La huella gráfica. Heterodoxos y ortodoxos integrados en la estampa

A tiro de fuego

José Manuel Springer

Darío RamírezCada lustro el arte gráfico resurge para agitar las aguas de su gremio con una nueva generación. Academias pasan a mejor vida y llegan modas estéticas o tecnológicas para sacudir al arte, pero todas terminan por ocupar un lugar en la contexto del espíritu de los tiempos. La gráfica es una de las excepciones, pues su producción incorpora en una generación todos los avances y las tradiciones renovadas.

Algunos años atrás, apenas los suficientes para olvidar, surgió la gráfica digital con gran bombo y platillo como una plataforma de creación que se aprovechaba del pixel y de las cámaras, del software de última generación y la impresora de tintas magníficas , hoy la euforia por el arte del pixel se ha reducido y sólo quedan algunos talleres sofisticados.

La antología más reciente de la producción talleres dedicados a ella lleva por título A tiro de Fuego; segundo encuentro de talleres. Lo primero que llama la atención de este concienzudo esfuerzo del curador Joan Peiro (valenciano, con amplia experiencia en las artes visuales mexicanas) por limpiar y organizar un espectro de producción muy amplio, es el entendimiento de la gráfica como una huella de los tiempos, que lo mismo recoge las experiencias de la naturaleza –origen de las primeras obras humanas– que presenta soportes imaginativos y deslumbrantes, huellas dejadas sobre huesos, impronta de árboles añejos, y papel, muchos papeles, que es el vehículo arcaico de la gráfica.

Liudmila Rosales EstévezEn esta era de interacción, de ruptura de fronteras entre géneros y disciplinas, resulta obsoleto discutir sobre la gráfica desde un ángulo purista que devolviera a la litografía o el grabado a el lugar que ocupaba hace cien años, cuando murió José Guadalupe Posada (1852-1913) dejando un legado más de 20 mil estampas. Fue Posada quien extendió el dominio de lo gráfico a algo más que estampas impresas sobre papeles volantes, los diferentes estilos y fines de sus grabados llevaron a la gráfica ocupar un espacio en la conciencia: el salto de la imagen narrativa vernácula, al dibujo de raigambre anarquista, de opinión caricaturizada o no, sobre la realidad histórica. Hace un siglo que la gráfica se desdobló en diferentes facetas para entregarnos una imagen horizontal del mundo, salida de la prensa, de la lámina, la piedra o la placa de madera.

Esto es lo recupera la presente exposición: hoy se sigue haciendo gráfica con la conciencia de que se trata de una imagen seriada limitada, resultado de una manualidad oficiosa, pero con una conciencia de lo múltiple y lo diverso. Para culturas como la mexicana, la gráfica fue la plataforma con la que dio inició el gusto y la necesidad de la experimentación, alternando con diferentes medios mecánicos (el offset, el mimeógrafo), analógicos (la fotografía y la transferencia) e incluso con soportes que fueron adaptados para recibir o imprimir huellas tridimensionales, como fue el caso del notable artista Marcelo Balzaretti (1971-2013).

Y aunque ese fue el principio que animó la presente muestra del Museo Nacional de la Estampa, la intención no termina ahí, pues lo que resulta manifiesto en la selección de obra no es tanto la técnica gráfica sino el decir de las estampas, su poética y retórica. La reflexión sobre el mundo físico que nos rodea, la debacle del medio ambiente, la lucha entre la luz de la inteligencia y la oscuridad de la violencia, son subtemas que habitan las estampas de los talleres seleccionados en esta muestra. Vale apuntar que se trata de una exposición de talleres no de individuos, aunque estos –artistas e impresores- representan el engrane que mueve a las prensas.

A tiro de fuego

Taller 24La gráfica fue el principio del dibujo; es el contorno de una sombra lo que alumbra el primer dibujo de figura, y es el ejercicio de una impresión manual sobre un medio receptivo, lo que determina la huella de la pintura rupestre.

Desde la época de los ídolos en las cavernas hasta la nuestra era de la imagen luminosa portátil, el principio de producción de imágenes por medios indirectos determina una extensa y compleja relación entre el hombre y la imagen. Ese será el primer logro de la selección de talleres: mostrar la diversidad de interpretaciones del fenómeno gráfico en su acepción artística, y el de las plataformas gráficas que desbordan el mundo en que vivimos.

Las obras marcan el tránsito, las rutas que recorre el espectro de la gráfica, sobre los muros por medio del grafiti presuroso ejecutado por la generación que no es dueña de otro espacio que no sea la calle. Como sucede en la literatura reciente, la ciudad se convierte en el ámbito de identidad. Su intensidad y las variables con las que se construye su entramado de imágenes tienen un impacto definitivo en la mayoría de los artistas emergentes. La ciudad transfigurada y simbolizada es una constante en el trabajo de los colectivos gráficos, que dejan el discurso del muralismo para apoderarse de las historias orales y ciertos símbolos históricos trasnochados.

Sebastián Fund

Sebastián Fund

A partir la transferencia directa de varios pares de zapatos, vestigio del andar urbano, El despertar del pueblo de Sebastian Fund, del taller Médula Negra, para mí la mejor pieza de la exposición, marca un punto de inflexión en la línea temática de las obras seleccionadas. Historias de la calle, poesía de sombras, monólogos citadinos, pueden considerarse los trabajos de Maribel Rojas realizados en el Laboratorio de Arte Gráfico de la Universidad de Hidalgo (UAEH).

Una vuelta de tuerca a la tradición es la que propone el Taller 24 de La Esmeralda, encabezado por el joven maestro Germán Flores, con El Centauro del Norte, linoleografía inspirada en la mejor tradición del Taller de la Gráfica Popular. Hay un giro semántico que sugiere la distancia entre la utopía revolucionaria y guerra contra la delincuencia organizada, que ofrece la litografía de Héctor Valencia Pa’ que aprendan a respetar, cuyo tema no requiere mayor explicación.

Ernesto Alva, jefe del taller La Trampa, ofrece una muestra de trabajos racionales y emotivos, centrada en las posibilidades de la experiencia estética de un mundo estructurado por cánones y convenciones sociales. Se trata de una carpeta con obras de Eric Meyenberg, Omar Barquet, Pablo Rasgado y Omar Bartolomé, artistas multi media con intereses que expresan por medio de la instalación, el dibujo, la antropología, la literatura y la ciencia. El conjunto de estampas expone el enorme alcance que tiene el grabado para adaptarse a la idea y la intención con sólo una gama de grises.

Si bien la caja de resonancia de la imagen contemporánea en que se ha convertido la estampa le ha permitido abrirse paso entre las heterogéneas prácticas artísticas, la ortodoxia gráfica también tiene sus defensores. Los empaques de Manu B León (Galletazo, 2012) y los territorios de Coral Revueltas (8 de marzo, 2013) muestran que la técnica puede convertirse en vehículo de tránsito, una forma de simbolizar el pasado con códigos: la marca, el mapa, la escritura forman un mensaje cifrado en tono personal.

Aunque la selección de estampas es representativa de un modernismo que recorre hoy el mundo de la imagen para fagocitar estilos y soluciones, no es posible dejar de ver también la intención de crear puentes entre lo gráfico y otras disciplinas, como la fotografía, el objeto y relieve escultórico, con distintos niveles de éxito. Importante por su reinterpretación de la xilografía por medio de un sistema digitalizado es la obra de Luis Ricaurte CONGO Isabel, que presenta una colisión de dos mundos paralelos: el de la miseria y el de la ciencia ficción que acaso algo tengan que decir sobre la posición de las artes en el contexto actual de los mercados globales de la imagen.

Para la estampa gráfica la tarea seguirá siendo infiltrar los límites establecidos, ocuparse de la búsqueda de lecturas que relacionan mundos distintos, alejados en tiempo y en espacio, pero que conviven dentro de sus formatos. La mayoría de las aportaciones de los talleres expuestos están basadas en tres puntos cardinales: la vinculación de la impronta con la imagen; el cruce entre el conocimiento técnico y la experiencia de vida; la vitalidad que representa la manipulación de la impresión que causa sobre nuestra mente y memoria el mundo de las imágenes.

Manu B. León

Coral Revueltas
Fotografías de José Manuel Springer :
1. Fósiles Urbanos II. Darío Ramírez. Serigrafía (2012).
Taller de Litografía de la Academia de San Carlos ENAP, UNAM.
2. Un mal amor que mata (detalle). Liudmila Rosales Estévez.
Cianotipia, transferencia y dibujo sobre hueso (2012). Taller Colimote Gráfico.
3. El Centauro del Norte. Taller 24, Lineolografía; ENEPG La Esmeralda.
4. El despertar del Pueblo. Sebastián Fund, colografía y chine-colé, TallerMédula Negra(2013).
5. Galletazo. Manu B. León. Aguafuerte y aguatinta sobre acero, 2012.
6. 8 de marzo, Coral Revueltas. Monotipo sobre impresión (2013)

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Fecha de publicación: 02.01.2014