alas inservibles, traspasando en su caída la bandera negra con el círculo blanco y los triángulos rojos, Vencer a los blancos con la cuña roja (1919), pintura suprematista de Lissitzky. Parece que el hombre que voló al cielo terminó cayendo del mismo pues desde el séptimo piso del museo se puede ver al ángel estrellado en el suelo del patio envuelto en plumas blancas, que marca ese punto de escepticismo en que las utopías colectivas se convierten en dogma.

El Lissitzky muere a los 50 años, víctima de la tuberculosis. Siguió trabajando bajo el régimen de Stalin y fue respetado como artista, aunque su papel de reformador se vio limitado a exposiciones internacionales que diseñó para promover su idea de un mundo formalista. Aunque vivió la eclosión de la revolución de Octubre, conservó su papel como un icono del pensamiento artístico utópico del siglo XX.

Antes de dar vuelta a la última página de la historia, los Kabakov han decidido plasmar esa experiencia, la de vivir dentro de un orden utópico que se convierte en una dictadura terrenal, con características también muy rescatables. La vida comunal retratada etnológicamente en las instalaciones de los Kabakov está muy lejos de las estructuras gráficas de Lissitzky, inspiradas en las líneas dinámicas y abstracción lograda por el movimiento y el uso de la imagen fotográfica. El contraste entre ambos -uno de una elegancia formal, el otro de una pulcritud quirúrgica, uno teatral el otro dancístico- abre y cierra todo un periodo la experimentación con la figura y el montaje de imágenes a través del recurso del texto.

El LissitzkyEl Lissitzky
Ilya y Emilia Kabakov

La exposición lanza la pregunta sobre dos mundos, uno que se abrió en el siglo XX, el de Lissitzky, que fue un breve renacimiento; y otro, el de los Kabakov, que cierra el siglo con la lenta agonía de la utopia política. La caída del muro de Berlín abrió una posibilidad que nos llevó a otra caída, la del imperio de los Lehman Brothers y la primera crisis económica de la naciente globalización

Emilia e Ilya KabakovEmilia e Ilya Kabakov. El ángel caído, 2013.

En la era de la utopia virtual Internet, en la que la seguridad del Estado se antepone a la libertad privada, y donde la violencia comienza con la conculcación de las libertades civiles bajo el argumento de la lucha antiterror, la existencia de Internet, como señaló Boris Groys en reciente conferencia en México, no es garantía más que de control del gran archivo global, que registra toda la información para que la Agencia Norteamericana de Seguridad pueda usarla contra aliados y enemigos. . El ciberfetichismo (término acuñado por César Rendueles) demostró el espejismo del Internet como motor de cambio político; por el contrario, la ciberutopia ha demostrado que es especialista en reducir las expectativas de lo que significa acción política, sociedad y democracia.

Según el testimonio de Kabakov: “A pesar de lo poco que había, la cocina era el lugar para los debates, para la plática y la convivencia”. Y probablemente, fuera del arte la posibilidad sigue ahí, aunque el costo de las utopías reales o virtuales resulta humanamente elevado pero indispensable.

 

Epílogo
Luego de pasear por la exposición me dejé llevar por el hambre y fui a una cafetería post-soviética. Todo el lugar estaba decorado con carteles y fotografías de la era soviética, fotografías de Brezhnev, Kruschev, Castro, Stalin, todos sonriendo; en el techo quedan las enormes estrellas rojas de cada una las repúblicas soviéticas, enmarcando a una pareja de mujeres rusas que consultan sus teléfonos inteligentes. Viendo la foto de Brezhnev, pensé que hay que dar los artistas el privilegio de plantear otras, quizá nuevas, utopías, pues ya llegará el futuro para devolvernos a la realidad.

Emilia e Ilya Kabakov
Ilya y Emilia Kabakov

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Fecha de publicación: 27.10.2013