Turrell y McCarthy; Crónica de Nueva York

 

Emilio Valdés

 

1. Una verdadera obra de arte

Hoy fui a la exposición de James Turrell en el museo Guggenheim de Nueva York.
Al inicio del recorrido por el espacio espiral hay una pieza monumental que Turell crea utilizando la arquitectura del museo (óvalos de luz enormes que cambian de color) donde el público se sienta o se recuesta en el frío suelo de mármol pulido para hacer valer el tiempo,  percibir el tiempo de la obra o recuperar los 22 dólares que pagaron por ver una obra que se construye sólo con luz. En la primera planta del museo hay gente hipnotizada viendo suaves transiciones de color que van del blanco, al verde, al rojo y sus variantes más saturadas. Hay otra pieza pequeña  muy sencilla, en el cuarto piso, muy bella, de la serie "White", creo que se así se llama, que es una proyección del tamaño de una caja de cartón sobre el ángulo de dos muros, esta no hace transiciones de color ni nada, es siempre blanca.

También hay otra pieza para la cual hay una fila imponente que es quizá una variación de "White", o una  idea contraria del blanco; ésta es un rectángulo gris casi negro pintado sobre el muro. En la sala hay dos pequeños foquitos, quizá de 8 watts, que dan una atmósfera de penumbra a la sala y profundidad al rectángulo obscuro. La pieza es muy obscura... Lo que está muy bueno es el libro de una retrospectiva del fundador del movimiento Light and Space, James Turrell, en el museo de Los Ángeles.  

Ya de salida de la exposición, en uno de los pasillos circulares del museo, quizá a mitad del museo, de pronto vi pasar a un señor, era un argentino turista que iba con prisa en búsqueda de su hijo que  salía del baño. De pronto le dijo al joven:
"Mati, querés ver una obra de arte?" – el hijo parecía no entender. El padre le señala con la mirada discreta y le apunta a una chica, quizá  una modelo ultra guapa... Y le dice en porteño: "Veni, veni, veni"... Y los dos se fueron tras la modelo por los pasillos de Guggenheim. Me pareció que se saltaron la instalación de "White". Yo aproveché  el descanso para tomar agua del bebedero de latón.

De salida del recinto me tiré en el piso de la primer instalación ultra monumental para ver la suave transición de luces sobre mi cabeza. Allí tomé el Iphone y me puse a escribir esta pequeña crónica, hasta que un guardia se me acercó y me regañó por usar el aparato  y no dedicarme a ver la pieza. Salí entonces de la rotonda del museo y ahí me encontré  con un viejo negro que cantaba a capela y con ronca voz, me pareció que por dinero, temas clásicos como: “City Light”, "My girl", "Unchain my heart". Dejé al negro iluminado y me dirigí  al Museo Whitney, que estaba cerrado, y entonces decidí tomar el primer taxi que vi.

2. Balbuceos de un rebelde juguetón

Minutos después veía la ciudad agonizante de calor desde la ventana de un Honda manejado por un conductor  indio,  de la India, el cual se comunicaba con los clásicos: "Yes my friend, no my friend, this way my friend".   A pesar de su trato amistoso,  él también me regañó, esta vez por apretar los botones del aire acondicionado del pasajero; por lo que todo el camino me fui encerrado con un aire que medio enfriaba y emitía un rechinido como de ratón en asfixia. Viendo los edificios pasar recordé haber visto un anuncio de una instalación de Paul McCarthy. Siempre en mis épocas de estudiante de arte sentí una extraña atracción por la grotescas fotografías de los performances del californiano. Una vez en Buenos Aires le vi una pieza… pero esa es otra historia.. . Al llegar a mi destino me despedí del taxista  con un "Good bye, my friend."  Y él con ademanes y gracia me deseó lo mismo, o eso quise entender. También me ofreció llevarme al aeropuerto por 55 dólares, 60 si usaba el maletero... Cuando salí del taxi ya éramos best friends.

La sala de exhibición de McCarthy resultó  estar frente, casi, del tan querido y difícil  CHELSEA PIERS SKATEPARK.  El día anterior había ido a patinar a ese preciso parque frente a la galería de Hauser & Wirth, lo cual me género cierta sensación  de confusión o dejà vu, que me hizo  pensar que existe un centro energético que me obliga a ir a ese punto de la ciudad. Quién sabe, mañana quizá también termine  allí...


Finalmente estaba en Hauser & Wirth, donde durante todo el verano estará  la exhibición del escatológico  Paul McCarthy en colaboración de su hijo Damon. La exposición se llama “Rebel Dabble Babble” (Rebelde balbuceante y juguetón) y  está inspirada en las historias detrás de cámaras durante  la filmación de la icónica película de Nicholas Ray:  Rebel Without a Cause  (Rebelde sin causa). Según los rumores, durante el rodaje de la cinta en 1955 existió  una intensa relación entre el elenco del filme y su director: conductas incestuosas, peleas y orgías en fiestas que se dice involucraron a James Dean, Natalie Wood (que tenía tan sólo 16 años) y Nicholas Ray, sobra decir que dentro del cast estaba el polémico Dennis Hopper, pero su personaje no parece ni es mencionado en la instalación de McCarthy.  Aquellas tórridas y chismosas anécdotas dan origen a una compleja instalación que hoy se muestra en tres diferentes espacios expositivos. Por cierto me falto ver uno, pero algún día regresaré...

La  instalación de McCarthy e hijo tiene proporciones monumentales: son dos sets enormes donde se filmaron muchos y distintos vídeos , que narran los turbios encuentros sexuales y peleas entre Dean (a momentos interpretado por James Franco), Natalie Wood y Nicholas Ray (interpretado por McCarthy y su hijo, a momentos al mismo tiempo; lo cual genera un doble personaje a veces doblemente destructivo y perverso). Estas video grabaciones, la mayoría  de las cuales tiene un estilo absolutamente "amateur", se proyectan de manera aparentemente caótica en los restos del set: muros, interiores y exteriores-interiores,  pues todo esta contenido en el espacio expositivo de la súper bodega, que es la galería.  La pieza principal es una especie de espacio exterior dentro de un interior, una recreación de Rebelde sin Causa,  ahora en forma de una película tridimensional que transgrede  todo: el espacio,  la  luz, el sonido,  las proyecciones y los objetos, que van desde una casa enorme hasta una colilla de cigarro. Todo forma parte de una mega atmósfera que rodea al espectador desde el primer momento de manera abrumadora y violenta. Los vídeos o fragmentos de la pieza tienen pista de audio que emite alaridos, gemidos coitales,  gritos de pelas y sonidos incidentales de movimiento. El conjunto genera un caos parecido al ruido de un restaurante lleno de gente gritando.

La pieza resulta ser una  tragicomedia intensa, muy americana muy yankee, irónica, y muy explícita en cuanto a lenguaje, desnudos y sexo.
Al final de la exposición hay una sala con un minucioso recuento fotográfico, que de manera muy formal hace una síntesis del proyecto y se plantea como un excelente objeto que los más rebeldes adquirirán por diez mil dólares cada pieza (8x10).

Esta exposición reproduce las características cinematográficas de las mega producciones de Hollywood, quizá por ello existe también una instalación monumental del famoso letrero "Hollywood", pero esta vez recargado de cabeza sobre las paredes de la galería.
 
Fue curioso, viendo uno de los video en los que parecen McCarthy e hijo,  me vino  a la mente el recuerdo del padre e hijo persiguiendo "una obra de arte" por los pasillos del Guggenheim.

Mañana iré a patinar.

Comentarios

Comenta esta nota.
Envía tu mensaje en la sección CONTACTO

 

Fecha de publicación: 19.08.2013